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Tag Archives: educación humanitaria

Mis respetos para ti, señora

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En nuestra vida de activistas hemos tenido muchas influencias: un líder, una persona a quien veíamos como ejemplo, un libro, una película o un evento transformador. A veces son tantas que nos las podríamos mencionar o recordar todas; pero la empatía o las primeras influencias que marcaron nuestra vida como tales tuvo que empezar en algún momento.

Los especialistas en Educación Humanitaria sostienen, desde el principio de los tiempos, que la formación ética de una persona empieza definitivamente en la niñez, principalmente en casa y luego en la escuela. Es allí donde nuestros padres siembran las semillas de compasión en nuestros corazones con la esperanza de que la cosecha de buenos frutos.

La jardinera de mi dedicación por los animales, sin lugar a dudas, fue mi madre. No tuve el privilegio ni la suerte de compartir los primeros años de mi niñez con algún animal que viviera con nosotros porque los animales de compañía con los que compartí esos años siempre fueron “prestados” hasta el momento en el que pudimos convencer a mi papá que ya era hora de abrir las puertas de nuestra casa a algún animal necesitado de hogar. Desde ese momento, yo adquirí hermanos y mis padres nuevos hijos a quien engreír y querer hasta el momento que cruzaron el Puente del Arco Iris. Casi todos ellos ya están allí, esperándome con mi papá. Esa espera es, tal vez, el mayor incentivo para morir una vez que haya visto muchos más logros para nuestra causa.

En mi adolescencia y juventud, nuestra relación tuvo muchos altibajos; mucha controversia y altisonancia; tal vez por ser tan parecidas, tan determinadas, tan perseverantes y tan tercas. Pero la vida no pasa por uno sin enseñarnos sabias e importantes lecciones. Y si algo he aprendido, con la ayuda de toda la buena gente que ha tocado mi vida, es a darme cuenta que absolutamente toda circunstancia tiene una razón de ser. Aprendí que nadie nace sabiendo cómo ser hija, madre o padre y que todos hemos hecho lo mejor que podíamos con el conocimiento que teníamos.

La figura que nunca se aleja de mi mente es la de mi madre llevándole comida a los pobre perros callejeros que vivían por los alrededores de mi casa. Mis primeros sentimientos de compasión, mis primeras lecciones de empatía hacia los animales, mis primeras nociones de realmente ponerme en la piel de otro ser, vinieron de ella y se quedaron grabadas en mí para toda la vida.

Mi madre me traspasó su sentido del deber, del esfuerzo en el trabajo, su amor interminable por la lectura y su sentido de la lealtad. Me enseñó a tener un ideal en la vida y a defenderlo hasta la muerte pese a los detractores, la crítica y la ignominia. Cada vez que algo malo pasaba o cada vez que algo iba mal con mi salud, me decía “Mañana, a esta misma hora, todo ya habrá pasado o habrá mejorado, hija”. Hoy, las circunstancias inexorables de la vida, que siempre dan vuelta; ahora que yo soy la madre y ella la hija; le digo lo mismo y con el mismo convencimiento. Las lágrimas que tal vez ella escondía en esas épocas para darme fuerzas, son las mismas que yo me trago ahora para animarla en su recuperación. En esa recuperación que yo sé que llegará porque ella es tan tenaz y perseverante como yo.

Sin ningún conocimiento científico o nutricional, y solamente basándose en su empírica percepción de las cosas, me privó del consumo de cerdos y mariscos y no me hacía tanto problema cuando me negaba a consumir el vaso de leche obligatorio de todo escolar de mi época. A ella nunca le gustó ni fomentó su consumo, reemplazándola por un rico y nutritivo vaso de avena de piña o manzana. Le agradezco inmensamente por ello. Sin saberlo, y aunque yo en esas épocas aún tenía la conciencia dormida, estaba ya creando a una vegana.

Cada vez que nuestra casa se abrió para recibir a un callejerito, repetía – creo que únicamente para demostrarnos que iba a suceder exactamente lo opuesto – que “sólo se podía quedar hasta que le encontráramos un hogar”. Esos plazos nunca se cumplieron y terminaron en un compromiso de por vida. Siempre fue una ley impuesta por ella no recordarles su pasado en las crueles calles para únicamente concentrarse en el hecho de que ahora eran amados, deseados, bienvenidos…. Todos ellos fueron más hijos de ella que yo. Y lo entiendo y comprendo. Yo, una limitada humana, jamás podría amar como ellos que la amaron de verdad y nunca la juzgaron. Más bien la acompañaron en sus alegrías y la consolaron en sus tristezas. Le hicieron la vida más llevadera cuando el destino me llevó a otros lares lejanos y le enseñaron que la vida sigue, pese a todo y a todos.

