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Voto desperdiciado

11 Oct

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Lo que está sucediendo en la presente campaña electoral de los Estados Unidos rompe todos los esquemas electorales de campañas anteriores. No por la polémica y el debate que debía centrarse en los asuntos importantes para el país sino por la nefasta presencia de un tipo megalómano, racista, ignorante, misógino, y pedante.

Si en la actualidad el que conoce los esquemas, estrategias y movidas de los políticos basados en su estudio y experiencias con ellas es un politólogo; yo ostento el título de estupidotóloga. Mis experiencias diarias con especímenes de todo tipo me han convertido en experta en detectarlos. Apenas abren la bocota, mis sensores entran en acción para detectarlos, corregirlos y esquivarlos ya que, de acuerdo a la ley, lamentablemente, no puedo eliminarlos para siempre.

En nuestra carrera profesional como activistas de los derechos de los animales nos hemos encontrado con muchos abusadores tipo Trump, especialmente en el campo de la lucha anti-taurina. Los mencionados mequetrefes son dignos representantes de la lacra que representan: cobardes, mezquinos, rastreros, ignorantes, ciegos ante los hechos, respondones con el mismo chip repetitivo de siempre y, sobre todo, siempre dispuestos y entrenados para esquivar las respuestas concretas que se les hace. Si en un debate les comprobamos con pruebas fisiológicas, neurológicas, veterinarias y racionales que el toro está sufriendo en carne viva las terribles torturas a las que lo someten, nunca dejen de responder con sus burdos, absurdos y estúpidos comentarios de siempre: “que la tauromafia es cultura; que el toro no sufre sino que experimenta placer con las banderillas y lanzas; que viven a cuerpo de rey en las dehesas; que varios escritores y pintores mediocres son taurinos y – el mejor de todos – que ellos masacran terriblemente a los toros porque los aman con locura.

Ese mismo discurso distorsionado, aberrante y alevoso es el que el candidato por el partido republicano ha utilizado desde el inicio de su campaña para alcanzar la Casa Blanca. A pesar de que sus muy bien pagados asesores lo han entrenado para que no abra su bocota; el susodicho no puede contener el ímpetu de su soberbia. Dice barbaridades, insulta, y atropella a minorías raciales, discapacitados, mujeres, soldados, y demás para luego ofrecer ridículas disculpas que nadie cree. Bueno, que las personas conscientes y con cerebro, no creen.

Los dos candidatos a la presidencia de los Estados Unidos están totalmente polarizados y cuando consideramos los asuntos que nos importan a nosotros, los activistas por los derechos de los animales, esta brecha no podría ser más extensa. No me quedo corta al decir que los resultados de esta campaña electoral afectarán de manera crucial las vidas de millones de animales y del medio ambiente que compartimos.

Es sabido que el partido republicano respalda totalmente a grupos de intereses específicos como la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) la Asociación de Productores de Ganado y las industrias basadas en combustible fósil, quienes siempre se han empeñado en impedir los alcances de la Ley Protectora de Especies en Vías de Extinción (ESA, por sus siglas en inglés). De acuerdo a un reporte publicado en el 2015 por el Center for Biological Diversity los ataques republicanos para desestimar a la ESA aumentaron hasta en un 600%. Y no solamente eso, esos grupos de interés también han financiado las campañas políticas y han contratado lobistas para promover sus agendas obviamente orientadas al mantenimiento de la explotación de los animales.

El voto republicano también favorece el uso de armas, obviamente apoyado por los cazadores de la NRA. Las sumas de dinero invertidas para impedir cualquier regulación pertinente son gigantescas, y el mismo Trump ha declarado que eliminará áreas libres de armas alrededor de algunas bases militares y escuelas públicas.

En lo que constituye una tremenda aberración y evidente ignorancia, Trump ha afirmado que el calentamiento global no existe; que no tenemos ningún problema medio ambiental y que la EPA (Environmental Protection Agency) no contará con los fondos necesarios para sus funciones. Para Trump y sus secuaces, el grave problema del medio ambiente que está estrechamente vinculado a las granjas industrializadas donde se explota salvajemente a los animales y se destruye sistemáticamente al planeta, es un mito creado por los demócratas y los liberales. Algunos de los congresistas republicanos hasta han llegado a decir que el dióxido de carbono es “bueno para las plantas” y que el planeta está más verde que nunca”.

