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Monthly Archives: January 2018

Bolívar y los perros

Bolivar y Nevado

Pocos lo saben, pero El Libertador era amante de los animales, y en especial del perro callejero. Hoy hacemos referencia a dos notas que así lo demuestran:

Extracto de “Un día con Bolívar” por Jorge Mier Hoffman

Margarita – Nueva Esparta – Venezuela

11:00 AM: Bolívar se dirige a la caballeriza para asegurarse que los caballos se bañaron, comieron, se les revisaron las herraduras, y le fueron peinadas las crines y colas. Personalmente chequea las correas de la silla de montar y se asegura que estén bien amarradas. Antes de montar “a bautizar al palomo” – dicen de manera jocosa sus oficiales – Bolívar rocía su caballo con el característico aroma de Colonia, que no sólo lo caracterizaba a él, sino también a sus bestias y hasta sus perros. Sus soldados hacían bromas en caso de caer prisioneros, ya que para el enemigo ubicar al General Bolívar no sería nada difícil con sólo seguir la fragancia alemana.

6:00 PM: Ya cuando el sol se encuentra en el horizonte, la comitiva abandona el Palacio de Gobierno en dirección a la Quinta de Bolívar, que los vecinos llamaban sarcásticamente “La Quinta de los Perros” llamada así por la cantidad de perros que allí vivían; y que su compañera Manuela maldecía, y hasta con razón, por el número de esos animales que invadían la casa cuando el Libertador hacía su entrada.

Bolívar los amaba, y por ello se encargaba de recoger a todo perro zato que deambulaba por las aceras de Bogotá; gesto que correspondían esos desaliñados animales, que como atraídos por los nobles sentimientos del Libertador, lo seguían al ritmo de su caballo que transitaba todas las tardes del Palacio de Gobierno hacia las laderas del Monserrate.

En todo momento y al pie de su cama, al menos uno de sus preferidos se echaba a la entrada, y a sólo dos personas les era permitido interrumpir el sueño de su amo: José Palacios, su mayordomo y su compañera Manuelita. Si bien es cierto que en el intento fallido del atentado del 25 de septiembre Manuelita Sáenz pudo salvar al Libertador de ser asesinado en el Palacio de Gobierno, fueron sus perros quienes alertaron de la incursión de los treinta y ocho asesinos. Los enemigos, para llegar hasta su habitación, tuvieron que degollar a las feroces fieras, tiempo que le permitió al Libertador salir por la ventana de su habitación y, gracias a la oportuna intervención de Manuela, Bolívar ya no la llamará mi querida loca, sino la libertadora del Libertador.

“ Bolívar y su perro Nevado” por Tulio Febres Cordero, el historiador de Mérida

Después de la batalla de Niquitao, el 2 de Julio de 1813, se dirigió El Libertador a Mérida, donde permaneció durante 18 días, saliendo luego hacia Mucuchíes. En su paso por el Páramo de Mucuchíes, concretamente en Moconoque, una casa que estaba aproximadamente a 6 kilómetros de la villa de Mucuchíes, el señor Vicente Pino le regaló al Libertador un hermoso perro de la raza conocida como “mucuchíes”. Esta raza, es descendiente del Mastín de los Pirineos; estos mastines fueron traídos al país por los sacerdotes que fundaron la ciudad de Mucuchíes para que cuidaran los grandes rebaños de ovejas que traían de España. Perros de gran tamaño, fuertes, inteligentes y hábiles que defendían los rebaños de los depredadores, y con los cruces y el tiempo llegaron a conformar la raza llamada Mucuchíes.

El hermoso perro que recibió El Libertador, se llamaba Nevado. Dice la historia, que era negro como el azabache, las orejas, el lomo y la cola blancos, lo que hacía recordar la cresta nevada de los páramos andinos, razón por la cual, le pusieron por nombre “Nevado”, como nevados eran los páramos. Vicente Pino se puso a las órdenes del Libertador, le dio la información necesaria para llegar a la villa de Mucuchíes, y además asignó al servicio del Libertador, a un indio mucuchero llamado Tinjacá, que había sido criado por él, amaba a los perros, y además conocía muy bien a Nevado.