Ya entrada en años, se hizo vegetariana, y aunque a mí me hubiera gustado un cambio total al veganismo, le di el crédito que se merecía y la alenté siempre en su propósito. Hacer este cambio fue uno de los regalos más grandes que pudo haberme dado. Nunca se lo he dicho antes; pero se lo diré apenas la vea esta Navidad. No tendrá que darme ningún regalo más en todo lo que le quede de vida. Eso es más que suficiente.

Cuando se habla de las madres, siempre se dice que el mejor regalo que nos pueden dar es la vida. No lo creo. Eso es algo muy general y obvio. El mejor regalo que mi madre me dio a mí, no fue eso, ni sus buenos ejemplos, ni trabajar duro para darme una buena vida y una buena educación. No fue velar mi sueño cuando estuve enferma, ni haber sacrificado sus ahorros de toda la vida para darme una córnea. Nada de eso.

No fue darme el ejemplo de lo que significa ser una “señora” en toda la extensión de la palabra; ni ser valiente ante las circunstancias de la vida, ni luchar tenazmente hasta culminar una meta. El mejor regalo que me diste, mamá, fue abrir mi corazón, mi alma y mi mente a la causa sagrada de los animales. Tal vez la primera vez que te vi sentir compasión por un sufriente perro callejero, enfermo o hambriento, no te diste cuenta de la magnitud del ejemplo que dejabas en mí; pero ahora, más de medio siglo más tarde, te puedo asegurar, con la convicción del camino recorrido, que ese simple acto de bondad y respeto marcó mi vida para siempre y determinó mi destino y mi misión en este mundo.

¡Gracias mil por haberme enseñado el camino que hoy yo puedo enseñar a los demás! Mis victorias, pasadas, presentes y futuras estarán siempre dedicadas a ti, mamá.

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Criando niños compasivos

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Leyendo algunos artículos sobre la inteligencia emocional, encontré uno con el que coincido totalmente. Dice el artículo que la compañía de un animal, sobre todo durante la niñez, es un componente vital en el desarrollo de la inteligencia emocional del ser humano. Este tipo de inteligencia mide el nivel de empatía y la capacidad de comprender y conectarse con otros seres. De acuerdo a recientes investigaciones, esta inteligencia es el mejor indicador del éxito que un niño tendrá en la escuela. De hecho, muchos maestros de educación inicial reportaron que este tipo de inteligencia es mucho más importante que la habilidad de leer o utilizar un lápiz.

Y hay que tener en cuenta que, a diferencia del cociente intelectual que ya se encuentra establecido desde el nacimiento, la inteligencia emocional puede aumentar, ser cultivada y aumentada brindándoles a los niños la oportunidad de compartir su vida con un animal.

Los niños que comparten su vida con animales:

Desarrollan sus niveles de empatía:

Muchos estudios realizados en los Estados Unidos y en Inglaterra como aquel desarrollado por el psicólogo Robert Poresky de la Universidad Estatal de Kansas, han demostrado que existe una marcada correlación entre la estrecha relación con un animal y altos niveles de empatía. Esa no es una idea nueva pues ya en 1699 el filósofo John Locke afirmaba que desde su infancia los niños debían aprender a cuidar a sus animales para aprender a ser personas sensibles.

Aprenden a ser responsables y aumentan su auto-estima:

Los niños son capaces de ser responsables de sus animales cuando se les enseña a desarrollar diferentes tareas de acuerdo a su edad. Por ejemplo, pueden cepillarlos, pasearlos, servirles su comida, cambiar el agua y bañarlos cuando sea necesario. Cuando los niños realizan estas tareas, las hacen bien y reciben elogios por ello, su auto-estima se eleva y se sienten orgullosos de contribuir al bienestar de sus animales.

Tienen menos estrés:

Ha quedado comprobado hasta el cansancio que la compañía de un animal, o el solo hecho de acariciarlos o pasar un tiempo con ellos conlleva innumerables beneficios físicos y emocionales. Por ejemplo, reduce notablemente los niveles de estrés en los seres humanos, les levanta el ánimo, los mantiene alejados de la depresión y los ayuda a bajar la presión arterial.

