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Tag Archives: Animales de compañía

Solidaridad con todos

Huaico 2

A través de las noticias nos enteramos de la terrible situación de la costa del Perú a causa de los incontenibles huaicos. El huaico es una palabra quechua (wayq’u) con el que se conoce a una masa de lodo y piedras enormes que se desprende de los Andes como consecuencia de lluvias excesivas. Al caer esta masa en los ríos, generalmente ocasiona desbordes considerables que dejan a su paso más pobreza, destrucción, y muerte.

Todos los peruanos sabemos que, inevitablemente, en el verano llegan (con mayor o menor intensidad) los huaicos y en invierno, el friaje. Es un círculo vicioso que se repite cada año ante el sufrimiento de los animales y la gente y la ineptitud del gobierno de turno. El huaico destruye casas, puentes y daña económicamente a poblaciones enteras y los animales se ahogan, se congelan e incrementan sus números en las calles ante la impotente mirada de quienes quisieran impedir sus sufrimientos.

Los peruanos ya están acostumbrados a ser solidarios ante estas desgracias. Su espíritu nacionalista y generoso sale a relucir para ayudar a los animales y a sus congéneres, pero esta es una situación que no puede volver a repetirse. No es solamente responsabilidad del gobierno de turno, sino también de la ciudadanía que debe ser educada en la prevención y en la extensión de su solidaridad hacia los animales.

El magnífico y poderoso Imperio Inca, a pesar de sus políticas impuestas y hasta cierto modo, condescendientes, supo prevenir estos desastres naturales con eficacia y una tecnología extremadamente avanzada para su época. El fenómeno de El Niño no fue algo desconocido para ellos y aunque no hay evidencias escritas de que lidiaron directamente con él, existe evidencia de que tenían conocimiento del fenómeno por la valoración que le otorgaron al mullu, una concha marina que ahora es conocida con el nombre de spondylus y cuya distribución depende del calor de las aguas.

Por otro lado, diferentes estudios de arqueólogos de Harvard han determinado que la ingeniería hidráulica de las culturas Cupisnique, Moche, Chimú, Lambayeque y el mismo Tahuantinsuyo, presentaron patrones de adaptación del terreno y movilidad de la población de las zonas afectadas en caso de necesidad.

Como lo torcido de la naturaleza humana siempre sale a relucir en situaciones de desgracia, en esta oportunidad también apareció en la forma de gente o pseudo-instituciones cuyo modus operandi ha sido siempre inspirar pena en la población con el fin de lucrar de manera particular.

¿A quién no le agrada la idea de salvar a todos los animales damnificados y ponerlos en un albergue esperando una adopción perfecta? ¿Quién no quisiera salvar a un animal a punto de ahogarse o hacer todo lo humanamente posible para darle una oportunidad de seguir viviendo? Es eso con lo que precisamente cuentan los estafadores y quienes viven de la desgracia y los sufrimientos de los animales.

El público, motivado por su empatía, su compasión, o su pena, no pregunta, no cuestiona, y – mucho menos – pide cuentas o exige resultados. Aportan lo que sus economías les permiten, donan su tiempo y energías para luego ser vilmente engañados con fotos o historias falsas en las que los perjudicados siempre son los animales.

Aunque la gran mayoría de los latinoamericanos no conocen el exacto significado (y mucho menos la práctica) de la palabra prevención; esto no es excusa para que un grupo de farsantes continúen aprovechándose de todos. En el momento de la desgracia, cuando las víctimas animales y humanas llegan a los momentos más álgidos, todo el mundo se echa la mano al bolsillo para contribuir sin saber si la ayuda que ofrecen caerá en buenas manos y ejecutará sus deseos.

La idiosincrasia de los peruanos no ha cambiado a través del tiempo y esas lecciones no aprendidas son precisamente su traba más grande. Desde las épocas virreinales, la única función del riquísimo territorio del Perú era explotar sin piedad a indígenas y negros con tal de aumentar las arcas españolas. Al virrey de turno y a los mestizos y criollos poderosos que vivían en contubernio con los tiranos, jamás les importó el pueblo, nunca les importó la prevención, las mejoras sociales y económicas del pueblo ni el progreso moral y cultural de las masas. Asquerosos y deplorables “pasatiempos” como las corridas de toros y las peleas de gallos surgieron para seguir engañando miserablemente al pueblo con la venia y bendición de la iglesia católica, que, desde tiempos inmemoriales, miró hacia el otro lado cada vez que un inocente animal era brutalmente masacrado para proveer entretenimiento malsano a la chusma.

