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Category Archives: Circos y zoológicos

Nunca olvides a los elefantes

Dumbo

En esta época de películas fantasiosas, violentas o extremadamente rápidas y bulliciosas me da mucha satisfacción que una idea de 1942 pueda llenar los cines con su mensaje liberador y justiciero.

Walt Disney fue conocido por “apropiarse” de las ideas de otros; pero no se equivocó cuando adaptó la historia de Jumbo y la convirtió en un favorito que grandes y chicos han disfrutado por muchos años.

El tierno e inteligente Dumbo de Disney que alegra las noches de cuentos de miles de niños se basó en una verdadera historia de terror que – en mayor o menor medida – se sigue repitiendo hasta la fecha por desconocimiento o indiferencia de quienes tenemos la posibilidad de detenerlo.

Jumbo fue capturado cuando era aún un bebé, luego de que sus captores mataron a su madre delante de él. Explotado toda su vida, por quince largos años, fue la atracción del Regent’s Park en Londres, donde soportó el peso de cientos de niños incluido un regordete Winston Churchill a cambio de cientos de pasteles.

Las crónicas de la época señalan que se resignó a su suerte hasta el día en que se volvió poco tolerante y hasta violento. Tal vez entonces es cierto que la indignación y el hartazgo de los mansos es más fuerte que un vendaval.

Para calmarlo, su cuidador lo acostumbró a beber whisky convirtiéndolo en alcohólico hasta su muerte. Tras su muerte, y al analizarse sus restos, se descubrió que su pobre alimentación, consistente principalmente de pasteles era la culpable de sus arranques mal llamados “violentos”. Su dentadura había sido destruida y eso le había producido intenso dolor. Sus articulaciones estaban totalmente destrozadas y, a pesar de tener solamente 20 años, su esqueleto parecía el esqueleto de un elefante de cincuenta.

Jumbo fue vendido al cruel empresario circense P.T. Barnum, uno de los mayores explotadores de animales de todos los tiempos quien siguió explotándolo y abusándolo hasta el día de su muerte. Hay diferentes relatos sobre ese fatal día. Noble, como todos los animales, se dice que murió atropellado por una locomotora al salvarle la vida a un pequeño elefante llamado Tom Thumb que iba a convertirse en la víctima. Nada de esto me sorprende. Los elefantes, desde su más tierna infancia, desarrollan vínculos familiares muy estrechos. Toda la manada se involucra en la crianza de los bebés y viven juntos por muchísimos años compartiendo experiencias y comunicándose subsónicamente con sonidos inteligentes que nuestros limitados oídos humanos son incapaces de descifrar.

No contento con haberlo explotado durante toda su vida, Barnum vendió sus enormes huesos a una universidad de Inglaterra y disecó su cadáver para seguir exhibiéndole antes la gente indolente que pagaba una entrada para seguir perpetrando su abuso.

La historia de este noble elefante llegó a oídos de la escritora Helen Aberson, quién escribió “Dumbo” en 1939. El cuento de Aberson es muy diferente a la triste vida de Jumbo, pues incluye un mensaje esperanzador y liberacionista pues hace que el espectador cuestione y pondere sobre la terrible explotación de los animales de circo. Es realmente difícil entender que, ante el vasto número de maravillosos actos humanos, aún una minoría mediocre e insensible encuentre divertido que seres inteligentes y que merecen ser libres, pasen sus vidas confinados a ser usados como entretenimiento.

La película que fue pensada y ejecutada utilizando los métodos más modernos de animación digital, fue del agrado de People for the Ethical Treatment of Animals (PETA), cuyos directivos solicitaron al cineasta Tim Burton que la película tuviera un final liberacionista y significativo; un final de justicia para Dumbo y su madre.

Ante la tremenda expectativa por la película, no faltó la ridícula petición de la Asociación de Cirqueros Española” quienes solicitaron al público que boicotee la película por considerarla nefasta a sus intereses y por promocionar un mensaje liberador para los animales de circo. Su berrinche tuvo un efecto totalmente opuesto, pues la película obtuvo un tremendo éxito en las taquillas y las entradas se agotaron. Nada ni nadie puede, a estas alturas, impedir que nuestro mensaje liberacionista llegue a todos los públicos.

Y hablando de todos los públicos, no hay que olvidar que “Dumbo” también incluye un mensaje inclusivo que demuestra que, aunque algunos seres nazcan o sean diferentes, siempre se tiene la oportunidad y el derecho de salir adelante en la vida.

La escena más conmovedora es la de la separación de Dumbo de su madre. Mi corazón se partió en dos cuando él va en busca de su mamá de quien luego lo separan; pero la más vergonzante es cuando lo visten de payaso para que actúe ante una masa de gente indolente. Eso es práctica común en los espectáculos circenses de estas épocas: bellos y dignos animales a quienes se les mata primero el espíritu para luego humillarlos con ridículos disfraces y actos en contra de su naturaleza.

En inglés, la palabra “dumb” significa “tonto”; pero los elefantes están totalmente lejos de ese concepto. Son criaturas de memoria prodigiosa, capaces de recordar y llorar por sus familiares y parientes muertos. Son artistas que disfrutan de la música y el arte, son los únicos animales, conjuntamente con los perros, que son capaces de entender instintivamente el acto de señalar y son seres altamente solidarios que, cuando están tristes, se tocan con sus trompas para ofrecer consuelo.

Al ver la película, no pude evitar desear que, al igual que Dumbo, todos los animales explotados y en cautiverio tuvieran una pluma mágica que los hiciera escapar de sus opresores. Esa pluma mágica somos cada uno de los activistas que, sin descanso, luchamos por ver jaulas vacías y por corregir todos los errores que la humanidad indiferente y cruel comete contra los animales.

Es lindo sacar mensajes positivos de películas como esta; pero lo más importante es seguir trabajando por la total reivindicación de los derechos de los animales, siendo su voz activa y potente, educando a la gente que aún no ve lo evidente y siendo totalmente consecuentes con esta justa y sagrada causa.

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¡Hasta nunca!

Goodbye RB

Hace unas horas cayó el telón, los gritos de los indolentes se apagaron, los ojos de niños indiferentes y programados hacia la crueldad se cerraron, los globos se reventaron y el dulce aroma de los algodones de dulce se desvaneció en el aire para dar paso a una celebración largamente esperada por los activistas que, día a día, luchan por los derechos de los animales.

