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Category Archives: Veganismo

Hitler nunca fue vegetariano

holocaust

La propaganda nazi, capaz de convencer a una gran mayoría de europeos durante la Segunda Guerra Mundial, fue una maquinaria efectiva, muy bien organizada y convincente. Sus maquiavélicos planes alcanzaron muchas metas y entre ellos, podemos citar la mentira de que Hitler amaba a los animales y era vegetariano.

No descarto la idea de que un ser cruel y despreciable como él les haya tenido afinidad. Hay que recordar que los animales son tan nobles que no saben distinguir a un monstruo de una persona buena. Durante su gobierno se pasaron algunas leyes a favor de los animales como la “regulación” del método judío de matanza que siempre ha sido muy cruel y, otra vez, “regulaciones” en la cacería. Quizás estuvo en contra del método de matanza judío simplemente porque era judío y sus leyes nunca fueron totalmente prohibitivas sino más bien, reformistas. El que tenía el poder absoluto, podría haber pasado leyes abolicionistas. Nunca lo hizo.

Como la mayoría de los dictadores, ávidos de poder y copiones del conocimiento ajeno, es muy probable que Hitler haya querido imitar el pensamiento de Wagner y Schopenhauer, a quienes admiraba, pero la verdad del caso es que la farsa de su vegetarianismo y amor por los animales fue una campaña propagandística muy bien organizada por su Ministro de Propaganda Joseph Goebbels, cuyo propósito era promover la mejor imagen del Führer y otorgarle un aire ascético.

Hitler sufría de muchos trastornos estomacales, gastritis aguda, sudoraciones y flatulencia excesivas y por esa razón cuidaba su dieta, pero nunca dejó de comer sus platos cárnicos favoritos: salchichas bávaras, albóndigas de hígado y piezas de caza rellenas y asadas.

Cuando llegó al poder disolvió todas las sociedades vegetarianas de Alemania, detuvo a sus dirigentes y clausuró la principal revista vegetariana del país. Durante la guerra, los nazis prohibieron todas las organizaciones vegetarianas en los territorios que ocuparon. Y Ian Kershaw, uno de sus biógrafos, narra que frecuentemente llevaba al cinto un látigo para perros con el que “disciplinaba” a sus perros. Tanto “amaba” a su última perra Blondie que cuando su captura era inminente, probó con ella el veneno que se supone acabó con su vida y la de su amante Eva Brown. La muerte de Blondie fue un acto cruel e innecesario pues, evidencia reciente y comprobable, sostiene que él y su amante huyeron a Argentina protegidos por el gobierno de Juan Domingo Perón.

Hitler admiraba al pro-nazi Henry Ford, el pionero de la industria automovilística de los Estados Unidos quien tomó la idea de la línea de ensamblaje después de visitar un matadero en Chicago. Hitler y los nazis simplemente reemplazaron a los animales condenados al matadero con judíos y fueron igualmente crueles e hipócritas con los seres humanos y los animales.

Mucha gente desinformada y ávida de defender sus hábitos cárnicos recurren a esta falacia para defender su consumo de cadáveres y secreciones animales, pero ahora ya sabes que sus argumentos carecen de validez histórica y ética.

Además, nuestros estilos de vida, no pueden estar basadas en lo que alguien más hizo o dejó de hacer. Podemos tomar los buenos ejemplos de gente evolucionada, pero no se puede justificar una o dos buenas características de gente maligna y cruel. Ser vegano no es una opción. Es un estilo de vida. No podemos caer en las garras del especismo para asumir que, nosotros, como seres humanos tenemos derecho a tomar una opción y otros seres no lo tienen.

Los miles de animales masacrados en los mataderos del mundo entero NO tienen NINGUNA opción y lo mejor que podemos hacer para liberarlos de manera efectiva y concreta es seguir educando con el ejemplo.

¡GO VEGAN NOW!

 

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Mis respetos para ti, señora

mami

En nuestra vida de activistas hemos tenido muchas influencias: un líder, una persona a quien veíamos como ejemplo, un libro, una película o un evento transformador. A veces son tantas que nos las podríamos mencionar o recordar todas; pero la empatía o las primeras influencias que marcaron nuestra vida como tales tuvo que empezar en algún momento.

Los especialistas en Educación Humanitaria sostienen, desde el principio de los tiempos, que la formación ética de una persona empieza definitivamente en la niñez, principalmente en casa y luego en la escuela. Es allí donde nuestros padres siembran las semillas de compasión en nuestros corazones con la esperanza de que la cosecha de buenos frutos.

La jardinera de mi dedicación por los animales, sin lugar a dudas, fue mi madre. No tuve el privilegio ni la suerte de compartir los primeros años de mi niñez con algún animal que viviera con nosotros porque los animales de compañía con los que compartí esos años siempre fueron “prestados” hasta el momento en el que pudimos convencer a mi papá que ya era hora de abrir las puertas de nuestra casa a algún animal necesitado de hogar. Desde ese momento, yo adquirí hermanos y mis padres nuevos hijos a quien engreír y querer hasta el momento que cruzaron el Puente del Arco Iris. Casi todos ellos ya están allí, esperándome con mi papá. Esa espera es, tal vez, el mayor incentivo para morir una vez que haya visto muchos más logros para nuestra causa.