Con el pasar del tiempo, los bandidos simplemente han cambiado de forma y de tácticas. Ahora se auto-proclaman salvadores de los animales sufrientes y salen a la calle y en los medios para inspirar una lástima y empatía que conmueve a la gente para entregarles bienes o dinero.

El lenguaje especista y equivocado, que abunda en el idioma español, me forzaría a llamarlos “corderos con piel de lobo”; pero, obviamente, ellos no merecen ser comparados con ningún noble animal. Entre los animales, las cosas son siempre claras y determinantes; aún en el momento de la sobrevivencia de las especies que, ante nuestros ojos humanos, a veces parece brutal, los animales hacen lo que se debe hacer, sin engañar a nadie. Algo diferente sucede con algunos humanos, siempre dispuestos a obtener beneficios personales y siempre listos para engañar a la gente de buen corazón.

La lección que los huaicos nos han dejado es bastante clara: No solamente nos hace falta un plan estratégico de prevención para animales y humanos por igual; sino que aún también falta mucha educación y mucha empatía hacia las otras especies que comparten el mundo con nosotros. Los videos mostraron muchas desgracias, pero las imágenes más impactantes fueron la de los animales ahogados y desposeídos. Como siempre, la gente mostró mucha más empatía con los animales de compañía, mientras que los de granja quedaron relegados o fueron rescatados para luego ser devueltos a quienes los matarán prontamente para obtener un beneficio económico. ¡Y qué mejor manera de ayudar a los damnificados humanos que sacrificar a los animales que quedaron en sus estúpidas e ignorantes “polladas”! ¿Es que la ignorancia puede llegar a ser tan grande que no se dan cuenta que una vida salvada no puede volver a ser brutalizada?

Mi país es un país hermoso, vasto, riquísimo, bendecido por la naturaleza; pero a la gente aún le falta evolucionar éticamente; tal vez no al punto de nuestro activismo concreto y constante, pero por lo menos a un nivel de respeto y consideración para con todo ser capaz de sentir.

La otra parte de la lección es la de aprender a ser selectivos e inquisitivos; aprender a preguntar y a demandar quién y qué es lo que se hizo con cualquier tipo de donación entregada, por muy mínima que esta haya sido. La gente debe huir de sinvergüenzas que con fotos falsas o con animales en situaciones deplorables exigen dinero para implementar planes imposibles de realizar. Húyanle a caras llorosas, a historias increíbles o a nombres ridículamente preparados como caridad, compasión, felicidad, armonía, libre de eutanasia, etc. Huyan también de grupos que aseguren tener legalidad. Aunque esto es, de alguna manera, la demostración de algo estable, recuerden que las instituciones que trabajan por los derechos de los animales y sus representantes siempre gozan de una excelente reputación por las obras realizadas y por rendir cuentas abiertamente.

Si quieres ayudar a estos animales, haz algo concreto y tangible. Apoya a organizaciones que por su trayectoria en el país te han demostrado más de una vez que se dedican a este trabajo porque realmente les importan los animales. No te conformes con postear mensajes y gráficos desde la comodidad de tu casa, siempre pidiendo que “alguien más” haga el trabajo por ti. Ya va siendo hora de que los peruanos aprendan a ser voluntarios de verdad. Y ese calificativo no llega sino hasta que te hayas involucrado en cuerpo y alma a la causa que dices defender. La imagen que aparece en el encabezado de este artículo es la reproducción de una foto auténtica en la que una perrita callejera se mete al lodazal para rescatar a su cachorro. El lema de “Fuerza Perú” también se aplica a los animales.

Huaico 1

Los animales no hablan nuestro idioma y no nos pueden prevenir contra los estafadores; es por eso que siempre debemos estar preparados para evaluar, investigar y decidir a qué instituciones debemos apoyar con nuestro trabajo, esfuerzo y dinero. No sigas perdiendo tu dinero y energía con gente que por años ha vivido del dinero que debería ser destinado a la causa sagrada de los derechos de los animales. Con pruebas fehacientes en la mano, denúncialos sin titubeos y exponlos ante la opinión pública para crearles la muerte civil que se merecen.

