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Tag Archives: iglesia católica

¡A impedir que el mal triunfe!

Malnacido torero

La frase célebre afirma que “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”.

Es por eso que la gente decente nunca podría propiciar, ni participar en hechos indignos realizados con el único propósito de mantener una tradición aberrante que, al verse desahuciada, da manotazos de ahogado en todas direcciones.

Aprendimos desde pequeños que una acción negativa o mala, no corrige a otra similar. Sin llegar a la máxima expresión de un perdón personificado en la oración fundamental de San Francisco de Asís, e imbuidos en nuestra naturaleza humana limitada y diaria no podemos dejar pasar la denuncia necesaria de quienes se quieren aprovechar de la desgracia de la gente engañándola con dádivas ridículas a costa de la vida de un animal.

Después de los recientes huaicos en Perú, han sido muchas las instituciones que han donado ayuda a los sobrevivientes. Se han organizado muchas actividades para ayudarlos económicamente en los sectores públicos y privados; pero una en particular me ha llenado de indignación y repugnancia: La organización de corridas de toros para ayudar a las víctimas de los desastres naturales.

El toreo siempre ha sido hipócrita y caradura. No es la primera vez que los servicios de los matarifes se han puesto a disposición del pueblo necesitado. En miles de oportunidades se han dedicado espectáculos como estos a causas de mujeres abusadas y niños desnutridos, y ahora el matarife peruano Andrés Roca Rey anuncia que masacrando a toros en el ruedo se obtendrá ayuda para las víctimas de los huaicos. ¿Es posible llegar a tal degradación y concebir que la gran mayoría de los peruanos verá su intención desesperada como un intento de caridad y solidaridad?

Me pregunto y me respondo decepcionada (pues ya conozco la respuesta) si sus patrocinadores de siempre, la iglesia católica, también tomará parte en ese descrédito. ¿Bendecirán los capotes y espadas asesinas en nombre de una de sus tantas vírgenes? ¿Celebrarán una misa en la capilla de la plaza para proteger a quienes paulatina y salvajemente destruirán a un animal sintiente? ¿Continuarán con la herejía de utilizar símbolos y personalidades religiosas para adornar la propaganda de esta fiesta de sangre?

¿No es hora ya, en el año 2017, que se pronuncien en contra de esta embrutecedora salvajada, aunque haya mucho dinero para comprar conciencias y dogmas religiosos?

La realización de ese supuesto festival al que le deseo el más rotundo de los fracasos es una aberración nacional. Nadie puede ayudar al prójimo causándole daño y dolor a otros prójimos que, a pesar de no pertenecer a nuestra especie, también tienen el derecho de vivir en paz y libres de sufrimientos.

A los matarifes no les importa infligir dolor con tal de perpetuar un acto arcaico que está en vías de extinción. Muy orondos se pasean con las partes sufrientes de sus víctimas a quienes arrancan sin piedad orejas y cola. Se sienten superiores, ganadores, todo poderosos al exhibir una parte de un animal que momentos antes era un todo. Un ser que nunca buscó una muerte tan dolorosa e indigna.

Su ilógico plan debe ser inmediatamente detenido y boicoteado con todos los medios posibles a nuestro alcance. La gran mayoría de los peruanos rechaza tajantemente las corridas de toros. Es entonces pertinente que luchemos en contra de la miopía mental y emocional de quienes persisten en la idea de que la mayoría de los peruanos consideramos esa salvajada como parte de nuestro orgullo y patrimonio nacionales.

Y aunque no lo crean, esto terminará tan pronto como el electorado elija a representantes que no tengan intereses personales en la vergüenza nacional. No necesitamos empresarios taurinos, curas metiches o ganaderos en el Congreso de nuestra patria. Si verdaderamente queremos evolucionar como país, ya es hora que nos deshagamos de taras nefastas que se hacen pasar como una cultura que debe preservarse.

Utilizando entonces la enseñanza implícita en mi cita inicial, evitemos que el mal prevalezca. Somos los buenos en esta película de terror; por lo tanto ya es hora de que tomemos acciones concretas para detenerlo.