Ahora bien, somos plenamente conscientes que, como política y persona, Hillary Clinton también ha cometido fallas y tiene algunas explicaciones que dar; pero debemos tener presente que ella, y no su marido, es la que está postulando a la presidencia. Debemos tener muy en claro las dos opciones que están en la mesa y darnos cuenta cuál representa un tremendo suicidio político para los Estados Unidos y cuál no. Aunque la respuesta se caiga por su propio peso, es un decepcionante hecho saber que muchos votantes norteamericanos apoyan a Trump y a toda su verborrea racista, misógina y negativa para los animales.

Para los que trabajamos por los animales, ninguno de los dos partidos ofrece opciones 100% favorables a los animales. Eso sería ideal; pero debemos ser realistas. La opción demócrata apoya las iniciativas relacionadas al medio ambiente y a la conservación de las especies. Los representantes demócratas en el congreso han pasado iniciativas sobre la cacería de especies en peligro de extinción – las presas favoritas de los hijos de Trump – y publicaron un informe determinando que los pagos por licencias de caza no ayudan a los proyectos conservacionistas, como arguyen los cazadores.

Una de las promesas electorales de Clinton es que protegerá la vida silvestre de los Estados Unidos manteniendo dichas áreas públicas para que no puedan ser vendidas al mejor postor. También ha prometido continuar su lucha contra el tráfico internacional ilícito de animales silvestres cerrando todos los mercados estadunidenses que comercian con productos obtenidos de dichos animales. Por muchísimo tiempo Clinton se ha opuesto al tráfico internacional de marfil y hasta conformó una agrupación con los presidentes de varios países africanos para luchar contra los cazadores de animales.

Su record en el congreso a través de los años demuestra también su compromiso con los animales de compañía. Fue co-autora de la Ley Senatorial 311 que prohibía el transporte, posesión, compra y venta de caballos para el consumo humano y de la Ley Senatorial 261 que establece penas mayores para quien viole la ley federal contra las peleas de perros, gallos y otros animales.

Clinton ha presentado un plan de siete pasos destinado a incrementar el control de armas mediante revisiones exhaustivas para quienes soliciten licencia para portar armas. Su plan incluye eliminar la inmunidad de los fabricantes de armas que están esperando juicio, la prohibición de armas de asalto, restricciones más severas en shows de compra y venta de armas y por Internet y la prohibición para que los perpetradores de violencia doméstica y los enfermos mentales posean armas.

Los demócratas en el congreso también han tratado de bloquear un sinnúmero de beneficios para los cazadores propuesto por los republicanos, la NRA y el Safari Club International, una organización pro-cacería.

A la fecha, muchos estados ya han cerrado su fecha límite para la inscripción electoral. En las elecciones de noviembre se están jugando muchísimas cosas de tremenda importancia para la nación. Como era de esperar, cualquier tema directamente relacionado a los derechos de los animales no ha sido directamente considerado; pero depende de nosotros que la futura administración los incluya. No son temas triviales o sin importancia. Son temas de gran repercusión para la población pensante y para los animales: el impuesto a la carne, la clausura de parques acuáticos, el reconocimiento de los animales como seres poseedores de derechos, el impulso de verdaderos métodos científicos de investigación y la galopante crisis de salud en el país con masivas cantidades de personas muriendo a diario de cáncer, enfermedades cardíacas y obesidad mórbida.

No podemos desperdiciar nuestro voto apoyando a un advenedizo sin los planteamientos sólidos, el carácter o la moralidad que el cargo de presidente de los Estados Unidos exige. Al margen de nuestras inclinaciones políticas o nuestras simpatías personales, es también nuestro deber como activistas pensar en lo que será más beneficioso para la causa que defendemos, la sagrada causa de luchar por los derechos de los animales.

 

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