Aprenden a leer sin presiones:

Aprender a leer puede ser una experiencia estresante para algunos niños. Y esa tensión se incrementa cuando no lo pueden hacer bien o tienen que demostrar sus errores en frente de toda una clase. Una manera de solucionar ese problema sin dañar la auto-estima de los niños es hacer que le lean a un animal. Al hacerlo, pueden tomarse el tiempo necesario para aprender a pronunciar palabras difíciles sin ser juzgados por nadie. Al gozar de la compañía de un animal que los escucha amorosa y pacientemente, los niños desarrollan la confianza necesaria para esforzarse en la tarea de leer correctamente.

Expresan sus emociones más libremente:

Es muy común que los niños hablen libremente con sus animales y los conviertan en sus confidentes. En algunos casos, es difícil que los niños hablen con adultos acerca de sus más poderosas emociones porque piensan que nos serán entendidos. Por el contrario, al hablar con un animal se sienten en confianza y liberados de cualquier tipo de crítica.

Es por eso que en lugares donde los niños se recuperan de situaciones altamente traumáticas, la presencia de un animal confidente es sumamente valiosa e irremplazable.

 

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Los animales como instrumento político en el Perú

Alza tu mano

Si alguien se da tiempo para revisar la historia republicana del Perú se dará cuenta que los derechos de los animales nunca han sido considerados a nivel político; todo lo contrario, los anales de la historia están llenos de noticias y reportajes relacionados a su evidente abuso.

Los nefastos vestigios de la colonia, paradójicamente, se extendieron a los tiempos posteriores a la lucha por la independencia pues lo lógico hubiera sido que los nuevos peruanos, criollos y mestizos, rechazaran no solamente el yugo español a nivel político y social, sino también todo lo que los representaba. La independencia del Perú se proclamó el 28 de julio de 1821 y el 7 de diciembre se celebró una corrida en honor de José de San Martín. Él, quien había luchado toda su vida por liberar a Sudamérica de la bota subyugante de la corona, no tuvo reparos en mantener viva la sádica tradición de sangre y de barbarie, uno de los símbolos más claros del imperialismo español. ¿Y cómo mostraron su naciente “patriotismo”? Haciendo que solamente toreros peruanos tomaran parte en la lidia e invitando a que los “papahuevos” caricaturizaran a las autoridades y jerarquías españolas del tiempo de la reciente dominación.

De esta lista negra no se salva ni siquiera Simón Bolívar, quien amaba a los perros, pero que no tuvo problema en aceptar las seis corridas que se le ofrecieron después de las victorias de Junín y Ayacucho. Es únicamente el patriota y libertador chileno Bernardo O’Higgins quien en un mismo decreto declara a la esclavitud, a las peleas de gallos y a las corridas de toros ilegales por considerarlas incompatibles con la democracia y la civilización.

Plazas de toros, zoológicos, circos, hipódromos, delfines miserablemente confinados en piletas de hoteles, animales abandonados en las calles, brutales mataderos oficiales o no, y miles de actos de crueldad contra los animales, han sido siempre el marco característico de la situación de los animales en el Perú. No se puede negar que ha habido mejoras propugnadas por miembros de varios partidos políticos, pero el Perú, como país, aún está muy lejos de ser reconocido como una nación en la que los animales gocen de protección efectiva y respeto. Un reciente estudio internacional organizado por World Animal Protection, le dio una calificación de “D”; algo de lo que no deberíamos estar orgullosos en ningún sentido.

Todos los peruanos pensantes sabemos bien que, en vísperas de elecciones presidenciales, todos los candidatos prometerán hasta lo imposible con tal de sumar votos. Los peruanos activistas por los derechos de los animales, como ciudadanos y electores, tienen el derecho a apoyar a los candidatos de su predilección, considerando también todas las otras propuestas sociales y económicas para el país y también tendrán que basar sus decisiones en otros asuntos controversiales como la unión civil, la pena de muerte, y la separación de la iglesia y el estado, por ejemplo. Nadie puede controlar el voto de otra persona, pero antes de recomendar un voto en particular, hay varios factores por considerar.

Lo que sí creo firmemente es que un candidato que se regocija en la barbarie, en la masacre lenta, alevosa y ventajosa de un ser vivo, carece de toda empatía y de la calidad moral para representar a un país. No interesan sus talentos, habilidades, títulos y aciertos en la vida. Quien no tiene compasión o empatía ante el asesinato sangriento y sádico de un ser vivo capaz de sentir dolor; quien no lucha contra cualquier tipo de injusticia y crueldad, jamás podrá extender su compasión a nadie. Podrá fingirlo de acuerdo a sus conveniencias políticas, pero, en el fondo, jamás podrá entender la pobreza, el hambre, el dolor, ni la miseria de sus congéneres.

