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Tag Archives: crueldad

Ni olvido, ni perdón

perros sendero

Hoy, en Lima, Perú, sale en libertad una violenta terrorista cuyo nombre no incluiré con la finalidad de no darle la publicidad que ellos siempre buscan. Y sale porque en el Perú, la corrupción, las coimas, la impunidad y los gobiernos informales y débiles aún prevalecen. Presidentes, políticos y jueces ineptos que bajos pretextos internacionales de “derechos humanos” les rebajaron considerablemente las penas carcelarias ayudaron a que eventos como el de hoy sucedan. Y lo peor es que esta lacra maléfica saldrá sin haberse arrepentido ni pedido perdón por sus múltiples crímenes para seguir infiltrándose entre la población resentida, desinformada e ignorante.

Y aparte de la importante significancia histórica y política de ese momento, no podemos dejar de mencionar que esa época de terror en el Perú, también implicó una tremenda violación de los derechos de los animales.

El FBI, en un reporte acerca de la identificación de asesinos en serie incluye como una característica importante, la crueldad contra los animales y si a eso sumamos el constante especismo en le lenguaje, terminamos con una combinación letal de abuso y explotación.

El grupo terrorista peruano “Sendero Luminoso” cuyo patético nombre fue solamente un sendero de muerte y destrucción también incluyó en su camino de violencia y crueldad a los animales. Nuestro colega y amigo, César Hildebrandt en su semanario “Hildebrandt en sus trece” reporta que durante su época de terror, de 1980 al 2000, Sendero Luminoso mató a más de dos millones de animales. Abimael Guzmán y sus secuaces mataron miles de animales domésticos, ganado, auquénidos y peces. Obviamente, en un país donde la vida de los animales no cuenta, no se puede contar con cifras oficiales, pero se calcula que esta masacre en contra de los animales sucedió principalmente en las zonas andinas del país.

“Los terroristas mataban a los pobladores de las zonas que atacaban, a quienes les ofrecían resistencia y a los gerentes de las empresas ubicadas en esas zonas. No solamente asesinaban a las personas, destruían las propiedades y las maquinarias, sino que también asesinaban a los animales que encontraban a su paso” dijo al semanario Harold Chávez, un veterinario que durante esa época fue gerente de una Sociedad Agrícola de Interés Social (SAIS). Según su testimonio, los terroristas mataban a los animales más finos y a los sementales para causar daño económico a una clase a la que consideraban imperialista, capitalista y burocrático. Ensañarse contra animales inocentes – finos o no – no solamente fue un acto deleznable y repugnante sino también equivocado de acuerdo a sus torcidas creencias puesto que muchos de esos animales ya eran víctimas de la explotación del hombre. En su sed de sangre y destrucción ni siquiera fueron capaces de establecer el claro paralelo existente entre cualquier especie explotada.

En las ciudades, y como forma de amedrentamiento e intimidación, los asesinos se dedicaban a colgar inocentes perros callejeros de los postes de alumbrado eléctrico. Las calles del centro de Lima muchas veces fueron testigo de estos actos en los que se encontraba a perros colgados portando letreros de repudio al líder chino Deng Xiaoping a quien el asesino Guzmán consideraba un traidor por haberse alejado de la línea tradicional de Mao.

Situaciones como éstas solamente suceden en países donde reina la impunidad, la corrupción y la ignorancia y donde impera el especismo y la falta de empatía para con seres inocentes que nada tienen que ver con los aciertos o errores políticos de sus gobernantes. El lenguaje especista debe ser desterrado de nuestro vocabulario y esa es una misión en la que los padres y educadores deben unir esfuerzos con miras a la creación de generaciones más civilizadas y éticas.

Por ejemplo, en el caso de la matanza de los perros callejeros, es muy probable que la gente haya empleado el consabido dicho especista que los terroristas “mataban a la gente como perros”, dando a entender que la vida de estos maravillosos animales era tan insignificante e inservible que se les podía matar en grandes cantidades y sin el menor remordimiento. En esa época, a  muy poca gente le dolió lo que le sucedió a esos pobres perros callejeros para quien la vida ya era bastante dura y cruel; y muchos menos corrigieron ese lenguaje especista que se usa hasta la actualidad. Les parece una parte común del lenguaje, una pseudo metáfora, una forma de hablar que no le hace daño a nadie; pero en realidad, el lenguaje especista denigra al ser humano y promueve la persistencia de una ignorancia que se debe erradicar para por fin poder convertirnos en sociedades más éticas y más justas.

