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Nunca olvides a los elefantes

Dumbo

En esta época de películas fantasiosas, violentas o extremadamente rápidas y bulliciosas me da mucha satisfacción que una idea de 1942 pueda llenar los cines con su mensaje liberador y justiciero.

Walt Disney fue conocido por “apropiarse” de las ideas de otros; pero no se equivocó cuando adaptó la historia de Jumbo y la convirtió en un favorito que grandes y chicos han disfrutado por muchos años.

El tierno e inteligente Dumbo de Disney que alegra las noches de cuentos de miles de niños se basó en una verdadera historia de terror que – en mayor o menor medida – se sigue repitiendo hasta la fecha por desconocimiento o indiferencia de quienes tenemos la posibilidad de detenerlo.

Jumbo fue capturado cuando era aún un bebé, luego de que sus captores mataron a su madre delante de él. Explotado toda su vida, por quince largos años, fue la atracción del Regent’s Park en Londres, donde soportó el peso de cientos de niños incluido un regordete Winston Churchill a cambio de cientos de pasteles.

Las crónicas de la época señalan que se resignó a su suerte hasta el día en que se volvió poco tolerante y hasta violento. Tal vez entonces es cierto que la indignación y el hartazgo de los mansos es más fuerte que un vendaval.

Para calmarlo, su cuidador lo acostumbró a beber whisky convirtiéndolo en alcohólico hasta su muerte. Tras su muerte, y al analizarse sus restos, se descubrió que su pobre alimentación, consistente principalmente de pasteles era la culpable de sus arranques mal llamados “violentos”. Su dentadura había sido destruida y eso le había producido intenso dolor. Sus articulaciones estaban totalmente destrozadas y, a pesar de tener solamente 20 años, su esqueleto parecía el esqueleto de un elefante de cincuenta.

Jumbo fue vendido al cruel empresario circense P.T. Barnum, uno de los mayores explotadores de animales de todos los tiempos quien siguió explotándolo y abusándolo hasta el día de su muerte. Hay diferentes relatos sobre ese fatal día. Noble, como todos los animales, se dice que murió atropellado por una locomotora al salvarle la vida a un pequeño elefante llamado Tom Thumb que iba a convertirse en la víctima. Nada de esto me sorprende. Los elefantes, desde su más tierna infancia, desarrollan vínculos familiares muy estrechos. Toda la manada se involucra en la crianza de los bebés y viven juntos por muchísimos años compartiendo experiencias y comunicándose subsónicamente con sonidos inteligentes que nuestros limitados oídos humanos son incapaces de descifrar.

No contento con haberlo explotado durante toda su vida, Barnum vendió sus enormes huesos a una universidad de Inglaterra y disecó su cadáver para seguir exhibiéndole antes la gente indolente que pagaba una entrada para seguir perpetrando su abuso.

La historia de este noble elefante llegó a oídos de la escritora Helen Aberson, quién escribió “Dumbo” en 1939. El cuento de Aberson es muy diferente a la triste vida de Jumbo, pues incluye un mensaje esperanzador y liberacionista pues hace que el espectador cuestione y pondere sobre la terrible explotación de los animales de circo. Es realmente difícil entender que, ante el vasto número de maravillosos actos humanos, aún una minoría mediocre e insensible encuentre divertido que seres inteligentes y que merecen ser libres, pasen sus vidas confinados a ser usados como entretenimiento.

La película que fue pensada y ejecutada utilizando los métodos más modernos de animación digital, fue del agrado de People for the Ethical Treatment of Animals (PETA), cuyos directivos solicitaron al cineasta Tim Burton que la película tuviera un final liberacionista y significativo; un final de justicia para Dumbo y su madre.

Ante la tremenda expectativa por la película, no faltó la ridícula petición de la Asociación de Cirqueros Española” quienes solicitaron al público que boicotee la película por considerarla nefasta a sus intereses y por promocionar un mensaje liberador para los animales de circo. Su berrinche tuvo un efecto totalmente opuesto, pues la película obtuvo un tremendo éxito en las taquillas y las entradas se agotaron. Nada ni nadie puede, a estas alturas, impedir que nuestro mensaje liberacionista llegue a todos los públicos.