Es probable que algunos hayamos sido engañados alguna vez, pero después de haber recibido advertencias y consejos, nunca olvides que el engaño es una elección, no un error.

 

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Agujeritos de plata

2016 Marzo - Sonriente

Realmente no sé dónde se va el tiempo. Acabo de pestañear y ya pasaron dos meses…. Y en todo este tiempo pasó de todo, cosas positivas y menos positivas; logros, victorias, retrasos, decepciones, y una tristeza que languidece hasta ahora, no solamente por la pérdida real sino también por lo que la pérdida implica para otros.

Los activistas por los derechos de los animales estamos destinados a conectar todos los hechos de nuestras vidas. En realidad, no podemos existir sin comprobar que todo siempre está entrelazado con causas y consecuencias. Ese es nuestro modus operandi y lo aplicamos a todos los hechos de nuestra vida.

Hace unos días Camila, mi perrita de Lima, abandonó este mundo. Aunque, por razones de distancias físicas, no compartimos el día a día, bastaba que fuera un animal; un animal rescatado para que tuviera un lugar especial en mi corazón. Ella sufrió la crueldad y la indiferencia de las calles hasta el día en que llegó a la casa de mi madre. Se llevó con ella todos esos malos recuerdos que espero haya borrado y perdonado al haber recibido la bondad y el cariño que se le brindó en mi casa; pero como yo no soy perra, ni tengo su nobleza, nunca podré olvidarme del hecho de que debido a un golpe recibido en sus tiempos de callejera se quedó ciega.

Cuando supe que sus ojitos iban a quedarse sin luz, hablé con varios veterinarios acerca de la posibilidad de ayudarla para revertir esa condición; pero todos ellos pensaron que, debido a su edad y a su falta de historia clínica específica, lo mejor era no intervenir. En lo que sí coincidieron fue en el hecho de que su ceguera podría haber sido causada por un maltrato, un golpe propinado por alguna de esas lacras que pululan en las calles abusando de los indefensos.

Su ceguera nos dolió más a nosotras que a ella misma. Los animales son seres fuertes, resilientes, aguerridos. Ellos toman la vida y sus penurias como vienen y siempre siguen adelante. Solamente por esa razón deberíamos tratar de parecernos a ellos. Nosotros, los limitados humanos, siempre hacemos tragedia y nos ponemos por un largo tiempo en situación de víctimas. Los animales, no. Si a ellos les falta alguno de sus sentidos, agudizan más los que les quedan y siguen adelante con sus vidas sin mirar atrás. Así fue la vida de Camila. Ella aprendió a manejarse bien en la casa y ni su ánimo, ni su alegría nunca se apagaron. A pesar de su limitación física, continuó con su vida y la disfrutó hasta el último momento.

Yo me despido tantas veces, de tantas personas y animales, que nunca sé si esa despedida será tal vez la última. Siempre trato de hacerlo casualmente, como si pudiera volver a ver al objeto de mi despedida al día siguiente; pero la verdad es que uno nunca sabe. La última vez que me despedí de Camila, le acaricié la cabecita y le pedí que siguiera acompañando, de alguna forma, a mi mamá. Como siempre dije “hasta la vuelta” y me fui.

Esta tarde, al ver su foto espiándome desde mi escritorio, la recuerdo y aunque aún la lloro, mi satisfacción de que llevó una vida plena es más fuerte que mi pena. Pienso entonces en todos los otros perros callejeros que no tuvieron la misma suerte que Camila; en todas esas criaturas que sufrieron y languidecieron hasta morir en las calles ante la mirada indiferente de la gente indolente que los considera parte del paisaje diario.

Tienes todo el derecho de emocionarte temporalmente ante la situación de los animales callejeros; pero luego de hacerlo, date cuenta que la manera más efectiva de ayudarlos, es hacer algo concreto por ellos. La ayuda, para ser real y marcar la diferencia, debe ser tangible. Por eso, ayuda adoptando a un callejerito, donando alimentos o medicinas a un albergue, promoviendo campañas de esterilización en tu barrio o colaborando como un voluntario profesional y eficiente. Nunca olvides que el tiempo, el esfuerzo y la ayuda tangible de los humanos siempre se puede medir y cuantificar; pero lo que los animales te darán a cambio, simplemente, no tiene precio.

