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Jesucristo sigue esperando

malnacidos HDP

Aunque técnicamente laico, el Perú no es un país en el que todas las religiones tienen exactamente la misma importancia y consideración. La religión católica ha estado involucrada en la vida social, política y económica de los peruanos desde que el cura agustino fray Vicente de Valverde entró a la Plaza de Armas de Cajamarca el fatídico 16 de noviembre de 1532.

En la actualidad, una gran cantidad de católicos decepcionados de su iglesia original han optado por convertirse en evangélicos ante la molesta mirada del clero y el rechazo de católicos empedernidos que no dudan en cerrarles la puerta en la cara cuando llegan a predicar su versión de la palabra de Dios. Lima está llena de ventanas que lucen stickers en los que lee: “esta casa es católica”.  Si los católicos creen que esta es la manera más efectiva de persuadir a los persistentes evangélicos o testigos de Jehová, están muy equivocados. De la misma manera, si un católico promedio inicia una conversación sobre la Biblia con ellos, es muy probable que no puedan presentar muchos argumentos por el simple hecho de que la gran mayoría de ellos no tiene la menor idea de lo que dice la Biblia. Como buenos “católicos de botica”, (que toman de su religión sólo lo que les conviene y cuando sea necesario) se conforman con la lectura bíblica de los domingos que el cura de su parroquia presenta entre los bostezos y el aburrimiento de la masa.

Y es precisamente esta ignorancia teórica e histórica la que hace a esa religión y a sus líderes totalmente inconsecuentes y anacrónicos. No tenemos que remontarnos a los inicios del pontificado para darnos cuenta quiénes y cómo se nombraban a los Papas; cómo éstos llegaban al poder y – lo más importante – cómo utilizaban su poder e influencia para conseguir lo que querían, para hacerse más ricos o para servir  a los intereses de quienes los mantenían en ese alto puesto.

Ya es hora de que la gente entienda que el Papado no es un puesto moral o espiritual; es un puesto altamente político que sobrevive en los tiempos modernos basándose en las influencias que genera. Miles de seguidores reconocen su autoridad y contribuyen, directa o indirectamente, a su permanencia; pero son realmente escasos los que son prueba viviente de las claras enseñanzas de Jesucristo. El verdadero Jesucristo, aquel que la iglesia católica ha desfigurado, Jesucristo el esenio era humilde, compasivo, vegetariano, y limpio en cuerpo y espíritu; en toda la extensión de la palabra, era un espíritu superior y de luz. Nada de esto se compara con una iglesia que elige ser sorda y ciega al sufrimiento no solamente de la humanidad, sino también al de los animales.

Muy pocas personas saben que ellos fueron los verdaderos fundadores de lo que más tarde se convertiría en la cristiandad. Santa Ana,  José y María, Juan el Bautista y Juan el Evangelista fueron esenios y es muy interesante saber que ellos podían diferenciar entre las almas despiertas, las que estaban parcialmente despiertas y las que aún estaban dormidas. Su tarea era principalmente ayudar a que estas últimas progresaran. Sólo las almas que se consideraban despiertas podrían recibir la iniciación en los misterios de la Fraternidad Esenia, integrada por hombres y mujeres que conocían las sagradas escrituras de múltiples religiones de las que obtenían los mejores conceptos. Entonces comenzaba para ellos el sendero de evolución, que ya no se detiene más a través del ciclo de sus encarnaciones.

Asimismo, Jesucristo instruyó a sus seguidores esenios a tomar el voto nazareno de no volver a comer carne ni tomar bebidas fermentadas nunca más. El Maestro dijo que si alguno ingería carne o tomaba alcohol, no podía recibir su palabra. Esta disciplina era aplicable tanto en el aspecto externo de la vida, como en el interno. El Maestro enseñaba que el vegetarianismo físico tenía que complementarse con el vegetarianismo psíquico, con una actitud de vida interna llena de una moralidad viviente, de un activismo pacífico, de una voluntad tenaz y serena, y de una mente clara y abierta.