Los asesinos de Sendero Luminoso fueron responsables de la muerte de más de 70,000 peruanos y ahora, con una estrategia diferente que el débil gobierno actual no ve o se niega a ver, piden que el resto de los peruanos “pasemos la página y nos reconciliemos”. Desean una segunda oportunidad y que se les permita regresar a la vida democrática para presentarse como un nuevo partido político de izquierda.

La respuesta de los activistas por los derechos de los animales debe ser un rotundo ¡NO! Un claro ¡NO! al olvido y al perdón que demandan, a todas sus estrategias de infiltración, a su inexacta clasificación de “presos políticos” y a todos sus ocultos y modernos representantes rojimios que muchas veces se presentan como candidatos que llevan en su agenda temas de protección animal. Cuando las elecciones se acerquen, revisa su trayectoria, los grupos a los que pertenecen, las estrategias que utilizan y las premisas que propugnan. Muchos de ellos piensan que por el solo hecho de gritar improperios, realizar gastados plantones y pelearse con el jabón, son acreditados representantes de los animales. Nada puede estar más lejos de la verdad. Ellos no habrán sido acusados de terroristas, pero nunca debes olvidar que sus posiciones políticas radicales no tienen como prioridad a los animales. Sus resentimientos sociales son siempre mucho más importantes que la causa que dicen defender.

 

 

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Cuando las leyes se cumplen

Snowflake

“Llegará un día en que los hombres como yo, verán el asesinato de un animal como ahora ven el de un hombre”

Leonardo da Vinci

Para estas fechas, ya casi todos los países latinoamericanos tienen leyes de protección a los animales. Algunas más completas que otras; con penas más “considerables” que otras; con ejecuciones de la ley en algunos casos, pero casi todas excluyentes a diferentes áreas de la explotación animal. Las corridas de toros y peleas de gallos quedan exentas de las aplicaciones de la ley por considerarse “espectáculos de índole cultural”, y el tratamiento de animales en las industrias cárnicas y los laboratorios de experimentación es casi ignorado. Muchas personas consideran que de alguna manera existe un tipo de progreso; pero ¿de que sirven las leyes cuando los castigos y penalidades a los infractores no son significativos y acordes al delito cometido?

Los sangrientos espectáculos en los que se brutalizan a toros, caballos y gallos siguen impunes, no por mandato popular, pues la mayoría de los ciudadanos han expresado su rechazo a este tipo de abuso; sino por los intereses creados que los ganaderos, los empresarios de las mafias taurinas y galleras y la iglesia católica tienen en los congresos de cada país latinoamericano. Si a esto sumamos la ignorancia política o la indiferencia de las masas al elegir representantes, entendemos claramente por qué no se ha avanzado legislativamente en estas áreas. A pesar de los miles de estudios que comprueban el peligroso vínculo entre la crueldad contra los animales y la violencia humana, los países latinoamericanos aún tienen mucho que aprender respecto a la justa aplicación de estas leyes.

Un ejemplo concreto de la eficacia de las leyes de protección a los animales está por concluir en Nueva York en estos días. Alsu Ivanchenko, de 34 años, fue detenida luego de que tirara por la ventana de su auto a una cachorrita de tres meses de edad. Los veterinarios del South Shore Animal Hospital indicaron que Ivanchenko había traído al animal para que este fuera tratado y le dieron la opción de pagar por las operaciones o practicarle una eutanasia. La detenida declinó ambas alternativas y para ahorrarse tiempo y dinero, decidió lanzar por la ventana de su auto a la cachorrita enferma y dejarla morir a la vera del camino dentro de una bolsa plástica.

El martes pasado, Ivanchenko sorprendió a la corte cuando rechazó el acuerdo de culpabilidad que la hubiera condenado a seis meses de cárcel, el pago de $34,000 por restitución económica la ASPCA (entidad proteccionista que atendió a la perrita) que afectaría su crédito hasta que la deuda hubiera quedado cancelada, un período probatorio de cinco años y la prohibición de tener cualquier otro animal de compañía de por vida. Al rechazar la oferta, será juzgada por un tribunal y corre el riesgo de ser sentenciada a dos años de cárcel aparte de las sanciones anteriormente mencionadas.

La perrita inicialmente llamada Snowflake, tenía una patita rota pero Ivanchenko decidió que no tenía dinero para su tratamiento y la arrojó por la ventana de su auto. La caída le provocó trauma y fractura craneanas, daño cerebral y ceguera. Unas personas de buen corazón la encontraron y la llevaron a la ASPCA (American Society for the Prevention of Cruelty to Animals) quienes se ocuparon de su tratamiento y recuperación. Snowflake, quien ahora se llama Pip, ya ha sido adoptada de por vida y se encuentra en franco proceso de recuperación.

