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Jesucristo sigue esperando

malnacidos HDP

Aunque técnicamente laico, el Perú no es un país en el que todas las religiones tienen exactamente la misma importancia y consideración. La religión católica ha estado involucrada en la vida social, política y económica de los peruanos desde que el cura agustino fray Vicente de Valverde entró a la Plaza de Armas de Cajamarca el fatídico 16 de noviembre de 1532.

En la actualidad, una gran cantidad de católicos decepcionados de su iglesia original han optado por convertirse en evangélicos ante la molesta mirada del clero y el rechazo de católicos empedernidos que no dudan en cerrarles la puerta en la cara cuando llegan a predicar su versión de la palabra de Dios. Lima está llena de ventanas que lucen stickers en los que lee: “esta casa es católica”.  Si los católicos creen que esta es la manera más efectiva de persuadir a los persistentes evangélicos o testigos de Jehová, están muy equivocados. De la misma manera, si un católico promedio inicia una conversación sobre la Biblia con ellos, es muy probable que no puedan presentar muchos argumentos por el simple hecho de que la gran mayoría de ellos no tiene la menor idea de lo que dice la Biblia. Como buenos “católicos de botica”, (que toman de su religión sólo lo que les conviene y cuando sea necesario) se conforman con la lectura bíblica de los domingos que el cura de su parroquia presenta entre los bostezos y el aburrimiento de la masa.

Y es precisamente esta ignorancia teórica e histórica la que hace a esa religión y a sus líderes totalmente inconsecuentes y anacrónicos. No tenemos que remontarnos a los inicios del pontificado para darnos cuenta quiénes y cómo se nombraban a los Papas; cómo éstos llegaban al poder y – lo más importante – cómo utilizaban su poder e influencia para conseguir lo que querían, para hacerse más ricos o para servir  a los intereses de quienes los mantenían en ese alto puesto.

Ya es hora de que la gente entienda que el Papado no es un puesto moral o espiritual; es un puesto altamente político que sobrevive en los tiempos modernos basándose en las influencias que genera. Miles de seguidores reconocen su autoridad y contribuyen, directa o indirectamente, a su permanencia; pero son realmente escasos los que son prueba viviente de las claras enseñanzas de Jesucristo. El verdadero Jesucristo, aquel que la iglesia católica ha desfigurado, Jesucristo el esenio era humilde, compasivo, vegetariano, y limpio en cuerpo y espíritu; en toda la extensión de la palabra, era un espíritu superior y de luz. Nada de esto se compara con una iglesia que elige ser sorda y ciega al sufrimiento no solamente de la humanidad, sino también al de los animales.

Muy pocas personas saben que ellos fueron los verdaderos fundadores de lo que más tarde se convertiría en la cristiandad. Santa Ana,  José y María, Juan el Bautista y Juan el Evangelista fueron esenios y es muy interesante saber que ellos podían diferenciar entre las almas despiertas, las que estaban parcialmente despiertas y las que aún estaban dormidas. Su tarea era principalmente ayudar a que estas últimas progresaran. Sólo las almas que se consideraban despiertas podrían recibir la iniciación en los misterios de la Fraternidad Esenia, integrada por hombres y mujeres que conocían las sagradas escrituras de múltiples religiones de las que obtenían los mejores conceptos. Entonces comenzaba para ellos el sendero de evolución, que ya no se detiene más a través del ciclo de sus encarnaciones.

Asimismo, Jesucristo instruyó a sus seguidores esenios a tomar el voto nazareno de no volver a comer carne ni tomar bebidas fermentadas nunca más. El Maestro dijo que si alguno ingería carne o tomaba alcohol, no podía recibir su palabra. Esta disciplina era aplicable tanto en el aspecto externo de la vida, como en el interno. El Maestro enseñaba que el vegetarianismo físico tenía que complementarse con el vegetarianismo psíquico, con una actitud de vida interna llena de una moralidad viviente, de un activismo pacífico, de una voluntad tenaz y serena, y de una mente clara y abierta.

Entonces, una iglesia que va precisamente en contra de estos principios, es una iglesia traidora y corrupta; totalmente deformada de sus principios originales y eso es lo que la gente pensante ve con sus propios ojos cada vez que presenciamos, por ejemplo, la impunidad existente en los casos de curas pedófilos y en los espectáculos donde se torturan y masacran a miles de animales utilizando los nombres y los símbolos de una iglesia que por un lado es indiferente al enseñamiento de las verdaderas bestias en contra de un animal indefenso, y que por el otro, se llena la boca para predicar mensajes de paz, de amor, de solidaridad cuando en verdad son solamente palabras falsas, vacías, incoherentes.

La masa católica hipócrita se cuida mucho de no contribuir a la masacre diaria de animales en sus platos, pero no tiene empacho en comer pescados sofocados y con las entrañas desgarradas durante su celebración de Semana Santa. Esa semana no tiene absolutamente nada de santa, pues es una celebración al martirio, a la culpa, al dolor, a la tortura. Jesucristo, al ser el cordero de Dios, terminó con todas esas prácticas arcaicas y trajo un mensaje verdaderamente compasivo, humanitario y revolucionario que la iglesia católica se encargó de sepultar al escondernos la verdad de su doctrina pues la verdadera doctrina de Jesús no coincidía y más bien repudiaba al lucro, a la ambición, al boato, a la ambición.

Jesús fue humilde desde su cuna y nació rodeado de los animales que abrigaron su desnudez y su pobreza. Entró gloriosamente a Jerusalén montado en un noble burro. Aquel mismo animal al que sus falsos seguidores castigan y hacen trabajar hasta morir fulminados por un peso superior a sus fuerzas o víctimas de un látigo cobarde. Jesús amaba y respetaba tanto a los animales que no se los comía y amó tanto a los seres humanos que se sacrificó por ellos. Es realmente una lástima que su sacrificio haya sido en vano porque son muy pocos sus verdaderos seguidores. Pero aquellos que usurparon su iglesia y tergiversaron sus valores para su conveniencia, continúan pisoteando su legado. Todo aquel que masacra a un inocente toro haciéndolo que se ahogue lentamente en su sangre, todo aquel que mutile su cuerpo, todo aquel que bendiga sus instrumentos de tortura y todo aquel que se siente a regocijarte en su sufrimiento es un ser maldito que se consumirá en el infierno que ellos también crearon para intimidar a los crédulos.