Quiso Bolívar que alguien cuidara del perro, y quien mejor que Tinjacá, por lo que le asignó este trabajo y de él aprendió Bolívar los silbidos para llamar a Nevado. Los oficiales del Estado Mayor bautizaron a Tinjacá como el “Edecán del Perro”, quedando así sellada la unión del Libertador, el indio y el perro, unión esta, que sólo terminaría con la muerte.

Cuentan que Nevado correteaba alegre al lado del alto caballo de guerra del Libertador, y que le acompañó por las ciudades y campos de batalla, recorridos en la gesta libertadora. En plena batalla, Nevado ladraba muy alto, sobresaliendo sus ladridos por sobre el fragor de la lucha, como dando ánimo a su dueño. Y cuando Bolívar entró triunfante a Caracas, recibiendo el aplauso y la admiración de toda la ciudad, muchas de las flores que le lanzaban al Libertador, le caían a Nevado, y dicen que Bolívar aseguraba que el perro también merecía el homenaje de esas flores.

Así, vivió Nevado junto a su dueño muchas batallas, sitios, vida de campamento, triunfos y derrotas, siempre acompañados por Tinjacá. Pero fue en la batalla de Carabobo el 24 de julio de 1821, cuando llegó la separación definitiva.

Después de la gloriosa batalla, que dio la libertad definitiva a su patria, Venezuela, se acercaron al Libertador dos de sus soldados, en quienes El Libertador, por la expresión que traían pudo adivinar que las noticias no eran buenas. En efecto traían la noticia de que Tinjacá estaba mal herido, y también Nevado. Bolívar lanzó su caballo al galope hasta el sitio en la llanura donde le habían señalado que estaban sus dos compañeros. Al llegar, Tinjacá, con lágrimas en los ojos sólo pudo decirle,”¡Mi General, nos han matado al perro!”

Bolívar viendo a Nevado, ya muerto, tinto en sangre, no pudo decir nada. Cuenta Tulio Febres Cordero, el historiador de Mérida, que, en los ojos del Libertador, brilló una gran lágrima de dolor.

Así, se conoce al pueblo de Mucuchíes como el Pueblo de Bolívar, y en la plaza Bolívar de este pueblo, como homenaje a esta gran amistad, se encuentra la escultura del indio Tinjacá y el Perro Nevado, junto a Bolívar.

Desde allí permanecen imperturbables, de cara a la cordillera Andina, que, con sus nieves eternas, es un mudo testigo de la Campaña Admirable y de la amistad sin tiempo de un militar idealista, un indio fiel y un noble perro.

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Posted by on January 21, 2018 in Uncategorized

 

¡No te rindas Venezuela!

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No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se ponga y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma,

Aún hay vida en tus sueños….

Así empieza uno de mis poemas favoritos de Benedetti y por esas cosas de la vida, últimamente lo he tenido que leer muy a menudo. Creo que ya hasta me lo sé de memoria… Pero su contenido toma relevancia cuando un año más transcurre y las injusticias aún permanecen en status quo.

No hace falta investigar exhaustivamente para comprobar que, pese a muchas honrosas excepciones, el género humano sigue hundiéndose en el lodo miserable de la indiferencia, del abuso, de la maldad y la crueldad. Y estos seres crueles, injustos y miserables, se encuentran por todos sitios. Son miembros de tu familia, de tu vecindario, de tu entorno y, a pesar de que creo firmemente en una justicia divina y una ley kármica, aún siguen respirando y entorpeciendo el oxígeno que solamente debería ser para la gente decente, noble, compasiva…. Ese mundo ansiado, pero a la vez utópico, sería el único en el que verdaderamente quisiera vivir.

Y ahora vemos mucho más claramente como las profecías con bases concretas de quienes trabajamos por una causa noble, se cumplen día a día. Todos los días somos testigos de las miles de injusticias que se cometen en contra de los animales y de los seres humanos, y nosotros, como activistas de causas sociales, no podemos pasarlas por alto pues la crueldad y la explotación son siempre las mismas, cualquiera que sea la especie que las sufre.