No, Roca Rey, nadie con una pizca de sensibilidad o empatía piensa que te ves muy valiente al pasearte con la cola de un toro. Nadie cree que verdaderamente te importen los pobres damnificados de los huaicos. ¿Estuviste allí ayudando y poniendo el hombro? Por supuesto que no. Muy por el contrario, para intentar levantar a tu diversión moribunda, se te ocurrió organizar una masacre en masa a la que solamente asistirán tus primitivos secuaces.

Se supone que no debemos alegrarnos con la muerte de nadie. Este es un principio al que cuesta mucho sumarse porque muchos vemos en eso un acto de reivindicación y justicia, pero al margen de la controversia a este respecto, no olvides que, muchas veces, cuando la maldita plaza abre sus puertas con trompetas y paso dobles, y la chusma ruge ávida de sangre al llegar al tercio de muerte, el cuerpo que yace inerte sobre la arena no es necesariamente el del toro.

 

 

 

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Voto de silencio

Pinochet

Aunque el voto de silencio no es uno de los votos monásticos (voto de pobreza, obediencia y castidad) que toman los sacerdotes católicos, bien le haría al Papa practicarlo, sobre todo cuando no se tiene nada positivo, lógico o constructivo que decir.

Es cierto que este cura parece ser un tanto mejor que sus predecesores, pero nunca hay que olvidar con quiénes y con qué estilos se le está comparando. Si me comparan en velocidad con una persona sin piernas, es muy probable que yo resulte ser fondista olímpica; pero esto no es un asunto de comparaciones; de lo que se trata es de la propagación de un comentario totalmente desacertado cuya conclusión es insulsa, impráctica y totalmente injusta. Nadie dice o hace comentarios masivos sin una intención particular y específica. ¿Cuál fue entonces el raciocinio o la intención en los comentarios que el Papa Francisco tuvo para las personas que ayudan, trabajan o están activamente involucrada en la lucha por los derechos de los animales? De todos los grupos a los que podía atacar, se le ocurrió precisamente atacar a personas compasivas y humanitarias. ¿Qué te pasó Pancho? ¿Te quedaba muy ajustada la mitra?

La palabra “animalista” está tan desprestigiada y prostituida que yo jamás la utilizo. Quienes trabajamos y luchamos efectivamente por los derechos de los animales, somos activistas de esta causa y no “istas” del montón.

Es cierto que podríamos habernos dado por no enterados, pero no podemos ni debemos pasar por alto estos comentarios alusivos y propagados en masa. No podemos dejar de corregirlos dada la ignorancia suprema que reina entre los humanoides y, por qué no decirlo, entre los católicos, que, en algunos casos, y de acuerdo a sus conveniencias personales, siguen los mandatos de su líder político y religioso a pie juntillas. No hay que olvidar que, hace algún tiempo, al menor comentario y mandato clerical, miles de personas eran ejecutadas, quemadas, linchadas o desaparecidas del mapa. Fue la iglesia católica quien inventó la falacia sobre los gatos negros y fueron ellos mismos quienes lincharon y quemaron viva a Juana de Arco, supuesta defensora de su fe.

En su desatinado discurso, Francisco lamentó que haya gente que sienta compasión por los animales, pero que muestre indiferencia ante un vecino. Muy suelto de huesos, cuestionó el sentimiento de piedad de quienes prefieren ayudar a un perro o a un gato pero que – según él – son indiferentes antes el sufrimiento del prójimo.

Obviamente soy una persona parcializada en este tema, pero no podría nombrar a ningún activista por los derechos animales que no haya sido compasiva también con un ser humano. Es más, todos aquellos que nos acusan de no trabajar por la propia especie, generalmente son gente que no hace nada concreto por nadie.

