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Category Archives: Corridas de toros

Jesucristo sigue esperando

malnacidos HDP

Aunque técnicamente laico, el Perú no es un país en el que todas las religiones tienen exactamente la misma importancia y consideración. La religión católica ha estado involucrada en la vida social, política y económica de los peruanos desde que el cura agustino fray Vicente de Valverde entró a la Plaza de Armas de Cajamarca el fatídico 16 de noviembre de 1532.

En la actualidad, una gran cantidad de católicos decepcionados de su iglesia original han optado por convertirse en evangélicos ante la molesta mirada del clero y el rechazo de católicos empedernidos que no dudan en cerrarles la puerta en la cara cuando llegan a predicar su versión de la palabra de Dios. Lima está llena de ventanas que lucen stickers en los que lee: “esta casa es católica”.  Si los católicos creen que esta es la manera más efectiva de persuadir a los persistentes evangélicos o testigos de Jehová, están muy equivocados. De la misma manera, si un católico promedio inicia una conversación sobre la Biblia con ellos, es muy probable que no puedan presentar muchos argumentos por el simple hecho de que la gran mayoría de ellos no tiene la menor idea de lo que dice la Biblia. Como buenos “católicos de botica”, (que toman de su religión sólo lo que les conviene y cuando sea necesario) se conforman con la lectura bíblica de los domingos que el cura de su parroquia presenta entre los bostezos y el aburrimiento de la masa.

Y es precisamente esta ignorancia teórica e histórica la que hace a esa religión y a sus líderes totalmente inconsecuentes y anacrónicos. No tenemos que remontarnos a los inicios del pontificado para darnos cuenta quiénes y cómo se nombraban a los Papas; cómo éstos llegaban al poder y – lo más importante – cómo utilizaban su poder e influencia para conseguir lo que querían, para hacerse más ricos o para servir  a los intereses de quienes los mantenían en ese alto puesto.

Ya es hora de que la gente entienda que el Papado no es un puesto moral o espiritual; es un puesto altamente político que sobrevive en los tiempos modernos basándose en las influencias que genera. Miles de seguidores reconocen su autoridad y contribuyen, directa o indirectamente, a su permanencia; pero son realmente escasos los que son prueba viviente de las claras enseñanzas de Jesucristo. El verdadero Jesucristo, aquel que la iglesia católica ha desfigurado, Jesucristo el esenio era humilde, compasivo, vegetariano, y limpio en cuerpo y espíritu; en toda la extensión de la palabra, era un espíritu superior y de luz. Nada de esto se compara con una iglesia que elige ser sorda y ciega al sufrimiento no solamente de la humanidad, sino también al de los animales.

Muy pocas personas saben que ellos fueron los verdaderos fundadores de lo que más tarde se convertiría en la cristiandad. Santa Ana,  José y María, Juan el Bautista y Juan el Evangelista fueron esenios y es muy interesante saber que ellos podían diferenciar entre las almas despiertas, las que estaban parcialmente despiertas y las que aún estaban dormidas. Su tarea era principalmente ayudar a que estas últimas progresaran. Sólo las almas que se consideraban despiertas podrían recibir la iniciación en los misterios de la Fraternidad Esenia, integrada por hombres y mujeres que conocían las sagradas escrituras de múltiples religiones de las que obtenían los mejores conceptos. Entonces comenzaba para ellos el sendero de evolución, que ya no se detiene más a través del ciclo de sus encarnaciones.

Asimismo, Jesucristo instruyó a sus seguidores esenios a tomar el voto nazareno de no volver a comer carne ni tomar bebidas fermentadas nunca más. El Maestro dijo que si alguno ingería carne o tomaba alcohol, no podía recibir su palabra. Esta disciplina era aplicable tanto en el aspecto externo de la vida, como en el interno. El Maestro enseñaba que el vegetarianismo físico tenía que complementarse con el vegetarianismo psíquico, con una actitud de vida interna llena de una moralidad viviente, de un activismo pacífico, de una voluntad tenaz y serena, y de una mente clara y abierta.

Entonces, una iglesia que va precisamente en contra de estos principios, es una iglesia traidora y corrupta; totalmente deformada de sus principios originales y eso es lo que la gente pensante ve con sus propios ojos cada vez que presenciamos, por ejemplo, la impunidad existente en los casos de curas pedófilos y en los espectáculos donde se torturan y masacran a miles de animales utilizando los nombres y los símbolos de una iglesia que por un lado es indiferente al enseñamiento de las verdaderas bestias en contra de un animal indefenso, y que por el otro, se llena la boca para predicar mensajes de paz, de amor, de solidaridad cuando en verdad son solamente palabras falsas, vacías, incoherentes.

La masa católica hipócrita se cuida mucho de no contribuir a la masacre diaria de animales en sus platos, pero no tiene empacho en comer pescados sofocados y con las entrañas desgarradas durante su celebración de Semana Santa. Esa semana no tiene absolutamente nada de santa, pues es una celebración al martirio, a la culpa, al dolor, a la tortura. Jesucristo, al ser el cordero de Dios, terminó con todas esas prácticas arcaicas y trajo un mensaje verdaderamente compasivo, humanitario y revolucionario que la iglesia católica se encargó de sepultar al escondernos la verdad de su doctrina pues la verdadera doctrina de Jesús no coincidía y más bien repudiaba al lucro, a la ambición, al boato, a la ambición.

Jesús fue humilde desde su cuna y nació rodeado de los animales que abrigaron su desnudez y su pobreza. Entró gloriosamente a Jerusalén montado en un noble burro. Aquel mismo animal al que sus falsos seguidores castigan y hacen trabajar hasta morir fulminados por un peso superior a sus fuerzas o víctimas de un látigo cobarde. Jesús amaba y respetaba tanto a los animales que no se los comía y amó tanto a los seres humanos que se sacrificó por ellos. Es realmente una lástima que su sacrificio haya sido en vano porque son muy pocos sus verdaderos seguidores. Pero aquellos que usurparon su iglesia y tergiversaron sus valores para su conveniencia, continúan pisoteando su legado. Todo aquel que masacra a un inocente toro haciéndolo que se ahogue lentamente en su sangre, todo aquel que mutile su cuerpo, todo aquel que bendiga sus instrumentos de tortura y todo aquel que se siente a regocijarte en su sufrimiento es un ser maldito que se consumirá en el infierno que ellos también crearon para intimidar a los crédulos.

Apelar al sentimiento, a la racionalidad o a los datos históricos que abundan, no es suficiente para estos seres diabólicos, para los que visten hábitos y sotanas y para los Mefistófeles de a pie; los que se cruzan con nosotros a diario, enorgulleciéndose de sus mal habidas acciones en contra de los otros seres de la creación. Cientos de santos e ilustres personalidades de esa iglesia corrupta han considerado a los animales nuestros animales; pero eso no tiene ninguna validez ni para el Papa ni para su curia o sus seguidores. Las bendiciones a los matarifes abundan, las misas en las capillas de los cosos taurinos le piden a Dios protección para el asesino y sus premios a la tortura llevan los nombres de santos patrones engalanados de oro y plata.