En mi adolescencia y juventud, nuestra relación tuvo muchos altibajos; mucha controversia y altisonancia; tal vez por ser tan parecidas, tan determinadas, tan perseverantes y tan tercas. Pero la vida no pasa por uno sin enseñarnos sabias e importantes lecciones. Y si algo he aprendido, con la ayuda de toda la buena gente que ha tocado mi vida, es a darme cuenta que absolutamente toda circunstancia tiene una razón de ser. Aprendí que nadie nace sabiendo cómo ser hija, madre o padre y que todos hemos hecho lo mejor que podíamos con el conocimiento que teníamos.

La figura que nunca se aleja de mi mente es la de mi madre llevándole comida a los pobre perros callejeros que vivían por los alrededores de mi casa. Mis primeros sentimientos de compasión, mis primeras lecciones de empatía hacia los animales, mis primeras nociones de realmente ponerme en la piel de otro ser, vinieron de ella y se quedaron grabadas en mí para toda la vida.

Mi madre me traspasó su sentido del deber, del esfuerzo en el trabajo, su amor interminable por la lectura y su sentido de la lealtad. Me enseñó a tener un ideal en la vida y a defenderlo hasta la muerte pese a los detractores, la crítica y la ignominia. Cada vez que algo malo pasaba o cada vez que algo iba mal con mi salud, me decía “Mañana, a esta misma hora, todo ya habrá pasado o habrá mejorado, hija”. Hoy, las circunstancias inexorables de la vida, que siempre dan vuelta; ahora que yo soy la madre y ella la hija; le digo lo mismo y con el mismo convencimiento. Las lágrimas que tal vez ella escondía en esas épocas para darme fuerzas, son las mismas que yo me trago ahora para animarla en su recuperación. En esa recuperación que yo sé que llegará porque ella es tan tenaz y perseverante como yo.

Sin ningún conocimiento científico o nutricional, y solamente basándose en su empírica percepción de las cosas, me privó del consumo de cerdos y mariscos y no me hacía tanto problema cuando me negaba a consumir el vaso de leche obligatorio de todo escolar de mi época. A ella nunca le gustó ni fomentó su consumo, reemplazándola por un rico y nutritivo vaso de avena de piña o manzana. Le agradezco inmensamente por ello. Sin saberlo, y aunque yo en esas épocas aún tenía la conciencia dormida, estaba ya creando a una vegana.

Cada vez que nuestra casa se abrió para recibir a un callejerito, repetía – creo que únicamente para demostrarnos que iba a suceder exactamente lo opuesto – que “sólo se podía quedar hasta que le encontráramos un hogar”. Esos plazos nunca se cumplieron y terminaron en un compromiso de por vida. Siempre fue una ley impuesta por ella no recordarles su pasado en las crueles calles para únicamente concentrarse en el hecho de que ahora eran amados, deseados, bienvenidos…. Todos ellos fueron más hijos de ella que yo. Y lo entiendo y comprendo. Yo, una limitada humana, jamás podría amar como ellos que la amaron de verdad y nunca la juzgaron. Más bien la acompañaron en sus alegrías y la consolaron en sus tristezas. Le hicieron la vida más llevadera cuando el destino me llevó a otros lares lejanos y le enseñaron que la vida sigue, pese a todo y a todos.

Ya entrada en años, se hizo vegetariana, y aunque a mí me hubiera gustado un cambio total al veganismo, le di el crédito que se merecía y la alenté siempre en su propósito. Hacer este cambio fue uno de los regalos más grandes que pudo haberme dado. Nunca se lo he dicho antes; pero se lo diré apenas la vea esta Navidad. No tendrá que darme ningún regalo más en todo lo que le quede de vida. Eso es más que suficiente.

Cuando se habla de las madres, siempre se dice que el mejor regalo que nos pueden dar es la vida. No lo creo. Eso es algo muy general y obvio. El mejor regalo que mi madre me dio a mí, no fue eso, ni sus buenos ejemplos, ni trabajar duro para darme una buena vida y una buena educación. No fue velar mi sueño cuando estuve enferma, ni haber sacrificado sus ahorros de toda la vida para darme una córnea. Nada de eso.

No fue darme el ejemplo de lo que significa ser una “señora” en toda la extensión de la palabra; ni ser valiente ante las circunstancias de la vida, ni luchar tenazmente hasta culminar una meta. El mejor regalo que me diste, mamá, fue abrir mi corazón, mi alma y mi mente a la causa sagrada de los animales. Tal vez la primera vez que te vi sentir compasión por un sufriente perro callejero, enfermo o hambriento, no te diste cuenta de la magnitud del ejemplo que dejabas en mí; pero ahora, más de medio siglo más tarde, te puedo asegurar, con la convicción del camino recorrido, que ese simple acto de bondad y respeto marcó mi vida para siempre y determinó mi destino y mi misión en este mundo.

