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Solidaridad con todos

Huaico 2

A través de las noticias nos enteramos de la terrible situación de la costa del Perú a causa de los incontenibles huaicos. El huaico es una palabra quechua (wayq’u) con el que se conoce a una masa de lodo y piedras enormes que se desprende de los Andes como consecuencia de lluvias excesivas. Al caer esta masa en los ríos, generalmente ocasiona desbordes considerables que dejan a su paso más pobreza, destrucción, y muerte.

Todos los peruanos sabemos que, inevitablemente, en el verano llegan (con mayor o menor intensidad) los huaicos y en invierno, el friaje. Es un círculo vicioso que se repite cada año ante el sufrimiento de los animales y la gente y la ineptitud del gobierno de turno. El huaico destruye casas, puentes y daña económicamente a poblaciones enteras y los animales se ahogan, se congelan e incrementan sus números en las calles ante la impotente mirada de quienes quisieran impedir sus sufrimientos.

Los peruanos ya están acostumbrados a ser solidarios ante estas desgracias. Su espíritu nacionalista y generoso sale a relucir para ayudar a los animales y a sus congéneres, pero esta es una situación que no puede volver a repetirse. No es solamente responsabilidad del gobierno de turno, sino también de la ciudadanía que debe ser educada en la prevención y en la extensión de su solidaridad hacia los animales.

El magnífico y poderoso Imperio Inca, a pesar de sus políticas impuestas y hasta cierto modo, condescendientes, supo prevenir estos desastres naturales con eficacia y una tecnología extremadamente avanzada para su época. El fenómeno de El Niño no fue algo desconocido para ellos y aunque no hay evidencias escritas de que lidiaron directamente con él, existe evidencia de que tenían conocimiento del fenómeno por la valoración que le otorgaron al mullu, una concha marina que ahora es conocida con el nombre de spondylus y cuya distribución depende del calor de las aguas.

Por otro lado, diferentes estudios de arqueólogos de Harvard han determinado que la ingeniería hidráulica de las culturas Cupisnique, Moche, Chimú, Lambayeque y el mismo Tahuantinsuyo, presentaron patrones de adaptación del terreno y movilidad de la población de las zonas afectadas en caso de necesidad.

Como lo torcido de la naturaleza humana siempre sale a relucir en situaciones de desgracia, en esta oportunidad también apareció en la forma de gente o pseudo-instituciones cuyo modus operandi ha sido siempre inspirar pena en la población con el fin de lucrar de manera particular.

¿A quién no le agrada la idea de salvar a todos los animales damnificados y ponerlos en un albergue esperando una adopción perfecta? ¿Quién no quisiera salvar a un animal a punto de ahogarse o hacer todo lo humanamente posible para darle una oportunidad de seguir viviendo? Es eso con lo que precisamente cuentan los estafadores y quienes viven de la desgracia y los sufrimientos de los animales.

El público, motivado por su empatía, su compasión, o su pena, no pregunta, no cuestiona, y – mucho menos – pide cuentas o exige resultados. Aportan lo que sus economías les permiten, donan su tiempo y energías para luego ser vilmente engañados con fotos o historias falsas en las que los perjudicados siempre son los animales.

Aunque la gran mayoría de los latinoamericanos no conocen el exacto significado (y mucho menos la práctica) de la palabra prevención; esto no es excusa para que un grupo de farsantes continúen aprovechándose de todos. En el momento de la desgracia, cuando las víctimas animales y humanas llegan a los momentos más álgidos, todo el mundo se echa la mano al bolsillo para contribuir sin saber si la ayuda que ofrecen caerá en buenas manos y ejecutará sus deseos.

La idiosincrasia de los peruanos no ha cambiado a través del tiempo y esas lecciones no aprendidas son precisamente su traba más grande. Desde las épocas virreinales, la única función del riquísimo territorio del Perú era explotar sin piedad a indígenas y negros con tal de aumentar las arcas españolas. Al virrey de turno y a los mestizos y criollos poderosos que vivían en contubernio con los tiranos, jamás les importó el pueblo, nunca les importó la prevención, las mejoras sociales y económicas del pueblo ni el progreso moral y cultural de las masas. Asquerosos y deplorables “pasatiempos” como las corridas de toros y las peleas de gallos surgieron para seguir engañando miserablemente al pueblo con la venia y bendición de la iglesia católica, que, desde tiempos inmemoriales, miró hacia el otro lado cada vez que un inocente animal era brutalmente masacrado para proveer entretenimiento malsano a la chusma.

Con el pasar del tiempo, los bandidos simplemente han cambiado de forma y de tácticas. Ahora se auto-proclaman salvadores de los animales sufrientes y salen a la calle y en los medios para inspirar una lástima y empatía que conmueve a la gente para entregarles bienes o dinero.