Las bulas, las leyes de protección y el llamado a la cordura no tienen aceptación en curas y monjas que lucran con el sufrimiento de los animales y de la gente. El cura que se sienta en Roma no tuvo empacho en decir que “El paraíso está abierto a todas las criaturas de Dios” pero está más que presto a distraerse con un pequeño tigre de circo que seguramente fue arrebatado de su medio natural y de su familia. Uno de sus secuaces, el padre Benedettini, subdirector de la Oficina de Prensa del Vaticano, dice que su jefe “está en armonía espiritual con toda la creación”, ¿cómo lo demuestra? permitiendo que un escapulario taurino en Lima, Perú, lleve el nombre del Señor de los Milagros. En una de sus alocuciones dominicales el 14 de enero de 1990, dijo que “los animales poseen un soplo vital recibido de Dios”, citando los Salmos 103 y 104, y reconociéndoles, por tanto, como “almas sensitivas”, ¿Y qué hace en la práctica diaria? Presta oídos sordos y mira hacia el otro lado cuando los activistas del mundo entero le solicitan, le piden y hasta le suplican que públicamente termine su colaboración con la tortura animal.

La palabra “animal” proviene de la palabra latina “anima”. Y está probado hasta el cansancio que los animales la poseen a un nivel aún más alto que los humanoides que caminan erguidos pero que tienen el alma torcida.

Monseñor Mario Canciani, fallecido en el 2007, prelado, teólogo, exégeta, filósofo y biblista afirmó en su libro “En el Arca de Noé: religiones y animales” que los animales no solamente tienen alma, sino que en el paraíso hay un lugar para ellos. Canciani fue durante años párroco de la iglesia de San Giovanni dei Fiorentini, muy cerca del Vaticano, y permitía y animaba a los fieles a que fueran a misa acompañados por sus perros, gatos y demás animales que convivían con ellos. Estas son las honrosas excepciones que deberían ser la norma vigente. Estas son las voces que deberían invadir los sermones de toda iglesia pues el mensaje de Jesús fue siempre un mensaje de denuncia, de emplazamiento a los cobardes, a los crueles, a los déspotas y a los hipócritas.

Es también Canciani quien, en otra de sus obras, “La Última Cena de los Esenios, nos enseña sobre la tesis histórica que sostiene que Jesucristo, al celebrar la pascua con el calendario esenio, y él mismo habiendo sido formado en esa comunidad, que era vegetariana y no aceptaba los sacrificios animales, no pudo haberse alimentado en aquella ceremonia con carne de cordero, sino que se inmoló él mismo como tal, salvando a un inocente.

¿Cómo se entiende entonces que, según la iglesia católica, los animales sean merecedores del paraíso en el otro mundo, pero en la tierra sus representantes y sus seguidores los hagamos vivir en un infierno?

¿Qué hay de católico, de cristiano, o de humanitario bendecir a los asesinos y pedirle a Dios que proteja sus vidas antes de las corridas? ¿Por qué se permite que crueles monjas acepten donaciones procedentes de la tortura o que se tomen fotografías en un templo posando con la encarnación satánica de un asqueroso torero? ¿Y todas las fiestas patronales en las que no falta ni el alcohol, ni la brutalidad, ni la ignorancia, ni la tortura animal? ¿Dónde está la caridad cristiana, el respeto a la obra de Dios? ¿Cree el Papa y todo su séquito que se debe permitir que esas turbas de borrachos indeseables realmente honran a un santo o a una virgen con estas acciones execrables?

Las excepciones a esa regla de maldad ya no existen. Solamente nos dejaron sabias enseñanzas que nadie ni recuerda, ni respeta. San Francisco de Asís, a la cabeza de todos, siempre viviendo lo que predicaba al decir que toda criatura en desgracia tiene el mismo derecho a ser protegida porque son nuestros hermanos; San Antonio Abad, vegetariano y fundador del movimiento eremítico, defensor y sanador de animales. Este santo, representado con un cerdo a sus pies, curaba a los animales heridos. Un día se le acercó una jabalina con sus crías, que estaban ciegas, y San Antonio Abad (o San Antón, como también se le conoce popularmente), les curó la ceguera. A partir de ese momento, se convirtieron en sus fieles acompañantes; San Roque, patrón de los perros en América Latina, quien después de vender su herencia familiar y entregársela a los pobres, inició un peregrinaje a Roma en donde contrajo la peste. Todos los días un perro llamado Melampo llegaba a la cueva donde el santo se refugiaba para llevarle un pan y lamerle las heridas. El noble Melampo no habrá usado ninguna túnica púrpura ni anillos fastuosos, pero fue más íntegro, decente y caritativo que cualquiera de esas lacras eclesiásticas que han manchado el mensaje original de Jesucristo.

Con su misma Biblia, alterada a su conveniencia a través de los siglos, los podemos exponer en su mentira y su mezquindad. En Eclesiastés 3: 18-21, leemos: “Yo pensé acerca de los hombres: si Dios los prueba, es para que vean que no se distinguen de los animales. Porque los hombres y los animales tienen toda la misma suerte; como mueren unos, mueren también los otros. Todos tienen el mismo aliento vital y el hombre no es superior a las bestias, porque todo es vanidad. Todos van hacia el mismo lugar; todo viene del polvo y todo retorna al polvo. ¿Quién sabe si el aliento del hombre sube hacia lo alto, y si el aliento del animal baja a lo profundo de la tierra?”

Y en Isaías 66:3 leemos: “Pero los que sacrifican toros son como los que matan hombres; los que ofrecen corderos son como los que desnucan perros; los que presentan ofrendas de grano son como los que ofrecen sangre de cerdo, y los que queman ofrendas de incienso son como los que adoran ídolos. Ellos han escogido sus propios caminos, y se deleitan en sus abominaciones”.

En Éxodo 20:13 claramente leemos la famosa frase “No matarás”. Estas palabras se utilizan a conveniencia de los abusadores y se malinterpretan, como si se refirieran sólo al asesinato de una persona, pero el hebreo original es “lo tirtzach” (לֹא תִרְצָח), lo que se traduce como: “No matarás”. El diccionario Hebreo-Inglés del Dr. Reuben Alcalá dice que la palabra “tirtzach”, utilizada especialmente en el hebreo clásico, se refiere a “cualquier clase de matanza” y no necesariamente al asesinato de un ser humano.

Los secuaces del Papa saben perfectamente bien que la bula “De salute gregis dominici” promulgada por el Papa Pío V en 1567 aún sigue vigente. Así lo recordó en 1920 el Secretario de Estado del Vaticano, cardenal Gasparri: “La Iglesia continúa condenando en voz alta, como lo hizo la Santidad de Pío V, estos sangrientos y bochornosos espectáculos”. En 1989, el antes mencionado monseñor Canciani, entonces consultor de la Congregación para el Clero de la Santa Sede, declaró públicamente la validez de la bula, pero el actual heredero del trono en Roma prefiere hacerse el desentendido una y otra vez. En la declaración de la vigencia de la bula o en la condena abierta a las corridas de toros no hay ningún beneficio económico ni para él ni para su iglesia, por lo tanto ¿por qué tendría que darse por aludido? Es bien sabido que la principal motivación de su iglesia a través de la historia del mundo siempre ha sido el poder, el dinero, los asesinatos y la crueldad.