Mando entonces, al Puente del Arco Iris, y en honor a Camila Fatmagul y a todos esos otros callejeritos, el brillante y emotivo poema de Manuel Benítez Carrasco “El Perro Cojo”. En el caso de mi Camila, no serán agujeritos de plata producidos por su muletita de perro cojo; serán agujeritos de plata producidos por la brillantez y la nobleza de sus nuevos ojitos sanos.

EL PERRO COJO

Manuel Benítez Carrasco

Con una pata colgando, despojo de una pedrada,

pasó el perro por mi lado. Un perro de pobre casta.

Uno de esos callejeros pobres de sangre y estampa.

Nacen en cualquier rincón, de perras tristes y flacas,

destinados a comer basuras de plaza en plaza.

Cuando pequeños, qué finos y ágiles son en la infancia,

baloncitos de peluche, tibios borlones de lana,

los miman, los acurrucan, los sacan al sol, les cantan.

Cuando mayores, al tiempo que ven que se fue la gracia,

los dejan a su ventura, mendigos de casa en casa,

sus hambres por los rincones y su sed sobre las charcas.

Qué tristes ojos que tienen, qué recóndita mirada

como si en ella pusieran su dolor a media asta.

Y se mueren de tristeza a la sombra de una tapia,

si es que un lazo no les da una muerte anticipada.

Yo le llamo: psss, psss, psss…Todo orejas asustadas,

todo hociquito curioso, todo sed, hambre y nostalgia,

el perro escucha mi voz, olfatea mis palabras

como esperando o temiendo pan, caricias… o pedradas.

No en vano lleva marcado un mal recuerdo en su pata.

Lo vuelvo a llamar: psss, psss… Dócil a medias avanza

moviendo el rabo con miedo y las orejitas gachas.

Chasco los dedos; y le digo: “Ven aquí, no te haré nada,

vamos, vamos, ven aquí”. Y adiós la desconfianza,

que ya se tiende a mis pies, a tiernos aullidos habla,

ladra para hablar más fuerte, salta, gira; gira, salta;

llora, ríe; ríe, llora; lengua, orejas, ojos, patas

y el rabo es un incansable abanico de palabras.

Es su alegría tan grande que más que hablarme, me canta.

“¿Qué piedra te dejó cojo? Sí, sí, sí, malhaya”.

El perro me entiende; sabe que maldigo la pedrada,

aquella pedrada dura que le destrozó la pata

y él, con el rabo, me dice que me agradece la lástima.

“Pero tú no te preocupes, ya no ha de faltarte nada.

Yo también soy callejero, aunque de distintas plazas

y a patita coja y triste voy de jornada en jornada.

Las piedras que me tiraron me dejaron coja el alma.

Entre basuras de tierra tengo mi pan y mi almohada.

Vamos, pues, perrito mío, vamos, anda que te anda,

con nuestra cojera a cuestas, con nuestra tristeza en andas,

yo por mis calles oscuras, tú por tus calles calladas,

tú la pedrada en el cuerpo, yo la pedrada en el alma

y cuando mueras, amigo, yo te enterraré en mi casa

bajo un letrero: “Aquí yace un amigo de mi infancia”.

Y en el cielo de los perros, pan tierno y carne mechada,

te regalará San Roque una muleta de plata.

Compañeros, si los hay, amigos donde los haya,

mi perro y yo por la vida: pan pobre, rica compaña.

Era joven y era viejo; por más que yo lo cuidaba,

el tiempo malo pasado lo dejó medio sin alma.

Y fueron muchas las hambres, mucho peso en sus tres patas

y una mañana, en el huerto, debajo de mi ventana,

lo encontré tendido, frío, como una piedra mojada,

un duro musgo de pelo, con el rocío brillaba.

Ya estaba mi pobre perro muerto de las cuatro patas.

Hacia el cielo de los perros se fue, anda que te anda,

las orejas de relente y el hociquillo de escarcha.

Portero y dueño del cielo San Roque en la puerta estaba:

ortopédico de mimos, cirujano de palabras,

bien surtido de intercambios con que curar viejas taras.