Apelar al sentimiento, a la racionalidad o a los datos históricos que abundan, no es suficiente para estos seres diabólicos, para los que visten hábitos y sotanas y para los Mefistófeles de a pie; los que se cruzan con nosotros a diario, enorgulleciéndose de sus mal habidas acciones en contra de los otros seres de la creación. Cientos de santos e ilustres personalidades de esa iglesia corrupta han considerado a los animales nuestros animales; pero eso no tiene ninguna validez ni para el Papa ni para su curia o sus seguidores. Las bendiciones a los matarifes abundan, las misas en las capillas de los cosos taurinos le piden a Dios protección para el asesino y sus premios a la tortura llevan los nombres de santos patrones engalanados de oro y plata.

Las bulas, las leyes de protección y el llamado a la cordura no tienen aceptación en curas y monjas que lucran con el sufrimiento de los animales y de la gente. El cura que se sienta en Roma no tuvo empacho en decir que “El paraíso está abierto a todas las criaturas de Dios” pero está más que presto a distraerse con un pequeño tigre de circo que seguramente fue arrebatado de su medio natural y de su familia. Uno de sus secuaces, el padre Benedettini, subdirector de la Oficina de Prensa del Vaticano, dice que su jefe “está en armonía espiritual con toda la creación”, ¿cómo lo demuestra? permitiendo que un escapulario taurino en Lima, Perú, lleve el nombre del Señor de los Milagros. En una de sus alocuciones dominicales el 14 de enero de 1990, dijo que “los animales poseen un soplo vital recibido de Dios”, citando los Salmos 103 y 104, y reconociéndoles, por tanto, como “almas sensitivas”, ¿Y qué hace en la práctica diaria? Presta oídos sordos y mira hacia el otro lado cuando los activistas del mundo entero le solicitan, le piden y hasta le suplican que públicamente termine su colaboración con la tortura animal.

La palabra “animal” proviene de la palabra latina “anima”. Y está probado hasta el cansancio que los animales la poseen a un nivel aún más alto que los humanoides que caminan erguidos pero que tienen el alma torcida.

Monseñor Mario Canciani, fallecido en el 2007, prelado, teólogo, exégeta, filósofo y biblista afirmó en su libro “En el Arca de Noé: religiones y animales” que los animales no solamente tienen alma, sino que en el paraíso hay un lugar para ellos. Canciani fue durante años párroco de la iglesia de San Giovanni dei Fiorentini, muy cerca del Vaticano, y permitía y animaba a los fieles a que fueran a misa acompañados por sus perros, gatos y demás animales que convivían con ellos. Estas son las honrosas excepciones que deberían ser la norma vigente. Estas son las voces que deberían invadir los sermones de toda iglesia pues el mensaje de Jesús fue siempre un mensaje de denuncia, de emplazamiento a los cobardes, a los crueles, a los déspotas y a los hipócritas.

Es también Canciani quien, en otra de sus obras, “La Última Cena de los Esenios, nos enseña sobre la tesis histórica que sostiene que Jesucristo, al celebrar la pascua con el calendario esenio, y él mismo habiendo sido formado en esa comunidad, que era vegetariana y no aceptaba los sacrificios animales, no pudo haberse alimentado en aquella ceremonia con carne de cordero, sino que se inmoló él mismo como tal, salvando a un inocente.

¿Cómo se entiende entonces que, según la iglesia católica, los animales sean merecedores del paraíso en el otro mundo, pero en la tierra sus representantes y sus seguidores los hagamos vivir en un infierno?

¿Qué hay de católico, de cristiano, o de humanitario bendecir a los asesinos y pedirle a Dios que proteja sus vidas antes de las corridas? ¿Por qué se permite que crueles monjas acepten donaciones procedentes de la tortura o que se tomen fotografías en un templo posando con la encarnación satánica de un asqueroso torero? ¿Y todas las fiestas patronales en las que no falta ni el alcohol, ni la brutalidad, ni la ignorancia, ni la tortura animal? ¿Dónde está la caridad cristiana, el respeto a la obra de Dios? ¿Cree el Papa y todo su séquito que se debe permitir que esas turbas de borrachos indeseables realmente honran a un santo o a una virgen con estas acciones execrables?

Las excepciones a esa regla de maldad ya no existen. Solamente nos dejaron sabias enseñanzas que nadie ni recuerda, ni respeta. San Francisco de Asís, a la cabeza de todos, siempre viviendo lo que predicaba al decir que toda criatura en desgracia tiene el mismo derecho a ser protegida porque son nuestros hermanos; San Antonio Abad, vegetariano y fundador del movimiento eremítico, defensor y sanador de animales. Este santo, representado con un cerdo a sus pies, curaba a los animales heridos. Un día se le acercó una jabalina con sus crías, que estaban ciegas, y San Antonio Abad (o San Antón, como también se le conoce popularmente), les curó la ceguera. A partir de ese momento, se convirtieron en sus fieles acompañantes; San Roque, patrón de los perros en América Latina, quien después de vender su herencia familiar y entregársela a los pobres, inició un peregrinaje a Roma en donde contrajo la peste. Todos los días un perro llamado Melampo llegaba a la cueva donde el santo se refugiaba para llevarle un pan y lamerle las heridas. El noble Melampo no habrá usado ninguna túnica púrpura ni anillos fastuosos, pero fue más íntegro, decente y caritativo que cualquiera de esas lacras eclesiásticas que han manchado el mensaje original de Jesucristo.

