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Category Archives: Animales silvestres

¡Hasta vaciar el último tanque!

SeaDead

Mientras que Francia acaba de dar un paso hacia nuestra meta final al prohibir la reproducción de delfines y orcas en cautividad, nuestros compañeros de Animal Heroes en México y mis compañeros de SPEAK en Arizona siguen luchando para conseguir que estos magníficos animales puedan ser finalmente libres de todo tipo de explotación.

Ha de quedarles totalmente claro que NO queremos tanques más grandes, lo que queremos son tanques totalmente vacíos. ¡Los animales marinos no existen para entretenernos! Muchos “animalistas” (el solo término malgastado y deteriorado me mortifica), los que se creen “más papistas que el Papa”, tal vez salgan a criticar esta acción por considerarla parcial. Esta gente es la misma que se opone a que los restaurantes de comida rápida ofrezcan opciones veganas o que un vegano vaya a comer algo vegano a un restaurante que no lo es. Hay que repetirles y repetirles hasta el cansancio que lo importante es la educación de las masas humanas de lento entender y tardía actuación y no su obsesión de policía vegana.

El publicista americano Thomas Smith, en su libro “Successful Advertisement” afirma que una persona debe escuchar un mensaje por lo menos nueve veces para empezar a entenderlo a cabalidad. Es por esto que tendremos que seguir repitiéndoles que el paso que Francia ha dado, es, en efecto, un paso un tanto lento, pero en la dirección correcta.

La educación de la gente es paulatina y, en casos de defensa animal, muy lenta para nuestro gusto; pero su lentitud no puede desalentarnos sino más bien animarnos a continuar con nuestro trabajo con más vehemencia.

No hemos tenido la suerte de nacer animales. Somos animales no humanos y debemos trabajar alrededor de nuestras limitaciones. ¿Alguna vez han observado cómo las madres animales adiestran a sus hijos para enfrentar el mundo? Ellas no tienen que estar repitiendo instrucciones una y otra vez. Traen a sus vástagos al mundo, los protegen, los cuidan, los alimentan y, llegado el tiempo correcto, les enseñan que alimentos no comer, a escapar de sus predadores, a construir sus familias y sus casas, a alejarse de la Bestia Humana y ¡ya! Nunca he visto un gato que viva a costa de las costillas de su madre, a un lobo que no cumpla su rol en la manada o a una jirafa desempleada que regrese a la casa materna para vivir allí improductivamente.

El Ministerio del Medio Ambiente francés publicó un decreto que establece que los parques acuáticos no podrán adquirir nuevos animales ni criarlos, sino solo mantener a los que tienen con unas normas más estrictas. Para nosotros, este es el principio del fin. Un paso adelante hacia la meta final. El decreto, que sustituye a otro de 1981, prevé un aumento de al menos 150% del espacio de los estanques para permitir a los animales alejarse de los visitantes y de otros animales. Prohíbe el uso de cloro para tratar el agua, el contacto directo entre el público y los animales, y las inmersiones de la gente en los estanques. Los establecimientos tienen seis meses para adaptarse a las nuevas normas, y hasta tres años para expandir sus estanques.

Cinco asociaciones animalistas, incluyendo a Une Voice y Sea Shepherd han enviado un comunicado conjunto en el que apoyan la medida. “En concreto, eso significa que se acaban los programas de reproducción, de intercambios o de importación. Sin la posibilidad de renovar los cetáceos, significará el fin de los circos marinos en nuestro territorio”, han expresado.

Esta medida provocó la enojada reacción de Jon Kershaw, director del mayor parque de atracciones marinas de Europa, Marineland d’Antibes en la Costa Azul. Marineland es el mayor delfinario de Francia, y como otros muchos de estos establecimientos en Europa, está controlado por una multinacional española de parques temáticos. Por supuesto queda claro que su enojo nos importa un soberano bledo. El día de la total liberación se acerca y a los explotadores de los animales sólo les queda quejarse.

 Y continuando con las buenas noticias nuestros amigos de The Dolphin Project ha dado a conocer el reporte económico de SeaWorld Entertainment correspondiente al primer trimestre del 2017. Estos datos muestran una reducción de sus ganancias en un 15% en comparación con el primer trimestre del 2016.

Para los incrédulos enemigos de los animales, aquí les dejo el enlace para que lloren con ganas:

http://www.seaworldinvestors.com/news-releases/news-release-details/2017/SeaWorld-Entertainment-Inc-Reports-First-Quarter-2017-Results/default.aspx

Con una reducción de más del 14.9% de asistentes a sus macabros shows; aproximadamente 491,000 personas en comparación con el primer trimestre del 2016, este centro de explotación sigue en la mira de PETA quien por muchos años ha liderado la lucha por la libertad de animales que tienen derecho a vivir en paz en sus hábitats naturales.

¡No pararemos hasta que todos los tanques hayan quedado vacíos! Si no puedes involucrarte directamente en nuestra campaña puedes ayudar de la siguiente manera:

  • No asistas a ningún parque acuático con animales.
  • Enséñale a tus hijos por qué no deben ir a estos parques.
  • Participa en el boicot activo asistiendo a protestas contra estos parques.
  • Educa a tu comunidad distribuyendo volantes y literatura.
  • Reúne a tu familia y amigos en tu casa y muéstrales la película “Blackfish”.
  • Escribe Cartas al Editor de tus periódicos locales solicitando el cierre de esos parques.
  • Pídele a tus representantes políticos que pasen leyes que prohíba la captura y exhibición de animales marinos.
  • Dona dinero a organizaciones de defensa animal conocidas y de gran reputación para que continúen con su trabajo a favor de la liberación de los animales marinos.