Entonces, una iglesia que va precisamente en contra de estos principios, es una iglesia traidora y corrupta; totalmente deformada de sus principios originales y eso es lo que la gente pensante ve con sus propios ojos cada vez que presenciamos, por ejemplo, la impunidad existente en los casos de curas pedófilos y en los espectáculos donde se torturan y masacran a miles de animales utilizando los nombres y los símbolos de una iglesia que por un lado es indiferente al enseñamiento de las verdaderas bestias en contra de un animal indefenso, y que por el otro, se llena la boca para predicar mensajes de paz, de amor, de solidaridad cuando en verdad son solamente palabras falsas, vacías, incoherentes.

La masa católica hipócrita se cuida mucho de no contribuir a la masacre diaria de animales en sus platos, pero no tiene empacho en comer pescados sofocados y con las entrañas desgarradas durante su celebración de Semana Santa. Esa semana no tiene absolutamente nada de santa, pues es una celebración al martirio, a la culpa, al dolor, a la tortura. Jesucristo, al ser el cordero de Dios, terminó con todas esas prácticas arcaicas y trajo un mensaje verdaderamente compasivo, humanitario y revolucionario que la iglesia católica se encargó de sepultar al escondernos la verdad de su doctrina pues la verdadera doctrina de Jesús no coincidía y más bien repudiaba al lucro, a la ambición, al boato, a la ambición.

Jesús fue humilde desde su cuna y nació rodeado de los animales que abrigaron su desnudez y su pobreza. Entró gloriosamente a Jerusalén montado en un noble burro. Aquel mismo animal al que sus falsos seguidores castigan y hacen trabajar hasta morir fulminados por un peso superior a sus fuerzas o víctimas de un látigo cobarde. Jesús amaba y respetaba tanto a los animales que no se los comía y amó tanto a los seres humanos que se sacrificó por ellos. Es realmente una lástima que su sacrificio haya sido en vano porque son muy pocos sus verdaderos seguidores. Pero aquellos que usurparon su iglesia y tergiversaron sus valores para su conveniencia, continúan pisoteando su legado. Todo aquel que masacra a un inocente toro haciéndolo que se ahogue lentamente en su sangre, todo aquel que mutile su cuerpo, todo aquel que bendiga sus instrumentos de tortura y todo aquel que se siente a regocijarte en su sufrimiento es un ser maldito que se consumirá en el infierno que ellos también crearon para intimidar a los crédulos.

Apelar al sentimiento, a la racionalidad o a los datos históricos que abundan, no es suficiente para estos seres diabólicos, para los que visten hábitos y sotanas y para los Mefistófeles de a pie; los que se cruzan con nosotros a diario, enorgulleciéndose de sus mal habidas acciones en contra de los otros seres de la creación. Cientos de santos e ilustres personalidades de esa iglesia corrupta han considerado a los animales nuestros animales; pero eso no tiene ninguna validez ni para el Papa ni para su curia o sus seguidores. Las bendiciones a los matarifes abundan, las misas en las capillas de los cosos taurinos le piden a Dios protección para el asesino y sus premios a la tortura llevan los nombres de santos patrones engalanados de oro y plata.

Las bulas, las leyes de protección y el llamado a la cordura no tienen aceptación en curas y monjas que lucran con el sufrimiento de los animales y de la gente. El cura que se sienta en Roma no tuvo empacho en decir que “El paraíso está abierto a todas las criaturas de Dios” pero está más que presto a distraerse con un pequeño tigre de circo que seguramente fue arrebatado de su medio natural y de su familia. Uno de sus secuaces, el padre Benedettini, subdirector de la Oficina de Prensa del Vaticano, dice que su jefe “está en armonía espiritual con toda la creación”, ¿cómo lo demuestra? permitiendo que un escapulario taurino en Lima, Perú, lleve el nombre del Señor de los Milagros. En una de sus alocuciones dominicales el 14 de enero de 1990, dijo que “los animales poseen un soplo vital recibido de Dios”, citando los Salmos 103 y 104, y reconociéndoles, por tanto, como “almas sensitivas”, ¿Y qué hace en la práctica diaria? Presta oídos sordos y mira hacia el otro lado cuando los activistas del mundo entero le solicitan, le piden y hasta le suplican que públicamente termine su colaboración con la tortura animal.