Con enorme gusto y satisfacción vi el final de la última función del “Show más Cruel del Mundo”, el circo Ringling Brothers and Barnun & Bailey, uno de los más sangrientos, deplorables y macabros espectáculos que por 146 larguísimos años lucro con la miseria y la explotación de miles de animales.

La carpa ha quedado finalmente vacía marcando una tremenda victoria para las organizaciones de protección animal. Los que manipulaban cruelmente a los animales y los entrenaban para realizar ridículos trucos ajenos a su especie, los que comercializaban con su sufrimiento y los alejaban brutalmente de sus madres y congéneres en lejanas tierras y los dueños de las carpas de tortura, ahora tendrán que dedicarse a buscar trabajos dignos. ¿Pero qué saben ellos de dignidad? Espero que cada intento de regresar a la fuerza laboral encuentre un rotundo rechazo por parte de un público consciente. Después de todo, ¿quién querría verle la cara todos los días a alguien que torturaba a un elefante bebé, azotaba a un tigre temeroso o le arrancaba los dientes a un oso para poder hacerlo bailar? ¿Quién querría socializar con alguien que privaba a seres vivos de aire, agua limpia y descanso? ¿Quién querría estrechar la mano de un torturador que hacía enloquecer a animales hasta hacerles perder su natural dignidad? Yo, definitivamente, no.

La fuerte presencia liberacionista de entidades como PETA que vehementemente no los dejó respirar todos estos años, logró finalmente cerrar las puertas de su antro de sangre, violencia y abuso. Nada nos detuvo, ni el frío glacial en Michigan ni las altísimas temperaturas veraniegas en Arizona donde en más de una ocasión padecí de una gran insolación. Mi precio era mínimo en comparación con lo que ellos tuvieron que pagar. Yo tenía la opción de una refrescante botella de agua y la comodidad de mi casa para el descanso. Ellos no. Ellos tenían que continuar con sus abusadores, hasta el próximo pueblo, hasta la próxima ciudad, aprisionados en estrechos, incómodos y pestilentes carromatos para seguir divirtiendo a una chusma infame y carente de empatía. Una masa a la que nunca les importo su bienestar, su dignidad y sus derechos.

Nos gustaría poder afirmar que los 50 animales cautivos en ese circo irán a descansar a santuarios donde podrían intentar vivir el resto de sus vidas en ambientes lo más parecidos a sus hábitats naturales; pero, lo más probable es que los reubiquen en zoológicos. Los representantes del circo han manifestado que algunos animales irán a centros de conservación en los Estados Unidos, pero yo no creeré en eso hasta que lo vea con mis propios ojos. Los explotadores de los animales nunca dejan de pensar en la forma más fácil de lucrar con los animales. Y esta no será la excepción.

Soy consciente que esta es una victoria parcial porque no es completa de acuerdo a nuestros deseos, pero es una victoria muy significativa. Después de un arduo y extenso trabajo PETA lideró la lucha en contra de este circo y nunca les dio la menor tregua, la más mínima concesión. Ingrid Newkirk, presidenta de PETA, nunca habló a medias tintas y nos lideró en una lucha frontal contra el nefasto circo que hoy, finalmente, ha dejado de existir. A diferencia de líderes de otras agrupaciones que dicen trabajar por los derechos de los animales, ella nunca se refirió al cierre de este circo como un “final agridulce” en el que se notaba cierto tono de lástima por los explotadores. Ciertamente, a PETA le sobra la consecuencia y determinación que a otros les falta.

No hay que olvidar tampoco que, desde sus inicios, los dueños originarios de este circo, explotaron, sin el menor escrúpulo y con fines de lucro, a seres humanos que sufrían de alguna alteración física. Por sus tiendas pasaron hombres gigantes, enanos, hermanos siameses unidos por alguna parte del cuerpo, hombres elásticos, mujeres barbudas, personas con deformidades físicas, jorobados, mujeres de cuatro piedras, hermanos con microcefalia, mujeres con Síndrome de Seckel, albinos, esqueletos vivientes, y personas con la Enfermedad de Milroy. El morbo de la gente los movía a pagar por una entrada para encontrar entretenimiento al observar la miseria de esas personas. Nunca pensaron en sus sentimientos, en su vergüenza, en el atropello a su dignidad. No por gusto siempre afirmamos que cuando se trata de la explotación de un ser vivo, la violencia y la indiferencia siempre son las mismas. La especie nunca importa cuando la meta es llenar la billetera con dinero mal habido y manchado de sufrimiento.

El productor del espectáculo explicó que la decisión de cerrar se debió a la caída en la venta de entradas, especialmente tras la retirada del espectáculo con elefantes el año pasado, y los elevados costos operativos, pero todos sabemos que años de abuso animal, una multa histórica de $270,000 por violar leyes federales sobre bienestar animal (la multa más alta pagada por infracciones de ese tipo) y la presencia constante de PETA liderando a un conglomerado de asociaciones de protección animal fueron quienes les dieron el tiro de gracia.

Desde 1882, los animales sufrieron en Ringling Brothers and Barnun & Bailey cuando P.T. Barnum trajo al país a Jumbo. Y desde sus inicios, PETA inició campañas a lo largo y ancho de los Estados Unidos para denunciar los abusos contra los animales que formaban parte de los espectáculos del circo. El maltrato no se limitaban a las acrobacias dentro de las pistas, sino también las técnicas de entrenamiento que se utilizaban para domar a los elefantes.

Asimismo, en 2011, la publicación Mother Jones destapó que los elefantes de Ringling pasaban la mayor parte de su vida encadenados o viajando en trenes, bajo la amenaza constante de las crueles herramientas que sus adiestradores utilizaban. Varios años más tarde, ante las incesantes presiones de PETA, Feld Entertainment anunció que retiraría a los elefantes asiáticos de sus espectáculos de forma progresiva, enviándolos a un “centro de conservación” que había fundado para su preservación. La verdad es que tal centro no era otra cosa que un centro anexo de tortura al que ni el público ni la prensa tenían acceso porque se trataba de un centro de entrenamiento cruel y reproducción forzada.