Con su misma Biblia, alterada a su conveniencia a través de los siglos, los podemos exponer en su mentira y su mezquindad. En Eclesiastés 3: 18-21, leemos: “Yo pensé acerca de los hombres: si Dios los prueba, es para que vean que no se distinguen de los animales. Porque los hombres y los animales tienen toda la misma suerte; como mueren unos, mueren también los otros. Todos tienen el mismo aliento vital y el hombre no es superior a las bestias, porque todo es vanidad. Todos van hacia el mismo lugar; todo viene del polvo y todo retorna al polvo. ¿Quién sabe si el aliento del hombre sube hacia lo alto, y si el aliento del animal baja a lo profundo de la tierra?”

Y en Isaías 66:3 leemos: “Pero los que sacrifican toros son como los que matan hombres; los que ofrecen corderos son como los que desnucan perros; los que presentan ofrendas de grano son como los que ofrecen sangre de cerdo, y los que queman ofrendas de incienso son como los que adoran ídolos. Ellos han escogido sus propios caminos, y se deleitan en sus abominaciones”.

En Éxodo 20:13 claramente leemos la famosa frase “No matarás”. Estas palabras se utilizan a conveniencia de los abusadores y se malinterpretan, como si se refirieran sólo al asesinato de una persona, pero el hebreo original es “lo tirtzach” (לֹא תִרְצָח), lo que se traduce como: “No matarás”. El diccionario Hebreo-Inglés del Dr. Reuben Alcalá dice que la palabra “tirtzach”, utilizada especialmente en el hebreo clásico, se refiere a “cualquier clase de matanza” y no necesariamente al asesinato de un ser humano.

Los secuaces del Papa saben perfectamente bien que la bula “De salute gregis dominici” promulgada por el Papa Pío V en 1567 aún sigue vigente. Así lo recordó en 1920 el Secretario de Estado del Vaticano, cardenal Gasparri: “La Iglesia continúa condenando en voz alta, como lo hizo la Santidad de Pío V, estos sangrientos y bochornosos espectáculos”. En 1989, el antes mencionado monseñor Canciani, entonces consultor de la Congregación para el Clero de la Santa Sede, declaró públicamente la validez de la bula, pero el actual heredero del trono en Roma prefiere hacerse el desentendido una y otra vez. En la declaración de la vigencia de la bula o en la condena abierta a las corridas de toros no hay ningún beneficio económico ni para él ni para su iglesia, por lo tanto ¿por qué tendría que darse por aludido? Es bien sabido que la principal motivación de su iglesia a través de la historia del mundo siempre ha sido el poder, el dinero, los asesinatos y la crueldad.

Mientras tanto las viejas beatas y los cucufatos de siempre seguirán persignándose, asistiendo a misas para hablar mal de la gente e hincándose ante otro pecador con sotana que permanecerá callado mientras que un animal es masacrado o un niño es violado. Sus asquerosas celebraciones seguirán con mantillas y sahumadoras, los políticos corruptos de turno les seguirán rindiendo pleitesía, y el pueblo, la masa ignorante que no lee, que no piensa, que no razona, seguirá ejecutando todas las excepciones a las reglas que los católicos son expertos en ejecutar.

Este es el trabajo arduo y duro de todos los activistas, de toda la gente decente que aún queda en este mundo. Aprender, educar y denunciar a viva voz todas estas aberraciones malignas, deplorables y rastreras. Nunca hay que olvidar que la ignorancia de los pueblos es la ganancia de las iglesias y de los gobiernos. ¿Alguien cree que al Papa le importa que se gasten millones en cada ciudad que visita? ¿Creen que le importa saber que con todo ese dinero se podría dar de comer a muchos pobres o educar a muchos otros niños? Han entrenado perfectamente a la gente pobre e ignorante para que sepan “llevar su cruz”, traduciéndose ésto en una tonta obediencia ciega a sus torcidas regalas, normas y costumbres crueles.

Que sea una de nuestras tareas diarias educar a todo aquel que se cruce por nuestro camino. Que sea nuestra misión tener convicción en nuestra causa, aunque en la lucha perdamos familiares, amigos, y otros beneficios. Somos soldados en una guerra injusta, malévola, cruel y despiadada; caeremos una y otra vez; pero, aunque caigamos definitivamente, debemos asegurarnos que otros tomarán la posta y representarán a los animales de una manera concreta, efectiva, pensante y profesional. Si no lo hacemos así, los animales seguirán siendo las víctimas de esta maldad encubierta y de esa fe vendida al más alto postor.

Y que a nadie lo engañen o lo asusten con las “llamas del infierno”. Todos nosotros, los que nos dedicamos a la lucha por los derechos de los animales, hemos vivido no uno, sino varios infiernos en los que injustamente se han inmolado millones de animales. Hemos visto a Satanás encarnado en matarifes, dueños de circos, zoológicos, toreros, cazadores y demás lacras. Los hemos visto en vivo y en directo y no nos hemos corrido. Correrse es traición a la causa y aunque solamente quede uno de nosotros vivo en cada batalla combatida, ese ser único regresará a buscar más aliados prestos a defender una causa justa y noble.

Ninguno de nosotros necesita una bendición, un velo, una mantilla, una mención en una misa o un anillo baboseado por la masa cruel. Nosotros ya somos seres privilegiados, de alma limpia y de corazón justiciero. Jesucristo, el verdadero, el único, el esenio que la iglesia católica fracasó en ocultar nos ve, nos sonríe y nos bendice directamente pues en cada una de nuestras acciones estamos demostrando que su sacrificio no fue del todo en vano. No somos nosotros los que hemos escupido en la fe. No somos nosotros los que no aprendimos el mensaje. No somos nosotros los que nos hacemos los sordos o miramos para el otro lado cada vez que delante de nosotros hay un animal sufriente. Nosotros somos los que, al salir de este mundo, lo haremos con la satisfacción del deber cumplido mientras que todos aquellos, con sotanas o no, que se regocijaban o se mostraban indiferentes ante el sufrimiento de un ser indefenso se pudrirán para siempre en el fuego de sus infiernos.