La palabra “animal” proviene de la palabra latina “anima”. Y está probado hasta el cansancio que los animales la poseen a un nivel aún más alto que los humanoides que caminan erguidos pero que tienen el alma torcida.

Monseñor Mario Canciani, fallecido en el 2007, prelado, teólogo, exégeta, filósofo y biblista afirmó en su libro “En el Arca de Noé: religiones y animales” que los animales no solamente tienen alma, sino que en el paraíso hay un lugar para ellos. Canciani fue durante años párroco de la iglesia de San Giovanni dei Fiorentini, muy cerca del Vaticano, y permitía y animaba a los fieles a que fueran a misa acompañados por sus perros, gatos y demás animales que convivían con ellos. Estas son las honrosas excepciones que deberían ser la norma vigente. Estas son las voces que deberían invadir los sermones de toda iglesia pues el mensaje de Jesús fue siempre un mensaje de denuncia, de emplazamiento a los cobardes, a los crueles, a los déspotas y a los hipócritas.

Es también Canciani quien, en otra de sus obras, “La Última Cena de los Esenios, nos enseña sobre la tesis histórica que sostiene que Jesucristo, al celebrar la pascua con el calendario esenio, y él mismo habiendo sido formado en esa comunidad, que era vegetariana y no aceptaba los sacrificios animales, no pudo haberse alimentado en aquella ceremonia con carne de cordero, sino que se inmoló él mismo como tal, salvando a un inocente.

¿Cómo se entiende entonces que, según la iglesia católica, los animales sean merecedores del paraíso en el otro mundo, pero en la tierra sus representantes y sus seguidores los hagamos vivir en un infierno?

¿Qué hay de católico, de cristiano, o de humanitario bendecir a los asesinos y pedirle a Dios que proteja sus vidas antes de las corridas? ¿Por qué se permite que crueles monjas acepten donaciones procedentes de la tortura o que se tomen fotografías en un templo posando con la encarnación satánica de un asqueroso torero? ¿Y todas las fiestas patronales en las que no falta ni el alcohol, ni la brutalidad, ni la ignorancia, ni la tortura animal? ¿Dónde está la caridad cristiana, el respeto a la obra de Dios? ¿Cree el Papa y todo su séquito que se debe permitir que esas turbas de borrachos indeseables realmente honran a un santo o a una virgen con estas acciones execrables?

Las excepciones a esa regla de maldad ya no existen. Solamente nos dejaron sabias enseñanzas que nadie ni recuerda, ni respeta. San Francisco de Asís, a la cabeza de todos, siempre viviendo lo que predicaba al decir que toda criatura en desgracia tiene el mismo derecho a ser protegida porque son nuestros hermanos; San Antonio Abad, vegetariano y fundador del movimiento eremítico, defensor y sanador de animales. Este santo, representado con un cerdo a sus pies, curaba a los animales heridos. Un día se le acercó una jabalina con sus crías, que estaban ciegas, y San Antonio Abad (o San Antón, como también se le conoce popularmente), les curó la ceguera. A partir de ese momento, se convirtieron en sus fieles acompañantes; San Roque, patrón de los perros en América Latina, quien después de vender su herencia familiar y entregársela a los pobres, inició un peregrinaje a Roma en donde contrajo la peste. Todos los días un perro llamado Melampo llegaba a la cueva donde el santo se refugiaba para llevarle un pan y lamerle las heridas. El noble Melampo no habrá usado ninguna túnica púrpura ni anillos fastuosos, pero fue más íntegro, decente y caritativo que cualquiera de esas lacras eclesiásticas que han manchado el mensaje original de Jesucristo.

Con su misma Biblia, alterada a su conveniencia a través de los siglos, los podemos exponer en su mentira y su mezquindad. En Eclesiastés 3: 18-21, leemos: “Yo pensé acerca de los hombres: si Dios los prueba, es para que vean que no se distinguen de los animales. Porque los hombres y los animales tienen toda la misma suerte; como mueren unos, mueren también los otros. Todos tienen el mismo aliento vital y el hombre no es superior a las bestias, porque todo es vanidad. Todos van hacia el mismo lugar; todo viene del polvo y todo retorna al polvo. ¿Quién sabe si el aliento del hombre sube hacia lo alto, y si el aliento del animal baja a lo profundo de la tierra?”