Hoy, al ver el final del último show, esperaba ver las lágrimas hipócritas de los explotadores pues las farsas hay que llevarlas a cabo hasta el final. El maestro de ceremonias procedió a agradecer a un sinnúmero interminable de gente. No me sorprendió mucho descubrir que parte de su personal estable incluía al Ministerio de la Conferencia de Obispos Católicos, “guías espirituales” – como los llamo el presentador del circo – encargados de la vida espiritual de los torturadores y de bautizar a los hijos de los trabajadores. ¿No es esta una nueva decepción de la iglesia católica siempre ligada de una u otra forma a la explotación animal? De ellos, ya nada me sorprende, pero esto terminó por sellar el inmenso desprecio que me inspiran. Según ellos no hay absolutamente nada de malo en secuestrar a un animal, golpearlo, abusarlo, denigrarlo, maltratarlo y explotarlo hasta morir si a cambio con eso le puedo arrancar una sonrisa asquerosa y cómplice a una masa inservible. ¿Y el Papa, conoce esta situación o sigue mirando para el otro lado? Nunca olvides que él tiene el poder y la autoridad legal para terminar con estas barbaridades; para prohibir que su iglesia se hunda más y más en el lodo putrefacto de la complicidad con los explotadores de seres sintientes e inocentes.

Al final – por supuesto – el presentador les dio las gracias a los animales y pidió aplausos para esos “maravillosos artistas” que deleitaron al miserable público por cientos de años. Dijo que “los amaban”, que nunca los olvidarían y animó al público para que cantaran la clásica canción de las despedidas, Auld Lang Syne.

Se equivocó rotundamente. Los artistas aceptan participar voluntariamente de cualquier acto; firman contratos, ganan un sueldo; renuncian cuando quieren; no tienen que separarse de sus familias; no pasan ni hambre, ni sed, ni frio, ni calor; tienen derecho al descanso; no viven esclavizados ni encadenados, y, ciertamente, no son golpeados, humillados, mutilados, electrocutados y despojados de sus espíritus.

Cuando alguien ama a otros seres ninguna de estas cosas sucede. Sólo los enfermos mentales, los psicóticos, los depravados, pueden amar a alguien brutalizándolos y arrancándoles sus ganados derechos.

No, señor presentador, su patética despedida orquestada para provocar lágrimas en un público ignorante, no tiene ninguna aceptación entre la gente pensante, consciente, empática y ética. Y su repugnante intento de aplicar la letra de la tradicional canción de las despedidas a este momento triunfal de PETA y de todos los que por cientos de años trabajamos por la liberación de los animales, también fue fallido.

La letra de Auld Lang Syne dice:

No es más que un hasta luego,

No es más que un breve adiós,

Muy pronto junto al fuego

Nos reunirá el amor.

Para Ringling Brothers and Barnun & Bailey ya nunca jamás habrá un “hasta luego”. Este no es “un breve adiós”; es un adiós definitivo, concreto, terminal, para siempre…

No existe ningún “muy pronto” ni ningún “amor” y el único fuego en el que se encontrarán, si es que es cierto que existe, será el fuego del más terrible de los infiernos en el que espero terminen todos aquellos que abusan a cualquier animal.

Celebremos esta victoria para los animales; pero no nos descuidemos y sigamos trabajando arduamente hasta que todas las carpas del mundo caigan al suelo, vacías. Aún tenemos mucho trabajo por hacer; aún nos quedan muchas victorias por proclamar; aún nos quedan jaulas por abrir, pero, en este domingo histórico, disfrutemos, desde lo más profundo de nuestro ser, la satisfacción de haber cerrado un centro nefasto de horror y crueldad y repitan conmigo, a todo pulmón:

¡Hasta nunca Ringling Brothers and Barnun & Bailey!

 

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Amigos de verdad

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A propósito de la reciente y magnífica noticia del cierre total del infame y cruel circo Ringling Brothers y Barnum & Bailey escribir este artículo es pertinente y llego a hacerlo por otra razón en la que los tiempos también coinciden mágicamente. Nada sucede por casualidad en nuestras vidas, todo es causalidad. Y aunque a veces no entendamos los tiempos de Dios que se mezclan, en menor forma con el destino, todo sucede en el tiempo y en el momento correctos. Ni un segundo más, ni uno menos, producen la lección para enseñar o para aprender. Estoy agradecida que así sea.

La amistad no es un sentimiento exclusivo de los seres humanos. Sucede y se desarrolla también entre los animales para nuestro asombro y regocijo. El Internet nos ha dado pruebas infinitas de ello y no solamente entre congéneres sino también entre especies que, de acuerdo a nuestro limitado conocimiento del mundo animal, deberían ser enemigas y antagónicas. El instinto, en la naturaleza, a veces no sigue la Ley implacable de la Selva.

Los elefantes son seres magníficos, interesantes e imponentes. Recuerdo que la visión de un elefante asiático era la primera figura que se distinguía en el Zoológico de Barranco que era el zoológico que existía cuando era niña. Las veces que fui me maravillaba observando la agilidad y manualidad de su trompa y su gracia lenta que para muchos quizás podía pasar por torpeza. Nunca supe cómo un ser de tierras tan lejanas había llegado a Lima; nunca lo cuestioné, pero siempre noté su soledad infinita la cual se reflejaba con un continuo movimiento de cabeza que años más tarde aprendí que era locura.

En el colegio me enseñaron que vivían en grandes grupos generalmente dirigidos por una hembra y que establecían relaciones familiares y de amigos de por vida. ¿Dónde estaba entonces el resto de su familia? ¿Dónde estaban los otros elefantes? Tuvieron que pasar muchos años para saber la verdad y para decidirme a levantar el estandarte de su causa. Hoy, que debido al cierre definitivo de un centro de explotación y crueldad llamado circo, celebro su libertad, también reflexiono sobre los sentimientos de empatía, de amistad y de lealtad que comparten con sus congéneres.

Un artículo publicado en el Diario en línea PeerJ informa que cuando un elefante se da cuenta de que uno de sus compañeros y amigos se encuentra triste o molesto, se acerca a él o a ella para acariciarlo y producir un sonido especial que demuestra empatía.

Científicos del Elephant Nature Park estudiaron el comportamiento de 26 elefantes hembras en la provincia Chiang Mai en Tailandia. Se excluyeron a los machos por razones de seguridad. Con mucha paciencia, esperaron que ocurriera una situación natural de estrés y cuando esta surgió, observaron que ellas se acariciaban una a la otra, sobretodo dentro de sus bocas. En el mundo de los elefantes, esa acción es como darse un abrazo. Asimismo, producían sonidos vocales para consolarse y reafirmar su presencia mientras que creaban un círculo de protección alrededor de la elefanta que experimentaba el estrés.

Los elefantes muestran empatía, amistad y apoyo entre ellos de manera constante y permanente, sobre todo si se trata de una manada liderada por una matriarca, elefantas, bebitos y machos inmaduros. Ellos celebran los nacimientos de sus nuevos miembros y lloran a sus muertos demostrando profundas emociones. Cuando es necesario ayudan a cuidar a los bebés de otras elefantas, les enseñan todo lo que un elefante debe saber en esta vida y apoyan con determinación, cariño y paciencia a los miembros débiles o heridos del grupo. Su empatía y compasión, realmente no tiene límites. Ser un amigo preocupado, compasivo y leal los eleva a niveles emocionales superiores.