Y hablando de todos los públicos, no hay que olvidar que “Dumbo” también incluye un mensaje inclusivo que demuestra que, aunque algunos seres nazcan o sean diferentes, siempre se tiene la oportunidad y el derecho de salir adelante en la vida.

La escena más conmovedora es la de la separación de Dumbo de su madre. Mi corazón se partió en dos cuando él va en busca de su mamá de quien luego lo separan; pero la más vergonzante es cuando lo visten de payaso para que actúe ante una masa de gente indolente. Eso es práctica común en los espectáculos circenses de estas épocas: bellos y dignos animales a quienes se les mata primero el espíritu para luego humillarlos con ridículos disfraces y actos en contra de su naturaleza.

En inglés, la palabra “dumb” significa “tonto”; pero los elefantes están totalmente lejos de ese concepto. Son criaturas de memoria prodigiosa, capaces de recordar y llorar por sus familiares y parientes muertos. Son artistas que disfrutan de la música y el arte, son los únicos animales, conjuntamente con los perros, que son capaces de entender instintivamente el acto de señalar y son seres altamente solidarios que, cuando están tristes, se tocan con sus trompas para ofrecer consuelo.

Al ver la película, no pude evitar desear que, al igual que Dumbo, todos los animales explotados y en cautiverio tuvieran una pluma mágica que los hiciera escapar de sus opresores. Esa pluma mágica somos cada uno de los activistas que, sin descanso, luchamos por ver jaulas vacías y por corregir todos los errores que la humanidad indiferente y cruel comete contra los animales.

Es lindo sacar mensajes positivos de películas como esta; pero lo más importante es seguir trabajando por la total reivindicación de los derechos de los animales, siendo su voz activa y potente, educando a la gente que aún no ve lo evidente y siendo totalmente consecuentes con esta justa y sagrada causa.

 

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Amigos de verdad

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A propósito de la reciente y magnífica noticia del cierre total del infame y cruel circo Ringling Brothers y Barnum & Bailey escribir este artículo es pertinente y llego a hacerlo por otra razón en la que los tiempos también coinciden mágicamente. Nada sucede por casualidad en nuestras vidas, todo es causalidad. Y aunque a veces no entendamos los tiempos de Dios que se mezclan, en menor forma con el destino, todo sucede en el tiempo y en el momento correctos. Ni un segundo más, ni uno menos, producen la lección para enseñar o para aprender. Estoy agradecida que así sea.

La amistad no es un sentimiento exclusivo de los seres humanos. Sucede y se desarrolla también entre los animales para nuestro asombro y regocijo. El Internet nos ha dado pruebas infinitas de ello y no solamente entre congéneres sino también entre especies que, de acuerdo a nuestro limitado conocimiento del mundo animal, deberían ser enemigas y antagónicas. El instinto, en la naturaleza, a veces no sigue la Ley implacable de la Selva.

Los elefantes son seres magníficos, interesantes e imponentes. Recuerdo que la visión de un elefante asiático era la primera figura que se distinguía en el Zoológico de Barranco que era el zoológico que existía cuando era niña. Las veces que fui me maravillaba observando la agilidad y manualidad de su trompa y su gracia lenta que para muchos quizás podía pasar por torpeza. Nunca supe cómo un ser de tierras tan lejanas había llegado a Lima; nunca lo cuestioné, pero siempre noté su soledad infinita la cual se reflejaba con un continuo movimiento de cabeza que años más tarde aprendí que era locura.

En el colegio me enseñaron que vivían en grandes grupos generalmente dirigidos por una hembra y que establecían relaciones familiares y de amigos de por vida. ¿Dónde estaba entonces el resto de su familia? ¿Dónde estaban los otros elefantes? Tuvieron que pasar muchos años para saber la verdad y para decidirme a levantar el estandarte de su causa. Hoy, que debido al cierre definitivo de un centro de explotación y crueldad llamado circo, celebro su libertad, también reflexiono sobre los sentimientos de empatía, de amistad y de lealtad que comparten con sus congéneres.

Un artículo publicado en el Diario en línea PeerJ informa que cuando un elefante se da cuenta de que uno de sus compañeros y amigos se encuentra triste o molesto, se acerca a él o a ella para acariciarlo y producir un sonido especial que demuestra empatía.