¡Gracias mil por haberme enseñado el camino que hoy yo puedo enseñar a los demás! Mis victorias, pasadas, presentes y futuras estarán siempre dedicadas a ti, mamá.

 

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¡Jamás patearía a un perro!

 

igualdad

En todos los años que tengo involucrada en el activismo por los derechos de los animales he escuchado frases como esa innumerables veces. Y a eso le hemos agregado las de “jamás iría a los toros”, “No uso productos probados en animales”, “Ya no tengo sweaters de lana en mi closet”, etc. Todo eso, muy loable por cierto, muy positivo y prometedor, pero… ¿qué pasa a la hora que enfrentas tu plato tres veces al día? La magia se rompe, el hechizo se termina y la falta de consecuencia es evidente.

Lo peor de todo esto es que los activistas veganos por los derechos de los animales enfrentamos situaciones como esas todos los santos días del año y las experimentamos, más que generalmente, con gente a la que queremos, apreciamos y hasta respetamos. Cada individuo en esta lucha piensa y siente de manera diferente. El único momento en el que necesitamos estar y pensar en unísono es cuando la causa nos delega una meta y debemos cumplirla como fieles soldados que obedecen a un bien mayor. En mi caso, para los que no los saben, mis afectos son bastante estructurados y no se dejan influenciar por vínculos de ningún tipo, ni siquiera los de sangre. Mi propia familia inmediata, con excepción de mi sobrina Paloma, que empezó su activismo cuando aún era muy niña, no gozó de mis totales afectos hasta que cambiaron su dieta. Ya lo sé… A este punto del partido me llamarán vegana extremista, mujer sin corazón, e irrespetuosa de las opciones de la gente. Pero, cuando se trata de la vida, la felicidad y la libertad de otro ser sintiente, esto NO es una opción. Cuando se trata de causar daño, miseria, esclavitud y dolor nadie puede hablar de opciones. Esa es una encrucijada moral y ética y lo único que queda es tomar partido.

Hay gente cercana a nosotros y a nuestro corazón totalmente incapaz de patear a un perro, tirarle agua hirviendo a un gato o de sentarse en un coso taurino para ver a un matarife maricón masacrar a un toro y a un caballo solo por demostrar la hombría que le falta; pero a la hora de comer, por alguna razón que nunca he podido entender, la repulsión por otras crueldades contra los animales, el rechazo a la permanencia de su esclavitud toma un descanso y proceden a satisfacer sus apetitos con los cuerpos mutilados de seres sintientes que sufrieron lo indecible antes de morir. Tal vez sus conciencias se consuelan pensando erróneamente que sus muertes fueron rápidas y que el sufrimiento fue mínimo, pero no hay nada más alejado de la verdad. Los animales destinados al consumo humano sufren durante toda su vida. Desde el momento en que nacen y son separados de sus madres y familiares, hasta el momento en el que mueren ahogados, quemados, acuchillados, asfixiados, etc. Padecen todos los sufrimientos ocasionados por las manipulaciones genéticas, hambre, sed, frío, laceraciones, lastimaduras, fracturas, abuso físico, estrés, violaciones sexuales y toda una lista interminable de situaciones de abuso. Sus cuerpos mutilados, engordados con hormonas para alcanzar proporciones y desarrollos anti-naturales, llenos de tóxicos, químicos y hormonas llegan a las mesas de los carnívoros solamente para enfermarlos tarde o temprano.

Esta es la mesa popular de la mayoría de las personas que, en otras circunstancias y escenarios, jamás serían capaces de causarles daños directos a los animales. Estas son las mesas de personas a las que queremos, con las que compartimos nuestras vidas y que inclusive, a veces, no comen cadáveres delante de nosotros “por respeto”.

¿Por qué será tan complicado el género humano? ¿Por qué la historia de su evolución y “desarrollo” está marcada por la falta de consecuencia en sus acciones? Lo hemos visto y detectado en todas las áreas posibles: los gobiernos, la política, los conflictos, los holocaustos. Es muy difícil en verdad para los activistas veganos encontrar el punto medio entre nuestros afectos y nuestras convicciones…..pero, una cosa sí tenemos en común: el nivel de esperanza que es distinto en cada uno de nosotros y el empeño por seguir educando utilizando cualquier medio posible y a nuestra disposición. A veces perderemos a algún ser querido en el camino. Todos esos que no quieren leer los reportes técnicos o científicos o los que se niegan a ver los videos que muestran a las industrias cárnicas y lácteas exactamente como son. Perder a un ser querido por mantenerse consecuente con la causa es una opción personal que no se le puede recriminar a nadie pues cada persona tiene diferentes niveles de apego a la gente. Para muchos de nosotros algunas personas están por encima de la causa y para otras, no.