El lenguaje especista y equivocado, que abunda en el idioma español, me forzaría a llamarlos “corderos con piel de lobo”; pero, obviamente, ellos no merecen ser comparados con ningún noble animal. Entre los animales, las cosas son siempre claras y determinantes; aún en el momento de la sobrevivencia de las especies que, ante nuestros ojos humanos, a veces parece brutal, los animales hacen lo que se debe hacer, sin engañar a nadie. Algo diferente sucede con algunos humanos, siempre dispuestos a obtener beneficios personales y siempre listos para engañar a la gente de buen corazón.

La lección que los huaicos nos han dejado es bastante clara: No solamente nos hace falta un plan estratégico de prevención para animales y humanos por igual; sino que aún también falta mucha educación y mucha empatía hacia las otras especies que comparten el mundo con nosotros. Los videos mostraron muchas desgracias, pero las imágenes más impactantes fueron la de los animales ahogados y desposeídos. Como siempre, la gente mostró mucha más empatía con los animales de compañía, mientras que los de granja quedaron relegados o fueron rescatados para luego ser devueltos a quienes los matarán prontamente para obtener un beneficio económico. ¡Y qué mejor manera de ayudar a los damnificados humanos que sacrificar a los animales que quedaron en sus estúpidas e ignorantes “polladas”! ¿Es que la ignorancia puede llegar a ser tan grande que no se dan cuenta que una vida salvada no puede volver a ser brutalizada?

Mi país es un país hermoso, vasto, riquísimo, bendecido por la naturaleza; pero a la gente aún le falta evolucionar éticamente; tal vez no al punto de nuestro activismo concreto y constante, pero por lo menos a un nivel de respeto y consideración para con todo ser capaz de sentir.

La otra parte de la lección es la de aprender a ser selectivos e inquisitivos; aprender a preguntar y a demandar quién y qué es lo que se hizo con cualquier tipo de donación entregada, por muy mínima que esta haya sido. La gente debe huir de sinvergüenzas que con fotos falsas o con animales en situaciones deplorables exigen dinero para implementar planes imposibles de realizar. Húyanle a caras llorosas, a historias increíbles o a nombres ridículamente preparados como caridad, compasión, felicidad, armonía, libre de eutanasia, etc. Huyan también de grupos que aseguren tener legalidad. Aunque esto es, de alguna manera, la demostración de algo estable, recuerden que las instituciones que trabajan por los derechos de los animales y sus representantes siempre gozan de una excelente reputación por las obras realizadas y por rendir cuentas abiertamente.

Si quieres ayudar a estos animales, haz algo concreto y tangible. Apoya a organizaciones que por su trayectoria en el país te han demostrado más de una vez que se dedican a este trabajo porque realmente les importan los animales. No te conformes con postear mensajes y gráficos desde la comodidad de tu casa, siempre pidiendo que “alguien más” haga el trabajo por ti. Ya va siendo hora de que los peruanos aprendan a ser voluntarios de verdad. Y ese calificativo no llega sino hasta que te hayas involucrado en cuerpo y alma a la causa que dices defender. La imagen que aparece en el encabezado de este artículo es la reproducción de una foto auténtica en la que una perrita callejera se mete al lodazal para rescatar a su cachorro. El lema de “Fuerza Perú” también se aplica a los animales.

Huaico 1

Los animales no hablan nuestro idioma y no nos pueden prevenir contra los estafadores; es por eso que siempre debemos estar preparados para evaluar, investigar y decidir a qué instituciones debemos apoyar con nuestro trabajo, esfuerzo y dinero. No sigas perdiendo tu dinero y energía con gente que por años ha vivido del dinero que debería ser destinado a la causa sagrada de los derechos de los animales. Con pruebas fehacientes en la mano, denúncialos sin titubeos y exponlos ante la opinión pública para crearles la muerte civil que se merecen.

Es probable que algunos hayamos sido engañados alguna vez, pero después de haber recibido advertencias y consejos, nunca olvides que el engaño es una elección, no un error.

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Agujeritos de plata

2016 Marzo - Sonriente

Realmente no sé dónde se va el tiempo. Acabo de pestañear y ya pasaron dos meses…. Y en todo este tiempo pasó de todo, cosas positivas y menos positivas; logros, victorias, retrasos, decepciones, y una tristeza que languidece hasta ahora, no solamente por la pérdida real sino también por lo que la pérdida implica para otros.

Los activistas por los derechos de los animales estamos destinados a conectar todos los hechos de nuestras vidas. En realidad, no podemos existir sin comprobar que todo siempre está entrelazado con causas y consecuencias. Ese es nuestro modus operandi y lo aplicamos a todos los hechos de nuestra vida.

Hace unos días Camila, mi perrita de Lima, abandonó este mundo. Aunque, por razones de distancias físicas, no compartimos el día a día, bastaba que fuera un animal; un animal rescatado para que tuviera un lugar especial en mi corazón. Ella sufrió la crueldad y la indiferencia de las calles hasta el día en que llegó a la casa de mi madre. Se llevó con ella todos esos malos recuerdos que espero haya borrado y perdonado al haber recibido la bondad y el cariño que se le brindó en mi casa; pero como yo no soy perra, ni tengo su nobleza, nunca podré olvidarme del hecho de que debido a un golpe recibido en sus tiempos de callejera se quedó ciega.