Científicos del Elephant Nature Park estudiaron el comportamiento de 26 elefantes hembras en la provincia Chiang Mai en Tailandia. Se excluyeron a los machos por razones de seguridad. Con mucha paciencia, esperaron que ocurriera una situación natural de estrés y cuando esta surgió, observaron que ellas se acariciaban una a la otra, sobretodo dentro de sus bocas. En el mundo de los elefantes, esa acción es como darse un abrazo. Asimismo, producían sonidos vocales para consolarse y reafirmar su presencia mientras que creaban un círculo de protección alrededor de la elefanta que experimentaba el estrés.

Los elefantes muestran empatía, amistad y apoyo entre ellos de manera constante y permanente, sobre todo si se trata de una manada liderada por una matriarca, elefantas, bebitos y machos inmaduros. Ellos celebran los nacimientos de sus nuevos miembros y lloran a sus muertos demostrando profundas emociones. Cuando es necesario ayudan a cuidar a los bebés de otras elefantas, les enseñan todo lo que un elefante debe saber en esta vida y apoyan con determinación, cariño y paciencia a los miembros débiles o heridos del grupo. Su empatía y compasión, realmente no tiene límites. Ser un amigo preocupado, compasivo y leal los eleva a niveles emocionales superiores.

Y en nosotros, los seres humanos, el sentimiento de la amistad puede también llegar a ser así de profundo. No voy a negar que yo estoy completamente parcializada con los animales; pero también creo que, en este mundo destructivo y cruel, aún quedan humanos que valen la pena y que son como los elefantes: fieles amigos que están siempre presentes para animarnos, consolarnos y ayudarnos. Amigos de verdad, a prueba de balas, amigos-elefantes.

Hace unos años, una de mis comediantes favoritas y activista por los derechos de los animales, Consuelo Duval concedió una entrevista en la que rememoró uno de los mejores consejos que le dio su difunto padre:

“Hija mía, en la vida, tienes que ser como un elefante. Tienes que tener los pies bien firmes en la tierra; las orejas enormes para saber escuchar bien; la boca chiquita para no hablar de más; una piel fuerte para que los golpes de la vida no te tumben y una memoria extraordinaria para que jamás olvides agradecer a Dios por todo lo que te ha dado”. Considerando que tengo una poderosa memoria de elefante, yo añadiría que esa misma memoria también me servirá para nunca olvidar lo que mis buenas amigas hicieron por mí hace unos días cuando la vida me pasó duras y álgidas facturas. El refranero castellano claramente dice que “más vale un buen amigo que mil parientes” y eso es cierto porque los amigos son la familia que uno escoge y no la que a uno le toca.

Mi labor es escribir sobre temas que involucran a mis maravillosos hermanos animales, pero hoy haré una excepción y me adentraré en el mundo de los humanos; de aquellos que, aunque no compartan del todo mis ideales y principios, han sabido tratarme como los elefantes que protegen con amor y empatía al miembro de la manada que más lo necesita. He sentido su amor, su calor, su compasión, su tolerancia y su comprensión en los momentos en los que pensaba que ni mi cuerpo ni mi alma podían dar más. Recogieron las piezas esparcidas por todas partes y con manos de alfareras expertas las volvieron a unir para dejarme más unida, más fuerte y más resistente. Eso para mí no tiene precio. Mi alma, mi mente, mi corazón y mi memoria de elefante lo ha grabado indeleblemente en los archivos eternos de mi agradecimiento.

En esta semana de triunfo, valoro más que nunca la verdadera amistad que consigue llenar de riqueza la estéril vida que sin ella nos quedaría.

Mil gracias a mis hermanas de corazón, a las que constituyen esa otra sangre, que es la que, a veces, la que más cuenta.

Con cariño, gratitud y amistad especiales para Neny, Charito P., Charito H. y Rosita.

 

 

 

 

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No más maltrato a elefantes en Los Ángeles

Circos PETA

En una reunión donde brotaron lágrimas y un concejal abandonó el salón para no ver imágenes explícitas, el Cabildo de Los Ángeles aprobó una ley que prohibirá usar ganchos de entrenamiento (bullhooks) y otros artefactos para entrenar y controlar con crueldad extrema a los elefantes en los circos. La ley se hará totalmente efectiva en un período de tres años y convertirá a la ciudad de Los Ángeles en la primera metrópoli de los Estados Unidos que exija entrenar paquidermos de manera más humana.