Y en nosotros, los seres humanos, el sentimiento de la amistad puede también llegar a ser así de profundo. No voy a negar que yo estoy completamente parcializada con los animales; pero también creo que, en este mundo destructivo y cruel, aún quedan humanos que valen la pena y que son como los elefantes: fieles amigos que están siempre presentes para animarnos, consolarnos y ayudarnos. Amigos de verdad, a prueba de balas, amigos-elefantes.

Hace unos años, una de mis comediantes favoritas y activista por los derechos de los animales, Consuelo Duval concedió una entrevista en la que rememoró uno de los mejores consejos que le dio su difunto padre:

“Hija mía, en la vida, tienes que ser como un elefante. Tienes que tener los pies bien firmes en la tierra; las orejas enormes para saber escuchar bien; la boca chiquita para no hablar de más; una piel fuerte para que los golpes de la vida no te tumben y una memoria extraordinaria para que jamás olvides agradecer a Dios por todo lo que te ha dado”. Considerando que tengo una poderosa memoria de elefante, yo añadiría que esa misma memoria también me servirá para nunca olvidar lo que mis buenas amigas hicieron por mí hace unos días cuando la vida me pasó duras y álgidas facturas. El refranero castellano claramente dice que “más vale un buen amigo que mil parientes” y eso es cierto porque los amigos son la familia que uno escoge y no la que a uno le toca.

Mi labor es escribir sobre temas que involucran a mis maravillosos hermanos animales, pero hoy haré una excepción y me adentraré en el mundo de los humanos; de aquellos que, aunque no compartan del todo mis ideales y principios, han sabido tratarme como los elefantes que protegen con amor y empatía al miembro de la manada que más lo necesita. He sentido su amor, su calor, su compasión, su tolerancia y su comprensión en los momentos en los que pensaba que ni mi cuerpo ni mi alma podían dar más. Recogieron las piezas esparcidas por todas partes y con manos de alfareras expertas las volvieron a unir para dejarme más unida, más fuerte y más resistente. Eso para mí no tiene precio. Mi alma, mi mente, mi corazón y mi memoria de elefante lo ha grabado indeleblemente en los archivos eternos de mi agradecimiento.

En esta semana de triunfo, valoro más que nunca la verdadera amistad que consigue llenar de riqueza la estéril vida que sin ella nos quedaría.

Mil gracias a mis hermanas de corazón, a las que constituyen esa otra sangre, que es la que, a veces, la que más cuenta.

Con cariño, gratitud y amistad especiales para Neny, Charito P., Charito H. y Rosita.

 

 

 

 

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¡No más Ringling Brothers y Barnum & Bailey!

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El gen de justicia que todos los que luchamos por los derechos de los animales poseemos se encuentra como marca indeleble en nuestro ser, en nuestro corazón y en nuestro cerebro. A veces se manifiesta a una edad temprana y otras veces, se encuentra latente, en espera de una ocasión o un evento particular para emerger con toda la fuerza necesaria para cumplir la misión por la que vinimos a este mundo. Mucha gente puede creer que esa misión solo existe en nuestra imaginación y nuestro ego; pero quienes hemos dedicado nuestra vida a esta causa sabemos que nuestras acciones, nuestro compromiso y nuestra participación – en diferentes medidas e intensidades – es el motor que nos mueve a seguir pese a todos y a todo.

Ninguna causa justa obtiene logros y victorias de la noche a la mañana. Hemos sido testigos de que todo movimiento social importante pasa por etapas específicas. Al inicio, la gente que no está involucrada o que aún no puede ver la realidad recurre a la burla, al ridículo. Se mofa de las razones por las que un grupo de personas dejan su zona de confort, realizan sacrificios y dedican su vida a defender los derechos de los abusados y explotados. Luego se pasa a una etapa de comprensión o entendimiento cuando algunos empiezan a dar crédito a la lucha para luego terminar aceptando su validez y considerar unirse a ella.

Esta lucha tiene altos y bajos. Todos lo sabemos y lo hemos sentido a lo largo de nuestras propias experiencias. Terminamos de celebrar una victoria ganada a pulso y con muchísimo esfuerzo y el sabor de la victoria es efímero porque ya otra crueldad nos llama a la acción. La vida del activista por los derechos de los animales es dura, difícil, álgida….pero también es muy reconfortante y satisfactoria cuando una victoria de mayor envergadura nos ratifica que estamos trabajando por lo que es correcto, ético, decente, purificador.

Y eso ha sucedido hoy al enterarnos que todos nuestros años de trabajo y dedicación han dado frutos. El circo Ringling Brothers y Barnum & Bailey, uno de los centros de mayor explotación y abuso de animales a nivel mundial, cerrará sus puertas en mayo de este año. Este antro de crueldad y esclavitud ¡no va más!

La raza humana siempre ha tenido una inquietante curiosidad por ver de cerca a animales exóticos o a animales domésticos realizando estúpidos trucos inapropiados para su especie. En su insano afán de estar cerca de estas maravillosas criaturas, nunca dudaron en pagar el precio de una entrada que garantizaba de seguro la brutal explotación de un animal que luego de ser arrancado de su hábitat natural era sometido y vejado con castigos, humillaciones y crueldades de todo tipo. Si en tiempos antiguos la gente no tenía mucho acceso a la cruel verdad de lo que sucedía con los animales en el mundo del espectáculo; en tiempos actuales y teniendo toda la información pertinente, alguna gente siguió asistiendo al circo llevando a sus hijos para enseñarles a ser indiferentes, limitados y especistas como ellos.

Anteriormente hablaba del gen de los activistas porque pienso que por muy pequeña que sea una persona, hay un momento preciso en el que nuestro cerebro y nuestro corazón nos enseña muy claramente a distinguir lo bueno de lo malo; lo justo de lo injusto, lo decente de lo indecente. Mucha gente piensa que los niños no adquieren por sí mismos esa capacidad; pero eso no es cierto. Un niño, con las capacidades pertinentes a su edad en el lugar correcto, puede racionalizar claramente la crueldad y el abuso que se cometen contra un ser indefenso, explotado y sojuzgado.