El ser humano tiene derecho de elegir sus prioridades y ningún cura va a venir a exigirles que esas prioridades cambien. Quienes trabajamos por los animales tenemos tanta compasión que fácilmente la podemos extender a los humanos. Los ayudamos brindándoles información y previniéndoles sobre todos los daños que conlleva ser cementerios ambulantes de los cuerpos torturados y masacrados de miles de animales; ayudamos al planeta al luchar contra las industrias cárnicas y lácteas; nos preocupamos de la gente pobre, hambrienta y sin agua, demandando que los frutos de la tierra y el preciado elemento sean utilizado directamente por ellos y no por los intereses de lucro de las compañías que abusan y explotan tanto a humanos como animales; y sembramos principios de decencia, compasión, y empatía entre la niñez al fomentar la bondad y el respeto por todos los seres de la creación. ¿No son esas muestras suficientes de la compasión y piedad que Francisco exige para con nuestros semejantes?

¿De qué compasión y piedad puede hablar un cura que engulle las partes sufrientes de un animal masacrado brutalmente en un matadero? ¿Qué moralidad puede exigir un cura que permite que su iglesia bendiga los instrumentos de tortura del matarife en un coso taurino? ¿De qué decencia puede hablar el representante de una iglesia corrupta que ignoró el holocausto de millones de judíos o que no está dispuesta a sancionar severamente a sus curas pedófilos? ¡Por favor! Antes de incitar a la gente en contra de quienes defienden a los animales, Francisco debe mirar al interior de su propia casa, limpiarla, cambiarla, rectificarla y sancionarla. Solo en ese momento tendrá derecho a emitir una opinión acerca de la piedad y la moralidad de la gente.

Como parece que Francisco sufre de amnesia, será bueno dejarle unos cuantos nombres sueltos por allí: La conexión de su iglesia con dictadores asesinos como Franco, Pinochet y Perón; las cirugías estéticas y los pasaportes otorgados a los criminales nazis para que lograran escapar a Latinoamérica; el asesinato de Juan Pablo I; los miles de niños violados y abusados en escuelas o instituciones católicas del mundo entero; el escándalo del Banco del Vaticano; el escándalo del Sodalicio; la masacre de las culturas aborígenes en las Américas; las guerras Carlistas; el Tribunal de la “Santa” Inquisición, etc. La lista es tan larga que no existe suficiente papel para incluir todas las injusticias, salvajadas y masacres perpetradas por su iglesia, sus líderes y seguidores.

¿Y considerando todo esto, me van a venir a hablar de piedad, de compasión y de humanidad? ¡Si ni siquiera son capaces de seguir las enseñanzas y el ejemplo de su líder máximo, nuestro compañero de lucha y esenio vegetariano, Jesucristo!

El Papa y su iglesia son tan arrogantes que no serán capaces de ofrecer disculpas por esos comentarios; pero ni por un momento debemos permitir que ese discurso barato, ignorante y populachero nos afecte o infecte a los ignorantes necesitados de cualquier excusa para desestimar nuestros esfuerzos. Es probable que a sus palabras se las lleve el viento considerando que la mayoría de los católicos son católicos de “botica”; pero no podemos pasar por alto el desatino y la condena. Si los humanos no demuestran compasión o piedad por sus semejantes, es simplemente porque su naturaleza humana no se los permite. Es porque a estas alturas el mundo carece de esas virtudes y valores. Es cierto que existen millones de personas compasivas y humanitarias; pero también es verdad que hay gente inservible, malvada, despiadada, cruel y podrida en cuerpo y alma. Ser “humano” no es ni un privilegio, ni un honor. Somos simplemente otra especie, una especie diferente a la animal, que en mi opinión es superior al Homo Sapiens en muchos sentidos.

Y si por eso el “Santo Padre” que no es ni santo, ni padre, me condena al fuego tibio de un purgatorio inexistente, que así sea. Después de todo me hará el favor de colocarme en un lugar privilegiado para ver, en primera fila, como todos los explotadores y abusadores de los animales se achicharran en el infierno.

 

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Enseña con el ejemplo

Las personas que preferimos a los animales no humanos sobre la gran mayoría de los humanoides no somos personas amargadas, ni negativas, ni descorazonadas; somos personas realistas y concretas que basamos nuestra preferencia en la realidad del mundo actual, ni más ni menos.