Miles de muchachos, estudiantes trabajadores y honestos en los Estados Unidos están a punto de perder su condición migratoria porque el ignorante racista de la Casa Blanca se empeña en continuar con su odio infundado contra los mexicanos. Como todo matón de cuarta, que en ese país disfrazan como “bully”, se aprovecha del poder que gente más ignorante que él le otorgó en las últimas elecciones presidenciales. Pisa, ultraja, amenaza y se vanagloria de ello ante los gritos desaforados de quienes aún lo apoyan. Ninguno de esos ignorantes sabe nada de lo que realmente sucedería en los Estados Unidos si todos los trabajadores del campo o las familias mexicanas decentes y trabajadoras fueran expulsados del país. No tienen la menor idea de los daños irreparables que el medio ambiente y los animales ya están sufriendo y de la catástrofe económica y ecológica que la construcción de su ridículo muro ocasionaría en esa área sensible y preciada del desierto de Arizona.

En Sudamérica, cada día, somos testigos de las barbaries que ocurren en Venezuela. ¿Es que el ser humano se acostumbra a ver tanta injusticia que, a la larga, ya se la contempla como parte del paisaje diario? La última víctima del gobierno corrupto y sanguinario de Maduro fue el ex – policía Óscar Pérez a quien los medios que le lamen los zapatos a Maduro denominaron “subversivo y muerto durante un enfrentamiento con la policía bolivariana”. Un “enfrentamiento” es la palabra equivocada, puesto que Óscar estaba dispuesto a entregarse y pedía clemencia por las mujeres y los niños que se encontraban con él. Los soldados tenían orden de matar y en vez de convertir a Óscar en una víctima más de la dictadura; lo convirtieron en un mártir. Un ejemplo de inmolación por una patria libre.

En mis inicios como activista por los derechos de los animales, y cuando el correo tradicional era el único medio confiable de comunicación entre activistas, uno de mis primeros contactos fue con el gran activista venezolano Víctor Mileo, en ese entonces presidente de APROA. Prolífico escritor y activista anti-taurino, Víctor Mileo publicó un pequeño libro llamado “El Síndrome Hispano” de cuyas páginas aprendí a ser mejor activista y a analizar profundamente los fundamentos de nuestra lucha.

“Cuarenta años de lucha para la prevención de la crueldad con los animales han sido suficientes para identificarnos con esa causa y sentir además la decepción por la indiferencia y la insensibilidad colectivas. De ahí nace nuestra decidida actitud contra la barbarie consciente o inconsciente, y también el desprecio por estas manifestaciones de primitivismo que es necesario combatir por todos los medios”, dice Víctor Mileo en el preámbulo de su libro en el que nos prepara para la lucha contra la lacra taurina.

Y aunque Venezuela, gobernada por un sanguinario e ignorante asesino, no es el único país en el que aún se masacran animales en un ruedo bajo la venia gubernamental y eclesiástica, está ahora en las noticias por masacres similares; masacres directas como la del policía Óscar Pérez o lentas y sistemáticas como las que comete contra el pueblo venezolano que vive en la desesperación y la miseria, sin alimentos, sin hospitales, sin medicinas, obligando a los venezolanos a emigrar forzosamente a otros países de Latinoamérica dejando atrás toda su vida, sus profesiones y sus familias.

En mi última visita a Lima, encontré muchos más venezolanos que en mi viaje anterior. En su mayoría jóvenes que trabajan vendiendo diferentes productos en las calles de Lima o tomando cualquier trabajo posible para poder ayudar a las familias que se quedaron atrás. Con vergüenza ajena comprobé que muchos de los empleadores peruanos se aprovechan de ellos pagándoles menos de lo que gana un peruano, no otorgándoles los tradicionales aguinaldos navideños, ni horas extras, ni seguro médico. ¡Vergüenza de especie! Siempre aprovechando la mínima oportunidad para explotar a otro congénere en necesidad. ¡Y qué no decir de los ridículos y siempre eternos huachafos que los maltratan o les dicen que se vayan porque le están quitando trabajo a los peruanos! Personalmente conozco muchos peruanos flojos y vagabundos que jamás trabajarían tan duro como lo hacen estos muchachos, así que ¡a callarse la boca! Esa gente ni sabe lo que es trabajar duro, ni lo que es salir adelante solo, en una tierra extraña, teniendo la responsabilidad de ayudar a nuestras familias. Para esos ignorantes y seguramente mantenidos, es mucho más fácil insultar que darse cuenta de sus tristes y pobres realidades.