Los bullhooks suelen ser utilizados por los cirqueros para castigar partes sensibles de los elefantes de corta edad cada vez que no les obedecen, de tal manera que siendo adultos cumplen las órdenes con sólo sentir el artefacto sobre su cuerpo. “Sabemos que no sólo sufren física, sino psicológicamente”, dijo sosteniendo un bullhook el concejal Paul Koretz, autor de la iniciativa de ley.

Las fotos y videos que PETA presentó en el Cabildo mostrando la dureza de los entrenamientos en los circos (especialmente con elefantes bebés) fue un factor determinante que hizo que brotaran lágrimas entre algunos de los presentes. Incluso el presidente del Concejo, Herb Wesson, abandonó el salón para no ver estas imágenes. “Hemos visto más que suficiente”, expresó a su regreso. En 2008 se calculaba que entre 500 y 600 elefantes vivían en América del Norte, de los cuales la mitad estaban en zoológicos y el resto en empresas de entretenimiento y otros lugares similares.

El zoológico de Los Ángeles canceló el uso de los bullhooks al abrir su exhibición “Elefantes de Asia” en el 2010, cambiándolo por un método conocido como “contacto protector”, en el cual una barrera separa al paquidermo de su entrenador y se trata de moldear su comportamiento de manera positiva. “Este es un gran paso. Lograremos más cambios para los elefantes en los circos y exhibiciones itinerantes. Terminaremos con la crueldad ciudad por ciudad”, celebró Catherine Doyle, directora de investigación de la Sociedad para el Bienestar de los Animales en Espectáculos (PAWS).

Uno de los principales blancos de la nueva ley sería el circo Ringling Bros, que desde 1919 ha visitado a Los Ángeles anualmente. Este circo evitó participar en la redacción de la propuesta de ley. “Esperamos que Ringling Brothers use esos tres años para cambiar sus prácticas y siga el camino del Circo Vargas y otros, que no sólo reconocen la crueldad de los bullhooks, sino que también eliminaron a los elefantes de sus espectáculos”, mencionó Doyle.

Feld Entertainment Inc, propietaria de los circos Ringling Bros y Barnum & Bailey (que en el 2011 recibieron una multa de $270,000 por maltrato a sus animales), alega que la medida afectará sus negocios en esta ciudad. “Este es un asunto extremadamente serio que amenaza a la industria del circo y que no aumenta el bienestar o protección de los elefantes”, señala Thomas Albert, su vicepresidente de relaciones gubernamentales.

“Celebramos esta victoria  por los elefantes y seguiremos confrontando la crueldad en los circos”, dijo Jennifer Fearing, Directora Estatal de la Sociedad Humanitaria de los Estados Unidos.

“Es un gran paso que Los Ángeles marcará como ejemplo para el resto del país”, señaló por su parte la actriz Lily Tomlin quien fue activa participante de esta campaña.

Inmediatamente después de la aprobación de la ley, PETA envió una caja de chocolates veganos en forma de elefantes a todos los miembros del Concejo de la ciudad de Los Ángeles para agradecerles por la decisión humanitaria que tomaron la cual inspirará a otras ciudades del mundo. Hasta el momento, los concejos de las ciudades de Fulton, en Georgia; Tallahasse, en Florida; y Ft. Wayne, en Indiana, ya han aprobado leyes similares.

 

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In Memoriam: Connie de Tucson

Una de las primeras cosas que hice cuando llegué a vivir a Tucson fue inspeccionar el zoológico local. PETA acababa de publicar una guía para inspeccionar zoológicos y yo, como activista novata y deseosa de hacer algo concreto, le saqué copia (porque siempre hay que archivar los originales) y me fui corriendo al zoológico. A regañadientes, compré mi entrada y me dirigí al área de los elefantes.

Allí, meciendo sin cesar sus trompas y cabezas, (señal de estrés y desesperación) estaban las figuras imponentes de Connie y Sheba, compañeras de una esclavitud forzada en ellas por el puro y egoísta placer de ver animales exóticos en jaulas pequeñas o grandes. Señuelos de una educación falsa e hipócrita que lleva escolares al zoológico a ver esclavos de la era moderna mientras que en las aulas se condena la esclavitud y maltrato de comunidades humanas.