 

 

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Amigos de verdad

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A propósito de la reciente y magnífica noticia del cierre total del infame y cruel circo Ringling Brothers y Barnum & Bailey escribir este artículo es pertinente y llego a hacerlo por otra razón en la que los tiempos también coinciden mágicamente. Nada sucede por casualidad en nuestras vidas, todo es causalidad. Y aunque a veces no entendamos los tiempos de Dios que se mezclan, en menor forma con el destino, todo sucede en el tiempo y en el momento correctos. Ni un segundo más, ni uno menos, producen la lección para enseñar o para aprender. Estoy agradecida que así sea.

La amistad no es un sentimiento exclusivo de los seres humanos. Sucede y se desarrolla también entre los animales para nuestro asombro y regocijo. El Internet nos ha dado pruebas infinitas de ello y no solamente entre congéneres sino también entre especies que, de acuerdo a nuestro limitado conocimiento del mundo animal, deberían ser enemigas y antagónicas. El instinto, en la naturaleza, a veces no sigue la Ley implacable de la Selva.

Los elefantes son seres magníficos, interesantes e imponentes. Recuerdo que la visión de un elefante asiático era la primera figura que se distinguía en el Zoológico de Barranco que era el zoológico que existía cuando era niña. Las veces que fui me maravillaba observando la agilidad y manualidad de su trompa y su gracia lenta que para muchos quizás podía pasar por torpeza. Nunca supe cómo un ser de tierras tan lejanas había llegado a Lima; nunca lo cuestioné, pero siempre noté su soledad infinita la cual se reflejaba con un continuo movimiento de cabeza que años más tarde aprendí que era locura.

En el colegio me enseñaron que vivían en grandes grupos generalmente dirigidos por una hembra y que establecían relaciones familiares y de amigos de por vida. ¿Dónde estaba entonces el resto de su familia? ¿Dónde estaban los otros elefantes? Tuvieron que pasar muchos años para saber la verdad y para decidirme a levantar el estandarte de su causa. Hoy, que debido al cierre definitivo de un centro de explotación y crueldad llamado circo, celebro su libertad, también reflexiono sobre los sentimientos de empatía, de amistad y de lealtad que comparten con sus congéneres.

Un artículo publicado en el Diario en línea PeerJ informa que cuando un elefante se da cuenta de que uno de sus compañeros y amigos se encuentra triste o molesto, se acerca a él o a ella para acariciarlo y producir un sonido especial que demuestra empatía.

Científicos del Elephant Nature Park estudiaron el comportamiento de 26 elefantes hembras en la provincia Chiang Mai en Tailandia. Se excluyeron a los machos por razones de seguridad. Con mucha paciencia, esperaron que ocurriera una situación natural de estrés y cuando esta surgió, observaron que ellas se acariciaban una a la otra, sobretodo dentro de sus bocas. En el mundo de los elefantes, esa acción es como darse un abrazo. Asimismo, producían sonidos vocales para consolarse y reafirmar su presencia mientras que creaban un círculo de protección alrededor de la elefanta que experimentaba el estrés.

Los elefantes muestran empatía, amistad y apoyo entre ellos de manera constante y permanente, sobre todo si se trata de una manada liderada por una matriarca, elefantas, bebitos y machos inmaduros. Ellos celebran los nacimientos de sus nuevos miembros y lloran a sus muertos demostrando profundas emociones. Cuando es necesario ayudan a cuidar a los bebés de otras elefantas, les enseñan todo lo que un elefante debe saber en esta vida y apoyan con determinación, cariño y paciencia a los miembros débiles o heridos del grupo. Su empatía y compasión, realmente no tiene límites. Ser un amigo preocupado, compasivo y leal los eleva a niveles emocionales superiores.

Y en nosotros, los seres humanos, el sentimiento de la amistad puede también llegar a ser así de profundo. No voy a negar que yo estoy completamente parcializada con los animales; pero también creo que, en este mundo destructivo y cruel, aún quedan humanos que valen la pena y que son como los elefantes: fieles amigos que están siempre presentes para animarnos, consolarnos y ayudarnos. Amigos de verdad, a prueba de balas, amigos-elefantes.

Hace unos años, una de mis comediantes favoritas y activista por los derechos de los animales, Consuelo Duval concedió una entrevista en la que rememoró uno de los mejores consejos que le dio su difunto padre:

“Hija mía, en la vida, tienes que ser como un elefante. Tienes que tener los pies bien firmes en la tierra; las orejas enormes para saber escuchar bien; la boca chiquita para no hablar de más; una piel fuerte para que los golpes de la vida no te tumben y una memoria extraordinaria para que jamás olvides agradecer a Dios por todo lo que te ha dado”. Considerando que tengo una poderosa memoria de elefante, yo añadiría que esa misma memoria también me servirá para nunca olvidar lo que mis buenas amigas hicieron por mí hace unos días cuando la vida me pasó duras y álgidas facturas. El refranero castellano claramente dice que “más vale un buen amigo que mil parientes” y eso es cierto porque los amigos son la familia que uno escoge y no la que a uno le toca.

Mi labor es escribir sobre temas que involucran a mis maravillosos hermanos animales, pero hoy haré una excepción y me adentraré en el mundo de los humanos; de aquellos que, aunque no compartan del todo mis ideales y principios, han sabido tratarme como los elefantes que protegen con amor y empatía al miembro de la manada que más lo necesita. He sentido su amor, su calor, su compasión, su tolerancia y su comprensión en los momentos en los que pensaba que ni mi cuerpo ni mi alma podían dar más. Recogieron las piezas esparcidas por todas partes y con manos de alfareras expertas las volvieron a unir para dejarme más unida, más fuerte y más resistente. Eso para mí no tiene precio. Mi alma, mi mente, mi corazón y mi memoria de elefante lo ha grabado indeleblemente en los archivos eternos de mi agradecimiento.

