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Category Archives: Animales silvestres

Nunca olvides a los elefantes

Dumbo

En esta época de películas fantasiosas, violentas o extremadamente rápidas y bulliciosas me da mucha satisfacción que una idea de 1942 pueda llenar los cines con su mensaje liberador y justiciero.

Walt Disney fue conocido por “apropiarse” de las ideas de otros; pero no se equivocó cuando adaptó la historia de Jumbo y la convirtió en un favorito que grandes y chicos han disfrutado por muchos años.

El tierno e inteligente Dumbo de Disney que alegra las noches de cuentos de miles de niños se basó en una verdadera historia de terror que – en mayor o menor medida – se sigue repitiendo hasta la fecha por desconocimiento o indiferencia de quienes tenemos la posibilidad de detenerlo.

Jumbo fue capturado cuando era aún un bebé, luego de que sus captores mataron a su madre delante de él. Explotado toda su vida, por quince largos años, fue la atracción del Regent’s Park en Londres, donde soportó el peso de cientos de niños incluido un regordete Winston Churchill a cambio de cientos de pasteles.

Las crónicas de la época señalan que se resignó a su suerte hasta el día en que se volvió poco tolerante y hasta violento. Tal vez entonces es cierto que la indignación y el hartazgo de los mansos es más fuerte que un vendaval.

Para calmarlo, su cuidador lo acostumbró a beber whisky convirtiéndolo en alcohólico hasta su muerte. Tras su muerte, y al analizarse sus restos, se descubrió que su pobre alimentación, consistente principalmente de pasteles era la culpable de sus arranques mal llamados “violentos”. Su dentadura había sido destruida y eso le había producido intenso dolor. Sus articulaciones estaban totalmente destrozadas y, a pesar de tener solamente 20 años, su esqueleto parecía el esqueleto de un elefante de cincuenta.

Jumbo fue vendido al cruel empresario circense P.T. Barnum, uno de los mayores explotadores de animales de todos los tiempos quien siguió explotándolo y abusándolo hasta el día de su muerte. Hay diferentes relatos sobre ese fatal día. Noble, como todos los animales, se dice que murió atropellado por una locomotora al salvarle la vida a un pequeño elefante llamado Tom Thumb que iba a convertirse en la víctima. Nada de esto me sorprende. Los elefantes, desde su más tierna infancia, desarrollan vínculos familiares muy estrechos. Toda la manada se involucra en la crianza de los bebés y viven juntos por muchísimos años compartiendo experiencias y comunicándose subsónicamente con sonidos inteligentes que nuestros limitados oídos humanos son incapaces de descifrar.

No contento con haberlo explotado durante toda su vida, Barnum vendió sus enormes huesos a una universidad de Inglaterra y disecó su cadáver para seguir exhibiéndole antes la gente indolente que pagaba una entrada para seguir perpetrando su abuso.

La historia de este noble elefante llegó a oídos de la escritora Helen Aberson, quién escribió “Dumbo” en 1939. El cuento de Aberson es muy diferente a la triste vida de Jumbo, pues incluye un mensaje esperanzador y liberacionista pues hace que el espectador cuestione y pondere sobre la terrible explotación de los animales de circo. Es realmente difícil entender que, ante el vasto número de maravillosos actos humanos, aún una minoría mediocre e insensible encuentre divertido que seres inteligentes y que merecen ser libres, pasen sus vidas confinados a ser usados como entretenimiento.

La película que fue pensada y ejecutada utilizando los métodos más modernos de animación digital, fue del agrado de People for the Ethical Treatment of Animals (PETA), cuyos directivos solicitaron al cineasta Tim Burton que la película tuviera un final liberacionista y significativo; un final de justicia para Dumbo y su madre.

Ante la tremenda expectativa por la película, no faltó la ridícula petición de la Asociación de Cirqueros Española” quienes solicitaron al público que boicotee la película por considerarla nefasta a sus intereses y por promocionar un mensaje liberador para los animales de circo. Su berrinche tuvo un efecto totalmente opuesto, pues la película obtuvo un tremendo éxito en las taquillas y las entradas se agotaron. Nada ni nadie puede, a estas alturas, impedir que nuestro mensaje liberacionista llegue a todos los públicos.

Y hablando de todos los públicos, no hay que olvidar que “Dumbo” también incluye un mensaje inclusivo que demuestra que, aunque algunos seres nazcan o sean diferentes, siempre se tiene la oportunidad y el derecho de salir adelante en la vida.

La escena más conmovedora es la de la separación de Dumbo de su madre. Mi corazón se partió en dos cuando él va en busca de su mamá de quien luego lo separan; pero la más vergonzante es cuando lo visten de payaso para que actúe ante una masa de gente indolente. Eso es práctica común en los espectáculos circenses de estas épocas: bellos y dignos animales a quienes se les mata primero el espíritu para luego humillarlos con ridículos disfraces y actos en contra de su naturaleza.

En inglés, la palabra “dumb” significa “tonto”; pero los elefantes están totalmente lejos de ese concepto. Son criaturas de memoria prodigiosa, capaces de recordar y llorar por sus familiares y parientes muertos. Son artistas que disfrutan de la música y el arte, son los únicos animales, conjuntamente con los perros, que son capaces de entender instintivamente el acto de señalar y son seres altamente solidarios que, cuando están tristes, se tocan con sus trompas para ofrecer consuelo.

Al ver la película, no pude evitar desear que, al igual que Dumbo, todos los animales explotados y en cautiverio tuvieran una pluma mágica que los hiciera escapar de sus opresores. Esa pluma mágica somos cada uno de los activistas que, sin descanso, luchamos por ver jaulas vacías y por corregir todos los errores que la humanidad indiferente y cruel comete contra los animales.