Y el tema taurino o gallístico, no es el único asunto ignorado. En toda la época republicana del país, nunca se ha tratado con seriedad o se ha incluido legislación respecto a la educación humanitaria en el sistema público de educación, la conexión de la violencia entre el abuso animal y la violencia humana, la prohibición de espectáculos con animales, la revisión y mejoras de la legislación agropecuaria, el uso de municipalidades como entes efectivos de acción contra el grave problema de la sobrepoblación de animales domésticos o la creación de leyes severas ante actos de crueldad animal y zoofilia.

Al inicio de la campaña, me comuniqué con el equipo del ahora defenestrado candidato Julio Guzmán, quien, de la noche a la mañana, empezó a tomarse fotos con su gato y a añadir simpáticos mensajes en sus redes sociales a favor de los “animalitos”. Los verdaderos activistas por los derechos de los animales, somos activistas entrenados y con trayectoria más que comprobada. No somos “amantes de los animales”, ni nos referimos a ellos con diminutivos. Los respetamos y valoramos como animales no humanos y luchamos por sus merecidos derechos.

Al final, los representantes de Guzmán nunca respondieron y por allí salió la candidata del Frente Amplio, Verónika Mendoza, diciendo que ella estaba a favor de implementar medidas a favor de los animales y que se oponía a los espectáculos crueles y violentos contra ellos. De inmediato pasé a felicitarlos por su comunicado y a preguntarles cuáles iban a ser las medidas concretas que se tomarían para alcanzar esas metas. Como respuesta recibí lindas fotos y generalidades; y seguí recibiendo evasivas hasta que me enteré del presunto involucramiento de su candidata en el escándalo de las agendas de la primera dama Nadine Heredia y de la inclusión de miembros relacionados a los terroristas del MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru) en sus listas congresales.

Reportajes periodísticos han demostrado fehacientemente que varios miembros del partido de la Sra. Mendoza han tomado parte abierta en las protestas violentas contra la candidata Fujimori, como es el caso de Ricardo Jimenez Palacios, candidato con el número tres del Frente Amplio que fue captado en video forcejeando con un policía que intentaba impedir que gente antifujimorista irrumpiera con violencia un mitin político de Fuerza Popular, el partido de la hija del encarcelado dictador, Alberto Fujimori. Otra perla política surgió cuando Abel Gilvonio, otro candidato del partido de la Sra. Mendoza, admitió en una entrevista televisiva su parentesco con prisioneros del MRTA como Néstor Cerpa Cartolini, gestor de la toma a la Embajada de Japón en 1996. Por supuesto, que a nadie se le puede juzgar por sus parentescos con asesinos, terroristas o dictadores (es el mismo caso de Keiko Fujimori) pero el problema está en que en sus redes sociales y como miembro del colectivo “Hijos del Perú”, el Sr. Gilvonio llama a los terroristas “prisioneros políticos” que merecen tener derechos penitenciales. Para quienes nos leen desde el extranjero, vale clarificar que en los graves y tenebrosos años del terrorismo, en el Perú no hubo prisioneros políticos, todos ellos fueron terroristas que bañaron de sangre la historia de mi patria. Esta lacra humana que hoy, ante el ambiente electoral, claman olvido, perdón y retorno a la democracia creando partidos ficticios y farsantes, son los mismos que colgaban a pobres perros callejeros en los postes telefónicos de los pueblos que invadían, y los mismos que utilizaban nobles e inocentes burros como coches bombas. ¡Que a NINGÚN elector, activista o no, se le olvide eso!

Todos podemos equivocarnos en nuestras elecciones o afiliaciones políticas. En el Perú nunca se ha perdido la esperanza de por fin tener un candidato decente, trabajador, digno, honrado,  derecho, que garantice una mejor vida a la gente y que ayude también a los animales facilitando leyes que los reivindiquen, pero hasta ahora ese candidato no existe.

Hasta los activistas alrededor del mundo se equivocan en sus elecciones de los grupos que verdaderamente representan los intereses de los animales. Muchas veces la propaganda, los discursos o el oportunismo con los medios de comunicación nos hacen pensar que deberíamos darle nuestro apoyo, difusión y dinero al grupo que resalta más con una tendencia tibia, populachera y sobre todo “moderada”. A nadie le gustan los “extremistas”, ¿no es cierto? Pero el hecho es que los animales ni hablan, ni votan (si lo hicieran, estoy segura que harían un mejor trabajo que nosotros) y en la mayoría de las ocasiones necesitan de un grupo concreto, consciente, valiente, y dedicado que defienda sus derechos utilizando campañas y estrategias  efectivas, concretas, realistas. Cuando se trata de los derechos de los animales y de la lucha por ellos no podemos complacer a todos, ni ser tibios, ni ser hipócritas, ni mucho menos pactar con el enemigo. En los Estados Unidos ese grupo consecuente, leal y trabajador es PETA. PETA lucha y trabaja por los animales cada segundo del día y no busca la bendición de una comunidad que se contenta con ciertas mejoras y pactos a cambio de ser popular entre el público como la Humane Society of the United States (HSUS) que no contenta con pactar con los gremios cárnicos, acaba de “involucrarse” en pactos con SeaWorld en vez de apoyar a organizaciones como PETA que, por muchos años de combativa lucha, han venido pidiendo la rehabilitación, la liberación y el cierre total de ese centro de miseria, explotación y esclavitud rampante.