En esta semana de triunfo, valoro más que nunca la verdadera amistad que consigue llenar de riqueza la estéril vida que sin ella nos quedaría.

Mil gracias a mis hermanas de corazón, a las que constituyen esa otra sangre, que es la que, a veces, la que más cuenta.

Con cariño, gratitud y amistad especiales para Neny, Charito P., Charito H. y Rosita.

 

 

 

 

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¡No más Ringling Brothers y Barnum & Bailey!

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El gen de justicia que todos los que luchamos por los derechos de los animales poseemos se encuentra como marca indeleble en nuestro ser, en nuestro corazón y en nuestro cerebro. A veces se manifiesta a una edad temprana y otras veces, se encuentra latente, en espera de una ocasión o un evento particular para emerger con toda la fuerza necesaria para cumplir la misión por la que vinimos a este mundo. Mucha gente puede creer que esa misión solo existe en nuestra imaginación y nuestro ego; pero quienes hemos dedicado nuestra vida a esta causa sabemos que nuestras acciones, nuestro compromiso y nuestra participación – en diferentes medidas e intensidades – es el motor que nos mueve a seguir pese a todos y a todo.

Ninguna causa justa obtiene logros y victorias de la noche a la mañana. Hemos sido testigos de que todo movimiento social importante pasa por etapas específicas. Al inicio, la gente que no está involucrada o que aún no puede ver la realidad recurre a la burla, al ridículo. Se mofa de las razones por las que un grupo de personas dejan su zona de confort, realizan sacrificios y dedican su vida a defender los derechos de los abusados y explotados. Luego se pasa a una etapa de comprensión o entendimiento cuando algunos empiezan a dar crédito a la lucha para luego terminar aceptando su validez y considerar unirse a ella.

Esta lucha tiene altos y bajos. Todos lo sabemos y lo hemos sentido a lo largo de nuestras propias experiencias. Terminamos de celebrar una victoria ganada a pulso y con muchísimo esfuerzo y el sabor de la victoria es efímero porque ya otra crueldad nos llama a la acción. La vida del activista por los derechos de los animales es dura, difícil, álgida….pero también es muy reconfortante y satisfactoria cuando una victoria de mayor envergadura nos ratifica que estamos trabajando por lo que es correcto, ético, decente, purificador.

Y eso ha sucedido hoy al enterarnos que todos nuestros años de trabajo y dedicación han dado frutos. El circo Ringling Brothers y Barnum & Bailey, uno de los centros de mayor explotación y abuso de animales a nivel mundial, cerrará sus puertas en mayo de este año. Este antro de crueldad y esclavitud ¡no va más!

La raza humana siempre ha tenido una inquietante curiosidad por ver de cerca a animales exóticos o a animales domésticos realizando estúpidos trucos inapropiados para su especie. En su insano afán de estar cerca de estas maravillosas criaturas, nunca dudaron en pagar el precio de una entrada que garantizaba de seguro la brutal explotación de un animal que luego de ser arrancado de su hábitat natural era sometido y vejado con castigos, humillaciones y crueldades de todo tipo. Si en tiempos antiguos la gente no tenía mucho acceso a la cruel verdad de lo que sucedía con los animales en el mundo del espectáculo; en tiempos actuales y teniendo toda la información pertinente, alguna gente siguió asistiendo al circo llevando a sus hijos para enseñarles a ser indiferentes, limitados y especistas como ellos.

Anteriormente hablaba del gen de los activistas porque pienso que por muy pequeña que sea una persona, hay un momento preciso en el que nuestro cerebro y nuestro corazón nos enseña muy claramente a distinguir lo bueno de lo malo; lo justo de lo injusto, lo decente de lo indecente. Mucha gente piensa que los niños no adquieren por sí mismos esa capacidad; pero eso no es cierto. Un niño, con las capacidades pertinentes a su edad en el lugar correcto, puede racionalizar claramente la crueldad y el abuso que se cometen contra un ser indefenso, explotado y sojuzgado.

Cuando yo era niña, asistir al Circo Ruso de Moscú era todo un evento. En esa época obscura en la que la explotación de los animales era algo de todos los días, tener una entrada para ese espectáculo podía considerarse todo un privilegio. Mi padre, ignorante aún de la explotación de los animales en un circo, me llevó a ver un espectáculo que no disfrute del todo. Recuerdo que me impresionaron sobremanera las habilidades de los trapecistas y malabaristas que realizaban trucos que yo no hubiera podido hacer nunca; pero mi corazón se desgarró cuando vi a los osos, que disfrazados como payasos, obedecían sin chistar las órdenes de los domadores que los obligaban a bailar melodías rusas, a montar bicicletas y a comportarse como payasos mientras que todos los mocosos a mi alrededor aplaudían a morir embutiéndose de golosinas grasientas y atiborradas de azúcar. Probablemente hubo también otros animales, pero los majestuosos osos marcaron una indeleble impresión en mí.