Es lindo sacar mensajes positivos de películas como esta; pero lo más importante es seguir trabajando por la total reivindicación de los derechos de los animales, siendo su voz activa y potente, educando a la gente que aún no ve lo evidente y siendo totalmente consecuentes con esta justa y sagrada causa.

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Las otras víctimas de Florencia

PETA chicken

La devastación dejada por el Huracán Florencia también alcanzó a víctimas comúnmente olvidadas por la prensa. Víctimas silenciosas que fueron cruelmente abandonadas por quienes debían proveerles protección y cuidados y animales doblemente victimizados por la furia de la naturaleza y el insaciable paladar humano por su carne y secreciones.

Cada vez que la naturaleza desata su implacable fuerza, miles de animales perecen cruelmente abandonados a su suerte. En el 2005, el Animal Protection Caucus del Congreso de los Estados Unidos, reportó que el Huracán Katrina ocasionó la muerte y el abandono de más de 600,000 animales.

El Huracán Florencia no ha sido la excepción causándole también la muerte a peces, aves migratorias, especies locales, reptiles, animales en zoológicos, acuarios, animales de compañía, y animales explotados en granjas industrializadas. Estos últimos, atrapados en estrechos espacios y jaulas, y sin contar con ningún plan de emergencia, perecieron por millares al paso del huracán. Algunas personas dirán que tal vez esa fue una muerte más benigna considerando el destino que les esperaba; pero el caso es que a ellos no solamente los mató el huracán; los mató la codicia humana y el insaciable paladar de los humanos que aseguran que no pueden vivir sin explotarlos para luego degustarlos en platillos que, eventualmente, les causarán enfermedades e incluso la muerte.

A esto hay que añadir el grave riesgo de zoonosis provocado por los desechos de animales desparramados por toda el área del huracán. El excremento de los animales hacinados en las granjas industrializadas se esparció por toda el área afectada dejando a su paso enfermedad y muerte. Estos desechos que incluso antes del huracán ya contaminaban el aire, el agua y hasta el agua del subsuelo salieron disparados literalmente cubriendo de heces contaminadas a toda el área afectada por el huracán. Ahora solamente falta esperar las noticias de enfermedades respiratorias incurables y todo tipo de cánceres entre los pobladores de la zona. Pero, ¿acaso esto les importa a las industrias cárnicas y lácteas? ¡Por supuesto que no! Ellos están en ese negocio sólo con la finalidad de lucro, aún a costa de la salud humana. Para ellos, las animales víctimas del huracán son una pérdida económica que debe ser recuperada lo antes posible. Sus sufrimientos, su abandono, su muerte cruel, no cuenta para nada.

Felicito a las personas que evacuaron con todos sus animales y a organizaciones como People for the Ethical Tretament of Animals (PETA) que de inmediato envió a su equipo de rescate para ayudar a los animales que habían quedado atrás. Los miembros de ese equipo son superhéroes, personas excepcionales dispuestas a tomar cualquier tipo de riesgos para salvar vidas animales. Estos super héroes sin capa merecen toda nuestra admiración y apoyo por la labor que realizan y la mejor manera de ayudarlos es enviar donaciones para que puedan seguir realizando el trabajo que saben hacer tan bien.

El Departamento de Agricultura de Carolina del Norte confirmó que Florencia provocó la muerte de aproximadamente 3.4 millones de pollos y pavos y 5,500 cerdos y PETA calificó esto como una tragedia, “Estos millones de muertes se pudieron prevenir, pero mientras exista un mercado para la carne animal, algunas personas obtendrán ganancias a expensas de los animales”, dijo al portal EcoWatch un vocero de PETA. “Instamos a todos a asumir la responsabilidad personal, a no ignorar esta tragedia, y a ayudar a detener el sufrimiento futuro siendo veganos para que los animales ya no se vean obligados a soportar los muchos tipos de crueldad inherentes a la industria cárnica”, finalizó.

De nada sirven las lágrimas al contemplar la devastación que el huracán produjo a los animales. Debemos seguir trabajando para promover leyes y planes de evacuación que los incluyan y protejan en situaciones de emergencia y si no quieres ver más animales de granja tratando de salir a flote sin esperanzas de lograrlo o animales flotando ahogados en las aguas de cualquier desastre natural, lo que tienes que hacer es ¡dejar de comerlos!

A largo plazo, el efecto devastador que tendrá en tu cuerpo y en tu conciencia, será peor que el de cualquier huracán. La ley de la vida, que siempre es justa y equitativa, clamará por un castigo igualitario para ti, para el planeta en el que vives y para tu salud. Ya es hora de dejar atrás la inacción, la indiferencia y la apatía. Tal vez no podrás salvarlos a todos, pero tu contribución a la causa y tu decisión personal de no comerlos o consumir sus productos, ayudará enormemente a que cada vez veamos menos animales explotados y vilmente sacrificados por el gusto insano de paladares ávidos de sangre y miseria.

 

 

 

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¡Boicot al aceite de palma!

orangutanes

La gran mayoría de las personas, seducidas por las promesas que ofrecen las propagandas o creyendo que su bolsillo no se verá tan afectado, no tiene la costumbre de leer las etiquetas de los productos que compra. Generalmente, y creyendo que le hacen un favor a su economía, optan por los productos más baratos, que a la larga, siempre le resultan caros a alguien.