Pérez jamás podrá ser considerado un terrorista de la misma manera que ningún activista de nuestra causa podría serlo. La defensa de los derechos de los animales llega a converger con la lucha por los derechos humanos porque la lucha contra la injusticia, es nuestro punto en común. De la misma manera, hemos indicado, desde el principio de los tiempos, que la violencia entre los humanos está íntimamente y peligrosamente ligada con la crueldad contra los animales. Todos los días vemos cómo esta conexión de violencia está presente en los crímenes, abusos y atrocidades que los humanos cometen los unos contra los otros.

Antes de llegar a Lima, participé en la coordinación de ayuda humanitaria para los animales en Venezuela. Esta es una misión prácticamente imposible debido a todos los obstáculos impuestos por el dictador. La mayoría de las personas que no pueden pagar o no encuentran comida para sus animales domésticos se ven obligadas a ir a las fronteras con la esperanza de encontrar algo y al estar nosotros en los Estados Unidos – enemigo mortal del tirano – la situación del envío de ayuda se complica en gran forma.

Desde Venezuela nos llegan noticias escalofriantes sobre la situación de los animales en Venezuela – animales silvestres y domésticos – Las peores noticias reportan que algunos venezolanos los han utilizado como alimento, los han abandonado o se han visto forzados a darlos en adopción a cualquiera. Miles de animales se encuentran en situación de abandono total ante la impotencia de los grupos de defensa animal que hacen hasta lo imposible por ayudarlos. Se suma al problema el hecho de que muchos de ellos no se encuentran esterilizados, aumentando el gran número de animales en las calles del país y la proliferación de casos de zoonosis, lo cual – asesino Maduro – es un problema de la salud pública que tú tanto dices defender.

Algunos informes nos reportan que los venezolanos están alimentando a sus perros y gatos con comida para aves y, aún peor, nos dicen que tanto los animales abandonados como las personas, se pelean los desperdicios en los basureros de las ciudades. Para alguien que ama y respeta a los animales que comparten nuestras vidas debe ser terrible decidir quién debe comer hoy y quién debe comer mañana.

El precio de la comida para animales ha subido en más del 60% y los venezolanos que no pueden pagar esos precios exorbitantes, abandonan a sus animales en parques, calles, basureros, refugios, clínicas veterinarias, (que probablemente también están en quiebra) y refugios como el llamado “Misión Nevado” que fue creado por Maduro en enero del 2014 para honrar al perro del Libertador Bolívar. Dicho centro colapsó ante el gran número de animales que fueron dejados allí. Ignorante asesino, ni siquiera entiendes que el Libertador amaba a los perros por haberle salvado una vez la vida. Así es como actúan los genocidas, sin principios, sin compromisos, sin honra. Utilizan y manipulan el nombre de un héroe o de una causa; hablan de su amor por el “pueblo” pero viven vidas totalmente opuestas a lo que predican pues su misión más importante es mantener al pueblo ignorante y oprimido para poder seguir manipulándolo.

En un esfuerzo sobrehumano por ayudar a las personas que llegaban a Misión Nevado para abandonar a sus animales, el refugio dictó talleres sobre alimentos alternativos que se podían preparar con verduras y otras proteínas y sobre los trámites a seguir para enviar animales al extranjero.

Les pido que estén atentos a cualquier solicitud de ayuda para los animales en Venezuela, la cual, también tendría que incluir ayuda humanitaria para nuestros hermanos venezolanos humanos. Y en el entretiempo, si me estás leyendo de cualquier país de Latinoamérica, hazme el gran favor de colaborar con los inmigrantes venezolanos. Sugiéreles que también vendan arepas y bombas veganas o que se las ofrezcan a los restaurantes vegetarianos o veganos de tu ciudad. Recuerda que siempre, sin importar las circunstancias, debemos ser consecuentes con la causa que defendemos. Nunca te olvides que la crueldad, sea quien sea la víctima – aún en tiempos de abuso y tiranía – siempre es la misma.

 

 

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