En épocas electorales, los animales también pueden ser utilizados para ganar votos y tanto el electorado en general, como los activistas peruanos no deben dejarse engañar por propuestas que solamente apelan a la sensibilidad y empatía natural que ya poseemos. El poder anti-taurino en el Perú es extenso y va en aumento. No tengo la menor duda de que, convocados organizada y estratégicamente, podríamos marcar un hito en las justas electorales de cualquier país en Latinoamérica, pero para eso hacen falta propuestas concretas y no firmas en papelitos que no tienen ningún respaldo coherente. Prohibir las corridas de toros o cualquier otro acto vandálico y cruel contra los animales, establecer la educación humanitaria en el sistema educativo peruano u ordenar centros de esterilización en todos los municipios del país no es solo trabajo del presidente, sino también del Congreso, las autoridades municipales y locales, y cada miembro activo de nuestras comunidades. Buscar victorias considerables para los animales implicará tener los pantalones (o las faldas) bien puestos para ir en contra de los congresistas taurinos, los empresarios de la tortura que cabildean en el Congreso y la complicidad e indiferencia de la iglesia católica. ¿Puede hacerse? Por supuesto que sí; pero no con papelitos que se los lleva el viento, sino con planes y estrategias factibles.

Mientras que surja, porque estoy segura que surgirá, un candidato vegano o vegana al máximo puesto político del Perú, mi sugerencia es votar por candidatos independientes, pertenecientes a diversos partidos políticos, cuya trayectoria en el Congreso de la República demuestre que verdaderamente han trabajado por los derechos de los animales. En vez de hacer tanta alharaca por la firma de un papel simplemente simbólico, las organizaciones que trabajan por los animales en el Perú deberían establecer una base de datos similar a la que Humane USA PAC utiliza en los Estados Unidos para registrar las propuestas y votos de cada congresista en referencia a propuestas y leyes que tengan que ver con los derechos de los animales.

Siento una inmensa vergüenza al comprobar que casi todos los candidatos a la presidencia del Perú, Fujimori, García, Barrenechea, Kuczynski y muchos miembros de su plancha presidencial y candidatos al Congreso, son ávidos taurinos. Pero  me mantengo firme en mi posición inicial de que alguien que goza de la crueldad en su máxima expresión, que ve vomitar sangre a un indefenso bóvido que tiene todas las entrañas destrozadas y que por eso brama de dolor y desesperación, podrá ser un digno representante de mi amado país. Para mí jamás lo será.

A mis compañeros de lucha indecisos, solo les recuerdo (un rápido “memorex” como decimos en Lima) que hay que ser consecuente con nuestros valores más innatos. Ya de ustedes dependerá si la lucha por los derechos de los animales es la máxima prioridad en su vida, como lo es en la mía. A todos ellos les pido que en un plato de la balanza pongan sus favoritismos personales y en la otra coloquen a quienes apoyan, pagan, difunden y disfrutan con la masacre paulatina, lenta, salvaje y abominable de un ser que pierde el 18% de su sangre solo con los puyazos que atraviesan hasta 30 centímetros de su abusado cuerpo, que sufre innumerables fracturas, grandes hemorragias en el canal medular, graves lesiones neurológicas y que muere ahogado por el dolor, por la humillación y la sangre que le satura los pulmones.

Recuerda que en el momento de ejercer tu voto, no se trata ni de ti, ni de mí. No se trata de nuestras preferencias políticas, sino de elegir a representantes que pasarán leyes que eviten que los animales sigan siendo masacrados, esclavizados o explotados. Aquí se trata de elegir a personas que, como sociedad, como país, nos hagan más civilizados y más dignos. Representantes que no sigan empeorando o embruteciendo a nuestra sociedad y que dejen de seguir ensuciándonos como seres humanos.