Este tipo de severidad en las leyes y en su cumplimiento son ejemplos a seguir en países donde la abierta crueldad contra los animales es aún impune o simplemente castigada con penas ridículas o multas insignificantes e intrascendentes que siguen perpetuando el concepto de que la crueldad y el abuso contra los animales es algo sin importancia o validez.

En los países latinoamericanos y debido a diferentes factores étnicos, “culturales”, religiosos y patológicos, se ha abusado brutalmente de los animales en las formas más diversas e inimaginables: Nuestra fauna nativa es explotada, vendida y comercializada impunemente antes la indiferente mirada de las autoridades competentes que esgrimen cualquier excusa con tal de no actuar acorde a las leyes y al sentido común. Miles de aves de la Amazonía son transportadas al exterior en envases plásticos o rollos de papel higiénico para satisfacer la demanda de la gente que quiere darle un toque exótico a sus viviendas sin saber que más de la mitad del cargo llegará muerto a su destino. ¿Hay algo más criminal que privar a una especie de su innato derecho a SER? Y la lista continúa: peleas de perros, ejecuciones de animales domésticos de todo tipo, atropellos, abandonos, abusos en mataderos y lugares de experimentación, utilización de animales en ridículos rituales de brujería o curativos, utilización de sus pieles, su carne, su cuero, sus hijos….sus vidas enteras. El satánico Homo Sapiens es, en la gran mayoría de los casos, un maldito diablo bípedo cuya mayor satisfacción ha sido destruir a las otras especies de quien debió ser guardián y protector.

Los animales son seres vivos, sintientes, inteligentes y capaces de sentir una variada gama de emociones que se pueden comparar a las experimentadas por los seres humanos. Son ciudadanos de naciones diferentes con leyes justas e idiomas que el hombre no se ha ocupado de aprender, o por lo menos, tratar de entender. Son poseedores de desarrollados sentidos de percepción y sistemas fisiológicos que actúan impulsados voluntariamente y por instintos naturales. Sólo hace falta convivir con un animal y observarlo para saber cuándo siente: temor, dolor, angustia; placer, gratitud y afecto. Sólo hace falta leer los anales de la historia para saber con cuánto sacrificio han contribuido a la formación de la “civilización” de la que ahora disfrutamos.

La Declaración Universal de los Derechos de los Animales, aprobada por la UNESCO, no puede ser más considerada como una linda obra poética o letra muerta. Por “racionalidad”, decencia y conciencia los humanos deberían respetar a todo el reino animal y dejar de usarlos como objetos, abusarlos y desecharlos cuando ya no son funcionales a sus intereses. El especismo es una lacra social que debe ser erradicada mediante los esfuerzos de los activistas por los derechos de los animales; pero estos esfuerzos deben ir acompañados por leyes sólidas como las que finalmente hicieron justicia por esta cachorrita en Nueva York.

Si ya no queremos lamentar actos de brutalidad y salvajismo en contra de cualquier animal, debemos empezar por escoger muy cuidadosamente a quienes nos representen a nivel legislativo. Debemos revisar sus planes de trabajo a favor de los derechos de los animales y una vez elegidos, mantener un estrecho contacto con ellos para comprobar que las promesas electorales de cambio no fueron etéreas y falsas.

Asimismo, debemos educar constantemente al público, en todo lugar y en todo momento: en las escuelas, universidades, en las calles, en el transporte público, en las esquinas, en los estadios, en todo lugar posible. Debemos presentarles la verdad (en la forma más adecuada para cada individuo) e inmediatamente después opciones de apoyo y sugerencias de cambio.

Si bien es cierto que en Latinoamérica existen muchos problemas sociales que también esperan legislación y justicia, esto no excluye a que un sector de la población se preocupe, luche y trabaje exclusivamente por los animales. Después de todo, su bienestar y su protección están estrechamente relacionados al bienestar y al progreso de la raza humana.

 

 

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El FBI califica crueldad a los animales como delito grave

Law

Los jóvenes que torturan y matan animales tienden a ejercer violencia contra la gente cuando son mayores si no se los controla, revelan diversos estudios. Una nueva clasificación estadounidense de los delitos de crueldad animal ayudará a descubrir a los abusadores antes de que se agrave su conducta y a juzgarlos.

Durante años, el FBI archivó el abuso bajo el rótulo de “otros” junto con infracciones menores, con lo cual resultaba difícil descubrirlo y rastrearlo. La policía federal dijo que incluirá la crueldad hacia los animales en el Grupo A de delitos graves y con un rótulo propio, como el homicidio, el incendio intencional y el asalto.