Cuando yo era niña, asistir al Circo Ruso de Moscú era todo un evento. En esa época obscura en la que la explotación de los animales era algo de todos los días, tener una entrada para ese espectáculo podía considerarse todo un privilegio. Mi padre, ignorante aún de la explotación de los animales en un circo, me llevó a ver un espectáculo que no disfrute del todo. Recuerdo que me impresionaron sobremanera las habilidades de los trapecistas y malabaristas que realizaban trucos que yo no hubiera podido hacer nunca; pero mi corazón se desgarró cuando vi a los osos, que disfrazados como payasos, obedecían sin chistar las órdenes de los domadores que los obligaban a bailar melodías rusas, a montar bicicletas y a comportarse como payasos mientras que todos los mocosos a mi alrededor aplaudían a morir embutiéndose de golosinas grasientas y atiborradas de azúcar. Probablemente hubo también otros animales, pero los majestuosos osos marcaron una indeleble impresión en mí.

Para desgracia de mi padre, a mí nunca me gustaron las historias de princesas inútiles, dibujos animados, o muñequitas espigadas o necesitadas de un cambio de pañal. Es por eso que, a la hora de leerme un cuento o una historia, mi pobre papá tenía que recurrir a historias reales e interesantes que él inventaba o sacaba de libros. Nunca olvidaré las horas que él pasó leyéndome las interesantes historias de “El Libro de los Por qué” del Tesoro de la Juventud o de la Enciclopedia Uthea. Yo recordaba que una vez me había contado la historia de un oso pardo poderoso y fuerte y fue por eso que, al salir del circo, le pregunté por qué los osos del circo no se rebelaban contra sus domadores y los obedecían sumisamente. Él me dijo que el oso de su historia era un oso libre que vivía en su elemento pero que los osos del circo estaban “amaestrados”. Tal vez, sin quererlo, esa noche me enseñó más que el significado de una palabra nueva. Me enseñó que el especismo estaba presente en cada una de esas funciones y que animales poderosos, fuertes y magníficos eran reducidos a seres sin voluntad y sin alma. Solamente años más tarde aprendí que solamente a través de crueles maltratos y explotación se puede llegar a sojuzgar el espíritu de animales magníficos como esos, que, si quisieran, podrían eliminar a sus captores en cuestión de segundos. Comprendí que la misión de los explotadores es matar el espíritu y aplastar el alma, la naturalidad de estos seres para convertirlos en esclavos y títeres con los cuales lucrar.

Después de esa noche nunca más en mi vida pise un circo con animales.

Por supuesto que Ringling Brothers y Barnun & Bailey jamás admitirá que el cierre de sus puertas se debe al trabajo incansable y persistente de los activistas por los derechos de los animales. Los explotadores nunca admiten nuestro poderío y nuestra persistencia. Ellos aducen que cierran porque existe una gran reducción en el número de asistentes y por problemas económicos; pero la verdad es evidente. Aunque aún nos falta seguir educando a más gente, muchos por fin entendieron que el precio de su entrada fomentaba la explotación de los animales y que sus hijos realmente no aprendían nada bueno al ser indiferentes ante ese sufrimiento.

Ahora nos saldrán con frases baratas y repetitivas en las que hablarán del fin de la “familia circense”, de la pérdida de trabajo de muchos empleados y no nos sorprenderemos si también involucran a un par de niños para que lloren delante de las cámaras diciendo que extrañaran esta tradición familiar. La explotación, abuso, y crueldad contra los animales jamás será un “sano pasatiempo familiar”.

Los abusadores aún llevarán a cabo 30 presentaciones más en Atlanta, Washington, Filadelfia, Boston, Nueva York y Rhode Island y allí estaremos presentes, aún con más fuerza para seguir educando y protestando contra la explotación y el abuso. Ni nuestra voz se apaga, ni el cansancio llega cuando se trata de la total liberación de los animales.

Mucha gente olvida o ignora que estos circos empezaron a lucrar no solamente con la explotación de los animales sino también con la explotación de seres humanos que eran anormales o presentaban algunas características peculiares. El morbo de la gente los llevaba en masas a contemplar a la Mujer Barbuda, La Mujer Sirena, El Hombre de Goma, Siameses de todo tipo, enanos y cualquier otro tipo de persona deforme o anormal. Nunca hay que olvidar que la crueldad es exactamente la misma: Lo único que cambia es la víctima.

Después de más de 36 años de lucha constante, People for the Ethical Treatment of Animals (PETA), celebra que el “Show más triste del planeta” llegue a su fin. Ingrid Newkirk, presidenta de PETA espera que otros circos sigan ese ejemplo y se den cuenta que estamos en el año 2017, una época en la que espectáculos de este tipo no son ni necesarios, ni bienvenidos.

Fue en 1882 cuando Barnum arrancó de su hábitat natural a Jumbo, un elefante asiático que fue traído a América para “entretener” a una masa ignorante e indiferente. Y es en el 2017 cuando los esfuerzos de los activistas se ven premiados con esta tremenda victoria merecida, ansiada, esperada y trabajada por muchos años de perseverancia y compromiso.

Hoy es un día victorioso para los animales y sus defensores. Hemos roto importantes cadenas, cadenas que mucha gente pensó eran inquebrantables. Celebremos la victoria y recarguemos nuestras energías, porque, como ya bien saben, aún nos quedan otras cadenas por quebrar.

¡Hasta la victoria final!

 

 

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¡Cecilia es libre por fin!

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Cecilia, un chimpancé del zoológico de Mendoza en Argentina es a partir de ahora un “Sujeto de Derecho no Humano” de acuerdo a una corte de Mendoza.

Los periódicos lo califican como un hecho “inusual o insólito” pues el especismo y la negación de derechos básicos de cualquier criatura viviente aún le parecen cosa de otro mundo a la mayoría de la gente. Esto se logró gracias al fallo de la jueza María Alejandra Mauricio quien aprobó la excarcelación, o lo que en Justicia se denomina habeas corpus, presentada por la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (AFADA), apoyados por el Proyecto Gran Simio.

Cecilia, que por ser chimpancé debería gozar de la compañía de su familia y congéneres, tenía una vida solitaria en el zoológico de Mendoza. Sus compañeros habían muerto y por más de 30 años tuvo que soportar una vida miserable ante la indiferente mirada de quienes aún no entienden que los animales no existen para entretenernos

El respeto y la consideración que los animales se merecen no puede estar basada en su nivel de inteligencia, pero es preciso destacar que los chimpancés son animales sumamente inteligentes, sociables y sensibles. Son capaces de solucionar problemas matemáticos, aprenden el lenguaje de los signos utilizando más de 300 palabras, usan herramientas, tienen conciencia de sí mismos, capacidad simbólica y transmiten su cultura de generación en generación; pueden aprender el lenguaje de los signos con un vocabulario de unas 300 palabras, y son incluso superiores a nosotros en muchas habilidades de memoria matemática. Cooperan con sus congéneres, pero también pueden ser manipuladores y mentirosos, una astucia muy humana para la que hace falta un desarrollo cognitivo complejo. Solo ellos y nosotros sabemos elaborar una mentira.