Que en tus oídos resuene claramente la cita de nuestro colega, el increíble escritor vegetariano Víctor Hugo, “El animal es obra de Dios, pero la bestialidad es humana”.

 
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Posted by on March 26, 2016 in Activismo efectivo, PETA

 

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Sueños concretos

Cesar Bona

Cada mañana veo un programa de noticias, tipo magacín en el que es obvio que todos sus participantes se divierten de lo lindo a pesar de haber madrugado tan temprano. Sus palabras, acciones y química siempre me hacen pensar lo afortunados que son al trabajar en algo que se ve que les apasiona. ¿Hay algo mejor en esta vida que ser remunerado cada mes por seguir tus sueños en una carrera que te apasiona? Conozco a varios afortunados; pero tal vez a muchos más que esperan cortos o largos tiempos para concretar sus sueños.

Y dentro de este concepto, quiero hablar sobre un maestro, no un educador común y corriente preocupado por tablas de multiplicar y ensayos bien escritos, sino de un educador humanitario. Un docente de la materia más importante del mundo: la de promover y crear generaciones justas, empáticas, compasivas y decentes. Este joven educador es mi amigo y compañero de lucha, César Bona García, maestro español fundador del Cuarto Hocico y del programa Children for Animals.

Los estudios pedagógicos y psicológicos indican que es en la infancia temprana, comprendida entre los 0 a 3 años, cuando se sientan las bases de todo el desarrollo posterior del individuo. Este periodo es de crucial importancia, puesto que los procesos neurofisiológicos configuran las conexiones y las funciones del cerebro, las cuales definen la naturaleza y la amplitud de las capacidades adultas. El cerebro se desarrolla en un 80% en los tres primeros años de vida y en los siguientes dos años se desarrolla en un 10% más; es decir que hasta los 5 años, el cerebro humano se desarrollada en un 90%. Las experiencias que tenga el niño afectarán la formación de las conexiones que rigen o controlan nuestras respuestas intelectuales, emocionales, psicológicas y físicas a los estímulos.

Y todo este importante trabajo que debería empezar en casa y extenderse en la escuela primaria, muchas veces queda truncado porque la ecuación educativa padres-alumnos-maestros no se da. Los tres componentes deben estar presentes para que los niños crezcan saludables, padezcan menos enfermedades y trastornos y desarrollen por completo sus aptitudes cognitivas, lingüísticas, emocionales y sociales, convirtiéndose en miembros creativos y productivos de la sociedad.

En este mundo de avances tecnológicos casi inmediatos, muchas personas creen que los adelantos significativos solo pueden darse en países desarrollados donde el proceso educativo es organizado, concreto y relevante. En Latinoamérica, aún se sigue considerando equivocadamente como modelo al sistema educativo americano, con sus amplios edificios, materiales proporcionados por el estado y alta tecnología. A pesar de que existen situaciones como esa, el lector quedaría sorprendido al comprobar que la realidad es muy diferente: Indiferencia de los padres, desconsideración y bajos sueldos para los docentes e indiferencia de los alumnos a cualquier otra cosa que no se trate de sí mismos.

A veces, las obras trascendentales, las que realmente valen la pena, las que tienen un impacto significativo en el mundo, no suceden en grandes metrópolis sino en pequeñas comunidades como en todos los lugares donde César ha dejado huella. Este joven maestro logró ganarse a sus alumnos mediante su método particular de enseñanza, pero más que nada por haber sabido despertar en ellos la conexión de la empatía y los deseos de cambiar el mundo no mañana, sino hoy. El empoderamiento de los chicos del Cuarto Hocico no solamente los ha llenado de fama a nivel mundial sino que los ha marcado para siempre en sus metas personales de convertirse en defensores de los débiles, de los olvidados, de los seres sufrientes que necesitan de una voz contundente y activa para poder vivir libres de crueldad.

A través de sus clases de Educación Humanitaria, César no solamente enseñó a los niños a leer, a conocer el mundo y a aprender los contenidos curriculares mandatorios; sino que los hizo pensar, reflexionar, ponerse en la situación de los olvidados y explotados. Les enseñó a tener esperanzas concretas y una visión bondadosa del mundo. Ese tipo de experiencias no se olvidan jamás.

César ha inspirado a todos estos niños a encontrar su voz y a erguirse como un ejemplo para todos aquellos alumnos únicamente preocupados de tener un celular de moda, de comprar (aunque no tengan los medios) ropa de marca y de tomar sosas fotografías para Facebook. Les enseñó incluso a inspirar a personas de la tercera edad que luego de interactuar con ellos pudieron lograr – de alguna manera – los sueños que antes no cumplieron. Nadie en este mundo debe dejarlo sin cumplirlos.