“Esto permitirá obtener mejores sentencias, convencer a los jurados y conseguir mejores acuerdos judiciales”, dijo la ex fiscal Madeline Bernstein, presidenta de la filial en Los Ángeles de la Sociedad para Prevenir la Crueldad hacia los Animales.

Añadió que la nueva categoría ayudará a identificar a los infractores juveniles, y a que los acusados comprendan que si reciben ayuda inmediata, no se convertirán en asesinos en serie como Jeffrey Dahmer.

La policía deberá denunciar incidentes y arrestos por abandono; abuso intencional y tortura; abusos organizados, incluyendo peleas de gallos o de perros, y abuso sexual de animales, dijo el FBI en un comunicado.

“El beneficio inmediato es que estará presente todos los meses en los informes policiales de delitos”, dijo John Thompson, director ejecutivo interino de la Asociación Nacional de Comisarios, quien apeló por la creación de la nueva categoría. “Es algo que nunca hemos visto”.

“Más del setenta por ciento de los adolescentes que perpetraron matanzas en las escuelas públicas abusaron de animales antes de pasar a la gente”, dijo Thompson, subcomisario retirado del condado Saint Georges en Maryland.

 

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Cuando las protestas no son suficientes

Heroe

Ni la pobreza, ni la ignorancia son excusas válidas para justificar la crueldad. Durante mi camino como activista por los derechos de los animales me he encontrado con gente pobrísima, que tal vez ni siquiera sabía escribir su nombre pero que era poseedora de un corazón inmenso y de una empatía inigualable para con todos los seres vivientes.

Es cierto que la “cultura social” de los pueblos es diferente y que las diferentes comunidades del mundo perciben a los animales de manera diferente; pero los componentes básicos de la moralidad y la ética del individuo, aunque moldeados y promovidos a temprana edad en el hogar, son quienes nos definen como personas. Un niño aprende a distinguir entre el bien y el mal y esos parámetros entre lo correcto y lo incorrecto determinarán sus acciones futuras. Por lo tanto, no es complicado determinar cuando alguien actúa con alevosía y crueldad infligiendo poder y dominación sobre un ser indefenso incapaz de defenderse de su malévolo atacante.

Los seres humanos están llenos de excusas para justificar sus asquerosas y crueles acciones contra los animales. Dicen que no pueden vivir sin su carne, sus pieles, su lana, y sin el entretenimiento psicópata que les produce verlos destrozados. Y cuando esta crueldad es enfocada en los animales de compañía, nos vemos inundados de estúpidas excusas de adolescentes desadaptados, novias perdidas, y actos de violencia pasajera.

Nada de esto es excusa. La crueldad contra los animales no tiene ninguna justificación y es  un claro indicador de alto riesgo social. Los activistas por los derechos de los animales le informamos al mundo desde hace mucho tiempo que los abusadores de animales eran bombas de tiempo viviendo entre nosotros; pero únicamente cuando el FBI apoyó esas investigaciones fue cuando se le empezó a prestar atención a este grave problema. Hay un vínculo claro y directo entre la crueldad animal, las conductas antisociales y la violencia interpersonal. Según el FBI, os abusadores de animales  son cinco veces más propensos a cometer crímenes contra la gente y reconoce a la crueldad animal como el primer signo de advertencia de una conducta potencialmente criminal y peligrosa. Ellos reconocen esta relación de abuso y violencia y la utiliza en la elaboración de perfiles de asesinos en serie. El FBI también ha hallado antecedentes de crueldad con animales en exhibicionistas, acosadores sexuales libres y encarcelados, violadores convictos, y asesinos. No hay duda que valga; quien maltrata y abusa a un animal es un psicópata y sus acciones, si son dejadas impunes, son un cáncer para toda la sociedad en su conjunto.

Últimamente he recibido noticias alarmantes desde Lima, relacionadas con el abuso animal. Empezando por el infeliz que mató a un gatito y se filmó cometiendo su fechoría y terminando, hace unos días, con la escoria que quemó y atropelló a un inocente perro. En vista de estas acciones, las personas decentes protestan, organizan plantones y publican la noticia en todas las redes sociales pero eso no es suficiente. Hay que organizarse debida y profesionalmente para exponer a estos malnacidos; seguirlos y exponerlos en todos los ámbitos de sus miserables vidas como un recordatorio constante de que sus acciones no van a ser titulares de un solo día. Desenmascararlos ante la gente que quizás no sepa de sus acciones y les abra las puertas de sus casas o equivocadamente piensen que pueden cambiar. ¿Le daríamos una segunda oportunidad a quien viola a una de nuestras hijas? ¿A quién acuchilla a nuestros familiares para robarle una cartera con diez soles? ¿A quién le prende fuego a nuestra casa mientras dormimos? Así como en el maravilloso y sabio mundo natural, tenemos que descartar las frutas podridas (que incluso así pueden servir de abono), así también debemos descartar y aplicar todo el peso de la ley (y si no existen, crearlas y ejecutarlas) a quienes son crueles con los animales. No es preciso esperar a que estos cobardes delincuentes escalen sus grados de violencia e incluyan en su lista de crímenes a mujeres o niños desprotegidos.