Para desgracia de mi padre, a mí nunca me gustaron las historias de princesas inútiles, dibujos animados, o muñequitas espigadas o necesitadas de un cambio de pañal. Es por eso que, a la hora de leerme un cuento o una historia, mi pobre papá tenía que recurrir a historias reales e interesantes que él inventaba o sacaba de libros. Nunca olvidaré las horas que él pasó leyéndome las interesantes historias de “El Libro de los Por qué” del Tesoro de la Juventud o de la Enciclopedia Uthea. Yo recordaba que una vez me había contado la historia de un oso pardo poderoso y fuerte y fue por eso que, al salir del circo, le pregunté por qué los osos del circo no se rebelaban contra sus domadores y los obedecían sumisamente. Él me dijo que el oso de su historia era un oso libre que vivía en su elemento pero que los osos del circo estaban “amaestrados”. Tal vez, sin quererlo, esa noche me enseñó más que el significado de una palabra nueva. Me enseñó que el especismo estaba presente en cada una de esas funciones y que animales poderosos, fuertes y magníficos eran reducidos a seres sin voluntad y sin alma. Solamente años más tarde aprendí que solamente a través de crueles maltratos y explotación se puede llegar a sojuzgar el espíritu de animales magníficos como esos, que, si quisieran, podrían eliminar a sus captores en cuestión de segundos. Comprendí que la misión de los explotadores es matar el espíritu y aplastar el alma, la naturalidad de estos seres para convertirlos en esclavos y títeres con los cuales lucrar.

Después de esa noche nunca más en mi vida pise un circo con animales.

Por supuesto que Ringling Brothers y Barnun & Bailey jamás admitirá que el cierre de sus puertas se debe al trabajo incansable y persistente de los activistas por los derechos de los animales. Los explotadores nunca admiten nuestro poderío y nuestra persistencia. Ellos aducen que cierran porque existe una gran reducción en el número de asistentes y por problemas económicos; pero la verdad es evidente. Aunque aún nos falta seguir educando a más gente, muchos por fin entendieron que el precio de su entrada fomentaba la explotación de los animales y que sus hijos realmente no aprendían nada bueno al ser indiferentes ante ese sufrimiento.

Ahora nos saldrán con frases baratas y repetitivas en las que hablarán del fin de la “familia circense”, de la pérdida de trabajo de muchos empleados y no nos sorprenderemos si también involucran a un par de niños para que lloren delante de las cámaras diciendo que extrañaran esta tradición familiar. La explotación, abuso, y crueldad contra los animales jamás será un “sano pasatiempo familiar”.

Los abusadores aún llevarán a cabo 30 presentaciones más en Atlanta, Washington, Filadelfia, Boston, Nueva York y Rhode Island y allí estaremos presentes, aún con más fuerza para seguir educando y protestando contra la explotación y el abuso. Ni nuestra voz se apaga, ni el cansancio llega cuando se trata de la total liberación de los animales.

Mucha gente olvida o ignora que estos circos empezaron a lucrar no solamente con la explotación de los animales sino también con la explotación de seres humanos que eran anormales o presentaban algunas características peculiares. El morbo de la gente los llevaba en masas a contemplar a la Mujer Barbuda, La Mujer Sirena, El Hombre de Goma, Siameses de todo tipo, enanos y cualquier otro tipo de persona deforme o anormal. Nunca hay que olvidar que la crueldad es exactamente la misma: Lo único que cambia es la víctima.

Después de más de 36 años de lucha constante, People for the Ethical Treatment of Animals (PETA), celebra que el “Show más triste del planeta” llegue a su fin. Ingrid Newkirk, presidenta de PETA espera que otros circos sigan ese ejemplo y se den cuenta que estamos en el año 2017, una época en la que espectáculos de este tipo no son ni necesarios, ni bienvenidos.

Fue en 1882 cuando Barnum arrancó de su hábitat natural a Jumbo, un elefante asiático que fue traído a América para “entretener” a una masa ignorante e indiferente. Y es en el 2017 cuando los esfuerzos de los activistas se ven premiados con esta tremenda victoria merecida, ansiada, esperada y trabajada por muchos años de perseverancia y compromiso.

Hoy es un día victorioso para los animales y sus defensores. Hemos roto importantes cadenas, cadenas que mucha gente pensó eran inquebrantables. Celebremos la victoria y recarguemos nuestras energías, porque, como ya bien saben, aún nos quedan otras cadenas por quebrar.

¡Hasta la victoria final!

 

 

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Hitler nunca fue vegetariano

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La propaganda nazi, capaz de convencer a una gran mayoría de europeos durante la Segunda Guerra Mundial, fue una maquinaria efectiva, muy bien organizada y convincente. Sus maquiavélicos planes alcanzaron muchas metas y entre ellos, podemos citar la mentira de que Hitler amaba a los animales y era vegetariano.

No descarto la idea de que un ser cruel y despreciable como él les haya tenido afinidad. Hay que recordar que los animales son tan nobles que no saben distinguir a un monstruo de una persona buena. Durante su gobierno se pasaron algunas leyes a favor de los animales como la “regulación” del método judío de matanza que siempre ha sido muy cruel y, otra vez, “regulaciones” en la cacería. Quizás estuvo en contra del método de matanza judío simplemente porque era judío y sus leyes nunca fueron totalmente prohibitivas sino más bien, reformistas. El que tenía el poder absoluto, podría haber pasado leyes abolicionistas. Nunca lo hizo.

Como la mayoría de los dictadores, ávidos de poder y copiones del conocimiento ajeno, es muy probable que Hitler haya querido imitar el pensamiento de Wagner y Schopenhauer, a quienes admiraba, pero la verdad del caso es que la farsa de su vegetarianismo y amor por los animales fue una campaña propagandística muy bien organizada por su Ministro de Propaganda Joseph Goebbels, cuyo propósito era promover la mejor imagen del Führer y otorgarle un aire ascético.

Hitler sufría de muchos trastornos estomacales, gastritis aguda, sudoraciones y flatulencia excesivas y por esa razón cuidaba su dieta, pero nunca dejó de comer sus platos cárnicos favoritos: salchichas bávaras, albóndigas de hígado y piezas de caza rellenas y asadas.