Allí estaban sin saber qué hacer en un espacio que por muy grande para nuestros ojos humanos, siempre iba a ser reducido para ellas, dueñas de remotas sabanas y praderas de libertad. Allí se enfermaron de tristeza al recordar a sus congéneres y familiares, allí buscaron en vano los sonidos y hasta los huesos de sus ancestros, allí vieron pasar los días y las estaciones sin el color y las ocurrencias de sus entornos. Allí, perdidas en un mar de gente curiosa, cámaras digitales, gritos de niños y algodón de dulce, languidecieron hasta que hace unos meses, fueron enviadas a San Diego creando confusiones y dolores nuevos.

Los activistas de Tucson luchamos por su libertad, por su bienestar y por su derecho a vivir una vida de plenitud en el Santuario para Elefantes de Tennessee quienes gentilmente las aceptaban si nosotros lográbamos sacarlas de su prisión.

“Amamos a Connie y a Sheba y no queremos que se vayan de Tucson” – dijeron algunos a quienes obviamente no les importaba nada su bienestar. ¿Acaso no queremos ver libre a quién amamos? Peleamos duramente por ellas en el Concejo Municipal de la Ciudad de Tucson; pero al final, sólo una regidora comprometida mantuvo su palabra de ayudarnos a conseguir su libertad.

Connie ha muerto a los 45 años, después de haber sufrido cadena perpetua por un crimen que nunca cometió. Y su muerte no es la única. Es el trágico y consabido final de casi todos los elefantes en cautividad. Y es la lección que nunca se aprende porque cuando un elefante muere o es sacrificado, siempre hay alguien dispuesto a arrancar a otro de su hábitat para complacer la estúpida necesidad humana de ver animales en prisiones.

Hoy, quienes tuvieron que ver con su esclavitud, se lamentan y ofrecen pésames carentes de todo valor moral; pero quienes luchamos por su libertad lo lamentamos profundamente. Para los ignorantes e indiferentes, ella fue un animal descartable y reemplazable; pero para nosotros es ahora un ser de luz que finalmente pasea libre de cadenas y dolor en las praderas interminables de las que nunca debió salir.

 

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El placer de disfrutar de la vida

Entre los cientos de correos que recibo, me llegó esta foto que ven. La vi y no puede evitar sonreír. No sólo por su belleza y el mensaje que implica, sino porque también me trajo recuerdos personales que tenía archivados en la memoria y en el corazón.

La vida está hecha de primeras veces. Primeras veces que a veces nos marcan de por vida; primeras veces agradables, de triunfo, de miedo y de asombro. Primeras veces que – si fueron agradables – podemos recordar fácilmente al cerrar los ojos en un momento de paz.

Ese sentimiento se sentirse maravillado ante algo desconocido, algo hermoso e inmenso como el mar, también lo experimenté yo la primera vez que conscientemente supe que finalmente estaba frente al mar. Ese mismo sentimiento de encontrarse ante la presencia de algo enorme, poderoso y magnánimo, lo compartimos – exactamente de la misma forma – el elefantito y yo.

Yo lo experimenté de la mano de mi padre quien en esa época era un hombre alto, guapo, fuerte, capaz de nadar mar adentro porque – según él – “el Pacífico, comparado con el Río Amazonas, en el que él aprendió a nadar- era un pocito”. Y por supuesto que quedé maravillada con sus altas y poderosas olas, sus colores azul-plateados, y la sensación de paz que brindaba. El mar es lo que más extraño de Lima hoy que vivo rodeada de un bello, pero árido desierto. El mar, su poderío, sus colores que confundidos con el sol me ciegan, su inmensidad; pero más que nada, mi derecho a disfrutarlo completamente.

Y eso es exactamente lo que la foto nos muestra. Un ser viviente que aprecia y disfruta de su primera vez maravillado de su entorno y de la paz y felicidad que éste le brinda. En contradicción con los científicos que prontamente me acusarían de antropoformista, este animal está disfrutando del mar, del aire, del sol… Está disfrutando del placer de ser libre.