El hijo que mata a la madre, el hermano que te traiciona, el amigo que no responde a tu llamada en la mitad de la noche, el ingrato, el desagradecido, el abusivo con todas las especies, el hipócrita que vive dos, tres o más vidas, son claros ejemplos que tipifican algunas de las bajezas de esa desgraciada y limitada especie.

Y nunca faltan quienes se escudan en ideas religiosas o dogmas pretendiendo ser lo que realmente no son. Veo a menudo gente que lleva una pulsera que dice “¿Qué haría Jesús?”, me imagino que para que en momentos de indecisión o de pecado inminente reflexionen que es lo que Jesucristo haría precisamente en la misma situación. Pues bien, si el humanoide promedio portador de la susodicha pulsera supiera o se hubiera dado el trabajo de estudiar la vida y obra de Jesús sabría perfectamente bien qué hacer. Jesús fue un arduo activista por la paz, combatió ferozmente la desigualdad y la injusticia, vino a romper todas las costumbres y ritos arcaicos del pasado, educó con el ejemplo y fue vegetariano. ¿No es todo esto lo suficientemente claro?

¿Dónde en la doctrina cristiana, judía, musulmana y otras no tan consecuentes, dice que se puede adoctrinar a la gente con libros sagrados para luego pasar a degustar los cuerpos mutilados de animales aniquilados de forma salvaje, cruel y brutal? ¿Dónde están las nociones que permiten el abuso, el especismo, la discriminación, el abuso en contra de los otros seres de la creación? ¿No nos queda claro el hecho de que solamente los animales y algunos creyentes escogidos se salvaron del diluvio universal, de que Jesús nació – escapando de sus enemigos humanos – entre animales de granja, y que entró triunfalmente en Jerusalén montado en un humilde burro? Al margen de la creencia en estas imágenes, anécdotas, parábolas o hechos históricos, los protagonistas de virtud son animales y no humanos.

Y hoy, reflexionando en el tema de la consecuencia, recuerdo a una mujer ejemplar, a un ejemplo digno de seguir. Una monja humilde que enseñó con el ejemplo y entregó su vida entera a la causa que decidió defender. Y como toda persona digna y consecuente – pues la compasión verdadera nunca es selectiva, ni exclusiva, ni especista- también extendió su compasión y justa valoración a los animales a quienes reconoció como criaturas de la creación. Teresa de Calcuta nunca bendijo capotes, ni asistió a una misa en una capilla taurina, ni le fue a cantar a la Virgen de Guadalupe con lágrimas fingidas para mañana más tarde aniquilar animales silvestres. Todo lo contrario, como muy bien dicen los americanos, ella “walked the talk”, actuó de acuerdo a lo que pregonaba. Sin autonombrarse venerable, santa, bendita, ejemplar o cualquier otra cosa por el estilo se denominó tan pecadora como el que más y nunca se dio ínfulas o aires de superioridad ante los miles de católicos que nunca levantaron un meñique para ayudar a nadie.

Por eso hoy, como conclusión de la semana y después de un prolongado silencio debido a mil y una causas, quiero reproducir lo que comentó cuando alguien le preguntó por qué debíamos amar a los animales.

Es cierto que no se puede exigir amor hacia nada o nadie; pero sí podemos exigir y demandar respeto para todos los seres capaces de sentir y merecedores de vivir en paz y con todos sus derechos. Tengo su respuesta en mi agenda personal junto a unos poemas de Brecht, Kipling y la foto de mi padre que me acompaña siempre para recordar por qué yo, desde mi modesto puesto de activista, puedo seguir su ejemplo.

Quienes trabajamos verdadera y consecuentemente por los derechos de los animales no necesitamos de pulseras o recordatorios de ningún tipo, no necesitamos de un número determinado de fans en Facebook, ni de “selfies”. Lo que nos mueve cada día al despertar es lo que podremos lograr ese día en particular por la causa que defendemos. Y por la noche, cuando tenemos que enfrentar victorias o derrotas, siempre nos queda la esperanza del nuevo día. El verdadero activista nunca se cansa, nunca se rinde, nunca claudica.