Mientras tanto las viejas beatas y los cucufatos de siempre seguirán persignándose, asistiendo a misas para hablar mal de la gente e hincándose ante otro pecador con sotana que permanecerá callado mientras que un animal es masacrado o un niño es violado. Sus asquerosas celebraciones seguirán con mantillas y sahumadoras, los políticos corruptos de turno les seguirán rindiendo pleitesía, y el pueblo, la masa ignorante que no lee, que no piensa, que no razona, seguirá ejecutando todas las excepciones a las reglas que los católicos son expertos en ejecutar.

Este es el trabajo arduo y duro de todos los activistas, de toda la gente decente que aún queda en este mundo. Aprender, educar y denunciar a viva voz todas estas aberraciones malignas, deplorables y rastreras. Nunca hay que olvidar que la ignorancia de los pueblos es la ganancia de las iglesias y de los gobiernos. ¿Alguien cree que al Papa le importa que se gasten millones en cada ciudad que visita? ¿Creen que le importa saber que con todo ese dinero se podría dar de comer a muchos pobres o educar a muchos otros niños? Han entrenado perfectamente a la gente pobre e ignorante para que sepan “llevar su cruz”, traduciéndose ésto en una tonta obediencia ciega a sus torcidas regalas, normas y costumbres crueles.

Que sea una de nuestras tareas diarias educar a todo aquel que se cruce por nuestro camino. Que sea nuestra misión tener convicción en nuestra causa, aunque en la lucha perdamos familiares, amigos, y otros beneficios. Somos soldados en una guerra injusta, malévola, cruel y despiadada; caeremos una y otra vez; pero, aunque caigamos definitivamente, debemos asegurarnos que otros tomarán la posta y representarán a los animales de una manera concreta, efectiva, pensante y profesional. Si no lo hacemos así, los animales seguirán siendo las víctimas de esta maldad encubierta y de esa fe vendida al más alto postor.

Y que a nadie lo engañen o lo asusten con las “llamas del infierno”. Todos nosotros, los que nos dedicamos a la lucha por los derechos de los animales, hemos vivido no uno, sino varios infiernos en los que injustamente se han inmolado millones de animales. Hemos visto a Satanás encarnado en matarifes, dueños de circos, zoológicos, toreros, cazadores y demás lacras. Los hemos visto en vivo y en directo y no nos hemos corrido. Correrse es traición a la causa y aunque solamente quede uno de nosotros vivo en cada batalla combatida, ese ser único regresará a buscar más aliados prestos a defender una causa justa y noble.

Ninguno de nosotros necesita una bendición, un velo, una mantilla, una mención en una misa o un anillo baboseado por la masa cruel. Nosotros ya somos seres privilegiados, de alma limpia y de corazón justiciero. Jesucristo, el verdadero, el único, el esenio que la iglesia católica fracasó en ocultar nos ve, nos sonríe y nos bendice directamente pues en cada una de nuestras acciones estamos demostrando que su sacrificio no fue del todo en vano. No somos nosotros los que hemos escupido en la fe. No somos nosotros los que no aprendimos el mensaje. No somos nosotros los que nos hacemos los sordos o miramos para el otro lado cada vez que delante de nosotros hay un animal sufriente. Nosotros somos los que, al salir de este mundo, lo haremos con la satisfacción del deber cumplido mientras que todos aquellos, con sotanas o no, que se regocijaban o se mostraban indiferentes ante el sufrimiento de un ser indefenso se pudrirán para siempre en el fuego de sus infiernos.

Y tú, Francisco, que no le haces honor a tu nombre, deja de pregonar lo que no ejecutas. Deja de engañar a la gente con palabritas sentimentalonas y empieza a manejar tu iglesia de acuerdo a las verdaderas enseñanzas de Cristo. Hiciste una revisión de los pecados capitales (¿Saben tus seguidores lo que realmente significa cometer un pecado capital?) y dijiste que “turbar la paz o consentir cualquier tipo de violencia, especialmente sobre los más débiles e indefensos, es un grave pecado contra Dios” y a los dos segundos criticaste a la gente que demostraba tener mucho interés en los animales. Es hora de que te quites la sotana, te pongas un par de pantalones y de una vez por todas destierres de tu iglesia a los maltratadores y asesinos que amparas.

Mi santo peruano, San Martín de Porres, ejemplo viviente de humildad y empatía, el que ayudaba a los seres humanos y a los animales por igual, solía decir: “El mismo tiempo malgastó en mí Dios que en hacer un ratón, a lo más dos”. Dios no malgastó su tiempo ni en crearte a ti, ni a un pequeño ratón. Dios no malgasta su tiempo en nadie. Han sido las iglesias creadas por motivos totalmente alejados a las verdaderas enseñanzas de los seres iluminados que las originaron quienes han retorcido un mensaje que es nuestro deber enderezar y propalar a los cuatro vientos. Solamente ese día, aunque nuestros ojos carnales no los vean, esta tierra podrá convertirse en un lugar digno. Y todos nosotros, los verdaderos activistas, lo veremos desde el Puente del Arco Iris. Y ese día podremos finalmente descansar.

escapulario

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¡San Borja dice NO a la crueldad!

Alcalde Alvarez

Cuando todo acto de crueldad anacrónico y repudiado por mentes actualizadas y civilizadas llega al apogeo de su propia decadencia, sus perpetradores muestran características propias al declive inminente de su maldad. El mundo especista nos malacostumbró a decir que “cuando el barco se hundía, las primeras que salían eran las ratas”. Ahora sabemos que, si lo hacían era porque eran animales inteligentes con un alto sentido de sobrevivencia; pero cuando se trata de los seres humanos, la historia está llena de ejemplos alusivos que demuestran que las estrategias mal pensadas y desesperadas son indicadores seguros de un inminente final.

En todo el mundo, las miles de organizaciones anti-taurinas han luchado a brazo partido por erradicar este cáncer moral que aún aqueja a algunos países en vías de desarrollo y en su tenaz empeño, se han adjudicado muchas victorias. El ser humano, un poco lento para darse cuenta de las cosas positivas, ha abierto los ojos a lo que realmente representan todos los espectáculos en los que se abusan a los animales. No es solamente un tema de ética y principios de beneficio animal; es también un asunto que involucra temas económicos, culturales, religiosos y políticos.