Es por eso que las otras fotos, las que lo muestran en cadenas, en estrechas jaulas, sucios carromatos o espaciosos zoológicos, no tienen ningún sentido. Ningún ser disfruta de la esclavitud, de ser arrancado de su terruño y de su familia, de ser golpeado para ejecutar trucos estúpidos que lo degradan en su naturaleza más íntima.

Algunos placeres como el arte y la música son humanos; y otros placeres animales son exclusivos de ellos e inaccesible a los hombres…pero, en este caso, el placer de disfrutar de la vida y de sus momentos de felicidad y solaz, es definitivamente común  entre las especies.

 

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¡No más circos en Grecia!

Una reciente ley finalmente prohibió los circos con animales  en Grecia con la finalidad de proteger los derechos de los animales domésticos y silvestres y protegerlos del abuso y la tortura con la que eran tratados en ambientes deplorables, lejos de sus ambientes naturales.

La Fundación Griega de Protección Animal hizo el feliz anuncio hace unos días. Sus representantes manifestaron que estuvieron trabajando en esta prohibición desde el año 2006. En esa época los políticos no le prestaron atención a los pedidos de los defensores de los animales; pero entonces los activistas griegos buscaron el apoyo de la organización Animal Defenders International y conjuntamente con otras 52 instituciones lograron crear conciencia en el público griego.

Aunque Grecia no tenía circos nacionales, los circos que llegaban a la isla eran circos italianos que los activistas por los derechos de los animales boicoteaban intensamente. Estos circos no solamente explotaban a los animales sino que también contaminaban el medio ambiente.

 

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Queremos jaulas vacías

Cuando las personas piensan en animales salvajes, casi inmediatamente imaginan circos y zoológicos, pues es donde han podido tener cierto contacto con fabulosas especies de felinos, primates, reptiles y aves de todas las latitudes del mundo. Lamentablemente, la gente piensa que estos animales pueden entretener sanamente a niños y adultos.

Precisamente, ahí radica el secreto del negocio de los zoológicos, y en menor medida el de los circos: En hacernos creer que nos hacen conocer a los animales “tal como son en la naturaleza”.

Todo eso es absolutamente falso. En los zoológicos los animales no se comportan como lo hacen estando en libertad; no se aparean con la frecuencia y el éxito de natalidad de los animales que viven en libertad, ni tampoco llegan a vivir tantos años. Lo mismo pasa con los circos. En su estado natural, los animales nunca tienen que bailar con disfraces ridículos, saltar por aros de fuego, ni caminar en dos patas.

Los zoológicos son una actividad decadente y cruel que se vende como una actividad “educativa” que nos enseña sobre la naturaleza animal. La organización inglesa Nacido Libre que supervisa a los animales en los zoológicos de Europa, publicó un informe sobre los zoológicos en Inglaterra (un país supuestamente civilizado respecto a los animales). Se descubrió que los zoológicos ayudaban a reproducir especies en peligro de extinción, pero el 95% de la tasa de animales cautivos no estaba en ese riesgo. Peor aún; la mayoría de los zoológicos carecen de programas educativos para el público. A menudo, la información en los carteles es incompleta, ilegible o inexistente. Además, ¿cuánta gente realmente entiende y retiene esa información para decir que ha “aprendido” algo de los animales?

Por otro lado, los circos con animales son uno de los espectáculos más decadentes y anacrónicos de nuestra época. La crueldad que se esconde tras los brillos y las luces de colores en las tristes vidas de animales salvajes encerrados en estrechas e inmundas jaulas obligados a representar un espectáculo totalmente antinatural es evidente y clara para todo aquel que la quiera ver. Así como el zoológico dice educar, el circo dice que  “entretiene sanamente”. ¿Cómo puede ser entretenimiento sano ir a ver a animales arrancados de sus hábitats, encerrados las 24 horas del día, los 365 días del año, en jaulas y camiones, muchas veces enfermos y mal alimentados?

Al igual que en los zoológicos, muchos animales de circo padecen lo que se conoce como zoocosis, la enfermedad mental o locura que padecen los animales debido al encarcelamiento, la carencia de  ambientes naturales y la restricción de sus movimientos.