En este caso, el aceite de palma se constituye como un producto que parece ser inofensivo pero que al esconderse en productos de consumo diario o en cosméticos, resulta letal para especies animales que luchan arduamente por sobrevivir.

En la actualidad, miles de personas que se autodenominan “ambientalistas” desconocen que, usado como aditivo en jabones, cosméticos, alimentos, o procesado como biocombustible, este tipo de aceite y todas sus variedades es uno de los principales culpables de la crisis medio ambientalista de estos tiempos.

El aceite de palma proviene de las selvas de Indonesia y Malasia en las que más de 65,000 kilómetros cuadrados ya han desaparecido para dar lugar a las plantaciones de aceite de palma. La quema de estas áreas produce tal cantidad de dióxido de carbono que Indonesia es considerada el tercer país que más contamina al mundo. Y por si esto no fuera lo suficientemente terrible, la mayor desgracia de la producción del aceite de palma es la destrucción total del hábitat de orangutanes, rinocerontes de Sumatra, tigres y otros animales en peligro de extinción.

El aceite de palma se encuentra escondido en muchísimos productos de consumo diario: brillo de labios, jabones, chocolates, barras energéticas, galletas saladas, donas, palomitas de maíz para micro ondas, y algunos productos de marca altamente reconocidos como los chocolates Hershey’s Kisses y las galletas Oreos. En los Estados Unidos, este letal aceite incluso estaba presente en las tradicionales galletas que las Girls Scouts venden cada año en grandes cantidades; pero gracias a la oportuna y consciente intervención de dos de sus miembros, Madison Vorva y Rhiannon Tomtishen que se negaron a venderlas, la organización hizo que el aceite de palma fuera reemplazado por otro ingrediente.

La indiferencia del público respecto a la nocividad de este aceite es indignante puesto que puede ser fácilmente reemplazado por otros aceites vegetales saludables. Cada una de las 30 millones de toneladas que se usan anualmente en todo el mundo puede ser reemplazada, por ejemplo, por aceite de canola proveniente de áreas donde no se incurre en ningún tipo de desastre ecológico.

Miles de orangutanes no solamente han perdido sus hábitats sino también la vida debido a las plantaciones de aceite de palma que, en su afán de lucro desmedido, no son conscientes del daño irreparable que ocasionan a estos nobles animales. Muchos voluntarios en Indonesia y Malasia han recibido un entrenamiento especial para intentar rescatar a los orangutanes bebés que perdieron a sus padres y familiares debido a la explotación del aceite de palma. Los voluntarios emiten una mezcla de sonidos similares a los que una mamá orangután produciría cuando está con sus hijos y eso les ayuda a que los bebés aprendan a tenerles confianza. Sin los cuidados de estos voluntarios los bebés orangutanes no tendrían ninguna posibilidad de sobrevivir. Los bebés que llegan a los santuarios son extremadamente vulnerables y encuentran muy estresados luego de ver morir a sus padres o de perder su hábitat y a sus congéneres.

Los orangutanes son una de las especies más amenazadas en Indonesia y, muy frecuentemente, la policía tiene que intervenir y arrestar a gente que los maltrata. Hace quince años toda el área de Burmeo estaba poblada de bosques que eran los hogares de los orangutanes, pero cuando las plantaciones de palma y las minas de carbón se expandieron, el calvario de estos inteligentes simios empezó. Los orangutanes no solamente son expulsados o asesinados sino que también son vendidos a quienes los quieran comprar por ínfimos precios. Es muy probable que esos traficantes los terminen vendiendo a circos o a zoológicos de dudosa reputación.

Los dueños de las plantaciones niegan todas las acusaciones pero el problema mayor se concentra en el hecho de que si no se actúa en defensa de estos animales, ellos terminarán extinguiéndose en un tiempo récord.

Cerca del 90% de los orangutanes viven en Indonesia y es por eso que, aunque el gobierno de ese país se ha comprometido a proteger a estos primates, aún no hacen nada concreto por eliminar las plantaciones de palma.

Pero, ¿quién tiene el poder de detener la masacre de los orangutanes en un plazo más corto? Es el público consumidor quien puede cambiar el destino de todos estos animales que, a pesar de estar parcialmente protegidos por la ley, siguen muriendo por miles. Una de las maneras más efectivas  de terminar con este tipo de explotación es iniciar un boicot total a los productos que aún utilizan aceite de palma. Y este boicot no consiste en sentarse y quejarse en las redes sociales sino en tomar una posición activa y efectiva. Es también importante educar a todas las personas que conozcamos sobre lo que les sucede a los orangutanes, enseñándoles a leer las etiquetas de los productos que contienen aceite de palma y a optar por alternativas libres de crueldad.

Es cierto que el activismo por los derechos de los animales muchas veces comprometerá nuestras decisiones; es también cierto que implicará sacrificios en nuestras acciones y preferencias diarias, pero, al poner en la balanza, nuestras costumbres y el valor de la vida de un animal, creo que la gran mayoría de las personas empáticas y conscientes, elegirán salvarle la vida a los animales y al planeta antes de parecer crueles y totalmente egoístas.

A la gran mayoría de activistas por los derechos de los animales no nos importa hacer ningún tipo de sacrificios si la meta final es ayudar a los animales; pero a algunas personas se les hace difícil, por ejemplo, dejar de consumir o comprar sus productos favoritos a pesar de saber que al hacerlo, contribuyen a la explotación de los animales. Asimismo, debemos hacer hincapié que el consumidor promedio, activista o no, en la mayoría de los casos, desconoce si hay algo oculto o turbio en el producto que consume, especialmente si no se establece una relación directa con la explotación de los animales.