Date el tiempo para ver este video que lo dice todo. Lo que empezó en un pequeño pueblo español es hoy un ejemplo a seguir si queremos que este mundo doliente y enfermo, sea más tolerable y soportable. Al margen de su nominación en The Global Teacher Prize – la cual apoyé con entusiasmo – y en las palabras del escritor español León Daudí, “Sólo es capaz de realizar sus sueños el que, cuando llega la hora, sabe estar despierto”. César Bona es la representación perfecta de los maestros que todos hubiéramos querido tener a una edad temprana para poder haber estado mejor preparados para defender a todos los animales sufrientes del mundo.

GLOBAL TEACHER PRIZE. César Bona from pluviason on Vimeo.

 
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Posted by on October 12, 2014 in Activismo efectivo

 

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La crueldad con los animales, un signo de alarma psiquiátrica

A pesar de la terrible brutalidad que encierran, los actos de crueldad contra los animales no ocupan las primeras páginas de ningún periódico ni parecen escandalizar demasiado a la población. Sin embargo, tienen un significado muy importante que debería interesarnos como sociedad. Aquellos que abusan de los animales, según indican los expertos, son hasta cinco veces más propensos a cometer crímenes violentos contra las personas.

Y a pesar de esta advertencia, la prensa informa de adolescentes que meten a un hámster en el microondas, un grupo de chicos que crucifica a un gato, otro que asesina brutalmente a un burro, u otros que torturan a un perro y cuelgan los vídeos en el Internet. Animales desollados, quemados, empalados, mutilados, apaleados, etc.

Cuando se habla de estos actos, es frecuente leer o escuchar frases como “son cosas de niños que pasarán con la edad”. Es cierto que, a veces, dentro de un juego, especialmente en grupo, algunos menores cometen actos lamentables pero, advierten los psiquiatras y los criminólogos, en otras ocasiones es una señal de alarmaque la gente no escucha. Según la opinión de Allen Brantley, supervisor y agente especial del FBI, uno de los grandes especialistas del mundo en la materia, “Estos comportamientos no son una válvula de escape inofensiva en un individuo sano”.

En países como los Estados Unidos, el interés por este tipo de actos es creciente. No sólo por la mayor sensibilización hacia los animales sino por las evidencias cada vez más numerosas de la relación entre los actos de crueldad con los animales y otros crímenes que van desde el consumo de drogas hasta los asesinatos en serie.

En la década de los 80, Alan Felthous, experto en psiquiatría forense, llevó a cabo varias investigaciones que mostraban de forma consistente cómo detrás de las agresiones a personas, en muchas ocasiones, existía una historia de abuso a animales. Sus investigaciones, realizadas con hombres especialmente violentos internados en las cárceles de Estados Unidos, así lo confirmaron.

En 2002, la revista Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law hizo público un estudio en el cual se asociaban los actos repetidos de crueldad con los animales en la infancia con el desarrollo de un trastorno de personalidad antisocial, la presencia de rasgos antisociales y el abuso de sustancias.

Frank Ascione, del departamento de Psicología de la Universidad de Utah en Estados Unidos y reconocido experto, escribía en el Boletín de Justicia Juvenil en 2001: “Aproximadamente, la mitad de los individuos asociales incurre en conductas sádicas y si lo hacen antes de los diez años el pronóstico es peor. Que el menor pase de un acto aislado de violencia contra un animal a cometer otros crímenes es una escalada” añade este experto.

El abuso de animales y la violencia interpersonal comparten características: ambos tipos de víctimas son criaturas vivas, tienen capacidad para experimentar dolor y podrían morir a consecuencia de las lesiones infligidas. La sensibilización en Latinoamérica o los programas de prevención ante esta problemática son totalmente deficientes o nulos. Son innumerables los casos de crueldad contra los animales en los que no se hace absolutamente nada al respecto dejando a los criminales en libertad para seguir abusando de los animales y la gente.

En todos los casos de violencia o crueldad contra los animales, es necesario contar con la intervención de un psiquiatra, porque al principio del problema, se pueden tomar medidas preventivas. La falta de control de los impulsos, la empatía, y el manejo de la ira son cosas que se pueden tratar si se tratan a tiempo.

Y no solamente eso, es imperativo instaurar programas nacionales de Educación Humanitaria en escuelas y universidades para poder ayudar a fomentar valores y patrones de conducta que serán beneficiosos no solamente para los animales, sino también para la sociedad. Si no queremos ciudades violentas, debemos trabajar arduamente en la prevención de una violencia que es la misma, sea quien sea la víctima.