Para educar y entretener a tu familia o a tus hijos  tienes muchas opciones que no implican la tortura y la explotación de los animales. Y si quieres llevarlos a un circo, patrocina circos que no utilicen animales. Las sorprendentes destrezas de los seres humanos no sólo los divertirán sino que les enseñarán a respetar a estos seres que no existen para entretenernos.

Los circos y zoológicos no existirían si la gente rechazara patrocinarlos. En estos tiempos de información cibernética ya nadie puede usar el pretexto de la ignorancia o de lo que está claramente expuesto ante nuestros ojos. Las cadenas de explotación y esclavitud están a la vista de todos. El tedio, el aburrimiento y los maltratos también están allí. Lo único que hace falta ahora es la acción individual de todos para rechazar estos nefastos espectáculos y evolucionar humanitaria y éticamente.

 
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Posted by on February 14, 2012 in Circos y zoológicos

 

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Gigantesca multa para Circo de los Hermanos Ringling y Barnum & Bailey

Continuamos cosechando éxitos en lo concerniente a los animales utilizados en los circos. Esa es una batalla que no podemos abandonar pues, poco a poco, los derechos de los animales van ganando terreno y no podemos darle tregua a los explotadores.

Tenemos hoy una muy buena noticia: El Circo de los Hermanos Ringling y Barnum & Bailey ha sido finalmente multado por el maltrato y las pésimas condiciones de vida en las que mantienen a sus animales. La multa asciende a $270,000 y exige que se cumplan normas específicas que garanticen el bienestar de los animales como por ejemplo, no obligarlos a trabajar cuando estén enfermos y procurar que su alimentación sea de calidad y esté libre de heces fecales y otros contaminantes.

PETA presentó muchos testimonios y evidencia fotográfica mostrando el cruel entrenamiento de elefantes bebés a quienes se les separa salvajemente de sus madres para convertirlos en esclavos de por vida. PETA también presentó videos en los que claramente se ve como los elefantes de circos son golpeados, flagelados y castigados con la cruel barra llamada bullhook. Una barra que termina en un gancho metálico con la que se les entrena y castiga cuando el público no lo está viendo.

Cada vez más diferentes gobiernos abren los ojos ante los problemas de mantener animales exóticos en cautiverio. Desde el peligro de un posible escape o ataque hasta la terrible condena de vivir confinados de por vida en jaulas diminutas y bajo las condiciones más deplorables.

 

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El show más asqueroso de la tierra

Cuando era pequeña y llegaba el mes de julio, mi papá siempre nos sorprendía con entradas para el famoso Circo de Moscú. Entre el gentío, la venta de juguetes, los algodones de azúcar, las palomitas de maíz y los refrescos, nunca pensé en los artistas forzados de ese espectáculo.

Me gustaban los trapecistas, los acróbatas y los malabaristas; pero detestaba con pasión a los payasos que con sus caras exageradamente pintadas y sus guantes enormes hacían reír a la gente con golpes, burlas o chistes vulgares. Los repudiaba tanto como ahora repudio a los circos.

Mi padre fue siempre un hombre bueno y noble, incapaz de maltratar a un animal; pero –
como dicen mis amigos mexicanos – “nunca le cayó el veinte” (nunca se dio cuenta) de la verdad escondida en los circos. Y yo – debo admitirlo con vergüenza – tampoco nunca pregunté nada. Nunca pedir ver cómo y dónde vivían los animales; nunca pensé en la separación de sus hijos y congéneres, ni tampoco en la vida de esclavitud que llevaban. Es cierto que yo era muy pequeña y que aún no estaba entrenada para leer sus ojos, pero todo eso debió haber sido obvio para mí. No pensé en el calor que sentirían en los tórridos veranos ni en el frío que tendrían que soportar en los inviernos. Jamás pensé en los golpes que recibían, ni en el castigo o la vejación de ponerles pinturas, gorros y disfraces
ridículos. Simplemente iba a verlos maravillada en medio de una ignorancia inerte que no despertó hasta que más tarde mis ojos se abrieron a la verdad que se le quiere ocultar a la gente.

Los circos son una atracción tradicional en los que el público encuentra diversión. La curiosidad de ver animales exóticos y de otras tierras a pocos metros de distancia hace que la gente se olvide que lo que realmente está viendo es la explotación de animales que son sometidos a castigos y entrenamientos crueles y antinaturales.