Cuando llegó al poder disolvió todas las sociedades vegetarianas de Alemania, detuvo a sus dirigentes y clausuró la principal revista vegetariana del país. Durante la guerra, los nazis prohibieron todas las organizaciones vegetarianas en los territorios que ocuparon. Y Ian Kershaw, uno de sus biógrafos, narra que frecuentemente llevaba al cinto un látigo para perros con el que “disciplinaba” a sus perros. Tanto “amaba” a su última perra Blondie que cuando su captura era inminente, probó con ella el veneno que se supone acabó con su vida y la de su amante Eva Brown. La muerte de Blondie fue un acto cruel e innecesario pues, evidencia reciente y comprobable, sostiene que él y su amante huyeron a Argentina protegidos por el gobierno de Juan Domingo Perón.

Hitler admiraba al pro-nazi Henry Ford, el pionero de la industria automovilística de los Estados Unidos quien tomó la idea de la línea de ensamblaje después de visitar un matadero en Chicago. Hitler y los nazis simplemente reemplazaron a los animales condenados al matadero con judíos y fueron igualmente crueles e hipócritas con los seres humanos y los animales.

Mucha gente desinformada y ávida de defender sus hábitos cárnicos recurren a esta falacia para defender su consumo de cadáveres y secreciones animales, pero ahora ya sabes que sus argumentos carecen de validez histórica y ética.

Además, nuestros estilos de vida, no pueden estar basadas en lo que alguien más hizo o dejó de hacer. Podemos tomar los buenos ejemplos de gente evolucionada, pero no se puede justificar una o dos buenas características de gente maligna y cruel. Ser vegano no es una opción. Es un estilo de vida. No podemos caer en las garras del especismo para asumir que, nosotros, como seres humanos tenemos derecho a tomar una opción y otros seres no lo tienen.

Los miles de animales masacrados en los mataderos del mundo entero NO tienen NINGUNA opción y lo mejor que podemos hacer para liberarlos de manera efectiva y concreta es seguir educando con el ejemplo.

¡GO VEGAN NOW!

 

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¡Cecilia es libre por fin!

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Cecilia, un chimpancé del zoológico de Mendoza en Argentina es a partir de ahora un “Sujeto de Derecho no Humano” de acuerdo a una corte de Mendoza.

Los periódicos lo califican como un hecho “inusual o insólito” pues el especismo y la negación de derechos básicos de cualquier criatura viviente aún le parecen cosa de otro mundo a la mayoría de la gente. Esto se logró gracias al fallo de la jueza María Alejandra Mauricio quien aprobó la excarcelación, o lo que en Justicia se denomina habeas corpus, presentada por la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (AFADA), apoyados por el Proyecto Gran Simio.

Cecilia, que por ser chimpancé debería gozar de la compañía de su familia y congéneres, tenía una vida solitaria en el zoológico de Mendoza. Sus compañeros habían muerto y por más de 30 años tuvo que soportar una vida miserable ante la indiferente mirada de quienes aún no entienden que los animales no existen para entretenernos

El respeto y la consideración que los animales se merecen no puede estar basada en su nivel de inteligencia, pero es preciso destacar que los chimpancés son animales sumamente inteligentes, sociables y sensibles. Son capaces de solucionar problemas matemáticos, aprenden el lenguaje de los signos utilizando más de 300 palabras, usan herramientas, tienen conciencia de sí mismos, capacidad simbólica y transmiten su cultura de generación en generación; pueden aprender el lenguaje de los signos con un vocabulario de unas 300 palabras, y son incluso superiores a nosotros en muchas habilidades de memoria matemática. Cooperan con sus congéneres, pero también pueden ser manipuladores y mentirosos, una astucia muy humana para la que hace falta un desarrollo cognitivo complejo. Solo ellos y nosotros sabemos elaborar una mentira.

Debido a las horribles condiciones de vida en las que Cecilia vivía, la jueza Mauricio admitió el trámite habeas corpus considerando a Cecilia “persona no humana” y ordenó su traslado a un Santuario de Chimpancés de Sorocaba en el Estado de Sao Paulo en Brasil donde finalmente convivirá con otros animales de su especie en condiciones óptimas para ellos.

En este caso el habeas corpus descosifica a los animales y los reconoce como seres con derechos. No se trata de otorgarles los mismos derechos que poseen los humanos, sino de aceptar y entender de una buena vez que son seres vivos, sujetos de derechos y que les asiste, entre otros, el derecho fundamental a nacer, vivir, crecer y morir en el medio que les es propio según su especie.

Cuando era pequeña, una de las películas que más impactó esos años de mi vida fue la famosa “Bajo el Planeta de los Simios”. Nunca me gustó su protagonista, Charlton Heston, pero los personajes que interpretaban a los simios me fascinaron. La analogía del zoológico humano me hizo pensar, seriamente y por primera vez, en la tremenda injusticia que implica encarcelar y esclavizar a otros seres sintientes, alejándolos de sus hábitats naturales, de sus familias, de sus amigos, de su vida natural y libre.

Escenas de esta saga quedaron grabadas en mi mente para siempre y pasaron a formar parte de los cimientos de mi activismo por los derechos de los animales. Con el tiempo, la saga continuó y con la ayuda de la tecnología moderna se filmó “El Origen del Planeta de los Simios”, una película hecha enteramente con animatrónicos e imágenes generadas con computadoras, para evitar utilizar el uso de cualquier animal. Nunca olvidaré la escena crucial de la película cuando César finalmente detiene el golpe que uno de sus abusadores le iba a propinar y dice “¡No!”. Y con ese rotundo y profundo “NO” él marca el final de la explotación de su especie.