En su intento por seguir promoviendo su fiesta bárbara, los empresarios de las mafias taurinas lo han intentado casi todo: la promoción de su salvaje espectáculo en áreas ajenas a él, la creación de escuelas taurinas para mujeres (aduciendo temas de igualdad de género) y niños, un llanto interminable debido al número de personas que quedarán sin empleo (pues que busquen un trabajo digno, ¿no?) si los cosos taurinos cierran, la desaparición total de los toros de la faz de la tierra, la propaganda realizada por artistas venidos a menos y la creación de plazas taurinas portátiles en zonas económicamente afluentes. Si todo esto no es desesperación, realmente no sé que es.

Y algo similar se intentó realizar en la Municipalidad de San Borja, uno de los distritos más activos y progresistas de la ciudad de Lima Metropolitana. Con el “bamboleo” musical de los anacrónicos Gypsy Kings a quienes no los escuchan ni sus abuelitas, se pretendía realizar un festival taurino en las instalaciones de un organismo perteneciente a las fuerzas armadas del Perú.

Lamentablemente el Perú está pasando por una difícil situación social, política y económica debida a la apatía del gobierno; pero establecer este tipo de espectáculos en una organización castrense y dentro de un municipio progresivo y moderno era algo que no debía suceder.

Por supuesto, que los infaltables y desubicados “animalistas” convocaron a sus tradicionales plantones y protestas sin antes realizar las debidas averiguaciones. El proceso de razonamiento cerebral en una persona promedio no se tarda mucho; pero es requisito indispensable para poder realizar acciones efectivas. Antes de gritar desaforadamente, hay que pensar y actuar con raciocinio. ¿Es mucho pedir? Lamentablemente, para alguna gente sí lo es.

Después de realizar las averiguaciones necesarias, nos informaron que el evento no se iba a dar; pero nos quedaba la duda ya que la publicidad y la venta de boletos aún estaba vigente. Pedir que la gente sea cómplice vergonzoso de la masacre de un noble toro por el módico precio de 1,230 soles es realmente una cachetada a la gente pobre de Lima. Pero por supuesto que la gente pobre de Lima no es una de las prioridades de la mafia taurina. Mientras más ignorancia persista, a cualquier precio, más alta es su ganancia. Pagar casi US $400 por ver cómo se tortura a un toro y a un caballo, en un país donde existen innumerables casos de pobreza extrema solamente puede ser entendido por una clase de gente miserable que no siente empatía ni compasión por nada ni por nadie. Léase: Taurino.

La idea de un municipio moderno y progresista donde se atiende a sus pobladores con eficacia, se les ofrece una variada gama de actividades interesantes y culturales y se mantiene el ornato del área de una manera casi impecable no coincidía para nada con la realización de un espectáculo barbárico de sangre y abuso. Es por eso que nos pusimos en contacto directo con el alcalde del distrito, Señor Marco Antonio Álvarez Vargas, administrador de empresas y coronel retirado del Ejército Peruano, quien es el burgomaestre de San Borja desde el 2011 para expresarle nuestra sorpresa y asegurarnos que el evento no se realice.

El Sr. Álvarez tuvo la gentileza de llamarme personalmente por teléfono para confirmarnos que “tal evento no se realizará bajo ninguna circunstancia”. Lo felicité sinceramente porque ese no es necesariamente el modus operandi de la gran mayoría de políticos limeños. Nos ofreció apoyo para cualquiera de nuestros proyectos y tendré el gusto de conversar extensivamente con él la próxima vez que esté en Lima.

Por supuesto que de inmediato surgieron las quejas infaltables de los “animalistas de pintura roja” aduciendo favores y preferencias políticas. A ellos les informo, por si no lo leyeron en columnas anteriores, que yo, por los animales, estoy lista hasta de pactar con el mismísimo diablo. No faltaron los chismes y comentarios negativos acerca de sus intenciones de convertirse en el próximo alcalde de Lima y a ello replico que la comunidad de activistas pensante y votante, definitivamente apoyaría su candidatura si en su plataforma de gobierno él incluye temas de protección y defensa animal. Ya va siendo hora de que sigamos el ejemplo de otras ciudades latinoamericanas con alcaldes que han entendido que nuestro trabajo no se centra en la cara linda de perritos y gatitos, sino que está íntimamente ligada a temas educativos, económicos y de salud humana.

Mientras que la mafia taurina siempre busca engañar al público aduciendo fines caritativos y/o culturales para justificar sus masacres, el alcalde Álvarez vuelve a dar el ejemplo con una combinación que precisamente incluye a la verdadera cultura peruana y a la caridad bien empleada al organizar un campeonato de marinera cuyos fondos beneficiarán al Hospital del Niño. La prueba es clara y contundente: Sí se puede hacer bien las cosas dentro de un marco ético y sentar un buen ejemplo no sólo para los vecinos de San Borja, sino del Perú entero.

A veces pienso que, en el Perú, cuando se trata de política, las esperanzas están totalmente muertas; pero mi conversación con el alcalde Álvarez ha renovado el hito de esperanza que aún me queda. Esperemos entonces que todas las palabras se tornen en una realidad concreta y firme para beneficio de todos.

¡Muchas gracias, señor alcalde!

 
 

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¡A impedir que el mal triunfe!

Malnacido torero

La frase célebre afirma que “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”.

Es por eso que la gente decente nunca podría propiciar, ni participar en hechos indignos realizados con el único propósito de mantener una tradición aberrante que, al verse desahuciada, da manotazos de ahogado en todas direcciones.

Aprendimos desde pequeños que una acción negativa o mala, no corrige a otra similar. Sin llegar a la máxima expresión de un perdón personificado en la oración fundamental de San Francisco de Asís, e imbuidos en nuestra naturaleza humana limitada y diaria no podemos dejar pasar la denuncia necesaria de quienes se quieren aprovechar de la desgracia de la gente engañándola con dádivas ridículas a costa de la vida de un animal.

Después de los recientes huaicos en Perú, han sido muchas las instituciones que han donado ayuda a los sobrevivientes. Se han organizado muchas actividades para ayudarlos económicamente en los sectores públicos y privados; pero una en particular me ha llenado de indignación y repugnancia: La organización de corridas de toros para ayudar a las víctimas de los desastres naturales.

El toreo siempre ha sido hipócrita y caradura. No es la primera vez que los servicios de los matarifes se han puesto a disposición del pueblo necesitado. En miles de oportunidades se han dedicado espectáculos como estos a causas de mujeres abusadas y niños desnutridos, y ahora el matarife peruano Andrés Roca Rey anuncia que masacrando a toros en el ruedo se obtendrá ayuda para las víctimas de los huaicos. ¿Es posible llegar a tal degradación y concebir que la gran mayoría de los peruanos verá su intención desesperada como un intento de caridad y solidaridad?

Me pregunto y me respondo decepcionada (pues ya conozco la respuesta) si sus patrocinadores de siempre, la iglesia católica, también tomará parte en ese descrédito. ¿Bendecirán los capotes y espadas asesinas en nombre de una de sus tantas vírgenes? ¿Celebrarán una misa en la capilla de la plaza para proteger a quienes paulatina y salvajemente destruirán a un animal sintiente? ¿Continuarán con la herejía de utilizar símbolos y personalidades religiosas para adornar la propaganda de esta fiesta de sangre?