Un caso típico es el consumo de Nutella, una crema dulce de avellanas que fue creada en 1965 por Pietro Ferrero como reemplazo a la ausencia de chocolate durante la guerra. Uno de los principales ingredientes de esta crema (que no es vegana) es el aceite de palma y ya sabemos que este aceite es el principal culpable de la crueldad contra los orangutanes, del daño total a ecosistemas irremplazables y del agravamiento del cambio climático.

A pesar del grave daño al medio ambiente y a sus criaturas, organizaciones como Greenpeace no han atacado frontalmente a dicho producto. Para quienes trabajamos en organizaciones de defensa animal serias y consecuentes esto no es una sorpresa. Nunca faltan las posiciones tibias, hipócritas o cómplices en las que los enemigos de los animales no llegan a ser “tan malos” o “tan crueles” después de todo. Estas posiciones que solamente indican una clara traición a los animales, generalmente están motivadas por motivos económicos, de lucro o conveniencia.

Cuando alguien decide dedicar su vida a la causa de los animales, el compromiso debe ser total y consecuente. La lealtad al movimiento debe ser una prioridad infaltable pues estamos involucrados en un tema de justicia social. ¿Podríamos trabajar por los derechos de los niños y determinar que la violación de una niña de 12 años no es tan mala como la violación de un bebé? ¿Podríamos aceptar que una mujer golpeada a puño limpio es menos víctima que una abusada con algún instrumento de tortura? Lo mismo sucede en el mundo de la defensa animal donde algunas organizaciones siempre encuentran excusas para los abusadores de los animales.

Ese es el caso de Greenpeace que afirma que el boicot contra Nutella no debería suceder porque no es el único producto que utiliza aceite de palma. Es más, afirman que la compañía está realizando “grandes esfuerzos” para comprar su aceite de palma de proveedores que operan con responsabilidad ambiental. Los “grandes esfuerzos” no les sirven de nada a los animales, sobre todo cuando el fabricante de Nutella tiene la capacidad de reemplazar ese nefasto ingrediente sin alterar el gusto de la crema. Como siempre, el factor económico está presente; como siempre, para ellos es más fácil permitir la explotación de un animal inocente y destruir el medio ambiente mientras sus arcas se llenan de dinero corrupto y manchado de sangre. Su mejor aliado es el consumidor ignorante, indeciso, indiferente o egoísta a quien solo le importa tener disponible su crema favorita.

Consumir productos confeccionados con aceite de palma tampoco es favorable para la salud ya que pese a su origen natural, se está consumiendo grasa saturada que incrementará el colesterol y si a eso añadimos el empleo de niños en los campos de cultivo y las inseguras y precarias condiciones de trabajo en ellos, la situación empeora notablemente.

La elección ética y decente es simple. Consumir aceite de palma, en cualquiera de sus formas, es perjudicial para el medio ambiente e implica crueldad contra los animales. Punto final. Por lo tanto, si queremos ayudar a los orangutanes, animales fascinantes e inteligentes que definitivamente merecen vivir en paz en su ambiente natural, libres de cualquier tipo de crueldad.

 

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¡Hasta vaciar el último tanque!

SeaDead

Mientras que Francia acaba de dar un paso hacia nuestra meta final al prohibir la reproducción de delfines y orcas en cautividad, nuestros compañeros de Animal Heroes en México y mis compañeros de SPEAK en Arizona siguen luchando para conseguir que estos magníficos animales puedan ser finalmente libres de todo tipo de explotación.

Ha de quedarles totalmente claro que NO queremos tanques más grandes, lo que queremos son tanques totalmente vacíos. ¡Los animales marinos no existen para entretenernos! Muchos “animalistas” (el solo término malgastado y deteriorado me mortifica), los que se creen “más papistas que el Papa”, tal vez salgan a criticar esta acción por considerarla parcial. Esta gente es la misma que se opone a que los restaurantes de comida rápida ofrezcan opciones veganas o que un vegano vaya a comer algo vegano a un restaurante que no lo es. Hay que repetirles y repetirles hasta el cansancio que lo importante es la educación de las masas humanas de lento entender y tardía actuación y no su obsesión de policía vegana.

El publicista americano Thomas Smith, en su libro “Successful Advertisement” afirma que una persona debe escuchar un mensaje por lo menos nueve veces para empezar a entenderlo a cabalidad. Es por esto que tendremos que seguir repitiéndoles que el paso que Francia ha dado, es, en efecto, un paso un tanto lento, pero en la dirección correcta.

La educación de la gente es paulatina y, en casos de defensa animal, muy lenta para nuestro gusto; pero su lentitud no puede desalentarnos sino más bien animarnos a continuar con nuestro trabajo con más vehemencia.

No hemos tenido la suerte de nacer animales. Somos animales no humanos y debemos trabajar alrededor de nuestras limitaciones. ¿Alguna vez han observado cómo las madres animales adiestran a sus hijos para enfrentar el mundo? Ellas no tienen que estar repitiendo instrucciones una y otra vez. Traen a sus vástagos al mundo, los protegen, los cuidan, los alimentan y, llegado el tiempo correcto, les enseñan que alimentos no comer, a escapar de sus predadores, a construir sus familias y sus casas, a alejarse de la Bestia Humana y ¡ya! Nunca he visto un gato que viva a costa de las costillas de su madre, a un lobo que no cumpla su rol en la manada o a una jirafa desempleada que regrese a la casa materna para vivir allí improductivamente.