“Para ti… un rabo de oro; para ti… un ojo de ámbar;

tú… tus orejas de nieve; tú… tus colmillos de escarcha.

Y tú, – mi perro reía – tú… tu muleta de plata”.

Ahora ya sé por qué está la noche agujereada:

¿Estrellas… luceros…?

No, es mi perro cuando anda…

con la muleta va haciendo agujeritos de plata.

 

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Cinco maneras de decirle a tu perro cuánto lo quieres

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Estoy segura que ustedes les demuestran su amor a sus animales de compañía de miles de formas…. Pero, ¿lo hacen de manera humana o de manera canina?

También estoy segura que ellos aprecian tus demostraciones humanas de afecto, pero ahora te presentaré cinco formas con las que les dirás lo mismo en un lenguaje que ellos pueden entender totalmente.

Míralo profundamente a los ojos

El Dr. Brian Hare, catedrático de Neurociencia Cognitiva en la Universidad Duke de Nueva York y autor del libro The Genius of Dogs afirma que cuando los perros nos miran fijamente nos están abrazando profundamente con sus ojos. Por supuesto que no recomiendo que mires profundamente a ningún otro perro – que no sea tu compañero – a los ojos porque en el lenguaje canino eso puede ser considerado como una amenaza. Mira a tu perro tierna y profundamente a los ojos cuando los dos estén en casa, solos y relajados. Háblale suavemente (sin utilizar voces chillonas o agudas), acarícialo y mantén el contacto visual. Según el Dr. Hare, esto hace que el cerebro de los perros produzca oxitocina, la misma hormona responsable de la unión emocional de una madre con su hijo.

Levanta las cejas 

Un estudio publicado en el Japón en el volumen del 2013 de Behavioral Processes descubrió que los perros alzan las cejas, sobre todo la izquierda, cuando sus guardianes los saludan. Utilizando una cámara de velocidad avanzada, se pudo estudiar la diferencia en los movimientos faciales de los perros cuando saludaban a sus guardianes y a personas extrañas. Cuando los perros eran saludados por los extraños, sus expresiones faciales no eran tan acentuadas y, en la mayoría de los casos, levantaban la ceja derecha. Eso demostró que la parte derecha del cerebro controla la parte izquierda de la cara la cual está relacionada con las emociones, mientras que la parte izquierda del cerebro controla la parte derecha de la cara que está asociada a comportamientos analíticos.

Apóyate en él

No en el sentido espiritual y figurativo del término, sino de veras. Aprieta tu cuerpo al de él, obviamente sin sofocarlo, ni apretarlo, para darle a entender que confías en él. ¿Por qué crees que ellos se aprietan contra tus piernas cada vez que tienen la oportunidad de hacerlo? Para ellos, esto es como darnos un abrazo así que ahora ya tendrás la oportunidad de devolvérselo.

Deja que duerma contigo

Gregory Berns, neurocientífico de la Universidad Emory es el autor de How Dogs Love Us y ha pasado mucho tiempo estudiando el cerebro de los perros utilizando resonancias magnéticas. De acuerdo a sus investigaciones, dormir con un humano, es la expresión más auténtica de amor y confianza que un perro puede darte porque ese es el momento en el que ellos son más vulnerables. Eso también demuestra que nos consideran miembros de su jauría. Si no permites que duerma contigo, acurrúcate con él en el piso o en el sofá por unos minutos, todos los días, para demostrarle tu afecto.

Sé tú mismo

En las extensivas investigaciones realizadas por el Dr. Berns ha quedado demostrado que, aunque a veces sea difícil para nosotros entender lo que nuestro perro esté pensando, él no tiene ningún problema en “leer” claramente nuestras emociones. Si el amor que le das es sincero, ellos lo sabrán inmediatamente al leer y entender nuestra voz, nuestro lenguaje corporal y nuestras acciones.

Continúa dándole todo el amor del mundo y él te recompensará demostrándote todo su afecto en la forma tan especial que solo ellos pueden tener.

 

 

 
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Posted by on October 11, 2016 in Uncategorized

 

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Los animales como instrumento político en el Perú

Alza tu mano

Si alguien se da tiempo para revisar la historia republicana del Perú se dará cuenta que los derechos de los animales nunca han sido considerados a nivel político; todo lo contrario, los anales de la historia están llenos de noticias y reportajes relacionados a su evidente abuso.