¿No es hora ya, en el año 2017, que se pronuncien en contra de esta embrutecedora salvajada, aunque haya mucho dinero para comprar conciencias y dogmas religiosos?

La realización de ese supuesto festival al que le deseo el más rotundo de los fracasos es una aberración nacional. Nadie puede ayudar al prójimo causándole daño y dolor a otros prójimos que, a pesar de no pertenecer a nuestra especie, también tienen el derecho de vivir en paz y libres de sufrimientos.

A los matarifes no les importa infligir dolor con tal de perpetuar un acto arcaico que está en vías de extinción. Muy orondos se pasean con las partes sufrientes de sus víctimas a quienes arrancan sin piedad orejas y cola. Se sienten superiores, ganadores, todo poderosos al exhibir una parte de un animal que momentos antes era un todo. Un ser que nunca buscó una muerte tan dolorosa e indigna.

Su ilógico plan debe ser inmediatamente detenido y boicoteado con todos los medios posibles a nuestro alcance. La gran mayoría de los peruanos rechaza tajantemente las corridas de toros. Es entonces pertinente que luchemos en contra de la miopía mental y emocional de quienes persisten en la idea de que la mayoría de los peruanos consideramos esa salvajada como parte de nuestro orgullo y patrimonio nacionales.

Y aunque no lo crean, esto terminará tan pronto como el electorado elija a representantes que no tengan intereses personales en la vergüenza nacional. No necesitamos empresarios taurinos, curas metiches o ganaderos en el Congreso de nuestra patria. Si verdaderamente queremos evolucionar como país, ya es hora que nos deshagamos de taras nefastas que se hacen pasar como una cultura que debe preservarse.

Utilizando entonces la enseñanza implícita en mi cita inicial, evitemos que el mal prevalezca. Somos los buenos en esta película de terror; por lo tanto ya es hora de que tomemos acciones concretas para detenerlo.

No, Roca Rey, nadie con una pizca de sensibilidad o empatía piensa que te ves muy valiente al pasearte con la cola de un toro. Nadie cree que verdaderamente te importen los pobres damnificados de los huaicos. ¿Estuviste allí ayudando y poniendo el hombro? Por supuesto que no. Muy por el contrario, para intentar levantar a tu diversión moribunda, se te ocurrió organizar una masacre en masa a la que solamente asistirán tus primitivos secuaces.

Se supone que no debemos alegrarnos con la muerte de nadie. Este es un principio al que cuesta mucho sumarse porque muchos vemos en eso un acto de reivindicación y justicia, pero al margen de la controversia a este respecto, no olvides que, muchas veces, cuando la maldita plaza abre sus puertas con trompetas y paso dobles, y la chusma ruge ávida de sangre al llegar al tercio de muerte, el cuerpo que yace inerte sobre la arena no es necesariamente el del toro.

 

 

 

 

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Voto de silencio

Pinochet

Aunque el voto de silencio no es uno de los votos monásticos (voto de pobreza, obediencia y castidad) que toman los sacerdotes católicos, bien le haría al Papa practicarlo, sobre todo cuando no se tiene nada positivo, lógico o constructivo que decir.

Es cierto que este cura parece ser un tanto mejor que sus predecesores, pero nunca hay que olvidar con quiénes y con qué estilos se le está comparando. Si me comparan en velocidad con una persona sin piernas, es muy probable que yo resulte ser fondista olímpica; pero esto no es un asunto de comparaciones; de lo que se trata es de la propagación de un comentario totalmente desacertado cuya conclusión es insulsa, impráctica y totalmente injusta. Nadie dice o hace comentarios masivos sin una intención particular y específica. ¿Cuál fue entonces el raciocinio o la intención en los comentarios que el Papa Francisco tuvo para las personas que ayudan, trabajan o están activamente involucrada en la lucha por los derechos de los animales? De todos los grupos a los que podía atacar, se le ocurrió precisamente atacar a personas compasivas y humanitarias. ¿Qué te pasó Pancho? ¿Te quedaba muy ajustada la mitra?

La palabra “animalista” está tan desprestigiada y prostituida que yo jamás la utilizo. Quienes trabajamos y luchamos efectivamente por los derechos de los animales, somos activistas de esta causa y no “istas” del montón.

Es cierto que podríamos habernos dado por no enterados, pero no podemos ni debemos pasar por alto estos comentarios alusivos y propagados en masa. No podemos dejar de corregirlos dada la ignorancia suprema que reina entre los humanoides y, por qué no decirlo, entre los católicos, que, en algunos casos, y de acuerdo a sus conveniencias personales, siguen los mandatos de su líder político y religioso a pie juntillas. No hay que olvidar que, hace algún tiempo, al menor comentario y mandato clerical, miles de personas eran ejecutadas, quemadas, linchadas o desaparecidas del mapa. Fue la iglesia católica quien inventó la falacia sobre los gatos negros y fueron ellos mismos quienes lincharon y quemaron viva a Juana de Arco, supuesta defensora de su fe.

En su desatinado discurso, Francisco lamentó que haya gente que sienta compasión por los animales, pero que muestre indiferencia ante un vecino. Muy suelto de huesos, cuestionó el sentimiento de piedad de quienes prefieren ayudar a un perro o a un gato pero que – según él – son indiferentes antes el sufrimiento del prójimo.

Obviamente soy una persona parcializada en este tema, pero no podría nombrar a ningún activista por los derechos animales que no haya sido compasiva también con un ser humano. Es más, todos aquellos que nos acusan de no trabajar por la propia especie, generalmente son gente que no hace nada concreto por nadie.

El ser humano tiene derecho de elegir sus prioridades y ningún cura va a venir a exigirles que esas prioridades cambien. Quienes trabajamos por los animales tenemos tanta compasión que fácilmente la podemos extender a los humanos. Los ayudamos brindándoles información y previniéndoles sobre todos los daños que conlleva ser cementerios ambulantes de los cuerpos torturados y masacrados de miles de animales; ayudamos al planeta al luchar contra las industrias cárnicas y lácteas; nos preocupamos de la gente pobre, hambrienta y sin agua, demandando que los frutos de la tierra y el preciado elemento sean utilizado directamente por ellos y no por los intereses de lucro de las compañías que abusan y explotan tanto a humanos como animales; y sembramos principios de decencia, compasión, y empatía entre la niñez al fomentar la bondad y el respeto por todos los seres de la creación. ¿No son esas muestras suficientes de la compasión y piedad que Francisco exige para con nuestros semejantes?

¿De qué compasión y piedad puede hablar un cura que engulle las partes sufrientes de un animal masacrado brutalmente en un matadero? ¿Qué moralidad puede exigir un cura que permite que su iglesia bendiga los instrumentos de tortura del matarife en un coso taurino? ¿De qué decencia puede hablar el representante de una iglesia corrupta que ignoró el holocausto de millones de judíos o que no está dispuesta a sancionar severamente a sus curas pedófilos? ¡Por favor! Antes de incitar a la gente en contra de quienes defienden a los animales, Francisco debe mirar al interior de su propia casa, limpiarla, cambiarla, rectificarla y sancionarla. Solo en ese momento tendrá derecho a emitir una opinión acerca de la piedad y la moralidad de la gente.