Hay momentos en los que tendremos que proveer literatura y estudios científicos, o recetas veganas deliciosas preparadas en casa o en restaurantes de confianza. Habrá otros momentos en los que un video o una foto podrán lograr el objetivo. Una cita del libro religioso de preferencia, una introspección repentina, una visita a un santuario de rehabilitación, la sugerencia de un niño pequeño que, libre aún de la maldad y la avaricia personal humanas, les hace darse cuenta de que matar a alguien es totalmente reprobable….

Los activistas por los derechos de los animales tenemos el deber de probar todos estos métodos y muchos más. Debemos echar a volar nuestra imaginación y creatividad para crear shock, empatía, tristeza, liberación o un exacto sentido de la justicia con la finalidad de liberar a todos los animales víctimas de la opresión y crueldad humanas. Todo se vale en esta guerra contra la indiferencia y el egoísmo; todo, debidamente hecho, es aplicable para llegar a alcanzar la meta.

Si pudiera darles un cuchillo muy afilado a todos aquellos en mi lista de afectos que aún alimentan su cuerpo de muerte, y les pidiera que fueran a conseguir su propia carne, creo que nadie lo haría. Por eso es que esta sociedad humanoide creó a los matarifes y a los mataderos: para que otros seres de poca instrucción, de poca capacitación y tal vez con tendencias criminales, se conviertan en sus cómplices y se ensucien las manos por ellos. El paquete transparente de plástico en los supermercados o el animal colgado de un gancho en los mercados abiertos mancha las manos de toda una cadena de humanoides que, movidos por el lucro, el egoísmo, la indiferencia o la falta de empatía, continúan perpetuando una cadena de muerte y abuso.

A los mismos a los que les ofrecería el cuchillo, también les pediría que uno de estos día se dieran el tiempo de visitar un santuario animal. Desearía que tomaran unos minutos para observar como sería la vida plena de estos animales si no se hubiera instaurado la paleolítica idea de comérselos. Quisiera que los vieran libres, retozando en la naturaleza, disfrutando del sol, del aire, del césped, de sus congéneres. Quisiera que los vieran arreglando sus propios conflictos ejerciendo los órdenes naturales de sus especies y quisiera que los vieran con sus hijos. Si después de esta interacción única y personal que seguramente jamás han experimentado, aún les importa un bledo comérselos ya no diré más nada, pues cuando las reglas morales del universo establecieron eso de “no matar” nunca existieron excepciones.

Simplemente, mi lista de afectos se hará más corta y tal vez mis esperanzas se extenderán…

 

 
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Posted by on February 3, 2016 in Activismo efectivo, Veganismo

 

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Je suis végan!

Je suis vegan

Me imagino que por un instinto innato de conservación y de solidaridad de especie, cada vez que se produce un atentado terrorista en el mundo, la mayoría de los terrícolas sienten la imperiosa necesidad de manifestar su apoyo, su horror o su complacencia (sí, también los hay, y muchos) con las víctimas de los siniestros actos de violencia de los cuales solo es capaz el Homo Sapiens.

Con la aparición de las redes sociales es muy común que de inmediato aparezcan logos o coloridos símbolos específicos que ayudan a que la comunidad global entienda claramente nuestra posición al respecto.

Es cierto que nadie quiere ver cuerpos destrozados en alguna ciudad capital europea, ni niños refugiados muertos a la orilla del mar; pero esa es la cruenta realidad de la desinformación, del odio, y de la intolerancia siempre perpetrada por políticas internacionales de lucro bendecidas por religiones particulares establecidas. El mundo se horroriza porque ve cadáveres humanos, escucha gritos humanos y ve reportajes en los que los familiares y amigos sobrevivientes lloran a sus víctimas.

En París, el ataque terrorista conducido por extremistas musulmanes dejó más de 130 muertos y centenares de heridos. Invocando el nombre de Alá, los terroristas acribillaron a balazos a cientos de civiles inocentes por el simple hecho de considerarlos infieles. Si los dioses principales de cada una de las religiones mundiales tienen como factor común ser un dios de amor y de bondad, ¿cómo se entiende entonces que aliente, sugiera o permita que una de sus criaturas se convierta en una bomba humana? ¿En qué cerebro puede entrar la idea de que la destrucción y la violencia puede ser la mejor arma de convencimiento o conversión posible?

Mientras que muchos se solidarizaban con los franceses poniendo banderitas tricolores, cantando La Marsellesa o intentando usar Google Translator para escribir una frase en francés mal escrito, el pueblo sirio sufría un ataque de 12 cazabombarderos que dejaron caer 20 bombas sobre posiciones consideradas en manos de los yihadistas. Entonces surge la típica guerra cibernética de las banderitas francesa o siria, encabezada por gente que nunca antes se ocupó ni de ellos, ni de sus líos políticos, ni de sus creencias religiosas. Todo es moda en el Facebook, todo es “tendencia”, todo es novelería…..Y allí empiezan los pedidos de solidaridad, las oraciones, los LIKES, que en realidad deberían ser DO NOT LIKE, las cadenas de oraciones y los tontos pleitos en defensa de los franceses o los sirios. Así de limitado es el ser humano, así de huachafo, así de oportunista. Siempre listo a preocuparse por los niños, las mujeres o los ancianos de otros países, de otras realidades, de otras latitudes, mientras que en la puerta de su casa esos mismos individuos, tal vez necesitados de ayuda, son ignorados o rechazados.