El circo nunca ha dejado de ser cruel. En tiempos pasados, se incluían también a seres humanos físicamente deformes, enanos, siameses, mujeres barbudas y demás…todo con la intención de despertar la morbosidad de la gente. Con el pasar del tiempo, la atención se centró en los animales a quienes se fuerza a aprender trucos a base de golpes, vejaciones, humillaciones y privaciones de todo tipo.

Los animales utilizados en los circos incluyen muchas especies, algunas consideradas exóticas. La gran mayoría son capturados en sus hábitats naturales, algunas veces ilegalmente o vendidos por zoológicos o circos para sacarles el mayor provecho económico.

El transporte, generalmente durante temperaturas extremas, se realiza en estrechas jaulas o contenedores cerrados donde los animales pueden llegar a asfixiarse con el metano de sus propios excrementos, a pesar de que se acostumbra a mantenerlos sedientos para que orinen menos.

Cuando los circos no viajan, los animales permanecen encadenados o enjaulados en lugares donde la falta de higiene es común. Asimismo, es frecuente que presenten síntomas de neurosis, lo que significa que literalmente terminan volviéndose locos.

El entrenamiento de los animales se realiza mediante castigos físicos y psicológicos, obligándolos a adoptar comportamientos anormales para su especie. La sola imagen de un látigo, una barra metálica, o una picana eléctrica les recuerdan las palizas propinadas durante el entrenamiento y de esa manera se logra provocar en ellos un miedo incesante. Y cuando el domador o entrenador no obtiene los resultados deseados, se les priva de alimento y agua.

Si a todo esto sumamos los gritos del público, el ruido de la música y los destellos de las luces, podemos entender por qué han habido ocasiones en las que los animales pierden el control y arremeten contra el público con consecuencias catastróficas.

Los padres llevan a sus hijos a estos circos para proporcionarles alegría; pero los únicos circos en los que la alegría y la sana diversión abundan son los circos sin animales. Los circos tradicionales no son divertidos para los animales ni educativos para los niños; pues la única lección que les enseñan se basa en la crueldad y la indiferencia.

La imagen de un ser humano domando y “controlando” con un látigo a otra especie diferente a la suya solamente denota  la explotación
sobre un ser que se encuentra minimizado en sus capacidades naturales y se rinde a la tortura porque su espíritu se encuentra totalmente quebrado.

Felizmente, en la actualidad existen muchos empresarios circenses que han optado por presentar espectáculos verdaderamente divertidos y creativos en los que no participa ningún animal. Encabezando la lista tenemos al magnífico Cirque du Soleil, el Circo de Pekín, el Circo Italiano y muchos otros que trabajan a nivel local en Latinoamérica. En algunas ocasiones sus precios son prohibitivos para familias numerosas, pero siempre existen otras opciones de entretenimiento. Ten presente que mientras más baratas sean las entradas, más crueles serán las condiciones en las que los animales tendrán que vivir.

Lejos han quedado las luces y la música del Circo Ruso creado en 1919 por el propio Lenin (la tiranía traspasa especies, ¿no es cierto?) para dar lugar a la innegable premisa (de PETA, por supuesto) que los animales jamás fueron creados para entretenernos.

¿Cómo puedo ayudar?

  • Educa a los niños. Explícales que en los circos tradicionales los animales sufren y que los abusos contra ellos no terminarán mientras se sigan comprando entradas.
  • Asiste y promociona a los circos que no utilizan animales. Si sus entradas son muy caras, habla con los empresarios, sugiéreles que incluyan una función a precios populares y hazles mucha publicidad entre tus familiares y amigos.
  • Habla con el alcalde de tu ciudad y solicítale que se prohíban los circos con animales en tu comunidad mediante leyes y ordenanzas.

Y ahora un pequeñísimo ejemplo del mejor circo del mundo, Le Cirque du Soleil. Cada vez que lo veo quedo totalmente maravillada por la destreza, habilidad y creatividad de sus creadores que gracias a su ingenio y profesionalismo no tienen que recurrir al uso de animales como en los circos de la Edad de la Piedra.

 

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