Hace unos días, el puertorriqueño Jorge Amadeo, una de las recientes víctimas encontradas entre los escombros de dos edificios que explotaron al este de Harlem, murió, tratando de salvar a su perro, según testimonios de familiares y amigos. Amadeo, era uno de varios boricuas radicados en el barrio que se había dado por desaparecido en medio del estallido de las estructuras.

Amadeo, totalmente consciente del peligro, no dudó ni un instante y trató de salvar a su perrita Blackie pero lamentablemente no lo logro. “Amaba entrañablemente a Blackie y no dudamos que murió tratando de salvarla. Esa perra era todo para él. Por suerte mi mamá no estaba allí porque hubiera sido una tragedia doble”, dijo Víctor Amadeo, hermano de la víctima. Vemos aquí entonces, una prueba más que la clase social o el nivel de instrucción no tiene correlación directa con la crueldad o la indiferencia. La familia Amadeo consideraba a Blackie como un miembro más de la familia y entendía muy bien que Jorge hubiera sacrificado su vida por ella. En ningún momento alguien dijo, “¡Qué hombre tan tonto…..sacrificar la vida por un perro!”

Todo esto contrasta con la situación en Lima porque, pese a los esfuerzos de una persona caritativa que llevó al perrito intencionalmente quemado y atropellado por un chofer de moto taxi a una clínica veterinaria, el animal falleció. La persona que asistió al animal vio cuando el desalmado llegó con un costal donde se encontraba el perro, lo arrojó a la calle,  y le prendió fuego para finalmente retroceder con la moto, atropellarlo varias veces y huir como el infeliz cobarde que es.

Vecinos del lugar han informado que el depravado guarda su moto en una vivienda ubicada en la Avenida Atajása, en la tercera zona y que él vive al frente del lugar. La policía aún no ha revelado sus datos, pero esta puede ser una fácil tarea para las personas interesadas en encontrarlo, exponerlo, boicotearlo económicamente y sobre todo, recordarles a todas las personas del lugar en donde vive, que tienen una bomba de tiempo entre ellos. Una bomba de tiempo que la próxima vez cometerá un crimen igual o peor de horrendo contra alguno de sus vecinos.

Y hace unas pocas horas, contactos de la Municipalidad de Surquillo, municipalidad limeña a la vanguardia en lo referente a los derechos de los animales, me informaron que otra desadaptada, en un callejón del distrito envenenó a un perrito que sufrió cuatro horas antes de morir pues aspiró su propio vómito y murió ahogado en los brazos de la regidora Nelly Galarza, quien no pudo hacer nada por salvarlo. La regidora Galarza ha prometido hacerse cargo de este caso y aplicar una sanción ejemplar.

Y para quienes puedan exponer a esta asesina, su nombre es Jessica Rosado y vive en la Calle San Agustín 570 en Surquillo, Lima.

La labor de la regidora Galarza será titánica porque la legislación peruana no contempla como delito el maltrato a los animales; es tan sólo una falta que se penaliza con 120 días multa. Y mientras que la mayoría de los ineptos e inservibles legisladores no hacen mucho por el pueblo que los eligió, los animales y la sociedad entera deberá seguir pagando el alto precio de no controlar y sancionar con todo el peso de la ley a estos inservibles criminales que continuarán actuando impunemente amparados en el letargo legislativo de un país que aún vive en siglos pasados sin merecerlo. El proyecto de ley que plantea penalizar estos actos de crueldad ya existe, pero tenemos que esperar a que los padrastros de la patria despierten de sus falsos sueños de gloria y que en vez de dedicarse a corrupciones y estafas, piensen por una sola vez en servir a la comunidad. De allí la suprema importancia de saber no solamente a quién se elige sino también a quien se le exige que cumpla con lo prometido. El Perú está aún muy lejos de llegar a tener esa cultura y conciencia cívica. La gente la reclama en las calles, los restaurantes y las conversaciones casuales. Nadie quiere legisladores traferos, corruptos, ladrones ni ineptos; pero nadie toma acciones concretas para que no lleguen a tener un poder con el que solamente se benefician ellos mismos.

