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Monthly Archives: May 2019

Obstáculos superables

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Trabajar por los derechos de los animales en Sudamérica es, de por sí, bastante complicado; y si a eso le añadimos el negativo factor de quienes intentan destruir en vez de construir, el problema se complica en detrimento de la meta a la que queremos llegar: la liberación total de los animales. Al ser evidentes sus limitaciones, lo más fácil es desparramar estiércol indiscriminadamente y es allí cuando los verdaderos activistas profesionales, aquellos que nunca permitieron ser catalogados como “animalistas” rabiosos e ignorantes tienen que tomar acciones efectivas para mantener su estatus y eliminar a los ruidos nocivos.

Para los que no son peruanos, Milagros Leiva es una excelente periodista que recibe mucho acoso y crítica insana porque es una profesional acuciosa y una mujer sensible, de llanto fácil, pero sincero. Para quienes tiran estiércol en el Perú, por ejemplo, ser honestamente sensible y hacer todo lo posible por arreglar injusticias, es motivo de burla y de desprecio.

Los principios de la Educación Humanitaria, no fueron creados únicamente para instruir a la gente en temas relacionados con los animales. El medio ambiente y la gente también están incluidos porque la Educación del Carácter comprende todos esos aspectos. Lamentablemente, y siguiendo la trayectoria de la naturaleza humana, algunos humanoides proyectan el contenido de sus reducidos cerebros y su total falta de ética y empatía para con absolutamente todas las especies. Para ellos no hay ninguna distinción.

Mencionaba anteriormente a la periodista Leiva porque ella comúnmente realiza una labor social que incluye a animales, el medio ambiente y a los seres humanos abusados por el sistema, por el gobierno o por las bandas de miserables que pululan bajo las barbas de las autoridades.

Para los que tiran estiércol en el Perú, el equipo de médicos incapaces que mutilaron de pies y manos a una humilde vendedora ambulante que trabajaba para mantener a sus hijos es simplemente un acto de mala suerte o una lamentable equivocación. Mientras que no les haya pasado a ellos, la vida continúa sin mayores novedades. Kelly Sayhua – la vendedora en mención – nunca recibió ningún tipo de compensación económica. Para empeorar su situación, un grupo de malnacidos le robaron toda la mercadería que había comprado al crédito por un valor de s/. 10,000 soles (aproximadamente $3,000).

Los que tiran estiércol en el Perú, se suman rápidamente a un grupo de ignorantes cucufatos que critican los principios igualitarios de género aduciendo que promueven la pornografía, el anti-nacionalismo o la búsqueda de otras religiones que no sea la católica (lo cual, conociendo su historia y nefasta influencia en el mundo, no sería una mala alternativa).

Los que tiran estiércol en el Perú, se ven representados por un cobarde miserable que le quiebra la espalda a pedradas a una perrita fiel que nunca lo abandonó, o por el monstruo que viola a una niña o abusa brutalmente de una mujer. Para ellos, la impunidad, sobre todo contra los más pobres, es la imagen de todos los días y por lo tanto no mueven ni un dedo para combatirla. En esos casos, cuando la exigencia de justicia es necesaria, sus patéticos gritos y ridículos plantones no son necesarios.

Los que tiran estiércol en el Perú, no toman ninguna acción profesional, organizada o efectiva cuando en sus narices se tortura implacablemente a toros, caballos y gallos mientras que la masa indolente e ignorante se persigna cuando el cura cómplice bendice los instrumentos de tortura.

En el Perú, estos lanzadores de estiércol, con vidas obviamente miserables y vacías, dicen “trabajar” por los animales porque los animales no cuentan con la voz humana para pedirles que no lo hagan y desaparezcan para siempre. Patéticamente, intentan imitar estrategias exitosas de otros países donde los derechos de los animales son tomadas muy en serio y nos ofrecen su versión criolla de bocas de letrina, comentarios y “denuncias” mal escritas, diatribas, embustes, difamación y calumnias pues esas son las únicas cobardes opciones de las que disponen. Es mucho más fácil demostrar su incapacidad e inferioridad tirando barro para intentar sorprender a los desinformados que reconocer los logros – mínimos o máximos – que otras personas han obtenido.

Pero, como todos bien sabemos, después del estiércol, viene la limpieza; porque aún queda gente decente, compasiva y ética en este mundo cruel e indiferente.

Milagros Leiva, la periodista con la que inicié este artículo, mueve todas sus influencias para lograr que otros vendedores le donen mercadería gratuitamente a Kelly Sayhua, consigue que le adjudiquen una pequeña tiendita y pide a sus amigos abogados que la ayuden a cobrar la indemnización que merece. A pesar de todo y de todos, y en vez de mendigar e incitar una lástima estática; Kelly decide seguir trabajando y ser exitosa.

Al mismo tiempo, los niños de cientos de escuelas siguen aprendiendo los principios de la Educación Humanitaria porque, aún inconscientemente, sus maestros saben que el contenido de estos principios crea ciudadanos compasivos, bondadosos, generosos y decentes.

Miles de activistas – con un mayor o menor nivel de preparación – luchan a diario por los derechos de los animales, sobreponiéndose a todas las limitaciones que se presentan en el camino y pasándose por adelante los vituperios de los escasos mentales y espirituales. Es cierto que aún falta aprender a reconocer los éxitos de los colegas; aún falta entender el concepto total de lo que significa ser un voluntario o un activista profesional; pero los avances son notorios.

Esta es la dicotomía que aún prevalece en los países latinoamericanos y es el problema que debemos erradicar de raíz, no solamente porque es una gigantesca traba en nuestro camino, sino que también es un tremendo detrimento en las metas que debemos lograr para los animales. En nuestro poder está elegir entre ser un lanzador de estiércol o un activista efectivo. No hay más opciones. Punto final.

Debido a la limitada naturaleza humana, siempre encontraremos estiércol en nuestro camino, pero lo importante es saber sobrepasarlo y colocarlo exactamente en el lugar que se merece. Nada ni nadie puede ni debe distraernos de nuestra meta final porque el compromiso que tenemos con la causa de los animales siempre deberá ser el motor imparable que nos llevará a su total liberación. No lo olvides jamás.

 

 

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