Y tú, Francisco, que no le haces honor a tu nombre, deja de pregonar lo que no ejecutas. Deja de engañar a la gente con palabritas sentimentalonas y empieza a manejar tu iglesia de acuerdo a las verdaderas enseñanzas de Cristo. Hiciste una revisión de los pecados capitales (¿Saben tus seguidores lo que realmente significa cometer un pecado capital?) y dijiste que “turbar la paz o consentir cualquier tipo de violencia, especialmente sobre los más débiles e indefensos, es un grave pecado contra Dios” y a los dos segundos criticaste a la gente que demostraba tener mucho interés en los animales. Es hora de que te quites la sotana, te pongas un par de pantalones y de una vez por todas destierres de tu iglesia a los maltratadores y asesinos que amparas.

Mi santo peruano, San Martín de Porres, ejemplo viviente de humildad y empatía, el que ayudaba a los seres humanos y a los animales por igual, solía decir: “El mismo tiempo malgastó en mí Dios que en hacer un ratón, a lo más dos”. Dios no malgastó su tiempo ni en crearte a ti, ni a un pequeño ratón. Dios no malgasta su tiempo en nadie. Han sido las iglesias creadas por motivos totalmente alejados a las verdaderas enseñanzas de los seres iluminados que las originaron quienes han retorcido un mensaje que es nuestro deber enderezar y propalar a los cuatro vientos. Solamente ese día, aunque nuestros ojos carnales no los vean, esta tierra podrá convertirse en un lugar digno. Y todos nosotros, los verdaderos activistas, lo veremos desde el Puente del Arco Iris. Y ese día podremos finalmente descansar.

escapulario

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¡A impedir que el mal triunfe!

Malnacido torero

La frase célebre afirma que “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”.

Es por eso que la gente decente nunca podría propiciar, ni participar en hechos indignos realizados con el único propósito de mantener una tradición aberrante que, al verse desahuciada, da manotazos de ahogado en todas direcciones.

Aprendimos desde pequeños que una acción negativa o mala, no corrige a otra similar. Sin llegar a la máxima expresión de un perdón personificado en la oración fundamental de San Francisco de Asís, e imbuidos en nuestra naturaleza humana limitada y diaria no podemos dejar pasar la denuncia necesaria de quienes se quieren aprovechar de la desgracia de la gente engañándola con dádivas ridículas a costa de la vida de un animal.

Después de los recientes huaicos en Perú, han sido muchas las instituciones que han donado ayuda a los sobrevivientes. Se han organizado muchas actividades para ayudarlos económicamente en los sectores públicos y privados; pero una en particular me ha llenado de indignación y repugnancia: La organización de corridas de toros para ayudar a las víctimas de los desastres naturales.

El toreo siempre ha sido hipócrita y caradura. No es la primera vez que los servicios de los matarifes se han puesto a disposición del pueblo necesitado. En miles de oportunidades se han dedicado espectáculos como estos a causas de mujeres abusadas y niños desnutridos, y ahora el matarife peruano Andrés Roca Rey anuncia que masacrando a toros en el ruedo se obtendrá ayuda para las víctimas de los huaicos. ¿Es posible llegar a tal degradación y concebir que la gran mayoría de los peruanos verá su intención desesperada como un intento de caridad y solidaridad?

Me pregunto y me respondo decepcionada (pues ya conozco la respuesta) si sus patrocinadores de siempre, la iglesia católica, también tomará parte en ese descrédito. ¿Bendecirán los capotes y espadas asesinas en nombre de una de sus tantas vírgenes? ¿Celebrarán una misa en la capilla de la plaza para proteger a quienes paulatina y salvajemente destruirán a un animal sintiente? ¿Continuarán con la herejía de utilizar símbolos y personalidades religiosas para adornar la propaganda de esta fiesta de sangre?

¿No es hora ya, en el año 2017, que se pronuncien en contra de esta embrutecedora salvajada, aunque haya mucho dinero para comprar conciencias y dogmas religiosos?

La realización de ese supuesto festival al que le deseo el más rotundo de los fracasos es una aberración nacional. Nadie puede ayudar al prójimo causándole daño y dolor a otros prójimos que, a pesar de no pertenecer a nuestra especie, también tienen el derecho de vivir en paz y libres de sufrimientos.

A los matarifes no les importa infligir dolor con tal de perpetuar un acto arcaico que está en vías de extinción. Muy orondos se pasean con las partes sufrientes de sus víctimas a quienes arrancan sin piedad orejas y cola. Se sienten superiores, ganadores, todo poderosos al exhibir una parte de un animal que momentos antes era un todo. Un ser que nunca buscó una muerte tan dolorosa e indigna.

Su ilógico plan debe ser inmediatamente detenido y boicoteado con todos los medios posibles a nuestro alcance. La gran mayoría de los peruanos rechaza tajantemente las corridas de toros. Es entonces pertinente que luchemos en contra de la miopía mental y emocional de quienes persisten en la idea de que la mayoría de los peruanos consideramos esa salvajada como parte de nuestro orgullo y patrimonio nacionales.

Y aunque no lo crean, esto terminará tan pronto como el electorado elija a representantes que no tengan intereses personales en la vergüenza nacional. No necesitamos empresarios taurinos, curas metiches o ganaderos en el Congreso de nuestra patria. Si verdaderamente queremos evolucionar como país, ya es hora que nos deshagamos de taras nefastas que se hacen pasar como una cultura que debe preservarse.

Utilizando entonces la enseñanza implícita en mi cita inicial, evitemos que el mal prevalezca. Somos los buenos en esta película de terror; por lo tanto ya es hora de que tomemos acciones concretas para detenerlo.

No, Roca Rey, nadie con una pizca de sensibilidad o empatía piensa que te ves muy valiente al pasearte con la cola de un toro. Nadie cree que verdaderamente te importen los pobres damnificados de los huaicos. ¿Estuviste allí ayudando y poniendo el hombro? Por supuesto que no. Muy por el contrario, para intentar levantar a tu diversión moribunda, se te ocurrió organizar una masacre en masa a la que solamente asistirán tus primitivos secuaces.