Y en Isaías 66:3 leemos: “Pero los que sacrifican toros son como los que matan hombres; los que ofrecen corderos son como los que desnucan perros; los que presentan ofrendas de grano son como los que ofrecen sangre de cerdo, y los que queman ofrendas de incienso son como los que adoran ídolos. Ellos han escogido sus propios caminos, y se deleitan en sus abominaciones”.

En Éxodo 20:13 claramente leemos la famosa frase “No matarás”. Estas palabras se utilizan a conveniencia de los abusadores y se malinterpretan, como si se refirieran sólo al asesinato de una persona, pero el hebreo original es “lo tirtzach” (לֹא תִרְצָח), lo que se traduce como: “No matarás”. El diccionario Hebreo-Inglés del Dr. Reuben Alcalá dice que la palabra “tirtzach”, utilizada especialmente en el hebreo clásico, se refiere a “cualquier clase de matanza” y no necesariamente al asesinato de un ser humano.

Los secuaces del Papa saben perfectamente bien que la bula “De salute gregis dominici” promulgada por el Papa Pío V en 1567 aún sigue vigente. Así lo recordó en 1920 el Secretario de Estado del Vaticano, cardenal Gasparri: “La Iglesia continúa condenando en voz alta, como lo hizo la Santidad de Pío V, estos sangrientos y bochornosos espectáculos”. En 1989, el antes mencionado monseñor Canciani, entonces consultor de la Congregación para el Clero de la Santa Sede, declaró públicamente la validez de la bula, pero el actual heredero del trono en Roma prefiere hacerse el desentendido una y otra vez. En la declaración de la vigencia de la bula o en la condena abierta a las corridas de toros no hay ningún beneficio económico ni para él ni para su iglesia, por lo tanto ¿por qué tendría que darse por aludido? Es bien sabido que la principal motivación de su iglesia a través de la historia del mundo siempre ha sido el poder, el dinero, los asesinatos y la crueldad.

Mientras tanto las viejas beatas y los cucufatos de siempre seguirán persignándose, asistiendo a misas para hablar mal de la gente e hincándose ante otro pecador con sotana que permanecerá callado mientras que un animal es masacrado o un niño es violado. Sus asquerosas celebraciones seguirán con mantillas y sahumadoras, los políticos corruptos de turno les seguirán rindiendo pleitesía, y el pueblo, la masa ignorante que no lee, que no piensa, que no razona, seguirá ejecutando todas las excepciones a las reglas que los católicos son expertos en ejecutar.

Este es el trabajo arduo y duro de todos los activistas, de toda la gente decente que aún queda en este mundo. Aprender, educar y denunciar a viva voz todas estas aberraciones malignas, deplorables y rastreras. Nunca hay que olvidar que la ignorancia de los pueblos es la ganancia de las iglesias y de los gobiernos. ¿Alguien cree que al Papa le importa que se gasten millones en cada ciudad que visita? ¿Creen que le importa saber que con todo ese dinero se podría dar de comer a muchos pobres o educar a muchos otros niños? Han entrenado perfectamente a la gente pobre e ignorante para que sepan “llevar su cruz”, traduciéndose ésto en una tonta obediencia ciega a sus torcidas regalas, normas y costumbres crueles.

Que sea una de nuestras tareas diarias educar a todo aquel que se cruce por nuestro camino. Que sea nuestra misión tener convicción en nuestra causa, aunque en la lucha perdamos familiares, amigos, y otros beneficios. Somos soldados en una guerra injusta, malévola, cruel y despiadada; caeremos una y otra vez; pero, aunque caigamos definitivamente, debemos asegurarnos que otros tomarán la posta y representarán a los animales de una manera concreta, efectiva, pensante y profesional. Si no lo hacemos así, los animales seguirán siendo las víctimas de esta maldad encubierta y de esa fe vendida al más alto postor.