Los nefastos vestigios de la colonia, paradójicamente, se extendieron a los tiempos posteriores a la lucha por la independencia pues lo lógico hubiera sido que los nuevos peruanos, criollos y mestizos, rechazaran no solamente el yugo español a nivel político y social, sino también todo lo que los representaba. La independencia del Perú se proclamó el 28 de julio de 1821 y el 7 de diciembre se celebró una corrida en honor de José de San Martín. Él, quien había luchado toda su vida por liberar a Sudamérica de la bota subyugante de la corona, no tuvo reparos en mantener viva la sádica tradición de sangre y de barbarie, uno de los símbolos más claros del imperialismo español. ¿Y cómo mostraron su naciente “patriotismo”? Haciendo que solamente toreros peruanos tomaran parte en la lidia e invitando a que los “papahuevos” caricaturizaran a las autoridades y jerarquías españolas del tiempo de la reciente dominación.

De esta lista negra no se salva ni siquiera Simón Bolívar, quien amaba a los perros, pero que no tuvo problema en aceptar las seis corridas que se le ofrecieron después de las victorias de Junín y Ayacucho. Es únicamente el patriota y libertador chileno Bernardo O’Higgins quien en un mismo decreto declara a la esclavitud, a las peleas de gallos y a las corridas de toros ilegales por considerarlas incompatibles con la democracia y la civilización.

Plazas de toros, zoológicos, circos, hipódromos, delfines miserablemente confinados en piletas de hoteles, animales abandonados en las calles, brutales mataderos oficiales o no, y miles de actos de crueldad contra los animales, han sido siempre el marco característico de la situación de los animales en el Perú. No se puede negar que ha habido mejoras propugnadas por miembros de varios partidos políticos, pero el Perú, como país, aún está muy lejos de ser reconocido como una nación en la que los animales gocen de protección efectiva y respeto. Un reciente estudio internacional organizado por World Animal Protection, le dio una calificación de “D”; algo de lo que no deberíamos estar orgullosos en ningún sentido.

Todos los peruanos pensantes sabemos bien que, en vísperas de elecciones presidenciales, todos los candidatos prometerán hasta lo imposible con tal de sumar votos. Los peruanos activistas por los derechos de los animales, como ciudadanos y electores, tienen el derecho a apoyar a los candidatos de su predilección, considerando también todas las otras propuestas sociales y económicas para el país y también tendrán que basar sus decisiones en otros asuntos controversiales como la unión civil, la pena de muerte, y la separación de la iglesia y el estado, por ejemplo. Nadie puede controlar el voto de otra persona, pero antes de recomendar un voto en particular, hay varios factores por considerar.

Lo que sí creo firmemente es que un candidato que se regocija en la barbarie, en la masacre lenta, alevosa y ventajosa de un ser vivo, carece de toda empatía y de la calidad moral para representar a un país. No interesan sus talentos, habilidades, títulos y aciertos en la vida. Quien no tiene compasión o empatía ante el asesinato sangriento y sádico de un ser vivo capaz de sentir dolor; quien no lucha contra cualquier tipo de injusticia y crueldad, jamás podrá extender su compasión a nadie. Podrá fingirlo de acuerdo a sus conveniencias políticas, pero, en el fondo, jamás podrá entender la pobreza, el hambre, el dolor, ni la miseria de sus congéneres.

Y el tema taurino o gallístico, no es el único asunto ignorado. En toda la época republicana del país, nunca se ha tratado con seriedad o se ha incluido legislación respecto a la educación humanitaria en el sistema público de educación, la conexión de la violencia entre el abuso animal y la violencia humana, la prohibición de espectáculos con animales, la revisión y mejoras de la legislación agropecuaria, el uso de municipalidades como entes efectivos de acción contra el grave problema de la sobrepoblación de animales domésticos o la creación de leyes severas ante actos de crueldad animal y zoofilia.

Al inicio de la campaña, me comuniqué con el equipo del ahora defenestrado candidato Julio Guzmán, quien, de la noche a la mañana, empezó a tomarse fotos con su gato y a añadir simpáticos mensajes en sus redes sociales a favor de los “animalitos”. Los verdaderos activistas por los derechos de los animales, somos activistas entrenados y con trayectoria más que comprobada. No somos “amantes de los animales”, ni nos referimos a ellos con diminutivos. Los respetamos y valoramos como animales no humanos y luchamos por sus merecidos derechos.