Cuando supe que sus ojitos iban a quedarse sin luz, hablé con varios veterinarios acerca de la posibilidad de ayudarla para revertir esa condición; pero todos ellos pensaron que, debido a su edad y a su falta de historia clínica específica, lo mejor era no intervenir. En lo que sí coincidieron fue en el hecho de que su ceguera podría haber sido causada por un maltrato, un golpe propinado por alguna de esas lacras que pululan en las calles abusando de los indefensos.

Su ceguera nos dolió más a nosotras que a ella misma. Los animales son seres fuertes, resilientes, aguerridos. Ellos toman la vida y sus penurias como vienen y siempre siguen adelante. Solamente por esa razón deberíamos tratar de parecernos a ellos. Nosotros, los limitados humanos, siempre hacemos tragedia y nos ponemos por un largo tiempo en situación de víctimas. Los animales, no. Si a ellos les falta alguno de sus sentidos, agudizan más los que les quedan y siguen adelante con sus vidas sin mirar atrás. Así fue la vida de Camila. Ella aprendió a manejarse bien en la casa y ni su ánimo, ni su alegría nunca se apagaron. A pesar de su limitación física, continuó con su vida y la disfrutó hasta el último momento.

Yo me despido tantas veces, de tantas personas y animales, que nunca sé si esa despedida será tal vez la última. Siempre trato de hacerlo casualmente, como si pudiera volver a ver al objeto de mi despedida al día siguiente; pero la verdad es que uno nunca sabe. La última vez que me despedí de Camila, le acaricié la cabecita y le pedí que siguiera acompañando, de alguna forma, a mi mamá. Como siempre dije “hasta la vuelta” y me fui.

Esta tarde, al ver su foto espiándome desde mi escritorio, la recuerdo y aunque aún la lloro, mi satisfacción de que llevó una vida plena es más fuerte que mi pena. Pienso entonces en todos los otros perros callejeros que no tuvieron la misma suerte que Camila; en todas esas criaturas que sufrieron y languidecieron hasta morir en las calles ante la mirada indiferente de la gente indolente que los considera parte del paisaje diario.

Tienes todo el derecho de emocionarte temporalmente ante la situación de los animales callejeros; pero luego de hacerlo, date cuenta que la manera más efectiva de ayudarlos, es hacer algo concreto por ellos. La ayuda, para ser real y marcar la diferencia, debe ser tangible. Por eso, ayuda adoptando a un callejerito, donando alimentos o medicinas a un albergue, promoviendo campañas de esterilización en tu barrio o colaborando como un voluntario profesional y eficiente. Nunca olvides que el tiempo, el esfuerzo y la ayuda tangible de los humanos siempre se puede medir y cuantificar; pero lo que los animales te darán a cambio, simplemente, no tiene precio.

Mando entonces, al Puente del Arco Iris, y en honor a Camila Fatmagul y a todos esos otros callejeritos, el brillante y emotivo poema de Manuel Benítez Carrasco “El Perro Cojo”. En el caso de mi Camila, no serán agujeritos de plata producidos por su muletita de perro cojo; serán agujeritos de plata producidos por la brillantez y la nobleza de sus nuevos ojitos sanos.

EL PERRO COJO

Manuel Benítez Carrasco

Con una pata colgando, despojo de una pedrada,

pasó el perro por mi lado. Un perro de pobre casta.

Uno de esos callejeros pobres de sangre y estampa.

Nacen en cualquier rincón, de perras tristes y flacas,

destinados a comer basuras de plaza en plaza.

Cuando pequeños, qué finos y ágiles son en la infancia,

baloncitos de peluche, tibios borlones de lana,

los miman, los acurrucan, los sacan al sol, les cantan.

Cuando mayores, al tiempo que ven que se fue la gracia,

los dejan a su ventura, mendigos de casa en casa,

sus hambres por los rincones y su sed sobre las charcas.

Qué tristes ojos que tienen, qué recóndita mirada

como si en ella pusieran su dolor a media asta.

Y se mueren de tristeza a la sombra de una tapia,

si es que un lazo no les da una muerte anticipada.

Yo le llamo: psss, psss, psss…Todo orejas asustadas,

todo hociquito curioso, todo sed, hambre y nostalgia,

el perro escucha mi voz, olfatea mis palabras

como esperando o temiendo pan, caricias… o pedradas.

No en vano lleva marcado un mal recuerdo en su pata.

Lo vuelvo a llamar: psss, psss… Dócil a medias avanza

moviendo el rabo con miedo y las orejitas gachas.

Chasco los dedos; y le digo: “Ven aquí, no te haré nada,

vamos, vamos, ven aquí”. Y adiós la desconfianza,

que ya se tiende a mis pies, a tiernos aullidos habla,

ladra para hablar más fuerte, salta, gira; gira, salta;

llora, ríe; ríe, llora; lengua, orejas, ojos, patas

y el rabo es un incansable abanico de palabras.