Y que a nadie lo engañen o lo asusten con las “llamas del infierno”. Todos nosotros, los que nos dedicamos a la lucha por los derechos de los animales, hemos vivido no uno, sino varios infiernos en los que injustamente se han inmolado millones de animales. Hemos visto a Satanás encarnado en matarifes, dueños de circos, zoológicos, toreros, cazadores y demás lacras. Los hemos visto en vivo y en directo y no nos hemos corrido. Correrse es traición a la causa y aunque solamente quede uno de nosotros vivo en cada batalla combatida, ese ser único regresará a buscar más aliados prestos a defender una causa justa y noble.

Ninguno de nosotros necesita una bendición, un velo, una mantilla, una mención en una misa o un anillo baboseado por la masa cruel. Nosotros ya somos seres privilegiados, de alma limpia y de corazón justiciero. Jesucristo, el verdadero, el único, el esenio que la iglesia católica fracasó en ocultar nos ve, nos sonríe y nos bendice directamente pues en cada una de nuestras acciones estamos demostrando que su sacrificio no fue del todo en vano. No somos nosotros los que hemos escupido en la fe. No somos nosotros los que no aprendimos el mensaje. No somos nosotros los que nos hacemos los sordos o miramos para el otro lado cada vez que delante de nosotros hay un animal sufriente. Nosotros somos los que, al salir de este mundo, lo haremos con la satisfacción del deber cumplido mientras que todos aquellos, con sotanas o no, que se regocijaban o se mostraban indiferentes ante el sufrimiento de un ser indefenso se pudrirán para siempre en el fuego de sus infiernos.

Y tú, Francisco, que no le haces honor a tu nombre, deja de pregonar lo que no ejecutas. Deja de engañar a la gente con palabritas sentimentalonas y empieza a manejar tu iglesia de acuerdo a las verdaderas enseñanzas de Cristo. Hiciste una revisión de los pecados capitales (¿Saben tus seguidores lo que realmente significa cometer un pecado capital?) y dijiste que “turbar la paz o consentir cualquier tipo de violencia, especialmente sobre los más débiles e indefensos, es un grave pecado contra Dios” y a los dos segundos criticaste a la gente que demostraba tener mucho interés en los animales. Es hora de que te quites la sotana, te pongas un par de pantalones y de una vez por todas destierres de tu iglesia a los maltratadores y asesinos que amparas.

Mi santo peruano, San Martín de Porres, ejemplo viviente de humildad y empatía, el que ayudaba a los seres humanos y a los animales por igual, solía decir: “El mismo tiempo malgastó en mí Dios que en hacer un ratón, a lo más dos”. Dios no malgastó su tiempo ni en crearte a ti, ni a un pequeño ratón. Dios no malgasta su tiempo en nadie. Han sido las iglesias creadas por motivos totalmente alejados a las verdaderas enseñanzas de los seres iluminados que las originaron quienes han retorcido un mensaje que es nuestro deber enderezar y propalar a los cuatro vientos. Solamente ese día, aunque nuestros ojos carnales no los vean, esta tierra podrá convertirse en un lugar digno. Y todos nosotros, los verdaderos activistas, lo veremos desde el Puente del Arco Iris. Y ese día podremos finalmente descansar.

escapulario

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AnimaNaturalis Perú envía pedido al Papa Francisco

Papa Francisco

Lima, 21 de octubre del 2013

 

Su Santidad, Papa Francisco I

Palacio Apostólico 00120 Ciudad del Vaticano

Roma, Italia

 

Su Santidad:

El mundo entero, y muy especialmente Latinoamérica, recibió con algarabía la grata noticia de su nominación como Papa y todos celebramos el hecho de que Ud. haya decidido que su papado esté basado en el servicio a los más pobres, el rechazo al boato innecesario y la sencillez.

Lo que más nos satisface es el hecho de que Ud. haya escogido el nombre de Francisco, en honor a San Francisco de Asís, un siervo de Dios comprometido con sus votos, piadoso y respetuoso cuidador de todas las criaturas de la creación.