Se supone que no debemos alegrarnos con la muerte de nadie. Este es un principio al que cuesta mucho sumarse porque muchos vemos en eso un acto de reivindicación y justicia, pero al margen de la controversia a este respecto, no olvides que, muchas veces, cuando la maldita plaza abre sus puertas con trompetas y paso dobles, y la chusma ruge ávida de sangre al llegar al tercio de muerte, el cuerpo que yace inerte sobre la arena no es necesariamente el del toro.

 

 

 

 

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Voto de silencio

Pinochet

Aunque el voto de silencio no es uno de los votos monásticos (voto de pobreza, obediencia y castidad) que toman los sacerdotes católicos, bien le haría al Papa practicarlo, sobre todo cuando no se tiene nada positivo, lógico o constructivo que decir.

Es cierto que este cura parece ser un tanto mejor que sus predecesores, pero nunca hay que olvidar con quiénes y con qué estilos se le está comparando. Si me comparan en velocidad con una persona sin piernas, es muy probable que yo resulte ser fondista olímpica; pero esto no es un asunto de comparaciones; de lo que se trata es de la propagación de un comentario totalmente desacertado cuya conclusión es insulsa, impráctica y totalmente injusta. Nadie dice o hace comentarios masivos sin una intención particular y específica. ¿Cuál fue entonces el raciocinio o la intención en los comentarios que el Papa Francisco tuvo para las personas que ayudan, trabajan o están activamente involucrada en la lucha por los derechos de los animales? De todos los grupos a los que podía atacar, se le ocurrió precisamente atacar a personas compasivas y humanitarias. ¿Qué te pasó Pancho? ¿Te quedaba muy ajustada la mitra?

La palabra “animalista” está tan desprestigiada y prostituida que yo jamás la utilizo. Quienes trabajamos y luchamos efectivamente por los derechos de los animales, somos activistas de esta causa y no “istas” del montón.

Es cierto que podríamos habernos dado por no enterados, pero no podemos ni debemos pasar por alto estos comentarios alusivos y propagados en masa. No podemos dejar de corregirlos dada la ignorancia suprema que reina entre los humanoides y, por qué no decirlo, entre los católicos, que, en algunos casos, y de acuerdo a sus conveniencias personales, siguen los mandatos de su líder político y religioso a pie juntillas. No hay que olvidar que, hace algún tiempo, al menor comentario y mandato clerical, miles de personas eran ejecutadas, quemadas, linchadas o desaparecidas del mapa. Fue la iglesia católica quien inventó la falacia sobre los gatos negros y fueron ellos mismos quienes lincharon y quemaron viva a Juana de Arco, supuesta defensora de su fe.

En su desatinado discurso, Francisco lamentó que haya gente que sienta compasión por los animales, pero que muestre indiferencia ante un vecino. Muy suelto de huesos, cuestionó el sentimiento de piedad de quienes prefieren ayudar a un perro o a un gato pero que – según él – son indiferentes antes el sufrimiento del prójimo.

Obviamente soy una persona parcializada en este tema, pero no podría nombrar a ningún activista por los derechos animales que no haya sido compasiva también con un ser humano. Es más, todos aquellos que nos acusan de no trabajar por la propia especie, generalmente son gente que no hace nada concreto por nadie.

El ser humano tiene derecho de elegir sus prioridades y ningún cura va a venir a exigirles que esas prioridades cambien. Quienes trabajamos por los animales tenemos tanta compasión que fácilmente la podemos extender a los humanos. Los ayudamos brindándoles información y previniéndoles sobre todos los daños que conlleva ser cementerios ambulantes de los cuerpos torturados y masacrados de miles de animales; ayudamos al planeta al luchar contra las industrias cárnicas y lácteas; nos preocupamos de la gente pobre, hambrienta y sin agua, demandando que los frutos de la tierra y el preciado elemento sean utilizado directamente por ellos y no por los intereses de lucro de las compañías que abusan y explotan tanto a humanos como animales; y sembramos principios de decencia, compasión, y empatía entre la niñez al fomentar la bondad y el respeto por todos los seres de la creación. ¿No son esas muestras suficientes de la compasión y piedad que Francisco exige para con nuestros semejantes?

¿De qué compasión y piedad puede hablar un cura que engulle las partes sufrientes de un animal masacrado brutalmente en un matadero? ¿Qué moralidad puede exigir un cura que permite que su iglesia bendiga los instrumentos de tortura del matarife en un coso taurino? ¿De qué decencia puede hablar el representante de una iglesia corrupta que ignoró el holocausto de millones de judíos o que no está dispuesta a sancionar severamente a sus curas pedófilos? ¡Por favor! Antes de incitar a la gente en contra de quienes defienden a los animales, Francisco debe mirar al interior de su propia casa, limpiarla, cambiarla, rectificarla y sancionarla. Solo en ese momento tendrá derecho a emitir una opinión acerca de la piedad y la moralidad de la gente.

Como parece que Francisco sufre de amnesia, será bueno dejarle unos cuantos nombres sueltos por allí: La conexión de su iglesia con dictadores asesinos como Franco, Pinochet y Perón; las cirugías estéticas y los pasaportes otorgados a los criminales nazis para que lograran escapar a Latinoamérica; el asesinato de Juan Pablo I; los miles de niños violados y abusados en escuelas o instituciones católicas del mundo entero; el escándalo del Banco del Vaticano; el escándalo del Sodalicio; la masacre de las culturas aborígenes en las Américas; las guerras Carlistas; el Tribunal de la “Santa” Inquisición, etc. La lista es tan larga que no existe suficiente papel para incluir todas las injusticias, salvajadas y masacres perpetradas por su iglesia, sus líderes y seguidores.

¿Y considerando todo esto, me van a venir a hablar de piedad, de compasión y de humanidad? ¡Si ni siquiera son capaces de seguir las enseñanzas y el ejemplo de su líder máximo, nuestro compañero de lucha y esenio vegetariano, Jesucristo!