El Ministerio del Medio Ambiente francés publicó un decreto que establece que los parques acuáticos no podrán adquirir nuevos animales ni criarlos, sino solo mantener a los que tienen con unas normas más estrictas. Para nosotros, este es el principio del fin. Un paso adelante hacia la meta final. El decreto, que sustituye a otro de 1981, prevé un aumento de al menos 150% del espacio de los estanques para permitir a los animales alejarse de los visitantes y de otros animales. Prohíbe el uso de cloro para tratar el agua, el contacto directo entre el público y los animales, y las inmersiones de la gente en los estanques. Los establecimientos tienen seis meses para adaptarse a las nuevas normas, y hasta tres años para expandir sus estanques.

Cinco asociaciones animalistas, incluyendo a Une Voice y Sea Shepherd han enviado un comunicado conjunto en el que apoyan la medida. “En concreto, eso significa que se acaban los programas de reproducción, de intercambios o de importación. Sin la posibilidad de renovar los cetáceos, significará el fin de los circos marinos en nuestro territorio”, han expresado.

Esta medida provocó la enojada reacción de Jon Kershaw, director del mayor parque de atracciones marinas de Europa, Marineland d’Antibes en la Costa Azul. Marineland es el mayor delfinario de Francia, y como otros muchos de estos establecimientos en Europa, está controlado por una multinacional española de parques temáticos. Por supuesto queda claro que su enojo nos importa un soberano bledo. El día de la total liberación se acerca y a los explotadores de los animales sólo les queda quejarse.

 Y continuando con las buenas noticias nuestros amigos de The Dolphin Project ha dado a conocer el reporte económico de SeaWorld Entertainment correspondiente al primer trimestre del 2017. Estos datos muestran una reducción de sus ganancias en un 15% en comparación con el primer trimestre del 2016.

Para los incrédulos enemigos de los animales, aquí les dejo el enlace para que lloren con ganas:

http://www.seaworldinvestors.com/news-releases/news-release-details/2017/SeaWorld-Entertainment-Inc-Reports-First-Quarter-2017-Results/default.aspx

Con una reducción de más del 14.9% de asistentes a sus macabros shows; aproximadamente 491,000 personas en comparación con el primer trimestre del 2016, este centro de explotación sigue en la mira de PETA quien por muchos años ha liderado la lucha por la libertad de animales que tienen derecho a vivir en paz en sus hábitats naturales.

¡No pararemos hasta que todos los tanques hayan quedado vacíos! Si no puedes involucrarte directamente en nuestra campaña puedes ayudar de la siguiente manera:

  • No asistas a ningún parque acuático con animales.
  • Enséñale a tus hijos por qué no deben ir a estos parques.
  • Participa en el boicot activo asistiendo a protestas contra estos parques.
  • Educa a tu comunidad distribuyendo volantes y literatura.
  • Reúne a tu familia y amigos en tu casa y muéstrales la película “Blackfish”.
  • Escribe Cartas al Editor de tus periódicos locales solicitando el cierre de esos parques.
  • Pídele a tus representantes políticos que pasen leyes que prohíba la captura y exhibición de animales marinos.
  • Dona dinero a organizaciones de defensa animal conocidas y de gran reputación para que continúen con su trabajo a favor de la liberación de los animales marinos.

 

 

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Amigos de verdad

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A propósito de la reciente y magnífica noticia del cierre total del infame y cruel circo Ringling Brothers y Barnum & Bailey escribir este artículo es pertinente y llego a hacerlo por otra razón en la que los tiempos también coinciden mágicamente. Nada sucede por casualidad en nuestras vidas, todo es causalidad. Y aunque a veces no entendamos los tiempos de Dios que se mezclan, en menor forma con el destino, todo sucede en el tiempo y en el momento correctos. Ni un segundo más, ni uno menos, producen la lección para enseñar o para aprender. Estoy agradecida que así sea.

La amistad no es un sentimiento exclusivo de los seres humanos. Sucede y se desarrolla también entre los animales para nuestro asombro y regocijo. El Internet nos ha dado pruebas infinitas de ello y no solamente entre congéneres sino también entre especies que, de acuerdo a nuestro limitado conocimiento del mundo animal, deberían ser enemigas y antagónicas. El instinto, en la naturaleza, a veces no sigue la Ley implacable de la Selva.

Los elefantes son seres magníficos, interesantes e imponentes. Recuerdo que la visión de un elefante asiático era la primera figura que se distinguía en el Zoológico de Barranco que era el zoológico que existía cuando era niña. Las veces que fui me maravillaba observando la agilidad y manualidad de su trompa y su gracia lenta que para muchos quizás podía pasar por torpeza. Nunca supe cómo un ser de tierras tan lejanas había llegado a Lima; nunca lo cuestioné, pero siempre noté su soledad infinita la cual se reflejaba con un continuo movimiento de cabeza que años más tarde aprendí que era locura.

En el colegio me enseñaron que vivían en grandes grupos generalmente dirigidos por una hembra y que establecían relaciones familiares y de amigos de por vida. ¿Dónde estaba entonces el resto de su familia? ¿Dónde estaban los otros elefantes? Tuvieron que pasar muchos años para saber la verdad y para decidirme a levantar el estandarte de su causa. Hoy, que debido al cierre definitivo de un centro de explotación y crueldad llamado circo, celebro su libertad, también reflexiono sobre los sentimientos de empatía, de amistad y de lealtad que comparten con sus congéneres.

Un artículo publicado en el Diario en línea PeerJ informa que cuando un elefante se da cuenta de que uno de sus compañeros y amigos se encuentra triste o molesto, se acerca a él o a ella para acariciarlo y producir un sonido especial que demuestra empatía.