Pero lo peor de todo, son los llamados a la no-violencia, al horror ante la injusticia, ante la crueldad de los extremistas que decapitan, queman vivos, asesinan, torturan y separan familias. Todos están en contra de la brutalidad insana del abuso y la explotación, pero… se olvidan de mirar hacia adentro, hacia la realidad de sus vidas privadas donde la conexión con una de las formas más horrendas de violencia sucede todos los días.

¿Hay alguna diferencia entre el Holocausto judío, la persecución de los primeros cristianos, el Apartheid, la lucha por los derechos civiles, la masacre en Ruanda y lo que sucede en los mataderos del mundo entero cada minuto del día? ¿No son también los animales víctimas conscientes, sintientes, inocentes e indefensas del egoísmo y la glotonería de los seres humanos?

Los bebés son brutalmente separados de sus madres, mutilados, castrados sin anestesia, marcados con hierros candentes, pateados, violados, quemados, desangrados y mutilados para convertirlos en pedazos de músculos sangrantes que llegaran a las mesas de todos aquellos que hoy se horrorizan con la brutalidad de las masacres terroristas.

La diferencia entre elegir ver las imágenes de las masacres humanas en el Internet o no, es que la gente le paga a alguien más por no ver el sacrificio inútil de los animales, esa muestra palpable de que el abuso y la explotación están sucediendo a puertas cerradas por un verdugo al que se le paga para evitarse la molestia de ver en primer plano como criaturas sintientes e inocentes son las víctimas diarias de un terrorismo millones de veces peor que el del Estado Islámico.

Ubíquense entonces, y no sean hipócritas. Entiendan de una buena vez que el medio ambientalista que come carne no es tal; que el que dice amar a los animales y los sigue consumiendo, no puede amarlos o respetarlos verdaderamente y el que reclama justicia y compasión por la víctima de un terrorista, no tiene la autoridad moral de alzar su voz de protesta si en su mesa yacen los restos dolientes de un ser que tiene derecho a vivir en paz.

No hay razón lógica, ética, biológica o científica que apruebe el continuo holocausto de millones de animales a beneficio de la salud humana, el bien del planeta, la hambruna a nivel mundial o la matanza de los animales. Es por eso que quienes trabajamos a diario por sus derechos, no podremos tener ningún nivel de tolerancia ante este negocio de crueldad, explotación y sangre. Ni siquiera existen argumentos religiosos ya que los líderes de las religiones más representativas del mundo, de aquellas que centran sus dogmas en principios de amor, respeto y compasión, fueron todos seguidores de vidas que no involucraban la inútil inmolación de ningún animal.

La próxima vez que te horrorices por lo que es capaz de hacer la gente de tu especie, la próxima vez que sientas la imperiosa necesidad de protestar por la violencia existente en este mundo demencial, primero dirige la mirada a tu plato y entonces decide si tienes el derecho de opinar consecuentemente.

Los animales no necesitan ni de tu afecto, ni de tu amor. Ellos, simple y sencillamente, merecen tu respeto. Los animales no necesitan ni de tus banderitas, ni de tus LIKES en Facebook, ni de tus peleas cibernéticas en busca de “justicia”. Ellos solamente quieren vivir en paz llevando a cabo el papel real que la naturaleza designó para ellos. La violencia es siempre la misma, sea quien sea la víctima; y ésta, pese a quien le pese, SIEMPRE empieza en tu plato.

 
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Posted by on November 24, 2015 in Veganismo

 

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El pecado de la carne

Cancer

La revelación hecha por la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace ya un tiempo, causó una gran conmoción entre los consumidores cárnicos del mundo entero. La noticia invadió todos los medios de comunicación y las redes sociales con la tenebrosa advertencia de que las carnes procesadas estaban estrechamente ligadas al cáncer.

Fue entonces cuando los productores cárnicos del mundo entero empezaron a ofrecer “explicaciones” al público, tratando de deslindar la nocividad de sus productos. Esta vez no eran los defensores de los animales, ni los ambientalistas, ni los veganos anunciando algo que han venido diciendo desde el inicio de los tiempos; no, esta vez se trataba de una organización de prestigio y reconocimiento mundial. ¿Lo sabían desde siempre? Pues sí, de eso no me queda la menor duda. ¿Por qué no lo anunciaron antes? Eso es algo que nunca sabremos con exactitud pues sus motivaciones pueden ser varias y no necesariamente relacionadas con la salud humana. Nunca hay que dejar de recordar que este tipo de instituciones también tienen vinculaciones políticas y legales.