Cuando soy consciente de la forma en la que estos magníficos animales sufren en circos, zoológicos y laboratorios de experimentación, sueño con un César que vuelva a detener el abuso y la explotación en cada uno de esos lugares. Pero, de inmediato, la fantasía se convierte en realidad y sé que cada uno de nosotros puede y debe ser ese César liberador y justiciero. Está en nuestras manos luchar por sus derechos y educar a la gente. Es nuestro deber ser su voz.

Hace un tiempo, con la finalidad de evitar el uso de simios en la industria del entretenimiento, PETA (People for the Ethical Treatment of Animals) y la compañía BBDO crearon un anuncio público en el que se utilizó un chimpancé totalmente computarizado, un CGI (imagen generada por computadora) como se le conoce en inglés. Tal fue la perfección y el detalle utilizado en su producción que el mundo quedó paralizado ante tanto realismo. Este chimpancé es el presente y el futuro, un mundo en el que no necesitamos utilizar a los animales para nada. Lo interesante es que la producción de BBDO quiso que su chimpancé fuera aún más real que los utilizados en “El Origen del Planeta de los Simios”. Y para lograr su meta, contrataron a un actor para centrarse en sus expresiones faciales y movimientos físicos y luego sobre imponer las imágenes animadas de los rasgos del chimpancé. ¡Hey!, no hay que olvidar que, después de todo, compartimos 98% de nuestro ADN con ellos.

Fue tanto su nivel de perfeccionismo que se le dio un poro a cada folículo piloso de la piel del chimpancé. Los resultados fueron asombrosos, como podrán apreciar en el video que adjunto.

Finalmente, debo decir que la noticia sobre Cecilia es, en verdad, esperanzadora pues el cruel zoológico que fue su sucia y deplorable cárcel se convertirá en parque ecológico y ella, por primera vez en su vida, podrá gozar de su merecida y bien ganada libertad.

 

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Voto desperdiciado

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Lo que está sucediendo en la presente campaña electoral de los Estados Unidos rompe todos los esquemas electorales de campañas anteriores. No por la polémica y el debate que debía centrarse en los asuntos importantes para el país sino por la nefasta presencia de un tipo megalómano, racista, ignorante, misógino, y pedante.

Si en la actualidad el que conoce los esquemas, estrategias y movidas de los políticos basados en su estudio y experiencias con ellas es un politólogo; yo ostento el título de estupidotóloga. Mis experiencias diarias con especímenes de todo tipo me han convertido en experta en detectarlos. Apenas abren la bocota, mis sensores entran en acción para detectarlos, corregirlos y esquivarlos ya que, de acuerdo a la ley, lamentablemente, no puedo eliminarlos para siempre.

En nuestra carrera profesional como activistas de los derechos de los animales nos hemos encontrado con muchos abusadores tipo Trump, especialmente en el campo de la lucha anti-taurina. Los mencionados mequetrefes son dignos representantes de la lacra que representan: cobardes, mezquinos, rastreros, ignorantes, ciegos ante los hechos, respondones con el mismo chip repetitivo de siempre y, sobre todo, siempre dispuestos y entrenados para esquivar las respuestas concretas que se les hace. Si en un debate les comprobamos con pruebas fisiológicas, neurológicas, veterinarias y racionales que el toro está sufriendo en carne viva las terribles torturas a las que lo someten, nunca dejen de responder con sus burdos, absurdos y estúpidos comentarios de siempre: “que la tauromafia es cultura; que el toro no sufre sino que experimenta placer con las banderillas y lanzas; que viven a cuerpo de rey en las dehesas; que varios escritores y pintores mediocres son taurinos y – el mejor de todos – que ellos masacran terriblemente a los toros porque los aman con locura.

Ese mismo discurso distorsionado, aberrante y alevoso es el que el candidato por el partido republicano ha utilizado desde el inicio de su campaña para alcanzar la Casa Blanca. A pesar de que sus muy bien pagados asesores lo han entrenado para que no abra su bocota; el susodicho no puede contener el ímpetu de su soberbia. Dice barbaridades, insulta, y atropella a minorías raciales, discapacitados, mujeres, soldados, y demás para luego ofrecer ridículas disculpas que nadie cree. Bueno, que las personas conscientes y con cerebro, no creen.

Los dos candidatos a la presidencia de los Estados Unidos están totalmente polarizados y cuando consideramos los asuntos que nos importan a nosotros, los activistas por los derechos de los animales, esta brecha no podría ser más extensa. No me quedo corta al decir que los resultados de esta campaña electoral afectarán de manera crucial las vidas de millones de animales y del medio ambiente que compartimos.

Es sabido que el partido republicano respalda totalmente a grupos de intereses específicos como la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) la Asociación de Productores de Ganado y las industrias basadas en combustible fósil, quienes siempre se han empeñado en impedir los alcances de la Ley Protectora de Especies en Vías de Extinción (ESA, por sus siglas en inglés). De acuerdo a un reporte publicado en el 2015 por el Center for Biological Diversity los ataques republicanos para desestimar a la ESA aumentaron hasta en un 600%. Y no solamente eso, esos grupos de interés también han financiado las campañas políticas y han contratado lobistas para promover sus agendas obviamente orientadas al mantenimiento de la explotación de los animales.

El voto republicano también favorece el uso de armas, obviamente apoyado por los cazadores de la NRA. Las sumas de dinero invertidas para impedir cualquier regulación pertinente son gigantescas, y el mismo Trump ha declarado que eliminará áreas libres de armas alrededor de algunas bases militares y escuelas públicas.

En lo que constituye una tremenda aberración y evidente ignorancia, Trump ha afirmado que el calentamiento global no existe; que no tenemos ningún problema medio ambiental y que la EPA (Environmental Protection Agency) no contará con los fondos necesarios para sus funciones. Para Trump y sus secuaces, el grave problema del medio ambiente que está estrechamente vinculado a las granjas industrializadas donde se explota salvajemente a los animales y se destruye sistemáticamente al planeta, es un mito creado por los demócratas y los liberales. Algunos de los congresistas republicanos hasta han llegado a decir que el dióxido de carbono es “bueno para las plantas” y que el planeta está más verde que nunca”.