Debido a las horribles condiciones de vida en las que Cecilia vivía, la jueza Mauricio admitió el trámite habeas corpus considerando a Cecilia “persona no humana” y ordenó su traslado a un Santuario de Chimpancés de Sorocaba en el Estado de Sao Paulo en Brasil donde finalmente convivirá con otros animales de su especie en condiciones óptimas para ellos.

En este caso el habeas corpus descosifica a los animales y los reconoce como seres con derechos. No se trata de otorgarles los mismos derechos que poseen los humanos, sino de aceptar y entender de una buena vez que son seres vivos, sujetos de derechos y que les asiste, entre otros, el derecho fundamental a nacer, vivir, crecer y morir en el medio que les es propio según su especie.

Cuando era pequeña, una de las películas que más impactó esos años de mi vida fue la famosa “Bajo el Planeta de los Simios”. Nunca me gustó su protagonista, Charlton Heston, pero los personajes que interpretaban a los simios me fascinaron. La analogía del zoológico humano me hizo pensar, seriamente y por primera vez, en la tremenda injusticia que implica encarcelar y esclavizar a otros seres sintientes, alejándolos de sus hábitats naturales, de sus familias, de sus amigos, de su vida natural y libre.

Escenas de esta saga quedaron grabadas en mi mente para siempre y pasaron a formar parte de los cimientos de mi activismo por los derechos de los animales. Con el tiempo, la saga continuó y con la ayuda de la tecnología moderna se filmó “El Origen del Planeta de los Simios”, una película hecha enteramente con animatrónicos e imágenes generadas con computadoras, para evitar utilizar el uso de cualquier animal. Nunca olvidaré la escena crucial de la película cuando César finalmente detiene el golpe que uno de sus abusadores le iba a propinar y dice “¡No!”. Y con ese rotundo y profundo “NO” él marca el final de la explotación de su especie.

Cuando soy consciente de la forma en la que estos magníficos animales sufren en circos, zoológicos y laboratorios de experimentación, sueño con un César que vuelva a detener el abuso y la explotación en cada uno de esos lugares. Pero, de inmediato, la fantasía se convierte en realidad y sé que cada uno de nosotros puede y debe ser ese César liberador y justiciero. Está en nuestras manos luchar por sus derechos y educar a la gente. Es nuestro deber ser su voz.

Hace un tiempo, con la finalidad de evitar el uso de simios en la industria del entretenimiento, PETA (People for the Ethical Treatment of Animals) y la compañía BBDO crearon un anuncio público en el que se utilizó un chimpancé totalmente computarizado, un CGI (imagen generada por computadora) como se le conoce en inglés. Tal fue la perfección y el detalle utilizado en su producción que el mundo quedó paralizado ante tanto realismo. Este chimpancé es el presente y el futuro, un mundo en el que no necesitamos utilizar a los animales para nada. Lo interesante es que la producción de BBDO quiso que su chimpancé fuera aún más real que los utilizados en “El Origen del Planeta de los Simios”. Y para lograr su meta, contrataron a un actor para centrarse en sus expresiones faciales y movimientos físicos y luego sobre imponer las imágenes animadas de los rasgos del chimpancé. ¡Hey!, no hay que olvidar que, después de todo, compartimos 98% de nuestro ADN con ellos.

Fue tanto su nivel de perfeccionismo que se le dio un poro a cada folículo piloso de la piel del chimpancé. Los resultados fueron asombrosos, como podrán apreciar en el video que adjunto.

Finalmente, debo decir que la noticia sobre Cecilia es, en verdad, esperanzadora pues el cruel zoológico que fue su sucia y deplorable cárcel se convertirá en parque ecológico y ella, por primera vez en su vida, podrá gozar de su merecida y bien ganada libertad.

 

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Voto desperdiciado

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Lo que está sucediendo en la presente campaña electoral de los Estados Unidos rompe todos los esquemas electorales de campañas anteriores. No por la polémica y el debate que debía centrarse en los asuntos importantes para el país sino por la nefasta presencia de un tipo megalómano, racista, ignorante, misógino, y pedante.

Si en la actualidad el que conoce los esquemas, estrategias y movidas de los políticos basados en su estudio y experiencias con ellas es un politólogo; yo ostento el título de estupidotóloga. Mis experiencias diarias con especímenes de todo tipo me han convertido en experta en detectarlos. Apenas abren la bocota, mis sensores entran en acción para detectarlos, corregirlos y esquivarlos ya que, de acuerdo a la ley, lamentablemente, no puedo eliminarlos para siempre.

En nuestra carrera profesional como activistas de los derechos de los animales nos hemos encontrado con muchos abusadores tipo Trump, especialmente en el campo de la lucha anti-taurina. Los mencionados mequetrefes son dignos representantes de la lacra que representan: cobardes, mezquinos, rastreros, ignorantes, ciegos ante los hechos, respondones con el mismo chip repetitivo de siempre y, sobre todo, siempre dispuestos y entrenados para esquivar las respuestas concretas que se les hace. Si en un debate les comprobamos con pruebas fisiológicas, neurológicas, veterinarias y racionales que el toro está sufriendo en carne viva las terribles torturas a las que lo someten, nunca dejen de responder con sus burdos, absurdos y estúpidos comentarios de siempre: “que la tauromafia es cultura; que el toro no sufre sino que experimenta placer con las banderillas y lanzas; que viven a cuerpo de rey en las dehesas; que varios escritores y pintores mediocres son taurinos y – el mejor de todos – que ellos masacran terriblemente a los toros porque los aman con locura.

Ese mismo discurso distorsionado, aberrante y alevoso es el que el candidato por el partido republicano ha utilizado desde el inicio de su campaña para alcanzar la Casa Blanca. A pesar de que sus muy bien pagados asesores lo han entrenado para que no abra su bocota; el susodicho no puede contener el ímpetu de su soberbia. Dice barbaridades, insulta, y atropella a minorías raciales, discapacitados, mujeres, soldados, y demás para luego ofrecer ridículas disculpas que nadie cree. Bueno, que las personas conscientes y con cerebro, no creen.