Al final, los representantes de Guzmán nunca respondieron y por allí salió la candidata del Frente Amplio, Verónika Mendoza, diciendo que ella estaba a favor de implementar medidas a favor de los animales y que se oponía a los espectáculos crueles y violentos contra ellos. De inmediato pasé a felicitarlos por su comunicado y a preguntarles cuáles iban a ser las medidas concretas que se tomarían para alcanzar esas metas. Como respuesta recibí lindas fotos y generalidades; y seguí recibiendo evasivas hasta que me enteré del presunto involucramiento de su candidata en el escándalo de las agendas de la primera dama Nadine Heredia y de la inclusión de miembros relacionados a los terroristas del MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru) en sus listas congresales.

Reportajes periodísticos han demostrado fehacientemente que varios miembros del partido de la Sra. Mendoza han tomado parte abierta en las protestas violentas contra la candidata Fujimori, como es el caso de Ricardo Jimenez Palacios, candidato con el número tres del Frente Amplio que fue captado en video forcejeando con un policía que intentaba impedir que gente antifujimorista irrumpiera con violencia un mitin político de Fuerza Popular, el partido de la hija del encarcelado dictador, Alberto Fujimori. Otra perla política surgió cuando Abel Gilvonio, otro candidato del partido de la Sra. Mendoza, admitió en una entrevista televisiva su parentesco con prisioneros del MRTA como Néstor Cerpa Cartolini, gestor de la toma a la Embajada de Japón en 1996. Por supuesto, que a nadie se le puede juzgar por sus parentescos con asesinos, terroristas o dictadores (es el mismo caso de Keiko Fujimori) pero el problema está en que en sus redes sociales y como miembro del colectivo “Hijos del Perú”, el Sr. Gilvonio llama a los terroristas “prisioneros políticos” que merecen tener derechos penitenciales. Para quienes nos leen desde el extranjero, vale clarificar que en los graves y tenebrosos años del terrorismo, en el Perú no hubo prisioneros políticos, todos ellos fueron terroristas que bañaron de sangre la historia de mi patria. Esta lacra humana que hoy, ante el ambiente electoral, claman olvido, perdón y retorno a la democracia creando partidos ficticios y farsantes, son los mismos que colgaban a pobres perros callejeros en los postes telefónicos de los pueblos que invadían, y los mismos que utilizaban nobles e inocentes burros como coches bombas. ¡Que a NINGÚN elector, activista o no, se le olvide eso!

Todos podemos equivocarnos en nuestras elecciones o afiliaciones políticas. En el Perú nunca se ha perdido la esperanza de por fin tener un candidato decente, trabajador, digno, honrado,  derecho, que garantice una mejor vida a la gente y que ayude también a los animales facilitando leyes que los reivindiquen, pero hasta ahora ese candidato no existe.

Hasta los activistas alrededor del mundo se equivocan en sus elecciones de los grupos que verdaderamente representan los intereses de los animales. Muchas veces la propaganda, los discursos o el oportunismo con los medios de comunicación nos hacen pensar que deberíamos darle nuestro apoyo, difusión y dinero al grupo que resalta más con una tendencia tibia, populachera y sobre todo “moderada”. A nadie le gustan los “extremistas”, ¿no es cierto? Pero el hecho es que los animales ni hablan, ni votan (si lo hicieran, estoy segura que harían un mejor trabajo que nosotros) y en la mayoría de las ocasiones necesitan de un grupo concreto, consciente, valiente, y dedicado que defienda sus derechos utilizando campañas y estrategias  efectivas, concretas, realistas. Cuando se trata de los derechos de los animales y de la lucha por ellos no podemos complacer a todos, ni ser tibios, ni ser hipócritas, ni mucho menos pactar con el enemigo. En los Estados Unidos ese grupo consecuente, leal y trabajador es PETA. PETA lucha y trabaja por los animales cada segundo del día y no busca la bendición de una comunidad que se contenta con ciertas mejoras y pactos a cambio de ser popular entre el público como la Humane Society of the United States (HSUS) que no contenta con pactar con los gremios cárnicos, acaba de “involucrarse” en pactos con SeaWorld en vez de apoyar a organizaciones como PETA que, por muchos años de combativa lucha, han venido pidiendo la rehabilitación, la liberación y el cierre total de ese centro de miseria, explotación y esclavitud rampante.