Ahora bien, somos plenamente conscientes que, como política y persona, Hillary Clinton también ha cometido fallas y tiene algunas explicaciones que dar; pero debemos tener presente que ella, y no su marido, es la que está postulando a la presidencia. Debemos tener muy en claro las dos opciones que están en la mesa y darnos cuenta cuál representa un tremendo suicidio político para los Estados Unidos y cuál no. Aunque la respuesta se caiga por su propio peso, es un decepcionante hecho saber que muchos votantes norteamericanos apoyan a Trump y a toda su verborrea racista, misógina y negativa para los animales.

Para los que trabajamos por los animales, ninguno de los dos partidos ofrece opciones 100% favorables a los animales. Eso sería ideal; pero debemos ser realistas. La opción demócrata apoya las iniciativas relacionadas al medio ambiente y a la conservación de las especies. Los representantes demócratas en el congreso han pasado iniciativas sobre la cacería de especies en peligro de extinción – las presas favoritas de los hijos de Trump – y publicaron un informe determinando que los pagos por licencias de caza no ayudan a los proyectos conservacionistas, como arguyen los cazadores.

Una de las promesas electorales de Clinton es que protegerá la vida silvestre de los Estados Unidos manteniendo dichas áreas públicas para que no puedan ser vendidas al mejor postor. También ha prometido continuar su lucha contra el tráfico internacional ilícito de animales silvestres cerrando todos los mercados estadunidenses que comercian con productos obtenidos de dichos animales. Por muchísimo tiempo Clinton se ha opuesto al tráfico internacional de marfil y hasta conformó una agrupación con los presidentes de varios países africanos para luchar contra los cazadores de animales.

Su record en el congreso a través de los años demuestra también su compromiso con los animales de compañía. Fue co-autora de la Ley Senatorial 311 que prohibía el transporte, posesión, compra y venta de caballos para el consumo humano y de la Ley Senatorial 261 que establece penas mayores para quien viole la ley federal contra las peleas de perros, gallos y otros animales.

Clinton ha presentado un plan de siete pasos destinado a incrementar el control de armas mediante revisiones exhaustivas para quienes soliciten licencia para portar armas. Su plan incluye eliminar la inmunidad de los fabricantes de armas que están esperando juicio, la prohibición de armas de asalto, restricciones más severas en shows de compra y venta de armas y por Internet y la prohibición para que los perpetradores de violencia doméstica y los enfermos mentales posean armas.

Los demócratas en el congreso también han tratado de bloquear un sinnúmero de beneficios para los cazadores propuesto por los republicanos, la NRA y el Safari Club International, una organización pro-cacería.

A la fecha, muchos estados ya han cerrado su fecha límite para la inscripción electoral. En las elecciones de noviembre se están jugando muchísimas cosas de tremenda importancia para la nación. Como era de esperar, cualquier tema directamente relacionado a los derechos de los animales no ha sido directamente considerado; pero depende de nosotros que la futura administración los incluya. No son temas triviales o sin importancia. Son temas de gran repercusión para la población pensante y para los animales: el impuesto a la carne, la clausura de parques acuáticos, el reconocimiento de los animales como seres poseedores de derechos, el impulso de verdaderos métodos científicos de investigación y la galopante crisis de salud en el país con masivas cantidades de personas muriendo a diario de cáncer, enfermedades cardíacas y obesidad mórbida.

No podemos desperdiciar nuestro voto apoyando a un advenedizo sin los planteamientos sólidos, el carácter o la moralidad que el cargo de presidente de los Estados Unidos exige. Al margen de nuestras inclinaciones políticas o nuestras simpatías personales, es también nuestro deber como activistas pensar en lo que será más beneficioso para la causa que defendemos, la sagrada causa de luchar por los derechos de los animales.

 

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Hartazgo en acción

Hartazgo

¿Seré yo, o será una condición que llega con la madurez? Últimamente el hartazgo tarda mucho en despedirse de mí para permitirme seguir viviendo en esta maraña de gente cada vez más innoble, cada vez más impía, cruel y estúpida. Dicen por allí que el hartazgo tal vez es una oportunidad para eternizar el olvido; pero el olvido es precisamente un lujo que los activistas por los derechos de los animales no nos podemos dar.

En estas últimas semanas hemos sido testigos de dos actos particularmente indignos en los que la estupidez humana le ganó la partida al sentido común, a la decencia y a la empatía que se espera, por lo menos en una cantidad ínfima, de seres que voluntaria y conscientemente han esclavizado a animales a quienes privaron de sus familias, sus hábitats y sus vidas como seres de la creación.

El primer caso en el zoológico de Santiago en Chile donde un demente desnudo se arrojó al foso de los leones. Los medios rápidamente se apresuraron a decir que “las imágenes podían herir susceptibilidades” pues los leones, molestados por el loco suicida, empezaron a hacer lo que les dicta su naturaleza. No atacaron al imbécil porque eran leones malos, asesinos o ávidos de sangre, sino porque así lo determinaban siglos y siglos de naturaleza establecida. ¿Y dónde quedó la susceptibilidad por los disparos que acabaron con estos magníficos animales? Estoy completamente segura que en ese momento también había niños presentes, pero, en esta sociedad especista y cruel, ese detalle queda olvidado. Con taparles los ojos y comprarles una golosina barata para que se les pase el susto basta. De allí, a cogerlos de la mano y a seguir enseñándoles la larga fila de esclavos que, con ojos tristes, con el espíritu muerto y con claros signos psicóticos deambulan en círculos en eternas jaulas esperando el día en que la muerte los libere. ¡Linda lección para los niños¡¡Excelente lección en valores, en principios, en la idea central de lo que la libertad, el respeto y la decencia significan! Su desensibilización se refuerza y su capacidad de empatía se reduce a niveles mínimos, reforzando la idea de que los animales están en este mundo para servirlos, para comerlos, para usarlos, para entretenerlos, para matarlos a balazos cuando la vida de “cualquier” humanoide – aunque éste no valga la pena – esté en riesgo. Esa fue precisamente la excusa especista de Alejandra Montalva, la directora del zoológico chileno, cuando fue entrevistada por la prensa.