Como parece que Francisco sufre de amnesia, será bueno dejarle unos cuantos nombres sueltos por allí: La conexión de su iglesia con dictadores asesinos como Franco, Pinochet y Perón; las cirugías estéticas y los pasaportes otorgados a los criminales nazis para que lograran escapar a Latinoamérica; el asesinato de Juan Pablo I; los miles de niños violados y abusados en escuelas o instituciones católicas del mundo entero; el escándalo del Banco del Vaticano; el escándalo del Sodalicio; la masacre de las culturas aborígenes en las Américas; las guerras Carlistas; el Tribunal de la “Santa” Inquisición, etc. La lista es tan larga que no existe suficiente papel para incluir todas las injusticias, salvajadas y masacres perpetradas por su iglesia, sus líderes y seguidores.

¿Y considerando todo esto, me van a venir a hablar de piedad, de compasión y de humanidad? ¡Si ni siquiera son capaces de seguir las enseñanzas y el ejemplo de su líder máximo, nuestro compañero de lucha y esenio vegetariano, Jesucristo!

El Papa y su iglesia son tan arrogantes que no serán capaces de ofrecer disculpas por esos comentarios; pero ni por un momento debemos permitir que ese discurso barato, ignorante y populachero nos afecte o infecte a los ignorantes necesitados de cualquier excusa para desestimar nuestros esfuerzos. Es probable que a sus palabras se las lleve el viento considerando que la mayoría de los católicos son católicos de “botica”; pero no podemos pasar por alto el desatino y la condena. Si los humanos no demuestran compasión o piedad por sus semejantes, es simplemente porque su naturaleza humana no se los permite. Es porque a estas alturas el mundo carece de esas virtudes y valores. Es cierto que existen millones de personas compasivas y humanitarias; pero también es verdad que hay gente inservible, malvada, despiadada, cruel y podrida en cuerpo y alma. Ser “humano” no es ni un privilegio, ni un honor. Somos simplemente otra especie, una especie diferente a la animal, que en mi opinión es superior al Homo Sapiens en muchos sentidos.

Y si por eso el “Santo Padre” que no es ni santo, ni padre, me condena al fuego tibio de un purgatorio inexistente, que así sea. Después de todo me hará el favor de colocarme en un lugar privilegiado para ver, en primera fila, como todos los explotadores y abusadores de los animales se achicharran en el infierno.

 

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Cuando la demencia está de fiesta

asesino

A pesar de las tendencias televisivas y cinematográficas de la época actual en la que el terror, la sangre y las vísceras colgantes son el ingrediente infaltable, la gran mayoría de personas pensantes y normales aún somos capaces de reconocer entre la ficción y la realidad. Es cierto que lo que resultaba atemorizante y chocante a generaciones anteriores, ahora no provoca ni el más mínimo susto a las audiencias jóvenes; pero la línea divisoria entre la fantasía y la cruda realidad aún está claramente presente.

Aunque los valores y principios son establecidos en el hogar durante los primeros años de vida de un individuo, la gran mayoría de las personas jamás encontrarían solaz o diversión al presenciar un acto de tortura y degradación espeluznantes.

Hace unos días, leí un artículo muy interesante e informativo en el que se mencionaban los comentarios realizados por Winslow Hunt respecto a la falta de literatura psicoanalítica escrita acerca de la tauromaquia. Para Hunt este espectáculo sería un candidato ideal para la aplicación del psicoanálisis pero otros psicoanalistas como Martin Grotjahn opinan que son los mismos aspectos horribles de la tauromaquia los que anulan el interés en su estudio.

Sin entrar en charlas técnicas, el artículo se centra en la psicopatología de las corridas de toros y todos sus allegados, participantes y promotores. Afirman los expertos que su atractivo central es la gratificación del sadismo y de una perversa curiosidad por saber si habrá algún muerto más, aparte del toro, cuya muerte, como todos bien sabemos, está cobardemente planeada desde el principio de su existencia. El público, participante activo en esta fiesta de crueldad y sangre, dice admirar y venerar al torero, pero en realidad anhela que el fantoche tenga también un final sangriento. Obviamente, negarán que esa es su verdadera intención; pero los psicoanalistas lo afirman con conocimiento de causa y experiencia profesional. Cualquier objeción dada por ellos sobre conceptos de dominio de bestias, belleza, o arte no substituye de ninguna manera el sadismo inherente a la fiesta bárbara de los toros.

Ahora bien, los asistentes a la fiesta de la muerte y el abuso siempre argumentarán que el toro, al ser un animal poderoso y fuerte, tiene la oportunidad de defenderse y matar a su abusador; pero quienes conocemos las argucias utilizadas por la mafia taurina, sabemos que eso no es cierto. El toro, entra al ruedo en situación de desventaja luego de haber sido debidamente “preparado” por los cómplices de los matarifes. Si el asesino se acobarda y no pone el cuerpo o si los banderilleros o el picador hacen un trabajo deficiente, la chusma taurina siente complejo de culpa asociada a fantasías sádicas reprimidas.al ver al toro “maltratado” y vejado en su honor en la lidia. En ningún espectáculo del mundo entero, se encontrará tal grado de inconsecuencia y perversidad. El amor y respeto que los explotadores taurinos dicen tener por el toro y el caballo son simplemente síntomas patológicos de su desquiciada y enferma personalidad.

Los expertos también afirman que existe una clara actitud narcisista del asesino y sus cómplices. La mafia taurina hace todo lo posible para que la fiesta de sangre incluya el colorido necesario: bandas de alegres pasodobles, embanderado general, banderillas de colores, y como punto máximo, el atuendo de tenebrosas luces que el matarife debe llevar; apretado por todos lados, ceñido al cuerpo para liberarse más fácilmente del toro y con rasgos altamente afeminados. Todo eso para desplegar exhibicionismo y auto gratificación. Ese pobre diablo es tan, pero tan poca cosa, que necesita exaltar su ego creyéndose un héroe, una persona valiente y capaz. Toda la mascarada que lo envuelve a él y a su sucia fiesta está previamente diseñado para hacerlo sentir mejor y hacerle olvidar – aunque sea por unas horas – su gran sentimiento de inferioridad.

En la tauromaquia también se encuentra presente el fenómeno que los psicoanalistas conocen como la erotización del peligro, en el que se funden las respuestas psicofisiológicas ante el miedo con la excitación sexual. Dicen los expertos – y coincido plenamente con ellos – que además de las obvias implicaciones heterosexuales de la tauromaquia, hay que tener en cuenta que, a un nivel más profundo, existen significados homosexuales flagrantes.