Es su alegría tan grande que más que hablarme, me canta.

“¿Qué piedra te dejó cojo? Sí, sí, sí, malhaya”.

El perro me entiende; sabe que maldigo la pedrada,

aquella pedrada dura que le destrozó la pata

y él, con el rabo, me dice que me agradece la lástima.

“Pero tú no te preocupes, ya no ha de faltarte nada.

Yo también soy callejero, aunque de distintas plazas

y a patita coja y triste voy de jornada en jornada.

Las piedras que me tiraron me dejaron coja el alma.

Entre basuras de tierra tengo mi pan y mi almohada.

Vamos, pues, perrito mío, vamos, anda que te anda,

con nuestra cojera a cuestas, con nuestra tristeza en andas,

yo por mis calles oscuras, tú por tus calles calladas,

tú la pedrada en el cuerpo, yo la pedrada en el alma

y cuando mueras, amigo, yo te enterraré en mi casa

bajo un letrero: “Aquí yace un amigo de mi infancia”.

Y en el cielo de los perros, pan tierno y carne mechada,

te regalará San Roque una muleta de plata.

Compañeros, si los hay, amigos donde los haya,

mi perro y yo por la vida: pan pobre, rica compaña.

Era joven y era viejo; por más que yo lo cuidaba,

el tiempo malo pasado lo dejó medio sin alma.

Y fueron muchas las hambres, mucho peso en sus tres patas

y una mañana, en el huerto, debajo de mi ventana,

lo encontré tendido, frío, como una piedra mojada,

un duro musgo de pelo, con el rocío brillaba.

Ya estaba mi pobre perro muerto de las cuatro patas.

Hacia el cielo de los perros se fue, anda que te anda,

las orejas de relente y el hociquillo de escarcha.

Portero y dueño del cielo San Roque en la puerta estaba:

ortopédico de mimos, cirujano de palabras,

bien surtido de intercambios con que curar viejas taras.

“Para ti… un rabo de oro; para ti… un ojo de ámbar;

tú… tus orejas de nieve; tú… tus colmillos de escarcha.

Y tú, – mi perro reía – tú… tu muleta de plata”.

Ahora ya sé por qué está la noche agujereada:

¿Estrellas… luceros…?

No, es mi perro cuando anda…

con la muleta va haciendo agujeritos de plata.

 

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Cuando un WUF es un ¡WOW!

WUF

Sé muy bien que estoy utilizando expresiones en inglés; pero en este caso, las onomatopeyas son precisas y correctas pues los angloparlantes utilizan esta última cuando algo les llama poderosamente la atención; cuando algo es verdaderamente impresionante. Este es el caso con los amigos de WUF Perú.

En uno de esos días en los que dedicaba tiempo a la investigación del movimiento en Latinoamérica, revisando noticias y novedades, tropecé con su bien organizada página web y quedé gratamente impresionada. Quien me conoce bien, sabe que es difícil impresionarme, pues, cuando se trata de los animales, siempre busco eficacia, compromiso y profesionalismo. Eso fue lo que encontré en WUF, pioneros del trabajo eficiente en lo referente a adopción de canes en el Perú.

Cuando lo comenté con gente de Lima, recibí mensajes en los que se les criticaba por no incluir felinos en sus programas. Para la gente que no valora los esfuerzos de mejora, aunque sean exclusivos, siempre es más fácil criticar sin fundamento que apreciar el esfuerzo de un colectivo que desea ayudar a reducir el número de perros abandonados en Lima. En lenguaje especista aquí cabría añadir la consabida frase “del perro del hortelano”; pero en mi larga experiencia como activista por los derechos de los animales, han sido innumerables las oportunidades en las que he visto a grupos de perros compartiendo generosamente la comida que una mano compasiva les alcanzaba. Nada está más lejos de la verdad que ese absurdo refrán, que como bien sabemos, utiliza a fauna de todo tipo para señalar las faltas, bajezas e ineptitudes de la gente.

WUF es una joven organización peruana cuya meta es reducir el número de perros abandonados en la ciudad de Lima. Promueven la adopción de animales rescatados y trabajan concienzudamente para concientizar a la población sobre la tenencia responsable de animales domésticos y la importancia de salvar a un animal en vez de comprarlo en una tienda o un criadero.

Muchos me dirán que su visión no tiene nada de novedosa o especial, pero en realidad sí lo es. Primeramente, porque son selectivos al escoger a los grupos rescatistas con los que trabajan y, en segundo lugar, porque tienen un equipo profesional poseedor de un plan de trabajo específico en el cual se contemplan las acciones y estrategias necesarias para valorizar el proceso de adopción y darles a los animales de la calle una opción concreta de ser adoptados en hogares de por vida.