En Latinoamérica, la noticia hizo que los productores de carne emprendieran una ardiente defensa de sus nocivos productos aduciendo que no todos sus productos podían incluirse en esa categoría. ¿Se puede tapar el sol con un dedo y seguir engañando a un sector de la población que se empeña en seguir siendo ignorante ante la masiva cantidad de información que prueba de hecho y científicamente que tanto la carne como los productos lácteos tienen una relación directa con la aparición de enfermedades graves como el cáncer, la diabetes, los problemas cardíacos, la obesidad, etc.?

La respuesta es obviamente no.

El presidente de la Asociación de Productores de Carne del Perú comentó, al ser entrevistado por un canal de televisión local, que las apreciaciones de la OMS eran mentira y que los niños peruanos necesitaban nutrirse bien y para esos efectos, la carne era un elemento indispensable. Representantes del Ministerio de Salud, salieron al frente a decir que el número de pacientes con cáncer en el país, era “relativamente bajo” comparado con los números en otros países sudamericanos y que el peruano promedio no debía preocuparse mucho por esta noticia pues solamente consumía 5.3 kilos de carne al año. “Que se preocupen los argentinos” – terminó diciendo tras sus desafortunadas e inexactas declaraciones –

Entonces, y con la finalidad de hacer que la noticia no fuese tan impactante, surgen los otros defensores de la carne que dicen que en vez de consumir productos procesados como salchichas, jamones, chorizos, cecinas y otras carnes secas, el público debía optar por alternativas como los anticuchos (el corazón de una vaca partido en pedazos sazonado y cocinado en una brasa). ¡Por supuesto, no hay mejor alternativa que una víscera sanguinolenta que ha recibido todos los tóxicos procedentes de una parrilla al carbón!

La verdad es clara y simple: Procesada o no, la carne es altamente nociva para todo el mundo. Es un producto lleno de explotación, sufrimiento, crueldad, indiferencia por el hambre mundial y nuestro agonizante planeta. Hay que llamar a las cosas por su nombre con las explicaciones científicas proporcionadas por la OMS, con el conocimiento y la educación diseminada por los veganos expertos en el tema, o con los argumentos simples de alguien que simple y sencillamente la considera lo que es: basura altamente peligrosa para la salud humana.

Días después del informe de la OMS, el consumo de carne se redujo en un 20% en el Perú, y de inmediato los detractores del movimiento vegano argumentaron que las apreciaciones de la entidad mundial eran desproporcionadas, especulativas, exageradas e imprecisas. Al comprobar que no podían combatir la aplastante evidencia de la OMS cambiaron de táctica y optaron por la consabida salida de consumir carnes “con moderación”.

El desconocimiento total de estos temas por parte de las autoridades que deberían salvaguardar la salud humana es realmente preocupante. Escuchar a las autoridades de salud decir que los pacientes de cáncer son quienes precisamente deben consumirla es una aberración. En el Perú, por ejemplo, los tipos de cáncer más frecuentes son los de mama, estómago, hígado y pulmón. Todos ellos vinculados al consumo de productos de origen animal, tabaquismo, alcoholismo, etc.

Lo diga la OMS o cualquier otra entidad o persona especializada en el tema: La carne mata y la dieta vegana previene los problemas de salud siendo, al mismo tiempo, la mejor dieta para la conservación del medio ambiente y la prevención del hambre mundial. Esos millones de kilos de granos con los que se engorda al ganado y las toneladas de agua destinadas a la producción de carne deberían dirigirse directamente a las poblaciones carentes de alimentos y del líquido elemento. Mientras que el consumo de carne causa miseria, desnutrición y muerte en algunas partes del mundo, por otro lado ocasiona enfermedades mortales y obesidad mórbida, la cual antes era muy inusual en los países latinoamericanos.

Es reconfortante saber que la OMS finalmente está cumpliendo con sus labores de prevención; pero es mucho más satisfactorio comprobar el auge y crecimiento de restaurantes y negocios veganos en todo Sudamérica. Las redes sociales y el Internet están llenos de comercios veganos, clases de cocina de todo tipo y alternativas saludables para todos los productos hechos con el sufrimiento y el martirio de los animales. Lo que queda pendiente es lograr que todas estas alternativas lleguen a las masas que más las necesitan, los colegios, las universidades y los pueblos alejados de las ciudades capitales.

Ya pasaron las épocas en las que uno consumía los cuerpos mutilados y las secreciones de  los animales sin ningún cuestionamiento. Ya quedaron atrás los días en los que se creían en mitos e inexactitudes en referencia a la salud. Ahora las nuevas generaciones optan por dietas éticas a temprana edad, ayudadas por la información proporcionada por la tecnología y se empoderan para enfrentar los absurdos estereotipos de generaciones pasadas.

Ya nada ni nadie para a la onda vegana que ha llegado para quedarse y crecer. Ya no hay razón ni excusa para seguir abusando de los animales ni del planeta pues el conocimiento da poder y el poder nos mueve a ser la voz de los millones de animales que aún necesitan de nuestra ayuda y compromiso.