En la novela “El Verano Peligroso” de Ernest Hemingway, quien fue aficionado a esta salvajada, hay un pasaje que narra la cornada de Ordóñez. El relato evoca un coito sádico homosexual que aquí reproduzco:

“Al recibir al toro por detrás […] el cuerno derecho se clavó en la nalga izquierda de Antonio. No hay un sitio menos romántico ni más peligroso para ser cogido […] Vi cómo se introducía el cuerno en Antonio, levantándolo […], la herida en el glúteo tenía seis pulgadas. El cuerno le había penetrado junto al recto rasgándole los músculos”.

El psiquiatra Fernando Claramunt ha escrito sobre la psicogénesis y la psicopatología de las cogidas y afirma que muchas veces, los toreros tienen tendencias autodestructivas. Por ejemplo, el toreo de Belmonte fue considerado suicida por gran parte de la afición. Mucha gente iba a verle creyendo que serían testigos de su última corrida. Durante años Belmonte pensó obsesivamente en el suicidio y de viejo se quitó la vida. Asimismo, dice Claramunt que, en otros casos, como el de Manolete, se puede apreciar una dinámica claramente punitiva, un placer por ser cogido.

Citando ejemplos más recientes, tenemos el testimonio que una sádica taurópata dejó en Facebook como respuesta a un comentario de un colega defensor de los animales:

“Te equivocas al decir que el toro sufre en las corridas, todo lo contrario, disfruta de forma semejante a un orgasmo continuado en un humano. Te lo digo por experiencia porque yo ya he reencarnado varias veces en toro bravo y me queda el recuerdo de esa grata experiencia de morir de placer en una plaza” (sic)

Para que no te quede la menor duda del peligro que esta chusma representa en la sociedad, incluyo un extracto del libro “Manchas de Tinta y Sangre”, (“Taches d’Encre et de Sang”) ediciones Au Diable Vauvert, 2003, de Simón Casas, ex-torero fracasado, director del coso de Nimes en Francia y de la Plaza de Las Ventas de Madrid:

“Gracias a la tauromaquia vivimos una liturgia, una gran misa. Hacerle el amor al toro, esto es seguro, es impúdico, es hermoso; él viene hacia usted no para cornearlo, sino para amarlo. La muleta extendida en el suelo como una lengua que invitara para un profundo beso, el espectador se hace mirón, es un coito al que se asiste, un orgasmo colectivo, en Bayona la corrida es vaginal”.

Y para concluir, las palabras del taurópata español Fernando Sánchez Dragó, a quien, a propósito, nuestra colega anti taurina Pilar Rahola comúnmente aplasta en debates televisivos:

“Matrimonio: el torero es ying, mujer cuando hace el paseíllo y se pavonea, cuando se adorna, cuando embarca al animal en el vuelo – verónica o lo que sea – de su falda, cuando ofrece la taleguilla y abre el compás de sus piernas para que el toro – macho, varón, yang – se encele, acuda al reclamo de la hembra y embista su ingle con el falo de los pitones…. ¿Tercio de muerte o tercio de cópula? El estoque, erguida verga de curvo bálano, se hunde hasta la cruceta en el hoyo o coño de las agujas, golfo de sombras éste que tiene, como el pubis femenino y el símbolo del feminismo, forma de triángulo isósceles. El torero, tras consumar así el matrimonio, se yergue, jaquetón, y el toro, convertido en esposa desflorada, se derrumba con las patas por alto mientras los ojos se le vidrian al sentir que lo inunda el orgasmo de la muerte. De la herida, por cierto, brota sangre: la del himen”.

Bueno, imagino que interrumpiste la lectura de mi artículo para ir a vomitar, así que te daré unos minutos para reponerte. Como has visto, esta gente irreciclable, no solamente es brutalmente cruel e ignorante, sino que también disfruta de publicar su crudo verbo, su inmundicia y sus padecimientos mentales.

En el campo de lo psicológico, la tauromaquia presenta un complejo estudio de sus componentes y sus protagonistas. Discutir estos conceptos con los expertos nos llevaría mucho tiempo; pero lo importante y concluyente es saber que un espectáculo de esta naturaleza no demuestra ni una mente ni un corazón sanos. Es una enfermedad terminal y una lacra social que debemos extirpar de una vez y para siempre.

 

 
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Posted by on April 27, 2016 in Corridas de toros

 

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HDP

PACMA

Los que defendemos a los animales, no dejamos de ser seres humanos con diferentes niveles de tolerancia a la crueldad que percibimos cada vez que un animal sufre miserablemente a manos de sub-especies humanoides aún empeñadas en llevar a cabo sus demoníacos propósitos de muerte y destrucción. No sería justo decir que en los momentos en los que somos impotentes testigos de la paulatina tortura y muerte de un animal capaz de sentir, no nos poseen sentimientos obscuros de venganza, de rabia y de odio hacia los abusadores que, en la mayoría de los casos, siguen impunes para continuar con su nefasta obra de muerte y aniquilación.

¿Quién de nosotros no ha tenido sueños de superhéroe alguna vez? ¿Quién no ha querido teletransportarse a algún lugar o situación de abuso para darles a los abusadores una sopa de su propia medicina? ¿Quién no ha querido alguna vez formar parte activa de un comando justiciero que impusiera la Ley del Talión?

Por lo tanto, ante tanto abuso, tanta explotación, tanta injusticia, y tanta ley escrita solo en un burdo papel, lo único que a veces nos queda es dejar suelta a nuestras lenguas para expresar, aunque sea por un instante, nuestro repudio total ante la crueldad establecida.

En muchas ocasiones, me han enviado comentarios preguntándome por qué tenemos que incluir a las madres de los abusadores en nuestros comentarios, llamándolos “hijos de puta”. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española ofrece un equivalente a esta expresión dándonos el sinónimo de “persona mala”. Pues bien, por supuesto que discrepamos con tal connotación o con la que insulta a una mujer que tal vez ha tenido el infortunio de caer en el mundo de la prostitución. Cualquiera puede cometer una maldad, intencional o no intencionalmente; pero lo que los HDP le hacen a los animales va mucho más allá de esos estándares.

La famosa injuria es muy popular en la lengua castellana y, desde El Quijote hasta nuestros días es aplicada a quien no tiene valores, decencia, empatía, bondad, o cualquier otra característica positiva del ser humano. Por lo tanto, si un abusador de animales cumple con sus infames propósitos y martiriza a un animal,sí es un hijo de puta. Y aunque su madre no se haya paseado por las calles buscando clientes con típico traje de piruja, definitivamente no hizo un buen trabajo criando al hijo de puta en mención pues nunca le instiló valores de compasión, respeto y empatía hacia cualquier otro ser capaz de sufrir. No será meretriz, pero buena madre tampoco fue.

Quien masacra a un animal hasta morir… es un hijo de puta.

Quien abusa a un menor, a una mujer o a un anciano… es un hijo de puta.

Quien no tiene valores, principios, respeto, ni dignidad…es un hijo de puta.

Quien se ofrece como salvador político y luego engaña al pueblo que lo eligió… es un hijo de puta.