Especifico la palabra “rescatistas” porque en el Perú no existen albergues para animales. Un albergue es un lugar que cuenta con las instalaciones, el personal calificado y los recursos económicos necesarios para servir de hogar temporal para animales que posteriormente serán puestos en adopción. Es un lugar inmaculadamente limpio, tecnificado y administrado por profesionales entrenados. Es probable que las personas que recogen animales de la calle estén convencidas de que tienen “albergues”, pero no es así. Existen personas que hacen todo lo humanamente posible por albergar a animales de la calle en condiciones adecuadas para un número reducido; están quienes llenan espacios con animales de la calle sin contar con las instalaciones y los medios apropiados y que viven de la caridad intermitente de la gente y, finalmente, existen los coleccionistas de animales que, en su estado mental dañado, se llenan de animales privándolos de su calidad de vida y manteniéndolos vivos inclusive cuando la eutanasia es su única opción.

Aunque suene poético o inalcanzable, la visión de WUF es construir un mundo donde los perros sean felices, pero, ¿quién dice que las esperanzas y sueños basados en acciones concretas y auto sostenibles no pueden convertirse en realidad? Cuando este tipo de visiones están basadas en propuestas efímeras e informales, todo se convierte en una fantasía que suena bien; pero cuando se siguen pasos específicos que tienen como meta cambiar la mentalidad e idiosincrasia de todo un país, eso es definitivamente un reto concreto y realizable.

Durante la última campaña de esterilización que organizamos en Lima, el pasado 3 de julio, mis colaboradoras de Lima me pidieron que solicitara apoyo con la difusión del evento a los grupos locales. Hicimos una convocatoria pública a través de redes sociales y aparte de los “Me gusta”, bendiciones, buenos deseos y demás comentarios típicos y alusivos, WUF fue la única institución que nos ofreció ayuda concreta con la difusión de la campaña y su posterior divulgación en el diario más importante del país, El Comercio.

Tuve el gran gusto de conocer a dos de sus representantes, Joaquín Santa María y Andrea Carrión y me parecieron jóvenes serios y comprometidos con la visión y la misión de su organización. Durante nuestras cortas, pero valiosas comunicaciones, nunca me pusieron condiciones o intentaron negociar algún beneficio para ellos. Todo lo contrario, siempre estuvieron listos para apoyar, compartir ideas y deseosos de poner en práctica lo que nosotros ya hemos aprendido. En este trabajo por los derechos de los animales, valoro mucho el hecho de que los jóvenes que tomarán la posta, no quieran tropezarse con las piedras con las que nosotros ya nos tropezamos antes. Ese tiempo que se ahorran; esos errores que se evitan, son cruciales para los animales que no tienen tiempo de esperar el momento de su bienestar, de su adopción, de su liberación.

Los chicos de WUF son la clase de gente que los animales necesitan, pues ellos creen en los beneficios mutuos de la colaboración con individuos o instituciones de comprobada reputación en lo que concierne a los animales. Fue una gran satisfacción para mí no tener que lidiar con los celos, caprichitos y envidias locales de gente que se encuentra más preocupada por tener su foto, su logo o su camiseta en los medios locales que en trabajar juntos cuando el ideal es común y la meta puede ser compartida. Como siempre digo, el desinterés mostrado en la propagación de la causa, es lo que verdaderamente ayuda a los animales; la explotación de los innumerables talentos de los voluntarios responsables es lo que nos hace avanzar; la ausencia de egos y la humildad para aprender de quien ya recorrió caminos y tiene más experiencias de vida, es lo que hace que se avance y se llegue más rápido al éxito.

Si quieres tratar con un grupo serio, responsable, y dedicado a que se reduzca significativamente el número de perros abandonados en las calles de Lima, colabora con WUF, ofrécele tus talentos, tu energía, tu dinero y comprométete seriamente con ellos. Si yo viviera en Lima, mi perro sería definitivamente un WUF.

Mis mejores deseos de éxito para nuestros nuevos amigos y colegas; que sus logros sean innumerables porque cada uno de ellos significará un perro menos en las crueles calles; que sus obstáculos sean superados y que su compromiso con los animales se difunda y propague entre todos aquellos que verdaderamente quieren ser agentes de cambio, renovación y empatía.

 

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Más que buena compañía

Con abriguito

Cuando pienso en su pasado me la imagino mirando todo el tumulto de la calle con ojos grandísimos, asustados, indecisos….. tal vez escondida debajo de un carro mugroso o una carretilla estacionada. Me la imagino confusa, atolondrada, pensando a mil por hora qué hacer y adónde ir…… pero, como también sucede entre el género humano, el hecho de ser bonita, curiosa, pequeñita y definitivamente indefensa, tal vez apuró el hecho de que una mano bendita y generosa la sacara del marasmo en el que se encontraba. Me imagino que, de alguna forma, encontró alivio, cierto consuelo y un poco de paz al sentir seguramente la voz cariñosa de quien la rescató de la calle, de quién le brindó agua y alimento, de quién detuvo su paso por la vida para prestarle atención a un ser necesitado.