El Papa y su iglesia son tan arrogantes que no serán capaces de ofrecer disculpas por esos comentarios; pero ni por un momento debemos permitir que ese discurso barato, ignorante y populachero nos afecte o infecte a los ignorantes necesitados de cualquier excusa para desestimar nuestros esfuerzos. Es probable que a sus palabras se las lleve el viento considerando que la mayoría de los católicos son católicos de “botica”; pero no podemos pasar por alto el desatino y la condena. Si los humanos no demuestran compasión o piedad por sus semejantes, es simplemente porque su naturaleza humana no se los permite. Es porque a estas alturas el mundo carece de esas virtudes y valores. Es cierto que existen millones de personas compasivas y humanitarias; pero también es verdad que hay gente inservible, malvada, despiadada, cruel y podrida en cuerpo y alma. Ser “humano” no es ni un privilegio, ni un honor. Somos simplemente otra especie, una especie diferente a la animal, que en mi opinión es superior al Homo Sapiens en muchos sentidos.

Y si por eso el “Santo Padre” que no es ni santo, ni padre, me condena al fuego tibio de un purgatorio inexistente, que así sea. Después de todo me hará el favor de colocarme en un lugar privilegiado para ver, en primera fila, como todos los explotadores y abusadores de los animales se achicharran en el infierno.

 

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Enseña con el ejemplo

Las personas que preferimos a los animales no humanos sobre la gran mayoría de los humanoides no somos personas amargadas, ni negativas, ni descorazonadas; somos personas realistas y concretas que basamos nuestra preferencia en la realidad del mundo actual, ni más ni menos.

El hijo que mata a la madre, el hermano que te traiciona, el amigo que no responde a tu llamada en la mitad de la noche, el ingrato, el desagradecido, el abusivo con todas las especies, el hipócrita que vive dos, tres o más vidas, son claros ejemplos que tipifican algunas de las bajezas de esa desgraciada y limitada especie.

Y nunca faltan quienes se escudan en ideas religiosas o dogmas pretendiendo ser lo que realmente no son. Veo a menudo gente que lleva una pulsera que dice “¿Qué haría Jesús?”, me imagino que para que en momentos de indecisión o de pecado inminente reflexionen que es lo que Jesucristo haría precisamente en la misma situación. Pues bien, si el humanoide promedio portador de la susodicha pulsera supiera o se hubiera dado el trabajo de estudiar la vida y obra de Jesús sabría perfectamente bien qué hacer. Jesús fue un arduo activista por la paz, combatió ferozmente la desigualdad y la injusticia, vino a romper todas las costumbres y ritos arcaicos del pasado, educó con el ejemplo y fue vegetariano. ¿No es todo esto lo suficientemente claro?

¿Dónde en la doctrina cristiana, judía, musulmana y otras no tan consecuentes, dice que se puede adoctrinar a la gente con libros sagrados para luego pasar a degustar los cuerpos mutilados de animales aniquilados de forma salvaje, cruel y brutal? ¿Dónde están las nociones que permiten el abuso, el especismo, la discriminación, el abuso en contra de los otros seres de la creación? ¿No nos queda claro el hecho de que solamente los animales y algunos creyentes escogidos se salvaron del diluvio universal, de que Jesús nació – escapando de sus enemigos humanos – entre animales de granja, y que entró triunfalmente en Jerusalén montado en un humilde burro? Al margen de la creencia en estas imágenes, anécdotas, parábolas o hechos históricos, los protagonistas de virtud son animales y no humanos.

Y hoy, reflexionando en el tema de la consecuencia, recuerdo a una mujer ejemplar, a un ejemplo digno de seguir. Una monja humilde que enseñó con el ejemplo y entregó su vida entera a la causa que decidió defender. Y como toda persona digna y consecuente – pues la compasión verdadera nunca es selectiva, ni exclusiva, ni especista- también extendió su compasión y justa valoración a los animales a quienes reconoció como criaturas de la creación. Teresa de Calcuta nunca bendijo capotes, ni asistió a una misa en una capilla taurina, ni le fue a cantar a la Virgen de Guadalupe con lágrimas fingidas para mañana más tarde aniquilar animales silvestres. Todo lo contrario, como muy bien dicen los americanos, ella “walked the talk”, actuó de acuerdo a lo que pregonaba. Sin autonombrarse venerable, santa, bendita, ejemplar o cualquier otra cosa por el estilo se denominó tan pecadora como el que más y nunca se dio ínfulas o aires de superioridad ante los miles de católicos que nunca levantaron un meñique para ayudar a nadie.

Por eso hoy, como conclusión de la semana y después de un prolongado silencio debido a mil y una causas, quiero reproducir lo que comentó cuando alguien le preguntó por qué debíamos amar a los animales.

Es cierto que no se puede exigir amor hacia nada o nadie; pero sí podemos exigir y demandar respeto para todos los seres capaces de sentir y merecedores de vivir en paz y con todos sus derechos. Tengo su respuesta en mi agenda personal junto a unos poemas de Brecht, Kipling y la foto de mi padre que me acompaña siempre para recordar por qué yo, desde mi modesto puesto de activista, puedo seguir su ejemplo.

Quienes trabajamos verdadera y consecuentemente por los derechos de los animales no necesitamos de pulseras o recordatorios de ningún tipo, no necesitamos de un número determinado de fans en Facebook, ni de “selfies”. Lo que nos mueve cada día al despertar es lo que podremos lograr ese día en particular por la causa que defendemos. Y por la noche, cuando tenemos que enfrentar victorias o derrotas, siempre nos queda la esperanza del nuevo día. El verdadero activista nunca se cansa, nunca se rinde, nunca claudica.

Aquí va entonces este escrito inspirador. Espero que te motive para hacer algo concreto por los animales hoy mismo:

¿Por qué amar a los animales?