Científicos del Elephant Nature Park estudiaron el comportamiento de 26 elefantes hembras en la provincia Chiang Mai en Tailandia. Se excluyeron a los machos por razones de seguridad. Con mucha paciencia, esperaron que ocurriera una situación natural de estrés y cuando esta surgió, observaron que ellas se acariciaban una a la otra, sobretodo dentro de sus bocas. En el mundo de los elefantes, esa acción es como darse un abrazo. Asimismo, producían sonidos vocales para consolarse y reafirmar su presencia mientras que creaban un círculo de protección alrededor de la elefanta que experimentaba el estrés.

Los elefantes muestran empatía, amistad y apoyo entre ellos de manera constante y permanente, sobre todo si se trata de una manada liderada por una matriarca, elefantas, bebitos y machos inmaduros. Ellos celebran los nacimientos de sus nuevos miembros y lloran a sus muertos demostrando profundas emociones. Cuando es necesario ayudan a cuidar a los bebés de otras elefantas, les enseñan todo lo que un elefante debe saber en esta vida y apoyan con determinación, cariño y paciencia a los miembros débiles o heridos del grupo. Su empatía y compasión, realmente no tiene límites. Ser un amigo preocupado, compasivo y leal los eleva a niveles emocionales superiores.

Y en nosotros, los seres humanos, el sentimiento de la amistad puede también llegar a ser así de profundo. No voy a negar que yo estoy completamente parcializada con los animales; pero también creo que, en este mundo destructivo y cruel, aún quedan humanos que valen la pena y que son como los elefantes: fieles amigos que están siempre presentes para animarnos, consolarnos y ayudarnos. Amigos de verdad, a prueba de balas, amigos-elefantes.

Hace unos años, una de mis comediantes favoritas y activista por los derechos de los animales, Consuelo Duval concedió una entrevista en la que rememoró uno de los mejores consejos que le dio su difunto padre:

“Hija mía, en la vida, tienes que ser como un elefante. Tienes que tener los pies bien firmes en la tierra; las orejas enormes para saber escuchar bien; la boca chiquita para no hablar de más; una piel fuerte para que los golpes de la vida no te tumben y una memoria extraordinaria para que jamás olvides agradecer a Dios por todo lo que te ha dado”. Considerando que tengo una poderosa memoria de elefante, yo añadiría que esa misma memoria también me servirá para nunca olvidar lo que mis buenas amigas hicieron por mí hace unos días cuando la vida me pasó duras y álgidas facturas. El refranero castellano claramente dice que “más vale un buen amigo que mil parientes” y eso es cierto porque los amigos son la familia que uno escoge y no la que a uno le toca.

Mi labor es escribir sobre temas que involucran a mis maravillosos hermanos animales, pero hoy haré una excepción y me adentraré en el mundo de los humanos; de aquellos que, aunque no compartan del todo mis ideales y principios, han sabido tratarme como los elefantes que protegen con amor y empatía al miembro de la manada que más lo necesita. He sentido su amor, su calor, su compasión, su tolerancia y su comprensión en los momentos en los que pensaba que ni mi cuerpo ni mi alma podían dar más. Recogieron las piezas esparcidas por todas partes y con manos de alfareras expertas las volvieron a unir para dejarme más unida, más fuerte y más resistente. Eso para mí no tiene precio. Mi alma, mi mente, mi corazón y mi memoria de elefante lo ha grabado indeleblemente en los archivos eternos de mi agradecimiento.

En esta semana de triunfo, valoro más que nunca la verdadera amistad que consigue llenar de riqueza la estéril vida que sin ella nos quedaría.

Mil gracias a mis hermanas de corazón, a las que constituyen esa otra sangre, que es la que, a veces, la que más cuenta.

Con cariño, gratitud y amistad especiales para Neny, Charito P., Charito H. y Rosita.

 

 

 

 

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¡No más Ringling Brothers y Barnum & Bailey!

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El gen de justicia que todos los que luchamos por los derechos de los animales poseemos se encuentra como marca indeleble en nuestro ser, en nuestro corazón y en nuestro cerebro. A veces se manifiesta a una edad temprana y otras veces, se encuentra latente, en espera de una ocasión o un evento particular para emerger con toda la fuerza necesaria para cumplir la misión por la que vinimos a este mundo. Mucha gente puede creer que esa misión solo existe en nuestra imaginación y nuestro ego; pero quienes hemos dedicado nuestra vida a esta causa sabemos que nuestras acciones, nuestro compromiso y nuestra participación – en diferentes medidas e intensidades – es el motor que nos mueve a seguir pese a todos y a todo.

Ninguna causa justa obtiene logros y victorias de la noche a la mañana. Hemos sido testigos de que todo movimiento social importante pasa por etapas específicas. Al inicio, la gente que no está involucrada o que aún no puede ver la realidad recurre a la burla, al ridículo. Se mofa de las razones por las que un grupo de personas dejan su zona de confort, realizan sacrificios y dedican su vida a defender los derechos de los abusados y explotados. Luego se pasa a una etapa de comprensión o entendimiento cuando algunos empiezan a dar crédito a la lucha para luego terminar aceptando su validez y considerar unirse a ella.

Esta lucha tiene altos y bajos. Todos lo sabemos y lo hemos sentido a lo largo de nuestras propias experiencias. Terminamos de celebrar una victoria ganada a pulso y con muchísimo esfuerzo y el sabor de la victoria es efímero porque ya otra crueldad nos llama a la acción. La vida del activista por los derechos de los animales es dura, difícil, álgida….pero también es muy reconfortante y satisfactoria cuando una victoria de mayor envergadura nos ratifica que estamos trabajando por lo que es correcto, ético, decente, purificador.