En épocas electorales, los animales también pueden ser utilizados para ganar votos y tanto el electorado en general, como los activistas peruanos no deben dejarse engañar por propuestas que solamente apelan a la sensibilidad y empatía natural que ya poseemos. El poder anti-taurino en el Perú es extenso y va en aumento. No tengo la menor duda de que, convocados organizada y estratégicamente, podríamos marcar un hito en las justas electorales de cualquier país en Latinoamérica, pero para eso hacen falta propuestas concretas y no firmas en papelitos que no tienen ningún respaldo coherente. Prohibir las corridas de toros o cualquier otro acto vandálico y cruel contra los animales, establecer la educación humanitaria en el sistema educativo peruano u ordenar centros de esterilización en todos los municipios del país no es solo trabajo del presidente, sino también del Congreso, las autoridades municipales y locales, y cada miembro activo de nuestras comunidades. Buscar victorias considerables para los animales implicará tener los pantalones (o las faldas) bien puestos para ir en contra de los congresistas taurinos, los empresarios de la tortura que cabildean en el Congreso y la complicidad e indiferencia de la iglesia católica. ¿Puede hacerse? Por supuesto que sí; pero no con papelitos que se los lleva el viento, sino con planes y estrategias factibles.

Mientras que surja, porque estoy segura que surgirá, un candidato vegano o vegana al máximo puesto político del Perú, mi sugerencia es votar por candidatos independientes, pertenecientes a diversos partidos políticos, cuya trayectoria en el Congreso de la República demuestre que verdaderamente han trabajado por los derechos de los animales. En vez de hacer tanta alharaca por la firma de un papel simplemente simbólico, las organizaciones que trabajan por los animales en el Perú deberían establecer una base de datos similar a la que Humane USA PAC utiliza en los Estados Unidos para registrar las propuestas y votos de cada congresista en referencia a propuestas y leyes que tengan que ver con los derechos de los animales.

Siento una inmensa vergüenza al comprobar que casi todos los candidatos a la presidencia del Perú, Fujimori, García, Barrenechea, Kuczynski y muchos miembros de su plancha presidencial y candidatos al Congreso, son ávidos taurinos. Pero  me mantengo firme en mi posición inicial de que alguien que goza de la crueldad en su máxima expresión, que ve vomitar sangre a un indefenso bóvido que tiene todas las entrañas destrozadas y que por eso brama de dolor y desesperación, podrá ser un digno representante de mi amado país. Para mí jamás lo será.

A mis compañeros de lucha indecisos, solo les recuerdo (un rápido “memorex” como decimos en Lima) que hay que ser consecuente con nuestros valores más innatos. Ya de ustedes dependerá si la lucha por los derechos de los animales es la máxima prioridad en su vida, como lo es en la mía. A todos ellos les pido que en un plato de la balanza pongan sus favoritismos personales y en la otra coloquen a quienes apoyan, pagan, difunden y disfrutan con la masacre paulatina, lenta, salvaje y abominable de un ser que pierde el 18% de su sangre solo con los puyazos que atraviesan hasta 30 centímetros de su abusado cuerpo, que sufre innumerables fracturas, grandes hemorragias en el canal medular, graves lesiones neurológicas y que muere ahogado por el dolor, por la humillación y la sangre que le satura los pulmones.

Recuerda que en el momento de ejercer tu voto, no se trata ni de ti, ni de mí. No se trata de nuestras preferencias políticas, sino de elegir a representantes que pasarán leyes que eviten que los animales sigan siendo masacrados, esclavizados o explotados. Aquí se trata de elegir a personas que, como sociedad, como país, nos hagan más civilizados y más dignos. Representantes que no sigan empeorando o embruteciendo a nuestra sociedad y que dejen de seguir ensuciándonos como seres humanos.

Que en tus oídos resuene claramente la cita de nuestro colega, el increíble escritor vegetariano Víctor Hugo, “El animal es obra de Dios, pero la bestialidad es humana”.

 
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Posted by on March 26, 2016 in Activismo efectivo, PETA

 

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