 
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Posted by on November 24, 2015 in Veganismo

 

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El Sin Sentido

Meryl Srreep

Las religiones establecidas que a cada rato pregonan – sin darse mucha cuenta del karma que pagarán – que el mundo está llegando a su fin son portadoras de alarmantes noticias. Es posible que técnicamente no le llamen karma; pero las consecuencias estarán allí de una manera u otra. Todas estas religiones entre las que la católica se distingue por ser la peor, la más cruel y la más hipócrita, siguen torturando animales, permitiendo su abuso y explotación y promoviendo el consumo de sus cuerpos martirizados y mutilados. Los hermanos evangélicos que aducen ser seguidores de Jesucristo, no siguen el ejemplo de su líder y ni si quiera tienen la menor idea de que Jesús no solamente fue un activo revolucionario de las causas de todos los oprimidos, que fue vegetariano, y que su papito convertido en zarza ardiente, cientos de años antes de que él se sacrificara por una humanidad mayormente inservible e ingrata, declaró como ley el famoso y manoseado mandamiento (de acuerdo a las conveniencias de cada quien) de NO MATAR.

En realidad, que la humanidad entera desaparezca no afectaría para nada al planeta. Es cierto que gente valiosa también desaparecería pero creo que lo importante sería valorar las importantes aportaciones que brindaron antes de terminar su ciclo en esta tierra. Creo que la mayoría de estas personas estarían dispuestas a ofrecerse en sacrificio si es que con eso se daría paso a una raza nueva, productiva, decente y compasiva. Un caso diferente se produce cuando una especie animal desaparece. Ahí sí que el planeta saldría perdiendo. Para muestra, un ejemplo: Si las abejas (consideradas por quienes no saben nada sobre ellas como simples, dañinos y antipáticos insectos) desaparecieran “la vida sería un desastre global. Al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida. Sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni alimentos, ni hombres”, según las palabras de Einstein.

Mientras que el mundo de los humanoides se hace más rastrero, perverso, vulgar y estúpido, los que aún estamos en la lucha por los derechos de los animales, tenemos que seguir encontrándole el sentido al sin sentido. No nos queda otra alternativa. Y es precisamente por eso que nos encontramos desparramados por todo el mundo. Creo que a pesar de nuestros conflictos, pesadumbres y soledades individuales, tenemos que estar estratégicamente repartidos para combatir a las lacras que aún siguen torturando y masacrando a los animales. Por eso es un gusto enorme encontrarnos en conferencias, seminarios, simposios y eventos de todo tipo. Unas horas para compartir, para sentirnos libres de no tener que dar explicaciones, para recargar baterías, y de allí, de nuevo al frente de batalla que a cada quien le toca.

Últimamente hemos tenido que lidiar muy seguido con la ignorancia, la indiferencia y la estupidez de la mayoría de la gente. La tecnología actual, que debería ser utilizada como arma de auto-educación, es generalmente usada para lo opuesto. Es utilizada para entrar a un modo “viral” de derrame de materia gris a nivel mundial que ya no distingue lo correcto de lo incorrecto y que alegremente confunde la verdadera clase con lo chabacano y lo lógico con lo que bordea la imbecilidad más flagrante. Vemos ejemplos de esto todos los santos días. El mundo entero pendiente de las patadas que unos cuantos le daban a un balón, mientras que miles de inocentes civiles morían en Gaza; un retrasado mental que muere abaleado por el arma con el que le enseñaba a disparar a una niña de nueve años; y millones de descerebrados tirándose baldes de agua helada para ayudar a una causa que tortura cruelmente a millones de animales tratando de encontrar curas a enfermedades humanas. Sé perfectamente bien que es una gringada más, una babosada que los latinoamericanos copiarán sin siquiera preguntarse por qué; pero de todos modos son ejemplos concretos del estado de la raza humanoide que anda por el mundo como zombies, sin cuestionar lo cuestionable y sirviendo de cementerio ambulante para todos los cadáveres de las criaturas que engulle. ¡Qué lindas y graciosas deben ser esas imágenes de gente indiferente e ignorante desperdiciando el agua que otras comunidades en el mundo no tienen! Estoy segura que quienes tienen que pagar a diario por el vital elemento, no disfrutan de estas imágenes para nada. ¿Pero no es eso exactamente lo mismo que ocurre con el consumo de carne? Por supuesto, los humanoides están listos a hacer caminatas y marchas por los pobres niños escuálidos de África, pero con cada mordida al muerto que tienen entre dos tajadas de pan, están contribuyendo directamente al hambre mundial, al desperdicio del agua y al calentamiento del planeta.