Los dos candidatos a la presidencia de los Estados Unidos están totalmente polarizados y cuando consideramos los asuntos que nos importan a nosotros, los activistas por los derechos de los animales, esta brecha no podría ser más extensa. No me quedo corta al decir que los resultados de esta campaña electoral afectarán de manera crucial las vidas de millones de animales y del medio ambiente que compartimos.

Es sabido que el partido republicano respalda totalmente a grupos de intereses específicos como la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) la Asociación de Productores de Ganado y las industrias basadas en combustible fósil, quienes siempre se han empeñado en impedir los alcances de la Ley Protectora de Especies en Vías de Extinción (ESA, por sus siglas en inglés). De acuerdo a un reporte publicado en el 2015 por el Center for Biological Diversity los ataques republicanos para desestimar a la ESA aumentaron hasta en un 600%. Y no solamente eso, esos grupos de interés también han financiado las campañas políticas y han contratado lobistas para promover sus agendas obviamente orientadas al mantenimiento de la explotación de los animales.

El voto republicano también favorece el uso de armas, obviamente apoyado por los cazadores de la NRA. Las sumas de dinero invertidas para impedir cualquier regulación pertinente son gigantescas, y el mismo Trump ha declarado que eliminará áreas libres de armas alrededor de algunas bases militares y escuelas públicas.

En lo que constituye una tremenda aberración y evidente ignorancia, Trump ha afirmado que el calentamiento global no existe; que no tenemos ningún problema medio ambiental y que la EPA (Environmental Protection Agency) no contará con los fondos necesarios para sus funciones. Para Trump y sus secuaces, el grave problema del medio ambiente que está estrechamente vinculado a las granjas industrializadas donde se explota salvajemente a los animales y se destruye sistemáticamente al planeta, es un mito creado por los demócratas y los liberales. Algunos de los congresistas republicanos hasta han llegado a decir que el dióxido de carbono es “bueno para las plantas” y que el planeta está más verde que nunca”.

Ahora bien, somos plenamente conscientes que, como política y persona, Hillary Clinton también ha cometido fallas y tiene algunas explicaciones que dar; pero debemos tener presente que ella, y no su marido, es la que está postulando a la presidencia. Debemos tener muy en claro las dos opciones que están en la mesa y darnos cuenta cuál representa un tremendo suicidio político para los Estados Unidos y cuál no. Aunque la respuesta se caiga por su propio peso, es un decepcionante hecho saber que muchos votantes norteamericanos apoyan a Trump y a toda su verborrea racista, misógina y negativa para los animales.

Para los que trabajamos por los animales, ninguno de los dos partidos ofrece opciones 100% favorables a los animales. Eso sería ideal; pero debemos ser realistas. La opción demócrata apoya las iniciativas relacionadas al medio ambiente y a la conservación de las especies. Los representantes demócratas en el congreso han pasado iniciativas sobre la cacería de especies en peligro de extinción – las presas favoritas de los hijos de Trump – y publicaron un informe determinando que los pagos por licencias de caza no ayudan a los proyectos conservacionistas, como arguyen los cazadores.

Una de las promesas electorales de Clinton es que protegerá la vida silvestre de los Estados Unidos manteniendo dichas áreas públicas para que no puedan ser vendidas al mejor postor. También ha prometido continuar su lucha contra el tráfico internacional ilícito de animales silvestres cerrando todos los mercados estadunidenses que comercian con productos obtenidos de dichos animales. Por muchísimo tiempo Clinton se ha opuesto al tráfico internacional de marfil y hasta conformó una agrupación con los presidentes de varios países africanos para luchar contra los cazadores de animales.

Su record en el congreso a través de los años demuestra también su compromiso con los animales de compañía. Fue co-autora de la Ley Senatorial 311 que prohibía el transporte, posesión, compra y venta de caballos para el consumo humano y de la Ley Senatorial 261 que establece penas mayores para quien viole la ley federal contra las peleas de perros, gallos y otros animales.

Clinton ha presentado un plan de siete pasos destinado a incrementar el control de armas mediante revisiones exhaustivas para quienes soliciten licencia para portar armas. Su plan incluye eliminar la inmunidad de los fabricantes de armas que están esperando juicio, la prohibición de armas de asalto, restricciones más severas en shows de compra y venta de armas y por Internet y la prohibición para que los perpetradores de violencia doméstica y los enfermos mentales posean armas.

Los demócratas en el congreso también han tratado de bloquear un sinnúmero de beneficios para los cazadores propuesto por los republicanos, la NRA y el Safari Club International, una organización pro-cacería.

A la fecha, muchos estados ya han cerrado su fecha límite para la inscripción electoral. En las elecciones de noviembre se están jugando muchísimas cosas de tremenda importancia para la nación. Como era de esperar, cualquier tema directamente relacionado a los derechos de los animales no ha sido directamente considerado; pero depende de nosotros que la futura administración los incluya. No son temas triviales o sin importancia. Son temas de gran repercusión para la población pensante y para los animales: el impuesto a la carne, la clausura de parques acuáticos, el reconocimiento de los animales como seres poseedores de derechos, el impulso de verdaderos métodos científicos de investigación y la galopante crisis de salud en el país con masivas cantidades de personas muriendo a diario de cáncer, enfermedades cardíacas y obesidad mórbida.

No podemos desperdiciar nuestro voto apoyando a un advenedizo sin los planteamientos sólidos, el carácter o la moralidad que el cargo de presidente de los Estados Unidos exige. Al margen de nuestras inclinaciones políticas o nuestras simpatías personales, es también nuestro deber como activistas pensar en lo que será más beneficioso para la causa que defendemos, la sagrada causa de luchar por los derechos de los animales.

 

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Hartazgo en acción

Hartazgo

¿Seré yo, o será una condición que llega con la madurez? Últimamente el hartazgo tarda mucho en despedirse de mí para permitirme seguir viviendo en esta maraña de gente cada vez más innoble, cada vez más impía, cruel y estúpida. Dicen por allí que el hartazgo tal vez es una oportunidad para eternizar el olvido; pero el olvido es precisamente un lujo que los activistas por los derechos de los animales no nos podemos dar.

En estas últimas semanas hemos sido testigos de dos actos particularmente indignos en los que la estupidez humana le ganó la partida al sentido común, a la decencia y a la empatía que se espera, por lo menos en una cantidad ínfima, de seres que voluntaria y conscientemente han esclavizado a animales a quienes privaron de sus familias, sus hábitats y sus vidas como seres de la creación.