Hoy me dirijo a Ud., una vez más y con la esperanza de obtener una respuesta concreta, en representación de AnimaNaturalis en Perú, una organización que desde su fundación en marzo de 2003, se ha dedicado a establecer, difundir y proteger los derechos de todos los animales.

Creemos que los animales merecen derechos fundamentales, como el derecho a la vida, a la libertad, a no ser torturados y a no ser considerados propiedad. La idea de derechos otorga protección a seres con intereses y los animales tienen al menos el interés de procurarse estados de bienestar y evitar estados dolorosos. El uso que hacemos de los animales en nuestra sociedad vulnera esos intereses, pues sólo tomamos en cuenta lo beneficioso que puede ser para el ser humano  su uso y explotación.

Somos plenamente conscientes de los innumerables problemas en los que usted tendrá que intervenir; problemas relacionados con los seres humanos que demandarán una buena parte de su tiempo; pero le queremos solicitar que también vuelque su atención a las otras criaturas de Dios que también necesitan de su intervención.

En muchas ocasiones hemos intentado llegar al primado de la Iglesia Católica en el Perú sin resultados. Pero esta vez, basándonos en la política de diálogo abierto que usted está implementando en el nuevo Vaticano, guardamos la esperanza de que usted no solamente esté dispuesto a escucharnos, sino también a actuar en defensa de nuestros hermanos menores, los animales.

Nos imaginamos que será de su conocimiento que en nombre de los santos católicos y de la Virgen María se torturan y comen gatos y se siguen masacrando toros en los ruedos taurinos. Y para vergüenza e ignominia de la iglesia que usted representa, los matadores cuentan con capillas en las que antes de ejecutar su danza de tortura y muerte, se ponen en las manos de la Virgen María, mientras que sus capotes, banderillas y espadas son bendecidas por curas locales. Los íconos, símbolos y nombres de los santos de la iglesia se utilizan, sin ningún tipo de reparo, para promover la lenta tortura y masacre de dos nobles animales que son paulatinamente destrozados para calmar la sed de sangre de un público ignorante, arcaico, indiferente y cruel.

El mensaje de San Francisco de Asís, es un mensaje de amor y respeto para todo ser viviente; que por lo tanto, no tiene ninguna relación con la abierta burla perpetrada por los taurinos en países mayormente católicos. Esta inconsecuencia entre la doctrina católica y la crueldad institucionalizada, confunde a los católicos, los hace cuestionar a su fe y a sus líderes y finalmente, los aleja del catolicismo en busca de otras iglesias.

En general, le pedimos muy encarecidamente que su papado valore y fomente la protección y el respeto a todos los animales; y en particular, le pedimos que Ud. en su calidad de primado de la iglesia católica:

  1. Ordene cerrar todas las capillas de las plazas de toros restantes en el mundo, y
  2. Ordene que ningún nombre, ícono o símbolo de la iglesia católica sea utilizado por los organizadores de espectáculos taurinos o espectáculos tradicionales que involucren el uso de algún animal.

Esperamos confiados que Ud. acoja nuestro pedido y que su oportuna y pronta intervención en este asunto refleje el compromiso franciscano que todos queremos ver realizado en este mundo.

Para AnimaNaturalis en Perú, la defensa de los animales es una causa que involucra justicia, compasión y respeto. Con profesionalismo, eficiencia y responsabilidad, seguiremos defendiendo los intereses de los animales, dando así voz a aquellos que todavía no la tienen en nuestra sociedad.

Respetuosamente,

Maru Vigo

Presidenta Ejecutiva

AnimaNaturalis Perú

 

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Palabra empeñada

Papa y lazarilloAunque no sé con seguridad si esto es una estrategia de marketing para contrarrestar las controversias que han venido saliendo a la luz o es en realidad la razón por la que el nuevo papa escogió el nombre de Francisco, hoy por la mañana el mismo papa declaró que, aunque otros cardenales le habían sugeridos otros nombres, en el momento en el que se dio cuenta que había ganado la elección, el nombre de San Francisco de Asís “le vino al corazón” y por eso decidió elegirlo como su nombre papal. El papa dijo que eligió el nombre del santo porque es sinónimo de compromiso con los pobres y de amor a la creación divina.