Y luego, en el Zoológico de Cincinnati, después de más de 17 años de explotación y cautiverio, el gorila Harambe murió baleado por la irresponsabilidad de una tipa incapaz de controlar a su hijo. Harambe, siendo gorila, teniendo en sus genes la característica de ser un animal sociable y familiar, y siendo vegetariano, siempre asumió una actitud de protección frente al mocoso intruso. Pero los gritos de los humanoides, la confusión y la premura del momento, tal vez lo confundieron un tanto al punto de que arrastró al niño sin saber qué hacer. Los que sí supieron que hacer fueron quienes lo mataron bajo el pretexto de “salvar” la vida del niño.

Luego de la injusta muerte de Harambe, la etóloga Australiana Gisela Kaplan de la Universidad de Nueva Inglaterra afirmó que el niño nunca estuvo en peligro pues él, por ser un niño, no representaba una amenaza para el gorila. Harambe hubiera entendido que se trataba de un niño indefenso necesitado de protección. Kaplan dijo que los gorilas no son una especie agresiva y que, si el gorila hubiera querido dañar al niño, le hubiera dado alguna señal de advertencia, como golpear repetidamente su pecho, a la mejor usanza de los gorilas protectores de su grupo.

Harambe estaba investigando lo que sucedía y por eso se dirigió al lugar en el que el niño estaba. Él simplemente estaba siguiendo su comportamiento natural y probablemente su intención fue mover al niño lejos de todos los gritos de la gente. Entre los primates, los gritos solo se utilizan en situaciones extremas y cuando esto sucede sus niveles de estrés se elevan.

Finalmente, Kaplan dijo que la muerte de Harambe tendrá un tremendo impacto en el grupo de gorilas. Todos sentirán el duelo y no podrán reemplazarlo con otro macho. Los gorilas tienen una conexión afectiva muy estrecha y el grupo entero quedará destruido.

Son este tipo de acciones las que me llenan de un hartazgo un tanto paralizante. Todo esto sumado a otras noticias que claramente indican que algunos seres humanos son la peor maldición que le pudo caer al mundo animal. Animales abusados en las calles, animales hacinados en pseudo-albergues por personas que – aunque tal vez bien intencionadas –  no entienden que una vida de privación y de miseria NO es la vida que ningún animal merece. Gente mentalmente inteligente que aún me sale con la excusa de que no hay suficiente comida vegana para satisfacer su paladar adictivo; gente enferma que a pesar de sus padecimientos sigue aferrada con uñas y dientes a los cadáveres y secreciones animales que les produjeron dichas enfermedades; gente que, en este tiempo y época, aún cree que tomarse una maldita foto con un animal en cautiverio es algo digno de reconocimiento y celebración.

Nos acusan de ser misántropos, pero, ¿cómo se puede ignorar, superar, olvidar o perdonar toda la serie de crueldades perpetrada sobre seres inocentes a los que la humanidad ha esclavizado desde el principio de los tiempos? ¿Hasta cuándo tendremos que esperar, o, mejor dicho, hasta cuándo tendrán ellos que esperar?

Hay momentos en los que desearía que una gigantesca revuelta ávida de justicia contagiara a todas las especies animales del planeta, que una hecatombe animal, similar a la transcendental escena de César diciendo “¡Noooo!” en el Planeta de los Simios, cayera con todo su poderío y fuerza contra los humanos explotadores y abusivos. Solo nos salvaríamos quienes los defendimos y protegimos a TODOS, salvaguardados con una “V” indeleble como señal de aceptación de un nuevo pacto de vida, libertad y justicia. Podemos tener sueños legendarios y épicos, ¿no? Pero en el entretiempo, hay que saber trabajar coordinadamente y sin ridículas envidias y rivalidades que de nada les sirven a los animales. Ellos no tienen tiempo para esperar a que se decida que foto, que cara o que logo se publica en la prensa.

Y para que eso suceda, hay que saber seguir los ejemplos eficaces, correctos; los ejemplos modelos como los que a mí me da mi Alma Mater, PETA. Nadie en el mundo entero trabaja como ellos; nadie tiene el mismo nivel de compromiso, de eficacia, de estrategia, de energía y de positivismo pese a la crueldad más extrema.

Estar con ellos hace unas semanas fue un bálsamo reparador para mi espíritu cansado y harto. Ahora mismo que necesito una inyección de paciencia y energía solo tengo que escribirles y el milagro sucede. Me levanto del hartazgo, miro un reflejo cansado en el espejo, y a la segunda vez, sé que no queda otro camino que seguir y seguir y seguir. No me queda otra opción con la que pudiera vivir tranquila. Sé que es la opción correcta, la única, la válida, la verdadera….

Bien lo dijo Schopenhauer, “La existencia humana debe ser una especie de error”. Concuerdo con él al cien por ciento (con honrosas excepciones, por supuesto); pero mientras dure esta batalla terrenal, no me queda otra que seguir luchando.

 

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