El primer caso en el zoológico de Santiago en Chile donde un demente desnudo se arrojó al foso de los leones. Los medios rápidamente se apresuraron a decir que “las imágenes podían herir susceptibilidades” pues los leones, molestados por el loco suicida, empezaron a hacer lo que les dicta su naturaleza. No atacaron al imbécil porque eran leones malos, asesinos o ávidos de sangre, sino porque así lo determinaban siglos y siglos de naturaleza establecida. ¿Y dónde quedó la susceptibilidad por los disparos que acabaron con estos magníficos animales? Estoy completamente segura que en ese momento también había niños presentes, pero, en esta sociedad especista y cruel, ese detalle queda olvidado. Con taparles los ojos y comprarles una golosina barata para que se les pase el susto basta. De allí, a cogerlos de la mano y a seguir enseñándoles la larga fila de esclavos que, con ojos tristes, con el espíritu muerto y con claros signos psicóticos deambulan en círculos en eternas jaulas esperando el día en que la muerte los libere. ¡Linda lección para los niños¡¡Excelente lección en valores, en principios, en la idea central de lo que la libertad, el respeto y la decencia significan! Su desensibilización se refuerza y su capacidad de empatía se reduce a niveles mínimos, reforzando la idea de que los animales están en este mundo para servirlos, para comerlos, para usarlos, para entretenerlos, para matarlos a balazos cuando la vida de “cualquier” humanoide – aunque éste no valga la pena – esté en riesgo. Esa fue precisamente la excusa especista de Alejandra Montalva, la directora del zoológico chileno, cuando fue entrevistada por la prensa.

Y luego, en el Zoológico de Cincinnati, después de más de 17 años de explotación y cautiverio, el gorila Harambe murió baleado por la irresponsabilidad de una tipa incapaz de controlar a su hijo. Harambe, siendo gorila, teniendo en sus genes la característica de ser un animal sociable y familiar, y siendo vegetariano, siempre asumió una actitud de protección frente al mocoso intruso. Pero los gritos de los humanoides, la confusión y la premura del momento, tal vez lo confundieron un tanto al punto de que arrastró al niño sin saber qué hacer. Los que sí supieron que hacer fueron quienes lo mataron bajo el pretexto de “salvar” la vida del niño.

Luego de la injusta muerte de Harambe, la etóloga Australiana Gisela Kaplan de la Universidad de Nueva Inglaterra afirmó que el niño nunca estuvo en peligro pues él, por ser un niño, no representaba una amenaza para el gorila. Harambe hubiera entendido que se trataba de un niño indefenso necesitado de protección. Kaplan dijo que los gorilas no son una especie agresiva y que, si el gorila hubiera querido dañar al niño, le hubiera dado alguna señal de advertencia, como golpear repetidamente su pecho, a la mejor usanza de los gorilas protectores de su grupo.

Harambe estaba investigando lo que sucedía y por eso se dirigió al lugar en el que el niño estaba. Él simplemente estaba siguiendo su comportamiento natural y probablemente su intención fue mover al niño lejos de todos los gritos de la gente. Entre los primates, los gritos solo se utilizan en situaciones extremas y cuando esto sucede sus niveles de estrés se elevan.

Finalmente, Kaplan dijo que la muerte de Harambe tendrá un tremendo impacto en el grupo de gorilas. Todos sentirán el duelo y no podrán reemplazarlo con otro macho. Los gorilas tienen una conexión afectiva muy estrecha y el grupo entero quedará destruido.

Son este tipo de acciones las que me llenan de un hartazgo un tanto paralizante. Todo esto sumado a otras noticias que claramente indican que algunos seres humanos son la peor maldición que le pudo caer al mundo animal. Animales abusados en las calles, animales hacinados en pseudo-albergues por personas que – aunque tal vez bien intencionadas –  no entienden que una vida de privación y de miseria NO es la vida que ningún animal merece. Gente mentalmente inteligente que aún me sale con la excusa de que no hay suficiente comida vegana para satisfacer su paladar adictivo; gente enferma que a pesar de sus padecimientos sigue aferrada con uñas y dientes a los cadáveres y secreciones animales que les produjeron dichas enfermedades; gente que, en este tiempo y época, aún cree que tomarse una maldita foto con un animal en cautiverio es algo digno de reconocimiento y celebración.

Nos acusan de ser misántropos, pero, ¿cómo se puede ignorar, superar, olvidar o perdonar toda la serie de crueldades perpetrada sobre seres inocentes a los que la humanidad ha esclavizado desde el principio de los tiempos? ¿Hasta cuándo tendremos que esperar, o, mejor dicho, hasta cuándo tendrán ellos que esperar?

Hay momentos en los que desearía que una gigantesca revuelta ávida de justicia contagiara a todas las especies animales del planeta, que una hecatombe animal, similar a la transcendental escena de César diciendo “¡Noooo!” en el Planeta de los Simios, cayera con todo su poderío y fuerza contra los humanos explotadores y abusivos. Solo nos salvaríamos quienes los defendimos y protegimos a TODOS, salvaguardados con una “V” indeleble como señal de aceptación de un nuevo pacto de vida, libertad y justicia. Podemos tener sueños legendarios y épicos, ¿no? Pero en el entretiempo, hay que saber trabajar coordinadamente y sin ridículas envidias y rivalidades que de nada les sirven a los animales. Ellos no tienen tiempo para esperar a que se decida que foto, que cara o que logo se publica en la prensa.

Y para que eso suceda, hay que saber seguir los ejemplos eficaces, correctos; los ejemplos modelos como los que a mí me da mi Alma Mater, PETA. Nadie en el mundo entero trabaja como ellos; nadie tiene el mismo nivel de compromiso, de eficacia, de estrategia, de energía y de positivismo pese a la crueldad más extrema.

Estar con ellos hace unas semanas fue un bálsamo reparador para mi espíritu cansado y harto. Ahora mismo que necesito una inyección de paciencia y energía solo tengo que escribirles y el milagro sucede. Me levanto del hartazgo, miro un reflejo cansado en el espejo, y a la segunda vez, sé que no queda otro camino que seguir y seguir y seguir. No me queda otra opción con la que pudiera vivir tranquila. Sé que es la opción correcta, la única, la válida, la verdadera….

Bien lo dijo Schopenhauer, “La existencia humana debe ser una especie de error”. Concuerdo con él al cien por ciento (con honrosas excepciones, por supuesto); pero mientras dure esta batalla terrenal, no me queda otra que seguir luchando.

 

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