Quien es corrupto y traidor y tiene la cara de negarlo… es definitivamente un hijo de puta.

Y en nuestro mundo de la liberación animal, tenemos miles de momentos y miles de circunstancias en las que el uso del famoso vocablo es más que necesario. Tomemos por ejemplo las salvajes “fiestas” españolas y latinoamericanas donde los animales son masacrados y abusados hasta morir, con la venia de la iglesia católica, los políticos de los puebluchos en los que estos actos suceden y la consabida excusa de la “tradición cultural”.

Hace unos días, el toro Rompesuelas murió cobardemente lanceado en Tordesillas. A la escoria humanoide que lo persiguió, asustó, torturó y masacró le importó un soberano pepino quebrar las reglas de su propio juego o el repudio internacional, porque lo único que querían era proseguir con su fiesta sanguinaria de violencia para probarse a ellos mismos que son muy hombres. Toda esa cloaca humanoide afirma que “ama y respeta” al toro, y que lo hacen para rendir honores a la Virgen de la Peña y para recordar que en 1534 (así es, lo han leído bien) la reina Juana I de Castilla (más conocida como Juana la Loca) solía contemplar el “festejo” desde una torre. La tipa no solamente era loca sino también terriblemente cruel pues desde su torre observaba toda la trayectoria del animal desde que era liberado hasta que los lanceros le daban muerte en el prado, situado justo frente a su palacio. A la tal Juanacha, no la podríamos llamar hija de puta pues su madre, la reina Isabel, siempre rechazó las corridas de toros, aunque nunca tuvo los ovarios de prohibirlas. En este caso histórico, la demente Juana, sería hija de puto, pues su padre el rey Fernando de Aragón, sí las apoyaba y fomentaba.

En el caso reciente del Toro de la Vega en Tordesillas, el toro, que es mostrado al pueblo unos días antes durante otro encierro, recorre las calles del municipio guiado por los corredores hasta un prado localizado al otro lado del río Duero donde, a caballo o a pie, hombres y mujeres armados con lanzas concursan para masacrarlo. El primero que pinche al astado con su lanza, que tendrá una punta de unos 40 centímetros y un mango de dos metros, será el encargado de darle muerte. El animal solo podrá salvarse de la muerte si es indultado, condición que se le otorgará si consigue cruzar los límites del palenque (el terreno delimitado para la celebración del torneo) o mantenerse vivo durante el tiempo suficiente como para que los organizadores consideren que se ha “merecido” el perdón. Los hijos de puta de Tordesillas, no han seguido nunca sus macabras reglas, pues indultar al toro significaría eliminar todos sus deseos enfermizos de sangre, crueldad y abuso. En 1993, hasta un hijo de puta miembro de la Guardia Civil, en un intento de devolver al animal a la zona controlada para proceder a encerrarle, le disparó un tiro en la cabeza, según reconoce el propio patronato.

Este año, nuestros amigos y colegas de PACMA en España realizaron un excelente trabajo de movilización que impresionó al mundo entero. El partido presentó al líder del PSOE, Pedro Sánchez una petición apoyada por miles de ciudadanos para eliminar dicho linchamiento colectivo. Hicieron lo mismo con el actual alcalde del municipio, el socialista Jose Antonio González Poncela, pero éste se mostró dispuesto a continuar con el tradicional evento.

Desde el patronato de El Toro de la Vega defienden que “el ser humano está éticamente por encima de los animales, lo contrario es precisamente esa perversión moral llamada animalismo que el PACMA representa”. ¿Se dan cuenta de que tan torcidas están las cosas para estos ignorantes hijos de puta?

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, aseguró que le “avergüenza” la celebración del Toro de la Vega en Tordesillas y se comprometió a prohibir este acto de “maltrato” a un animal si es elegido presidente del Gobierno, pero hay que tener en cuenta que esta salvajada no se realiza a nivel del gobierno central, sino municipal. El líder socialista alertó a su compañero de partido y alcalde del municipio vallisoletano de que “la decisión que ha tomado de celebrarlo la toma como alcalde de Tordesillas, no en representación del PSOE”. Asegura que el partido socialista  quiere acabar con ese festejo al considerarlo un acto de maltrato animal, pero no se lo ha pedido expresamente al alcalde, al entender que la decisión se enmarca dentro de la “autonomía municipal”.

¿Les queda claro por qué es absoluta y tremendamente importante investigar, preguntar y comprometer a los candidatos políticos ANTES de favorecerlos con nuestro voto?

No sé si los lectores creerán en la ley del karma, Hades, o las llamas eternas del averno, pero yo sí creo que el peor lugar de los infiernos, reales o mitológicos, está destinado para todos esos hijos de puta. Especialmente para aquellos que martirizaron a los animales.

 

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Inconsecuencia y crueldad

Chupinazo 2014

En estos días, la actitud de los abusadores de animales ya no sorprende a nadie. Su claro especismo es tan obvio que ni siquiera vale la pena intentar argumentar con ellos; pero todas sus acciones deben llevar a la gente a la reflexión no solamente durante actos extremos como los sanfermines – fiestas bárbaras de sangre y podredumbre humanoide – sino también en cada acto personal y diario en los que la sangre no es necesariamente tan visible.

El último chupinazo de los gachupines bárbaros que siguen anhelando la España negra y pestilente lo dio nada menos que el representante local de la Cruz Roja Internacional. ¿Puede haber una inconsistencia de principios mayor  que eso? Esas son precisamente las inconsecuencias de quienes llevan en la sangre la torcida enfermedad del especismo. Al igual que los católicos hipócritas que prestan  a sus santos para la barbarie; los evangélicos que los critican teológicamente mientras invitan a los hermanitos a consumir sándwiches de pollo o quienes quieren salvar solamente a todos los perros y gatos del mundo organizando polladas o barbacoas pro-fondos. La verdad incomoda, ¿no es cierto? pero no deja de ser verdad. La inconsecuencia incomoda aún más.

Nada, absolutamente nada, justifica la actitud cruel – directa o indirecta – contra un animal. Y nadie puede negar que los animales sufren atrozmente para beneficio de los humanoides. Quien lo niegue no solamente vive en negación total y carencia de neuronas sino que también ejerce un alto grado de discriminación ante especies diferentes. El especismo ya no es solamente utilizado por los defensores de los animales; es un término que ya ha entrado al vocablo popular, al culto y al científico. Es un término moral y político que la sociedad en su conjunto ya no puede ignorar y que los enemigos de los animales se empeñarán en ridiculizar. Ninguna sorpresa a este respecto puesto que cualquier idea progresista o liberacionista siempre es rechazada al principio. Después de todo, ridiculizar una idea es muy distinto a rebatirla con hechos concretos y fehacientes. Sabemos bien que la razón está de nuestra parte, que es la parte de los animales y su legítima defensa.

Somos nosotros, sus abogados, quienes emergimos de la inconsecuencia de nuestro especismo pasado para apoyar el respeto a todos los animales y a las discriminaciones arbitrarias y crueles que los aquejan.

 

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