Porque lo dan todo, sin pedir nada.
Porque ante el poder del hombre que cuenta con armas, ellos son indefensos.
Porque son eternos niños, porque no saben de odios, ni guerras.
Porque no conocen el dinero y se conforman solo con un techo donde guarecerse del frío.
Porque se dan a entender sin palabras, porque su mirada es pura como su alma.
Porque no saben de envidia ni rencores, porque el perdón es algo natural en ellos.
Porque saben amar con lealtad y fidelidad.
Porque dan vida sin tener que ir a una lujosa clínica.
Porque no compran amor, simplemente lo esperan y porque son nuestros compañeros, eternos amigos que nunca traicionan.
Y porque están vivos.
Por esto y mil cosas más, merecen nuestro amor.
Si aprendemos a amarlos como lo merecen estaremos más cerca de Dios.

Madre Teresa de Calcuta

 

 

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¿Qué bebería Jesús?

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Los nuevos movimientos cristianos en los Estados Unidos venden stickers y pulseras con el mensaje “¿Qué haría Jesús?” como recordatorio a todos sus miembros. La meta es lograr que, antes de cometer cualquier pecado, los susodichos miren su pulsera para reflexionar si sus acciones subsiguientes van de acuerdo a sus principios cristianos. Como recordatorio es bueno y como técnica comercial, mucho mejor. Creo que todos los que trabajamos por los derechos de los animales también deberíamos tener algo visual y presente. Algo mejor que la frase “los animales me importan”…. algo más concreto y gradual de acuerdo al progreso que vamos alcanzando hasta llegar a la pulsera con el lema, “¿Hiciste algo concreto por los animales hoy?”.

El asunto es que las maravillosas y super creativas mentes de PETA están parafraseando el popular slogan para educar al público promoviendo los derechos de los animales.

Aprovechando la coyuntura de que el Papa Francisco declaró que las madres deberían darle el pecho a sus bebés sin recurrir a otros métodos de alimentación (léase: sin darles de beber la secreción purulenta de otros animales no humanos que les provocarán graves trastornos de salud en la vida), PETA develó un gigantesco panel de propaganda en el área católica de Boston en el que se refuerza el mensaje del Papa pidiéndole al público que no consuma productos lácteos.

PETA quiere recordarle al público que la única leche que los niños necesitan es la leche materna y que la leche proveniente de un animal es solamente para sus crías. No hay que olvidar que para satisfacer la demanda de leche, millones de animales deben quedar preñados mediante procesos similares a los de una violenta violación. Los becerritos que nacen son cruelmente separados de sus madres para terminar siendo salvajemente confinados en estrechas jaulas en las que se producirá carne de ternera.

Saludamos favorablemente los comentarios del Papa, pero le pedimos que en su afán de cambiar la cara de la iglesia católica, tenga la determinación y el valor necesarios de finalmente desligar a todos los símbolos de su iglesia de la mafia taurina que aún ensombrece la verdadera cultura de muchos países latinoamericanos.

La idea de dejar a los animales en paz para que tengan el derecho de vivir sus vidas de manera natural y en paz me parece simplemente divina.

 
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Posted by on January 16, 2014 in Activismo efectivo, PETA, Veganismo

 

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Habemus errores

Francisco I

Al margen de lo que se pueda opinar sobre el nuevo papa (así es, con minúsculas) hay que dejar muy en claro que la ignorancia (en el exacto sentido de la palabra) o la esperanza de la gente sale a relucir de inmediato.

Este señor que ni es santo, ni es mi padre, no ha escogido su nuevo nombre en honor a nuestro compañero de lucha y ejemplo de consecuencia, Francisco de Asís. Nuestro Francisco fue un hombre comprometido, compasivo y ejemplar. Un hombre que, al tomar una opción de vida, dejó todo tipo de riquezas y comodidades, para dedicarse al servicio de los más pobres. Despojándose de sus finos y carísimos ropajes, se retiró a vivir una vida de mortificación basada en sus principios e ideales; convenció al Lobo (este si con mayúsculas) de Gubbio para que le diera una nueva oportunidad a los hombres y mantuvo una relación armónica de respeto con absolutamente todos los miembros de la Creación de Dios. Vivió y murió de acuerdo a sus convicciones y nunca miró para otro lado mientras que una raza entera era llevada al borde del exterminio, ni transfirió a pedrastras a parroquias distantes, ni convivió con asesinos dictadores argentinos, ni mucho menos bendijo los malditos capotes de toreros asesinos. Él hubiera merecido ser Papa. A él sí que le hubiera besado el anillo con mucho gusto.

El señor Bergoglio es jesuita y si escogió el nombre de Francisco, no fue por nuestro colega, que fue franciscano, sino tal vez por San Francisco Javier que, jesuita como él, fue un misionero de la orden. En su afán de hacerlo popular desde un principio, la gente de inmediato quiso identificarlo con el santo de Asís, porque la gente siempre tiene una esperanza inicial que, en la mayoría de los casos, muere en su intento.

Sería muy bueno que el nuevo papa asumiera el compromiso de imitar a San Francisco de Asís, aunque solamente fuera en mínima parte; pero el historial de la iglesia católica en referencia a los animales no es ni consecuente, ni decente, ni ético, ni compasivo.

A pesar de que, por un lado, Juan Pablo II dijo que los animales poseían alma y merecían respeto; con la otra mano su iglesia afirmaba que “es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente (el subrayado es mío) aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas”.

Para la iglesia católica entonces es “moralmente aceptable” que los animales sufran cruelmente en mataderos, granjas peleteras, zoológicos, circos, laboratorios de experimentación y plazas de toros. Estos conceptos hipócritas plasmados en su Catecismo oficial contrastan totalmente con los más básicos principios de respeto a la creación de Dios. Todas las crueldades ejercidas contra estas criaturas, ¿no constituyen el peor de los pecados mortales? ¿No es absolutamente corrupto y abominable que los papas sigan vistiéndose de armiño y que sus curas sigan dando misa y bendiciendo las espadas y capotes de los asesinos toreros en las capilla de las plaza de toros? ¿Dónde queda su complicidad con la mafia taurina a la que, sin ningún reparo, prestan o alquilan sus íconos y símbolos más sagrados?