Pues bien, ahora que ya está confirmado – por su propia boca – que el papa quiere honrar el nombre y la buena reputación de nuestro Hermano Francisco, tendremos que contactarlo oficialmente para sugerirle y solicitarle acciones específicas a favor de los derechos de los animales y mantener una mirada vigilante a su obra concreta para ellos.

Todos sabemos que los tiempos que vivimos son complejos y difíciles; sobre todo cuando se trata de aspectos éticos, morales o religiosos; pero mil veces prefiero a un papa que como hombre, al fin y al cabo, está dispuesto a corregir omisiones o errores previamente cometidos por la institución que representa que a un papa soberbio y terco, empeñado en mantener el status quo de una iglesia indiferente al sufrimiento de todas las criaturas. Es característico de hombres sabios y de carácter enfrentar errores y enmendarlos. Y en este caso le daré entonces el beneficio de la duda.

Así como indicamos las carencias, también es importante resaltar los avances y progresos. Y como si el papa nos hubiera leído la mente, hay dos acciones válidas y merecedoras de reconocimiento. El primer hecho fue su negación a usar la capa papal confeccionada con piel de armiño; y el segundo, la bendición al perro lazarillo del periodista italiano Alessandro Foriani.

Foriani le pidió una bendición para su familia, y en significativo gesto, Francisco I se inclinó hacia donde estaba Asia, y también la incluyó en la bendición papal. Asia, una perra guía de ocho años, se convirtió entonces en el primer animal bendecido por el papa a la usanza de nuestro buen Francisco de Asís.

Felicitamos y recibimos de buen agrado estas acciones significativas; pero de la misma manera esperamos que el papa tome cartas en el asunto de la cancelación de la utilización de los símbolos de la iglesia en espectáculos nefastos de destrucción, sangre y miseria como las corridas de toros, peleas de gallos y demás.

Así como él ha rechazado vestirse con la piel masacrada de un animal sufriente; también queremos verlo ordenando el cierre de capillas en plazas de toros y prohibiendo las bendiciones de los instrumentos de tortura de los cobardes asesinos toreros.

Seguramente que algunos curas taurinos protestaran ante medidas como esas; pero el papa debe tener la mano firme para iniciar la limpieza interna de la iglesia católica y deshacerse de elementos inescrupulosos y crueles que solamente perjudican su imagen. Si lo hace, tendrá el apoyo y el reconocimiento de los activistas por los derechos de los animales del mundo entero.

Esperemos pues que a Francisco I no le tiemble la mano, la voz o la decisión para erradicar de un tajo todas las injusticias cometidas en contra de los animales. Él tiene el poder de romper con el protocolo ilógico, arcaico e inoperante y la facultad para lanzar un mensaje clarísimo acerca del trato que los católicos le deben a los animales.

Sin armino

 

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Habemus errores

Francisco I

Al margen de lo que se pueda opinar sobre el nuevo papa (así es, con minúsculas) hay que dejar muy en claro que la ignorancia (en el exacto sentido de la palabra) o la esperanza de la gente sale a relucir de inmediato.

Este señor que ni es santo, ni es mi padre, no ha escogido su nuevo nombre en honor a nuestro compañero de lucha y ejemplo de consecuencia, Francisco de Asís. Nuestro Francisco fue un hombre comprometido, compasivo y ejemplar. Un hombre que, al tomar una opción de vida, dejó todo tipo de riquezas y comodidades, para dedicarse al servicio de los más pobres. Despojándose de sus finos y carísimos ropajes, se retiró a vivir una vida de mortificación basada en sus principios e ideales; convenció al Lobo (este si con mayúsculas) de Gubbio para que le diera una nueva oportunidad a los hombres y mantuvo una relación armónica de respeto con absolutamente todos los miembros de la Creación de Dios. Vivió y murió de acuerdo a sus convicciones y nunca miró para otro lado mientras que una raza entera era llevada al borde del exterminio, ni transfirió a pedrastras a parroquias distantes, ni convivió con asesinos dictadores argentinos, ni mucho menos bendijo los malditos capotes de toreros asesinos. Él hubiera merecido ser Papa. A él sí que le hubiera besado el anillo con mucho gusto.