Y eso ha sucedido hoy al enterarnos que todos nuestros años de trabajo y dedicación han dado frutos. El circo Ringling Brothers y Barnum & Bailey, uno de los centros de mayor explotación y abuso de animales a nivel mundial, cerrará sus puertas en mayo de este año. Este antro de crueldad y esclavitud ¡no va más!

La raza humana siempre ha tenido una inquietante curiosidad por ver de cerca a animales exóticos o a animales domésticos realizando estúpidos trucos inapropiados para su especie. En su insano afán de estar cerca de estas maravillosas criaturas, nunca dudaron en pagar el precio de una entrada que garantizaba de seguro la brutal explotación de un animal que luego de ser arrancado de su hábitat natural era sometido y vejado con castigos, humillaciones y crueldades de todo tipo. Si en tiempos antiguos la gente no tenía mucho acceso a la cruel verdad de lo que sucedía con los animales en el mundo del espectáculo; en tiempos actuales y teniendo toda la información pertinente, alguna gente siguió asistiendo al circo llevando a sus hijos para enseñarles a ser indiferentes, limitados y especistas como ellos.

Anteriormente hablaba del gen de los activistas porque pienso que por muy pequeña que sea una persona, hay un momento preciso en el que nuestro cerebro y nuestro corazón nos enseña muy claramente a distinguir lo bueno de lo malo; lo justo de lo injusto, lo decente de lo indecente. Mucha gente piensa que los niños no adquieren por sí mismos esa capacidad; pero eso no es cierto. Un niño, con las capacidades pertinentes a su edad en el lugar correcto, puede racionalizar claramente la crueldad y el abuso que se cometen contra un ser indefenso, explotado y sojuzgado.

Cuando yo era niña, asistir al Circo Ruso de Moscú era todo un evento. En esa época obscura en la que la explotación de los animales era algo de todos los días, tener una entrada para ese espectáculo podía considerarse todo un privilegio. Mi padre, ignorante aún de la explotación de los animales en un circo, me llevó a ver un espectáculo que no disfrute del todo. Recuerdo que me impresionaron sobremanera las habilidades de los trapecistas y malabaristas que realizaban trucos que yo no hubiera podido hacer nunca; pero mi corazón se desgarró cuando vi a los osos, que disfrazados como payasos, obedecían sin chistar las órdenes de los domadores que los obligaban a bailar melodías rusas, a montar bicicletas y a comportarse como payasos mientras que todos los mocosos a mi alrededor aplaudían a morir embutiéndose de golosinas grasientas y atiborradas de azúcar. Probablemente hubo también otros animales, pero los majestuosos osos marcaron una indeleble impresión en mí.

Para desgracia de mi padre, a mí nunca me gustaron las historias de princesas inútiles, dibujos animados, o muñequitas espigadas o necesitadas de un cambio de pañal. Es por eso que, a la hora de leerme un cuento o una historia, mi pobre papá tenía que recurrir a historias reales e interesantes que él inventaba o sacaba de libros. Nunca olvidaré las horas que él pasó leyéndome las interesantes historias de “El Libro de los Por qué” del Tesoro de la Juventud o de la Enciclopedia Uthea. Yo recordaba que una vez me había contado la historia de un oso pardo poderoso y fuerte y fue por eso que, al salir del circo, le pregunté por qué los osos del circo no se rebelaban contra sus domadores y los obedecían sumisamente. Él me dijo que el oso de su historia era un oso libre que vivía en su elemento pero que los osos del circo estaban “amaestrados”. Tal vez, sin quererlo, esa noche me enseñó más que el significado de una palabra nueva. Me enseñó que el especismo estaba presente en cada una de esas funciones y que animales poderosos, fuertes y magníficos eran reducidos a seres sin voluntad y sin alma. Solamente años más tarde aprendí que solamente a través de crueles maltratos y explotación se puede llegar a sojuzgar el espíritu de animales magníficos como esos, que, si quisieran, podrían eliminar a sus captores en cuestión de segundos. Comprendí que la misión de los explotadores es matar el espíritu y aplastar el alma, la naturalidad de estos seres para convertirlos en esclavos y títeres con los cuales lucrar.

Después de esa noche nunca más en mi vida pise un circo con animales.

Por supuesto que Ringling Brothers y Barnun & Bailey jamás admitirá que el cierre de sus puertas se debe al trabajo incansable y persistente de los activistas por los derechos de los animales. Los explotadores nunca admiten nuestro poderío y nuestra persistencia. Ellos aducen que cierran porque existe una gran reducción en el número de asistentes y por problemas económicos; pero la verdad es evidente. Aunque aún nos falta seguir educando a más gente, muchos por fin entendieron que el precio de su entrada fomentaba la explotación de los animales y que sus hijos realmente no aprendían nada bueno al ser indiferentes ante ese sufrimiento.

Ahora nos saldrán con frases baratas y repetitivas en las que hablarán del fin de la “familia circense”, de la pérdida de trabajo de muchos empleados y no nos sorprenderemos si también involucran a un par de niños para que lloren delante de las cámaras diciendo que extrañaran esta tradición familiar. La explotación, abuso, y crueldad contra los animales jamás será un “sano pasatiempo familiar”.