Aquí va entonces este escrito inspirador. Espero que te motive para hacer algo concreto por los animales hoy mismo:

¿Por qué amar a los animales?

Porque lo dan todo, sin pedir nada.
Porque ante el poder del hombre que cuenta con armas, ellos son indefensos.
Porque son eternos niños, porque no saben de odios, ni guerras.
Porque no conocen el dinero y se conforman solo con un techo donde guarecerse del frío.
Porque se dan a entender sin palabras, porque su mirada es pura como su alma.
Porque no saben de envidia ni rencores, porque el perdón es algo natural en ellos.
Porque saben amar con lealtad y fidelidad.
Porque dan vida sin tener que ir a una lujosa clínica.
Porque no compran amor, simplemente lo esperan y porque son nuestros compañeros, eternos amigos que nunca traicionan.
Y porque están vivos.
Por esto y mil cosas más, merecen nuestro amor.
Si aprendemos a amarlos como lo merecen estaremos más cerca de Dios.

Madre Teresa de Calcuta

 

 

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¿Qué bebería Jesús?

mary breast bb

Los nuevos movimientos cristianos en los Estados Unidos venden stickers y pulseras con el mensaje “¿Qué haría Jesús?” como recordatorio a todos sus miembros. La meta es lograr que, antes de cometer cualquier pecado, los susodichos miren su pulsera para reflexionar si sus acciones subsiguientes van de acuerdo a sus principios cristianos. Como recordatorio es bueno y como técnica comercial, mucho mejor. Creo que todos los que trabajamos por los derechos de los animales también deberíamos tener algo visual y presente. Algo mejor que la frase “los animales me importan”…. algo más concreto y gradual de acuerdo al progreso que vamos alcanzando hasta llegar a la pulsera con el lema, “¿Hiciste algo concreto por los animales hoy?”.

El asunto es que las maravillosas y super creativas mentes de PETA están parafraseando el popular slogan para educar al público promoviendo los derechos de los animales.

Aprovechando la coyuntura de que el Papa Francisco declaró que las madres deberían darle el pecho a sus bebés sin recurrir a otros métodos de alimentación (léase: sin darles de beber la secreción purulenta de otros animales no humanos que les provocarán graves trastornos de salud en la vida), PETA develó un gigantesco panel de propaganda en el área católica de Boston en el que se refuerza el mensaje del Papa pidiéndole al público que no consuma productos lácteos.

PETA quiere recordarle al público que la única leche que los niños necesitan es la leche materna y que la leche proveniente de un animal es solamente para sus crías. No hay que olvidar que para satisfacer la demanda de leche, millones de animales deben quedar preñados mediante procesos similares a los de una violenta violación. Los becerritos que nacen son cruelmente separados de sus madres para terminar siendo salvajemente confinados en estrechas jaulas en las que se producirá carne de ternera.

Saludamos favorablemente los comentarios del Papa, pero le pedimos que en su afán de cambiar la cara de la iglesia católica, tenga la determinación y el valor necesarios de finalmente desligar a todos los símbolos de su iglesia de la mafia taurina que aún ensombrece la verdadera cultura de muchos países latinoamericanos.

La idea de dejar a los animales en paz para que tengan el derecho de vivir sus vidas de manera natural y en paz me parece simplemente divina.

 
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Posted by on January 16, 2014 in Activismo efectivo, PETA, Veganismo

 

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Habemus errores

Francisco I

Al margen de lo que se pueda opinar sobre el nuevo papa (así es, con minúsculas) hay que dejar muy en claro que la ignorancia (en el exacto sentido de la palabra) o la esperanza de la gente sale a relucir de inmediato.