El señor Bergoglio es jesuita y si escogió el nombre de Francisco, no fue por nuestro colega, que fue franciscano, sino tal vez por San Francisco Javier que, jesuita como él, fue un misionero de la orden. En su afán de hacerlo popular desde un principio, la gente de inmediato quiso identificarlo con el santo de Asís, porque la gente siempre tiene una esperanza inicial que, en la mayoría de los casos, muere en su intento.

Sería muy bueno que el nuevo papa asumiera el compromiso de imitar a San Francisco de Asís, aunque solamente fuera en mínima parte; pero el historial de la iglesia católica en referencia a los animales no es ni consecuente, ni decente, ni ético, ni compasivo.

A pesar de que, por un lado, Juan Pablo II dijo que los animales poseían alma y merecían respeto; con la otra mano su iglesia afirmaba que “es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente (el subrayado es mío) aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas”.

Para la iglesia católica entonces es “moralmente aceptable” que los animales sufran cruelmente en mataderos, granjas peleteras, zoológicos, circos, laboratorios de experimentación y plazas de toros. Estos conceptos hipócritas plasmados en su Catecismo oficial contrastan totalmente con los más básicos principios de respeto a la creación de Dios. Todas las crueldades ejercidas contra estas criaturas, ¿no constituyen el peor de los pecados mortales? ¿No es absolutamente corrupto y abominable que los papas sigan vistiéndose de armiño y que sus curas sigan dando misa y bendiciendo las espadas y capotes de los asesinos toreros en las capilla de las plaza de toros? ¿Dónde queda su complicidad con la mafia taurina a la que, sin ningún reparo, prestan o alquilan sus íconos y símbolos más sagrados?

Por muchos años diversas instituciones de defensa de los derechos de los animales han venido solicitándole a la iglesia católica que se pronuncie abiertamente en contra de la explotación a los animales; pero hasta la fecha, la iglesia ha permanecido muda, indiferente, apática; exactamente de la misma forma en la que vieron desfilar a los judíos a los campos de concentración sin hacer nada para ayudarlos. ¿Será que les conviene la explotación animal, que les gusta servir sus cadáveres en comilonas opíparas, vestirse con pieles de animales e ignorar la bula papal de San Pío V que, dictada en 1567, excomulgaba y privaba de sepultura en lugar sagrado a quienes asistieran a las corridas?

Si el nuevo papa quiere parecerse a San Francisco de Asís, primero tiene que imitar su consecuencia, manifestarse abiertamente en contra de la explotación de hombres y animales y deshacerse de los elementos nefastos pertenecientes a su iglesia. Debe deshacerse de curas toreros como Federico María Pérez-Estudillo, canónigo de la catedral y capellán de la plaza de toros de Sevilla, quien asegura que ha dado pases y pinchazos a novillos y que su única frustración es no haber sido torero. O como Ángel Rodríguez Tejedor, párroco de Titulcia en Madrid, quien apareció como tercera espada en el cartel de una becerrada que se dio en Colmenar de Oreja a beneficio del convento de las Agustinas Recoletas.

Dicen por allí que la esperanza es lo único que no muere; pero en este caso permanezco escéptica. Las humildes sandalias de San Francisco de Asís, son muy difíciles de llenar en este mundo regido por la ambición y la indiferencia ante los más despojados y débiles. Si el Sr. Bergoglio lo logra, seré la primera en reconocerlo y valorarlo. Y en el mejor estilo masoquista católico me dispondré a subir a alguna montaña de rodillas o a llevar un cilicio por un mes.

En realidad, no hay nada que no pueda hacer por los animales.

Y aquí les dejo uno de mis poemas favoritos. Hace un tiempo, aunque no me lo crean, lo podía recitar de memoria. Hoy solamente ocupa un lugar privilegiado en mi álbum de recuerdos de mi vida como activista…. pero allí está siempre a la mano para recordarme cuál es mi misión en esta vida.

 

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