Los abusadores aún llevarán a cabo 30 presentaciones más en Atlanta, Washington, Filadelfia, Boston, Nueva York y Rhode Island y allí estaremos presentes, aún con más fuerza para seguir educando y protestando contra la explotación y el abuso. Ni nuestra voz se apaga, ni el cansancio llega cuando se trata de la total liberación de los animales.

Mucha gente olvida o ignora que estos circos empezaron a lucrar no solamente con la explotación de los animales sino también con la explotación de seres humanos que eran anormales o presentaban algunas características peculiares. El morbo de la gente los llevaba en masas a contemplar a la Mujer Barbuda, La Mujer Sirena, El Hombre de Goma, Siameses de todo tipo, enanos y cualquier otro tipo de persona deforme o anormal. Nunca hay que olvidar que la crueldad es exactamente la misma: Lo único que cambia es la víctima.

Después de más de 36 años de lucha constante, People for the Ethical Treatment of Animals (PETA), celebra que el “Show más triste del planeta” llegue a su fin. Ingrid Newkirk, presidenta de PETA espera que otros circos sigan ese ejemplo y se den cuenta que estamos en el año 2017, una época en la que espectáculos de este tipo no son ni necesarios, ni bienvenidos.

Fue en 1882 cuando Barnum arrancó de su hábitat natural a Jumbo, un elefante asiático que fue traído a América para “entretener” a una masa ignorante e indiferente. Y es en el 2017 cuando los esfuerzos de los activistas se ven premiados con esta tremenda victoria merecida, ansiada, esperada y trabajada por muchos años de perseverancia y compromiso.

Hoy es un día victorioso para los animales y sus defensores. Hemos roto importantes cadenas, cadenas que mucha gente pensó eran inquebrantables. Celebremos la victoria y recarguemos nuestras energías, porque, como ya bien saben, aún nos quedan otras cadenas por quebrar.

¡Hasta la victoria final!

 

 

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Hitler nunca fue vegetariano

holocaust

La propaganda nazi, capaz de convencer a una gran mayoría de europeos durante la Segunda Guerra Mundial, fue una maquinaria efectiva, muy bien organizada y convincente. Sus maquiavélicos planes alcanzaron muchas metas y entre ellos, podemos citar la mentira de que Hitler amaba a los animales y era vegetariano.

No descarto la idea de que un ser cruel y despreciable como él les haya tenido afinidad. Hay que recordar que los animales son tan nobles que no saben distinguir a un monstruo de una persona buena. Durante su gobierno se pasaron algunas leyes a favor de los animales como la “regulación” del método judío de matanza que siempre ha sido muy cruel y, otra vez, “regulaciones” en la cacería. Quizás estuvo en contra del método de matanza judío simplemente porque era judío y sus leyes nunca fueron totalmente prohibitivas sino más bien, reformistas. El que tenía el poder absoluto, podría haber pasado leyes abolicionistas. Nunca lo hizo.

Como la mayoría de los dictadores, ávidos de poder y copiones del conocimiento ajeno, es muy probable que Hitler haya querido imitar el pensamiento de Wagner y Schopenhauer, a quienes admiraba, pero la verdad del caso es que la farsa de su vegetarianismo y amor por los animales fue una campaña propagandística muy bien organizada por su Ministro de Propaganda Joseph Goebbels, cuyo propósito era promover la mejor imagen del Führer y otorgarle un aire ascético.

Hitler sufría de muchos trastornos estomacales, gastritis aguda, sudoraciones y flatulencia excesivas y por esa razón cuidaba su dieta, pero nunca dejó de comer sus platos cárnicos favoritos: salchichas bávaras, albóndigas de hígado y piezas de caza rellenas y asadas.

Cuando llegó al poder disolvió todas las sociedades vegetarianas de Alemania, detuvo a sus dirigentes y clausuró la principal revista vegetariana del país. Durante la guerra, los nazis prohibieron todas las organizaciones vegetarianas en los territorios que ocuparon. Y Ian Kershaw, uno de sus biógrafos, narra que frecuentemente llevaba al cinto un látigo para perros con el que “disciplinaba” a sus perros. Tanto “amaba” a su última perra Blondie que cuando su captura era inminente, probó con ella el veneno que se supone acabó con su vida y la de su amante Eva Brown. La muerte de Blondie fue un acto cruel e innecesario pues, evidencia reciente y comprobable, sostiene que él y su amante huyeron a Argentina protegidos por el gobierno de Juan Domingo Perón.

Hitler admiraba al pro-nazi Henry Ford, el pionero de la industria automovilística de los Estados Unidos quien tomó la idea de la línea de ensamblaje después de visitar un matadero en Chicago. Hitler y los nazis simplemente reemplazaron a los animales condenados al matadero con judíos y fueron igualmente crueles e hipócritas con los seres humanos y los animales.

Mucha gente desinformada y ávida de defender sus hábitos cárnicos recurren a esta falacia para defender su consumo de cadáveres y secreciones animales, pero ahora ya sabes que sus argumentos carecen de validez histórica y ética.

Además, nuestros estilos de vida, no pueden estar basadas en lo que alguien más hizo o dejó de hacer. Podemos tomar los buenos ejemplos de gente evolucionada, pero no se puede justificar una o dos buenas características de gente maligna y cruel. Ser vegano no es una opción. Es un estilo de vida. No podemos caer en las garras del especismo para asumir que, nosotros, como seres humanos tenemos derecho a tomar una opción y otros seres no lo tienen.

Los miles de animales masacrados en los mataderos del mundo entero NO tienen NINGUNA opción y lo mejor que podemos hacer para liberarlos de manera efectiva y concreta es seguir educando con el ejemplo.

¡GO VEGAN NOW!

 

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