Es hora entonces de establecer leyes, y sanciones ejemplares para todo tipo de crueldad animal. Desde la que ocurre en las calles todos los días hasta la que se permite y santifica en las altas esferas de poder en nombre de una falsa cultura y una iglesia hipócrita. El sufrimiento de todo ser capaz de sentir es exactamente el mismo y no debe tolerarse bajo ningún motivo. La crueldad, en todas sus formas, no debe ser parte del paisaje diario de ninguna ciudad.

Es realmente una lástima que la ley del Talión que fue creada pensando en el bienestar de la gente de Babilonia, no exista para casos como estos. Si bien puede tener fallas o contradicciones, no es un código revanchista sino preventivo ya que creer que todos los criminales tienen la facultad de rehabilitarse es iluso e impráctico, mucho menos cuando la víctima ha sido una criatura indefensa y el asesino un ente merecedor del peor de los infiernos.

 

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Bomba de tiempo

gatito

Me dicen que el nombre “Tadashi” en japonés significa “Correcto”. Pues nada más paradójico que  esto.

El tal Tadashi Shimabukuru, un pobre, triste e irreciclable infeliz, que conjuntamente con otra bazofia humana como cómplice, torturaron y mataron a un indefenso animalito en Lima, grabando su crimen para que lo vea el mundo entero, es el ejemplo concreto de lo incorrecto, cruel, malévolo y pútrido.

No interesa para nada si esto sucedió ayer, el año pasado o hace un milenio. Aquí lo que importa es resaltar que ese enfermo mental y sus cómplices son bombas de crueldad a punto de detonar y de escalar a otros niveles nuevos (léase indefensas víctimas humanas) que satisfagan de alguna manera sus torcidas ansias de poder y de sangre.

Confrontado entre la espada y la pared, el enfermo aduce que lo hizo porque “tenía problemas familiares” como si cada uno de nosotros agarrara a machetazos o a balazos a todo aquel que se cruza en nuestro camino porque tuvimos una discusión con nuestros padres, con el marido o con el vecino de la casa de junto. Este tipo de acciones no tiene excusa.

Si bien es cierto que enfermos como ese asesino podrían buscar ayuda psiquiátrica, yo personalmente dudo mucho de su total rehabilitación. Siempre leo sobre rehabilitación de violadores de niños y aunque mis esperanzas para los humanoides son realmente mínimas, nunca he creído en el éxito de tales estrategias. Son en momentos como esos cuando lamento profundamente que la Ley del Talión ya no exista, pues creo firmemente que algunos humanoides solamente podrán entender y quizás aprender cuando una experiencia similar es ejercida sobre ellos.

Como todo cobarde abusador, al verse expuesto, da excusas y pide perdón. No por haber cometido un acto deleznable sino por haber sido atrapado en su delito. Y aunque la rabia y la indignación de algunas personas justifican la protesta que llevaron a su casa, eso no justifica que los vecinos de ese repugnante individuo sufran las consecuencias de la protesta: calles pintadas, gente gritando, tiradera de tomates, etc.

La gente justamente indignada debe entender que todo debe ser canalizado y controlado, aunque se piense  que en situaciones como esta, no hay raciocinio que valga. Golpeando al infeliz con un megáfono no va a solucionar el problema. Lo que hay que hacer es exponerlo públicamente, creando una gigantografía que muestre su infame rostro, su dirección, teléfono y hasta email y exponerlo en el barrio donde vive, en el lugar donde trabaja o en el sitio donde estudia. Si estas personas tienen la voluntad y la energía necesarias para llevar a cabo una protesta, lo deben hacer de manera organizada, concreta y pensada poniendo total énfasis en prevenir al público y a los vecinos del lugar sobre este engendro cuyo próximo crimen será un indefenso ser humano, tal vez alguno de los niños que viven en su edificio, su cuadra o su ciudad.

Este es el plano evolutivo de todos los asesinos en serie, que empiezan torturando y matando inocentes animales para luego trasladarse a buscar víctimas humanas igualmente desprotegidas. Más efectivo que un megafonazo, es un volante con la cara del engendro previniendo a toda la gente del lugar. Un volante a todo color titulado “mira quién es tu vecino” tiene mucho más valor que cualquier golpe.

Ahora bien, todo movimiento de tipo social ha tenido siempre una fuerza paralela de choque, que sus líderes no les hayan impedido actuar a su libre albedrío es otra cosa; pero aún así, hay que actuar con inteligencia, con seguimiento, con observación detenida, con paciencia….porque a veces la justa defensa de los animales, es también un plato que se debe comer frío.