Muchas veces he pensado averiguar quién fue esa persona a la que mi familia y yo le debemos tanto. Tal vez ni siquiera fue una persona comprometida con la causa; pero me basta saber que fue una persona que no conforme con el paisaje de abandono e indiferencia rutinarios; detuvo su vida para ayudarla. Eso es todo lo que me importa.

No hay comparación entre el animalito que mi hermana llevó a casa con el que ella es ahora. Todos sus temores y traumas – porque los perros que pasan por muchos hogares temporales se deprimen y nunca están seguros si la casa en la que están será la definitiva – desaparecieron, porque sí es cierto que el amor te cura. Sí es cierto que la paciencia y el deseo de verte restablecida es la mejor medicina….definitivamente es cierto que las segundas o terceras oportunidades existen, sobre todo si tienes en frente de ti a un perro.

Creo que este sentimiento de inseguridad y casi, casi de resignación es el mismo que siente el niño del orfanato que es llevado a diferentes casas para “probar” si su presencia, comportamiento y carácter coinciden y convencen a los posibles futuros padres. Lo que ella no sabía es que perro que entraba a esa casa ya nunca más salía. Ella no sabía que era deseada, anhelada, esperada con mucho más ilusión que cualquier bebé humano.

Y en sus patitas sucias trajo miles de bendiciones para todos nosotros y en su corazoncito ya no tan palpitante, toda la lealtad y decencia que solo poseen los perros. Fue compañía para mi padre hasta el día en el que él se nos adelantó, es amiga y compañera de tardes de mi madre, alegría constante para mi hermana y la mejor hermanita menor que mi sobrina alguna vez pudo desear. Yo no la veo a diario, pero cada vez que recibo una foto o un video de ella, mi día se mejora. Y cuando la vuelvo a ver me recibe como si no me hubiera visto en siglos, haciéndome sentir el centro del universo en ese momento.

Ahora es más que una reina y cuando veo que hace lo que le da la regalada gana, me convenzo de que las tristezas de su pasado, o quedaron olvidadas o solo retornan en pesadillas ocasionales que ya ni siquiera le hacen mella. No me importa saber por qué terminó en la calle aunque probablemente fue a causa de una condición médica que requiere de gastos extras que pagaríamos gustosos aunque tuviéramos que traer su comida especial a pie desde el África. Todas las bendiciones que un perro trae a nuestra vida jamás se equiparan con lo que nosotros les damos.

Y he querido agradecerle y recordarla porque hoy se celebra el “Día de la Mascota”, aunque hay que aclarar que ni ella, ni ningún animal doméstico, son mascotas de nadie. La connotación de la mascota tiene un significado muy trivial y decorativo y además implica la presencia de un amo. Para nosotros ellos son animales de compañía, parte de la familia, amigos leales y confidentes inviolables. Son quienes alegran nuestra vida y nos sacan una sonrisa – aunque sea chueca y maltrecha – en los momentos en los que nuestros congéneres han pisoteado nuestra alma o nos han dado, una vez más, claras pruebas de su limitada y plástica humanidad.

Hermione para quienes pronuncian correctamente su nombre al mejor estilo de Harry Potter, o Shakira para quienes, privados de la correcta dicción, solamente se fijaron en sus caderitas alegres de cariño a prueba de balas. Ella responde a los dos nombres y hasta el que a veces uso para gastarle una broma que por siempre será privada. Estoy segura que en su superioridad espiritual, sabe que no se aplica a ella, pero en su deseo de complacerme y arrancarme una sonrisa, siempre se presta a la broma.

¡Pobre del infeliz que la abandonó creándonos una gran ganancia y felices de aquellos que abren las puertas de sus hogares a un animal necesitado. Gracias a los que no sucumben a la ridiculez del pedigree y se fijan en la raza espiritual de un animal que nos dará millones de veces más de lo que le dimos. Gracias a los que los adoptan, recogen y curan. Gracias a los más humildes que comparten el único pan que tienen con sus amigos de cuatro, tres o dos patas. No hay misericordia más grande que entender, compartir y sanar el dolor ajeno.

En el Día del Animal de Compañía – sí, así con mayúsculas – solo me queda decir: “Benditos perros que hacen el mundo más tolerable y que dejan sendas de plata…”

Con una pata colgando,
despojo de una pedrada,
pasó el perro por mi lado,
un perro de pobre casta.
Uno de esos callejeros,
pobres de sangre y estampa.
Nacen en cualquier rincón,
de perras tristes y flacas,
destinados a comer
basuras de plaza en plaza.

Cuando pequeños, qué finos
y ágiles son en la infancia,
baloncitos de peluche,
tibios borlones de lana,
los miman, los acurrucan,
los sacan al sol, les cantan.
Cuando mayores, al tiempo
que ven que se fue la gracia,
los dejan a su ventura,
mendigos de casa en casa,
sus hambres por los rincones
y su sed sobre las charcas.