 

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Niños compasivos: Buena inversión para el futuro

Enseñarles a los niños a sentir compasión, respeto y empatía por las criaturas que comparten el mundo con nosotros, es vital para prevenir la crueldad contra los animales y otros seres humanos diferentes. Los niños entrenados para tratar a los animales con justicia, bondad y misericordia se convierten en seres humanos más justos, bondadosos y considerados en sus relaciones con otros seres humanos. El entrenamiento de su carácter dará lugar a personas más humanitarias y a ciudadanos más valiosos en todo sentido.

Y entrenar las mentes y los corazones de los niños empieza enseñándoles la Regla de Oro: “Trata a los otros de la manera que te gustaría que te trataran a ti”.

Los niños pequeños se identifican naturalmente con los animales, y como los animales son criaturas vivientes como nosotros, podemos utilizar nuestras interacciones con ellos para enseñarles a los niños cómo comportarse con el resto de la gente. Enseñarles a respetar y proteger aún a la más pequeña o insignificante criatura es una de las lecciones de vida más importantes que les podemos regalar. Esto les enseña a valorar a todo el mundo y a prevenir la violencia.

Numerosos estudios demuestran que la actitud de un niño hacia los animales puede predecir comportamientos futuros. En cada uno de los actos de violencia cometidos en las escuelas de los Estados Unidos, siempre ha aparecido un factor común: Todos los asesinos abusaron o mataron animales antes de matar a seres humanos.

De acuerdo a estudios realizados por el FBI, siquiatras, agentes de la ley, y organizaciones de defensa de los niños, las personas que hieren a los animales pueden, eventualmente, dirigir su violencia hacia los seres humanos. De acuerdo a la Asociación Psiquiátrica Americana, la crueldad contra los animales es considerada como uno de los tres factores que predicen el  desarrollo de las psicopatías y los desórdenes de conducta en niños.

La gente cruel tiene una carencia total de empatía y también carece de la habilidad de comprender o importarles el sufrimiento o agonía que causan. Sin esta empatía, es fácil considerar a sus víctimas como máquinas carentes de sufrimiento o sentimientos.

El enseñar a  los niños a ser bondadosos y respetuosos con los animales es el primer paso en sus lecciones de empatía. La incorporación diaria de estos conceptos es simple y necesaria. Y la lección más importante de todas es enseñarles con el ejemplo. Aquí te doy unas sugerencias:

  • Ten cuidado con la forma en la que hablas. No uses frases como “cállate el hocico”, “perro estúpido” u otras frases hirientes.
  • JAMÁS golpees a un animal.
  • Demuestra que valoras la vida de los animales siendo paciente con ellos, asegurándote que usen una plaquita de identificación, esterilizándolos, proporcionándoles buena comida y agua limpia, y llevándolos al veterinario, cuando sea necesario.
  • Incluye a los animales en tu vida. Permite que tus animales de compañía vivan contigo dentro de tu casa. Pasa tiempo con ellos a diario, cepíllalos, juega con ellos y sácalos a pasear.
  • Algunas veces pequeñas criaturas entran a nuestras casas. Ayúdalas a salir sin herirlas.
  • Evita comentarios que denigren u ofendan a los animales como “odio a los gatos”,  “los pollos son estúpidos” o “eres sucio como un cerdo”.
  • Recuerda que los juguetes tienen influencia sobre los niños. No compres juguetes que impliquen algún tipo de explotación animal (zoológicos, circos, etc.) o juegos de video que  les permitan matar animales.
  • Sé voluntario y, conjuntamente con tus hijos, ayuda a grupos locales que protejan a los animales.
  • Planta flores o arbustos para atraer mariposas, abejas y otros insectos benéficos.
  • Durante una caminata por la playa, el bosque o un río, recoge los aros de plástico de los refrescos en paquete y la basura que podría matar aves, tortugas, y otra vida silvestre.
  • Mira con tus hijos películas que tengan un mensaje positivo hacia los animales como “Pollitos en Fuga”, “La Dama y el Vagabundo”, “Mi perro Skip”, “Belleza Negra”, “Liberen a Willy”, “Shiloh”, “Babe”, etc.
  • Léele a tus hijos historias que muestren a los animales como criaturas con sentimientos. Por ejemplo: “Lassie vuelve a casa”, Las telarañas de Carlota”, “Abran paso a los patitos”, “Platero y yo”, etc.

Si conoces a algún maestro dispuesto a incluir lecciones de Educación Humanitaria en su salón de clases, por favor comunícate con nosotros para enviarte lecciones gratuitas.

 

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