Por muchos años diversas instituciones de defensa de los derechos de los animales han venido solicitándole a la iglesia católica que se pronuncie abiertamente en contra de la explotación a los animales; pero hasta la fecha, la iglesia ha permanecido muda, indiferente, apática; exactamente de la misma forma en la que vieron desfilar a los judíos a los campos de concentración sin hacer nada para ayudarlos. ¿Será que les conviene la explotación animal, que les gusta servir sus cadáveres en comilonas opíparas, vestirse con pieles de animales e ignorar la bula papal de San Pío V que, dictada en 1567, excomulgaba y privaba de sepultura en lugar sagrado a quienes asistieran a las corridas?

Si el nuevo papa quiere parecerse a San Francisco de Asís, primero tiene que imitar su consecuencia, manifestarse abiertamente en contra de la explotación de hombres y animales y deshacerse de los elementos nefastos pertenecientes a su iglesia. Debe deshacerse de curas toreros como Federico María Pérez-Estudillo, canónigo de la catedral y capellán de la plaza de toros de Sevilla, quien asegura que ha dado pases y pinchazos a novillos y que su única frustración es no haber sido torero. O como Ángel Rodríguez Tejedor, párroco de Titulcia en Madrid, quien apareció como tercera espada en el cartel de una becerrada que se dio en Colmenar de Oreja a beneficio del convento de las Agustinas Recoletas.

Dicen por allí que la esperanza es lo único que no muere; pero en este caso permanezco escéptica. Las humildes sandalias de San Francisco de Asís, son muy difíciles de llenar en este mundo regido por la ambición y la indiferencia ante los más despojados y débiles. Si el Sr. Bergoglio lo logra, seré la primera en reconocerlo y valorarlo. Y en el mejor estilo masoquista católico me dispondré a subir a alguna montaña de rodillas o a llevar un cilicio por un mes.

En realidad, no hay nada que no pueda hacer por los animales.

Y aquí les dejo uno de mis poemas favoritos. Hace un tiempo, aunque no me lo crean, lo podía recitar de memoria. Hoy solamente ocupa un lugar privilegiado en mi álbum de recuerdos de mi vida como activista…. pero allí está siempre a la mano para recordarme cuál es mi misión en esta vida.

 

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La buena semilla

Así como la buena semilla cayó en tierra fértil para llenar los campos de verdor y alimento, en Bolivia, el padre Marcelo Bazán (o Tata Bazán, como él prefiere que lo llamen) marca la diferencia dando un ejemplo consecuente del verdadero amor que Jesucristo siempre le brindó a los animales.

El Tata Bazán abrió las puertas de su iglesia no solamente para bendecir a los animales sino para oficiar una misa histórica por los animales. En su homilía mencionó diversos pasajes bíblicos que nos demuestran el amor y respeto de Jesucristo por los animales, desde el momento de su nacimiento en un humilde pesebre rodeado de los animales de granja que lo cobijaron, hasta el momento de su muerte.

Poniendo aparte las creencias y dogmas, ¿realmente creen Uds. que un espíritu superior como Cristo puede haber sido capaz de crecer y comerse a los animales que lo cobijaron? Yo no lo creo.

Últimamente se ha especulado mucho con la vida privada de Jesucristo y la gente ha tomado partido con una u otra tendencia; pero la posición de Jesucristo respecto a los animales siempre ha sido la misma, consecuente y directa rechazando los crueles sacrificios de animales del Antiguo Testamento, liberando a los animales que se vendían en el templo, y entrando triunfante a Jerusalén en la humilde pero fuerte y segura espalda de un burrito.

Existen también muchas historias al respecto. Historias que, por razones de control y dominación, nunca fueron incluidas en los libros sagrados de las diversas religiones del mundo.

Una de ellas cuenta que iba Jesús hacia Jerusalén y se encontró con un camello, pesadamente cargado con madera. El camello no la podía arrastrar monte arriba y el camellero lo golpeaba y maltrataba cruelmente para hacer avanzar al animal.

Y viéndolo Jesús, le dijo: “¿por qué le pegas a tu hermano?” El hombre replicó: “no   sabía que fuera mi hermano. ¿No es un animal de carga, hecho para servirme?”

Y Jesús dijo: “¿no ha creado el mismo Dios de igual sustancia a este animal y a tus hijos que te sirven?, y ¿no tenéis vosotros el mismo aliento de vida que todos habéis recibido de Dios?”

Otra historia cuenta que algunos de sus discípulos vinieron a él y le hablaron acerca de un egipcio, hijo de Belial, que enseñaba que no es contrario a la ley atormentar a los animales, cuando sus sufrimientos son de provecho para los hombres. Les respondió Jesús:

Quien cace animales, algún día será cazado él mismo

Quien atormente animales, algún día será atormentado él mismo.

Quien atormenta o mata a animales, tiene las manos manchadas con sangre.

La mayoría de los miembros del clero que hablan contra la naturaleza y contra el amor hacia los animales, que comen carne y le roban a los animales lo que legítimamente les pertenece no pueden imitar el ejemplo de Jesucristo, agradar a Dios o entender los misterios de los cielos, así como tampoco puede enseñar ni explicar la ley divina. Son guías ciegos que conducen a otros ciegos al precipicio. En cambio, quienes hayan alcanzado mayores grados de pureza y moral enseñarán  a los hombres a amarse los unos a los otros, y también les enseñarán a amar a todas las criaturas de Dios.

En este mundo lleno de inconsecuencia y falsedad, de aplastante pompa eclesiástica, es bueno saber que en la Catedral Metropolitana de Bolivia, hay un hombre comprometido con su fe que incluye dentro de la bondad y misericordia de Dios a todos los animales.

¡Gracias Tata Bazán por ser un ejemplo viviente del verdadero amor y compasión de Cristo!


 

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