Qué tristes ojos que tienen,
que recóndita mirada
como si en ella pusieran
su dolor a media asta.
Y se mueren de tristeza
a la sombra de una tapia,
si es que un lazo no les da
una muerte anticipada.

Yo le llamo: psss, psss, psss.
Todo orejas asustadas,
todo hociquito curioso,
todo sed, hambre y nostalgia,
el perro escucha mi voz,
olfatea mis palabras
como esperando o temiendo
pan, caricias… o pedradas,
no en vano lleva marcado
un mal recuerdo en su pata.

Lo vuelvo a llamar: psss, psss.
Dócil a medias avanza
moviendo el rabo con miedo
y las orejitas gachas.

Chasco los dedos; le digo:
“ven aquí, no te hago nada,
vamos, vamos, ven aquí”.
Y adiós la desconfianza.
Que ya se tiende a mis pies,
a tiernos aullidos habla,
ladra para hablar más fuerte,
salta, gira; gira, salta;
llora, ríe; ríe, llora;
lengua, orejas, ojos, patas
y el rabo es un incansable
abanico de palabras.

Es su alegría tan grande
que más que hablarme, me canta.
“¿Qué piedra te dejó cojo?
Sí, sí, sí, malhaya”.

El perro me entiende; sabe
que maldigo la pedrada,
aquella pedrada dura
que le destrozó la pata
y él, con el rabo, me dice
que me agradece la lástima.

“Pero tú no te preocupes,
ya no ha de faltarte nada.
Yo también soy callejero,
aunque de distintas plazas
y a patita coja y triste
voy de jornada en jornada.
Las piedras que me tiraron
me dejaron coja el alma.

Entre basuras de tierra
tengo mi pan y mi almohada.
Vamos, pues, perrito mío,
vamos, anda que te anda,
con nuestra cojera a cuestas,
con nuestra tristeza en andas,
yo por mis calles oscuras,
tú por tus calles calladas,
tú la pedrada en el cuerpo,
yo la pedrada en el alma
y cuando mueras, amigo,
yo te enterraré en mi casa
bajo un letrero: «aquí yace
un amigo de mi infancia».

Y en el cielo de los perros,
pan tierno y carne mechada,
te regalará San Roque
una muleta de plata.
Compañeros, si los hay,
amigos donde los haya,
mi perro y yo por la vida:
pan pobre, rica compaña.

Era joven y era viejo;
por más que yo lo cuidaba,
el tiempo malo pasado
lo dejó medio sin alma.
Y fueron muchas las hambres,
mucho peso en sus tres patas
y una mañana, en el huerto,
debajo de mi ventana,
lo encontré tendido, frío,
como una piedra mojada,
un duro musgo de pelo,
con el rocío brillaba.

Ya estaba mi pobre perro
muerto de las cuatro patas.
Hacia el cielo de los perros
se fue, anda que te anda,
las orejas de relente
y el hociquillo de escarcha.
Portero y dueño del cielo
San Roque en la puerta estaba:
ortopédico de mimos,
cirujano de palabras,
bien surtido de intercambios
con que curar viejas taras.
“Para ti… un rabo de oro;
para ti… un ojo de ámbar;
tú… tus orejas de nieve;
tú… tus colmillos de escarcha.
Y tú, —mi perro reía—,
tú… tu muleta de plata”.

Ahora ya sé por qué está
la noche agujereada:
¿Estrellas… luceros…? No,
es mi perro cuando anda…
con la muleta va haciendo
agujeritos de plata.

 
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Posted by on April 12, 2014 in Animales de compañía

 

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En su cumpleaños, Doris Day ayudará a los animales

Doris Day

Conocí a Doris Day hace muchos años en Los Ángeles, y a diferencia de otras artistas de cine vacías y sin causa, esta señora sí que dedicaba su vida, tiempo, energía y dinero a la causa de los animales. Una de las primeras iniciativas nacionales de esterilización y adopción de animales de compañía a nivel nacional salió de su organización y se hizo conocida como “Spay Day USA”.

Ahora, a punto de cumplir 90 años y en vez de recibir regalos, la actriz ha pedido  a sus fans  que ayuden  a los animales participando en una  subasta en línea y un desfile de modas. La Fundación por los Animales Doris Day conmemorará la fecha con una fiesta en Carmel, California, informó el martes un vocero de la actriz. La celebración, para la cual ya se han agotado las entradas incluirá un desfile de modas para perros, un evento de adopción y una cena homenaje el 4 de abril.

Objetos autografiados por Day y sus famosas amistades como Paul McCartney y Tony Bennett serán subastados en internet durante la cena. Las ofertas en línea terminarán el 1 de abril.

Day dijo que no le importaba celebrar su cumpleaños con tarjetas o regalos; en cambio, exhortó a sus admiradores a ayudar a los animales. “Todo lo que me importa son las criaturas de cuatro patas”, dijo Day.