Hace unos días, alguien me envió la entrevista de una de mis artistas preferidas. Una verdadera ARTISTA, en todo el sentido de la palabra, (salvo por su participación en MAMMA MIA, lo cual demuestra que todos cometemos errores) Meryl Streep. En la entrevista, Meryl dice lo que piensa, y precisamente eso es lo que sucede cuando uno llega a una etapa particular de la vida. A algunas personas les llega antes y a otras después, pero el momento del hartazgo, de desaparecer las apariencias, de ser políticamente incorrecto, siempre aparece. Es allí entonces cuando se medirán las amistades, los afectos, y las lealtades. Pero como dice Meryl, ¿para qué seguir con farsas a esta altura de la vida? A continuación, por si no lo vieron paso a incluirlo en este artículo. Dijo Meryl:

“Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porque llegué a un punto de mi vida en el que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere.
No tengo paciencia para el cinismo, las críticas en exceso y exigencias de cualquier naturaleza.
Perdí la voluntad de agradar a quien no agrado, de amar a quien no me ama y de sonreír para quien no quiere sonreírme.
Ya no le dedico ni un minuto a quién miente o quiere manipular. Decidí no convivir más con la pretensión, la hipocresía, la deshonestidad y los elogios baratos. No me ajusto más con la barriada o el chusmerío. No soporto conflictos y comparaciones. Creo en un mundo de opuestos y por eso evito personas de carácter rígido e inflexible.
En la amistad me desagrada la falta de lealtad y la traición. No me llevo nada bien con quien no sabe elogiar o incentivar. Las exageraciones me aburren y tengo dificultad en aceptar a quien no gusta de los animales. Y encima de todo, ya no tengo paciencia alguna para quien no merece mi paciencia”.

Coincido totalmente con sus opiniones. Añadiría que la paciencia no se acaba por la edad. Y ya ustedes saben que lo que la gente piensa de mí no me importa ni un soberano comino. Acepto un nivel de inflexibilidad; pero ese siempre está relacionado con el hecho de que NO hay excusa de ningún tipo para el abuso de los animales. Y en el caso de la amistad sincera; ésta no existe si no hay reciprocidad y olvido.

Meryl casi, casi, habló por mí. Ahora solo queda seguir trabajando por los animales en medio de esta jungla de humanoides, rescatando a los que se pueda, tratando de encontrarle el sentido al sin sentido.

 
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Posted by on September 2, 2014 in Activismo efectivo, Veganismo

 

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De casa de asesino a restaurante vegano

Dahmer's house

A estas alturas del partido ya sabemos que una de las características más importantes para identificar a los asesinos en serie es comprobar que en su pasado – sobre todo en su niñez y juventud –  estos individuos molestaron, torturaron o mataron animales.

Jeffrey Dahmer no fue la excepción. Aparte de los asesinatos, mutilaciones, violaciones y demás delitos contra los seres humanos, Dahmer torturaba, apuñalaba y asesinaba a indefensos animales simplemente por el placer de hacerlo.

Ingrid Newkirk, fundadora y presidenta de People for the Ethical Treatment of Animals (PETA) acaba de mandarle una carta a la inmobiliaria que está a cargo de la venta de la casa en la que creció Dahmer en Ohio. Y en la carta, manifiesta que PETA quiere comprarla para convertirla en un restaurant vegano. Este tipo de geniales ideas que solamente se le pueden ocurrir a Ingrid ha causado revuelo en los ámbitos noticiosos ya que este es el inmueble donde Dahmer cometió su primer crimen.

Ingrid habló con varios representantes de la prensa y dijo, “Queremos transformar un pasado negativo en un presente positivo. Y no perdió la ocasión para comparar a todas las víctimas animales de Dahmer con las 17 personas que asesinó. “PETA siempre busca la forma de que la gente preste atención a la inherente violencia en contra de los animales utilizados para la producción de carne, huevos y leche la cual implica procesos que resultarían totalmente chocantes hasta para la persona más dura de corazón. La casa de Dahmer nos da la oportunidad de fomentar la empatía por estas víctimas y hacerle ver al público que una dieta compasiva puede cambiarlo todo”, dijo Ingrid.

La casa localizada en Akron, donde Dahmer mató a la primera de sus víctimas en 1978, ha estado en el Mercado desde le mes pasado y PETA planea convertirla en un restaurant vegano. El inspector de zona de la ciudad, Bill Funk, dijo que la casa tal vez no pueda ser vendida para propósitos comerciales porque se halla situada en una zona residencial, pero un representante de PETA dijo que ellos están dispuestos a hacer todas las reformas necesarias para que su proyecto se haga realidad. Es más, ya hasta tienen listo el nombre y el menú del restaurante. Piensan llamarlo “Eat for Life: Home Cooking” y dicen que ofrecerán diversas entradas como brochetas de tofu con chipotle a la barbacoa, cazuela vegana de “pollo”, y crema agria vegana, entre otras.

El corredor de inmuebles Richard Lubinski, encargado de vender la casa opinó que esta venta sería positive y que ayudaría a quitar la mala reputación que el inmueble tiene en la comunidad.

Probablemente, no muchas personas estarían interesadas en comprar una casa como esta; por eso la idea de PETA llega en el momento preciso y con la intención adecuada… siempre con el propósito de ayudar a los animales en ¡TODAS las formas posibles!

 

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