En todos los movimientos sociales donde ha habido de por medio una explotación similar a la que actualmente sufren los animales, hemos podido comprobar la existencia y ejecución de diferentes métodos. Allí radica precisamente la pluralidad que se necesita para saber cómo, dónde y cuándo actuar. A veces la legitimación de los derechos de seres que sin lugar a dudas los merecen puede volverse creativa. No por gusto existe el dicho de que “Dios escribe derecho en renglones torcidos”. Vaya uno a saber cómo interpretar esta verdad, pero por el momento llega a mi mente la escena que adjunto. Escena de una de mis películas favoritas “Arde Mississippi” (Mississippi Burning) cuando luego de varios intentos fallidos y protocolares del FBI, a los explotadores de los afro-americanos se les da una sopa de su propia medicina.

Para nada promuevo la violencia que detesto en todas sus formas y matices. Pero, a veces, y como ya dije antes, parece ser que esa es la única forma en la que los abusadores aprenden las lecciones.

 
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Posted by on February 11, 2014 in Animales de compañía

 

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La crueldad con los animales, un signo de alarma psiquiátrica

A pesar de la terrible brutalidad que encierran, los actos de crueldad contra los animales no ocupan las primeras páginas de ningún periódico ni parecen escandalizar demasiado a la población. Sin embargo, tienen un significado muy importante que debería interesarnos como sociedad. Aquellos que abusan de los animales, según indican los expertos, son hasta cinco veces más propensos a cometer crímenes violentos contra las personas.

Y a pesar de esta advertencia, la prensa informa de adolescentes que meten a un hámster en el microondas, un grupo de chicos que crucifica a un gato, otro que asesina brutalmente a un burro, u otros que torturan a un perro y cuelgan los vídeos en el Internet. Animales desollados, quemados, empalados, mutilados, apaleados, etc.

Cuando se habla de estos actos, es frecuente leer o escuchar frases como “son cosas de niños que pasarán con la edad”. Es cierto que, a veces, dentro de un juego, especialmente en grupo, algunos menores cometen actos lamentables pero, advierten los psiquiatras y los criminólogos, en otras ocasiones es una señal de alarmaque la gente no escucha. Según la opinión de Allen Brantley, supervisor y agente especial del FBI, uno de los grandes especialistas del mundo en la materia, “Estos comportamientos no son una válvula de escape inofensiva en un individuo sano”.

En países como los Estados Unidos, el interés por este tipo de actos es creciente. No sólo por la mayor sensibilización hacia los animales sino por las evidencias cada vez más numerosas de la relación entre los actos de crueldad con los animales y otros crímenes que van desde el consumo de drogas hasta los asesinatos en serie.

En la década de los 80, Alan Felthous, experto en psiquiatría forense, llevó a cabo varias investigaciones que mostraban de forma consistente cómo detrás de las agresiones a personas, en muchas ocasiones, existía una historia de abuso a animales. Sus investigaciones, realizadas con hombres especialmente violentos internados en las cárceles de Estados Unidos, así lo confirmaron.

En 2002, la revista Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law hizo público un estudio en el cual se asociaban los actos repetidos de crueldad con los animales en la infancia con el desarrollo de un trastorno de personalidad antisocial, la presencia de rasgos antisociales y el abuso de sustancias.

Frank Ascione, del departamento de Psicología de la Universidad de Utah en Estados Unidos y reconocido experto, escribía en el Boletín de Justicia Juvenil en 2001: “Aproximadamente, la mitad de los individuos asociales incurre en conductas sádicas y si lo hacen antes de los diez años el pronóstico es peor. Que el menor pase de un acto aislado de violencia contra un animal a cometer otros crímenes es una escalada” añade este experto.

El abuso de animales y la violencia interpersonal comparten características: ambos tipos de víctimas son criaturas vivas, tienen capacidad para experimentar dolor y podrían morir a consecuencia de las lesiones infligidas. La sensibilización en Latinoamérica o los programas de prevención ante esta problemática son totalmente deficientes o nulos. Son innumerables los casos de crueldad contra los animales en los que no se hace absolutamente nada al respecto dejando a los criminales en libertad para seguir abusando de los animales y la gente.

En todos los casos de violencia o crueldad contra los animales, es necesario contar con la intervención de un psiquiatra, porque al principio del problema, se pueden tomar medidas preventivas. La falta de control de los impulsos, la empatía, y el manejo de la ira son cosas que se pueden tratar si se tratan a tiempo.

Y no solamente eso, es imperativo instaurar programas nacionales de Educación Humanitaria en escuelas y universidades para poder ayudar a fomentar valores y patrones de conducta que serán beneficiosos no solamente para los animales, sino también para la sociedad. Si no queremos ciudades violentas, debemos trabajar arduamente en la prevención de una violencia que es la misma, sea quien sea la víctima.