Doris Day protagonizó cerca de 40 películas desde  1940 a 1960, incluyendo “Pillow Talk” y “Calamity Jane”, y grabó canciones exitosas como “Que Será, Será”. También lanzó el álbum compilatorio “My Heart” en el 2011. Actualmente vive en la ciudad costera de Carmel en el norte de California y sigue protegiendo a los animales. “Hay mucho trabajo por hacer para rescatar a los animales y para informar a la gente sobre la importancia de esterilizarlos”, dijo Day.

 

 

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Bixby promueve adopciones de manera creativa

Bixby

Michael Minnick ha estado viajando en bicicleta por los Estados Unidos junto a su perrita Bixby desde septiembre del año pasado. Durante su viaje la pareja visita refugios de animales de varias ciudades y crea conciencia sobre la adopción de animales.

Minnick adoptó a Bixby en un refugio de Texas en los Estados Unidos. Los dos comenzaron esta aventura cuando Minnick renunció a su trabajo para poder realizar este viaje.

“Realmente me he tomado mi tiempo para ver el país viajando a nueve millas por hora con mi mejor amiga. Estoy seguro que el viaje no sería lo mismo sin mi perra”, comentó Minnick.

Minnick se las arregla con sus ahorros y la ayuda de personas generosas que se encuentra en el camino. Él y Bixby están tratando de sensibilizar a la gente dando el mensaje que los perros de los refugios merecen y necesitan un hogar.

“Desafortunadamente, los refugios están completamente saturados y eso no es bueno para los perros que viven allí”. “Es muy importante que la gente adopte animales. Si puedes tener un perro y te puedes hacer cargo de él, los animales te lo devolverán multiplicado por diez″, comentó Minnick.

En los últimos meses, la pareja ha recorrido en bicicleta miles de kilómetros y ha visitado más de 25 estados.

 

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Take a chance on me

Adopta

Uno de los valores que más admiro en la sociedad americana es la importancia que le dan al voluntariado. Es parte innata de su cultura y es casi natural en ellos pues es cultivada desde sus primeros años de vida. Su servicio de voluntariado puede estar dirigido a múltiples causas, pero tiene características bien definidas de compromiso, acción y perseverancia.

Los voluntarios no dejan de cumplir con sus labores debido a días de clima intenso, incomodidades físicas, problemas de transporte o inconvenientes de último minuto. Sus organizaciones confían en ellos porque cuando su palabra queda empeñada, nunca dejan de cumplir con lo que prometieron.

Aquí no se escuchan las consabidas excusas de que no se tiene tiempo, se tienen hijos, maridos o bisabuelos que atender. Aquí no hay llamadas de cancelación a último minuto, ni enfermedades repentinas que los alejen de sus puestos sobre todo cuando se entiende que de su participación depende la vida o el futuro de miles de animales.

Hace unos años quedé maravillada cuando el grupo de voluntarios a mi cargo seguía solicitando firmas en la calle para aprobar la ley que finalmente prohibió los corrales de gestación para cerdas y los corrales de crianza extensiva de terneros en el estado de Arizona en un clima mayor a los 46 grados centígrados.

Este es precisamente el tipo de compromiso que debemos copiar en los países latinoamericanos para que nuestras acciones en defensa de los animales sean efectivas y lleguen a buen término. Para este tipo de voluntarios comprometidos con la causa es impensable convertirse en simples “activistas cibernéticos”, criticar acciones en las que nunca se participó o simplemente escribir bendiciones o ridículos mensajes de aliento para quienes se rompen alma trabajando por los animales. Los “Nunca cambies”, “Que Dios te bendiga” y demás mensajes cursis y clichés no significan absolutamente para los animales. Los mensajes escritos pasivamente desde una computadora no aminoran sus sufrimientos en lo más mínimo, ni cambian leyes, ni marcan progresos, ni abren jaulas. No sirven para nada.

Por eso, si te gusta copiar todo lo gringo, no solamente copies lo malo, lo plástico, lo chabacano; copia lo efectivo, los modelos que funcionan y las prácticas que marcan cambios significativos. Copia su gran sentido de voluntariado con todos los compromisos y sacrificios que eso implica. Solamente entonces podrás decir que eres su defensor y su voz.

Y siguiendo el ejemplo, los compañeros de la Sociedad Humanitaria (SPCA) del Condado Wake  en California crearon una atractiva forma de promover las adopciones de animales de compañía. En mi opinión, el detalle que les faltó fue el también incluir animales adultos, pero no me queda ninguna duda de que también los consideran en sus programas de adopción. Utilizando una de mis canciones favoritas de ABBA, crearon este video cuyo título es “Arriésgate conmigo”. Yo le cambiaría un poco el nombre para decir “Arriésgate a dejar entrar a un animal a tu casa y a tu corazón”; pero aunque mi título sería desestimado por su extensión, lo que cuenta es el mensaje. Arriésgate a ser amado de por vida, a tener lealtad y sinceridad eternas y a recibir una de las bendiciones más grandes que existen sobre la tierra. Adopta a un animal que busca hogar y jamás te arrepentirás de haberlo hecho.

Take a chance on them, now!

 

 

 

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