 

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La excepción a la regla

 

Así como hay (menos mal) seres humanos que sí valen la pena por ser gente compasiva, decente, ética y humanitaria con todas las criaturas y que constituyen una clara excepción a mi regla de que casi todos los humanoides son una bola de materia irreciclable; debe haber algunas excepciones en el clero católico. El problema es que no conozco tal excepción. Ni siquiera los más jóvenes y recién salidos del convento se libran del lavado de cerebro y del escapismo en sus respuestas diciéndonos que cualquier tema controversial debe ser “resuelto por el vaticano”.

El asunto es que los animales no pueden contratar abogados, recibir compensaciones económicas secretas por haber sido violados o recibir partidas económicas por ser masacrados. Los animales no saben de todas las crueldades y corrupción cometidas por siglos, de la indiferencia y complicidad a favor de los nazis cuando miles de judíos morían miserablemente en los campos de concentración o de la clara indiferencia ante la pobreza o ignorancia más extremas. Los animales no saben de los “hijos de curas” nacidos después de una típica fiesta patronal donde abundó el alcohol, la ignorancia y la sangre de algún inocente animal.

Los animales no saben de pagos por matrimonios de primera, segunda, o tercera clase; con flores o sin ellas. Los animales no saben de responsos cobrados y dados a nombre de personas que ni siquiera conocieron. Los animales no saben de besamanos, besa anillos o faldones púrpuras. Los animales quieren vivir en paz.

Y yendo radicalmente en contra del mensaje de Jesús quién – según su dogma particular – amaba a la creación de su padre, el cura Alfonso Berrada párroco de la Parroquia la Virgen Milagrosa localizada en Miraflores, Lima, Perú, no  solamente toma una posición totalmente irresponsable y anti cristiana, sino que se niega a que activistas locales ingresen a las instalaciones de la iglesia para poder rescatar a un gatito que ha quedado atrapado por más de cuatro días.

A un hombre verdaderamente cristiano no habría que pedirle ese favor más de una vez. Un hombre verdaderamente caritativo y humanitario ayudaría de inmediato a los activistas que solamente quieren liberar a ese animal de su sufrimiento. Un pseudo “representante de Dios en la tierra” que es indiferente ante el sufrimiento de un pequeño ser capaz de sentir, no puede tener la menor compasión por quien se arrodilla ante él en un confesionario.

Y esa ha sido precisamente la actitud del sacerdote. Ante la insistencia de los activistas limeños, él se ha negado a cederles el paso para rescatar al minino y les ha dicho tajantemente que no le importa su suerte.

En vez de colaborar con los activistas que desinteresadamente alimentan, cuidan y esterilizan a los gatitos del parque; él – al mejor estilo de Pilatos – se lava las manos y se desentiende del asunto. Este señor no es un hombre proactivo, ni que busca soluciones. Cada vez que ha vertido su aburrido y soporífero (porque lo he escuchado personalmente) sermón, nunca ha mencionado el problema de la sobrepoblación de gatos en el parque, nunca le ha pedido a su congregación que los ayude, los adopte o esterilice. Él simplemente continua con su inerte “labor pastoral” consistente en repetir fragmentos de una Biblia cuyas enseñanzas no cumple, apagar cirios, llevar faldones y ser cruel con los animales.

En mi mundo ideal, su propia feligresía debería forzarlo, emplazarlo y hasta boicotearlo… pero sé que eso es mucho pedir. Es probable que esa escena imperdible del Mundo Bizarro de los comics de Superman no suceda en un largo, largo tiempo porque la feligresía no pregunta, ni cuestiona, ni exige. Pero los activistas – católicos o no – deben anteponer la justicia y la compasión ante todo y deben tomar medidas justas y drásticas. Cuando un ser sufre, no existe ni allanamiento, ni desecración. Y por supuesto que nadie va a esperar que el propio Vaticano o tan siquiera el Arzobispado intervenga. Ellos están muy ocupados viviendo como comechados, contando dinero mal habido o rezando y cobrando por las almas de un Purgatorio que no existe.

Espero sinceramente que los activistas actúen y que el hecho de que la crueldad suceda en una iglesia y no en una casa cualquiera no los detenga.

Ya no estamos en la Edad Media cuando podíamos caer acuchillados o envenenados por el cura supremo vigente y sus secuaces si nos oponíamos a sus santos designios; ahora, a las iglesias totalitarias, obcecadas de poder y crueles con los animales hay que ponerlas en regla y recordarles – con hechos – sea cual sea su dios, que el amor y el respeto del Ser Supremo para su creación es innegable e inagotable.

He aquí la única excepción a la regla que conozco, nuestro hermano Francisco de Asís.

 
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Posted by on August 31, 2012 in Animales de compañía

 

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