Este señor que ni es santo, ni es mi padre, no ha escogido su nuevo nombre en honor a nuestro compañero de lucha y ejemplo de consecuencia, Francisco de Asís. Nuestro Francisco fue un hombre comprometido, compasivo y ejemplar. Un hombre que, al tomar una opción de vida, dejó todo tipo de riquezas y comodidades, para dedicarse al servicio de los más pobres. Despojándose de sus finos y carísimos ropajes, se retiró a vivir una vida de mortificación basada en sus principios e ideales; convenció al Lobo (este si con mayúsculas) de Gubbio para que le diera una nueva oportunidad a los hombres y mantuvo una relación armónica de respeto con absolutamente todos los miembros de la Creación de Dios. Vivió y murió de acuerdo a sus convicciones y nunca miró para otro lado mientras que una raza entera era llevada al borde del exterminio, ni transfirió a pedrastras a parroquias distantes, ni convivió con asesinos dictadores argentinos, ni mucho menos bendijo los malditos capotes de toreros asesinos. Él hubiera merecido ser Papa. A él sí que le hubiera besado el anillo con mucho gusto.

El señor Bergoglio es jesuita y si escogió el nombre de Francisco, no fue por nuestro colega, que fue franciscano, sino tal vez por San Francisco Javier que, jesuita como él, fue un misionero de la orden. En su afán de hacerlo popular desde un principio, la gente de inmediato quiso identificarlo con el santo de Asís, porque la gente siempre tiene una esperanza inicial que, en la mayoría de los casos, muere en su intento.

Sería muy bueno que el nuevo papa asumiera el compromiso de imitar a San Francisco de Asís, aunque solamente fuera en mínima parte; pero el historial de la iglesia católica en referencia a los animales no es ni consecuente, ni decente, ni ético, ni compasivo.

A pesar de que, por un lado, Juan Pablo II dijo que los animales poseían alma y merecían respeto; con la otra mano su iglesia afirmaba que “es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente (el subrayado es mío) aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas”.

Para la iglesia católica entonces es “moralmente aceptable” que los animales sufran cruelmente en mataderos, granjas peleteras, zoológicos, circos, laboratorios de experimentación y plazas de toros. Estos conceptos hipócritas plasmados en su Catecismo oficial contrastan totalmente con los más básicos principios de respeto a la creación de Dios. Todas las crueldades ejercidas contra estas criaturas, ¿no constituyen el peor de los pecados mortales? ¿No es absolutamente corrupto y abominable que los papas sigan vistiéndose de armiño y que sus curas sigan dando misa y bendiciendo las espadas y capotes de los asesinos toreros en las capilla de las plaza de toros? ¿Dónde queda su complicidad con la mafia taurina a la que, sin ningún reparo, prestan o alquilan sus íconos y símbolos más sagrados?

Por muchos años diversas instituciones de defensa de los derechos de los animales han venido solicitándole a la iglesia católica que se pronuncie abiertamente en contra de la explotación a los animales; pero hasta la fecha, la iglesia ha permanecido muda, indiferente, apática; exactamente de la misma forma en la que vieron desfilar a los judíos a los campos de concentración sin hacer nada para ayudarlos. ¿Será que les conviene la explotación animal, que les gusta servir sus cadáveres en comilonas opíparas, vestirse con pieles de animales e ignorar la bula papal de San Pío V que, dictada en 1567, excomulgaba y privaba de sepultura en lugar sagrado a quienes asistieran a las corridas?

Si el nuevo papa quiere parecerse a San Francisco de Asís, primero tiene que imitar su consecuencia, manifestarse abiertamente en contra de la explotación de hombres y animales y deshacerse de los elementos nefastos pertenecientes a su iglesia. Debe deshacerse de curas toreros como Federico María Pérez-Estudillo, canónigo de la catedral y capellán de la plaza de toros de Sevilla, quien asegura que ha dado pases y pinchazos a novillos y que su única frustración es no haber sido torero. O como Ángel Rodríguez Tejedor, párroco de Titulcia en Madrid, quien apareció como tercera espada en el cartel de una becerrada que se dio en Colmenar de Oreja a beneficio del convento de las Agustinas Recoletas.

Dicen por allí que la esperanza es lo único que no muere; pero en este caso permanezco escéptica. Las humildes sandalias de San Francisco de Asís, son muy difíciles de llenar en este mundo regido por la ambición y la indiferencia ante los más despojados y débiles. Si el Sr. Bergoglio lo logra, seré la primera en reconocerlo y valorarlo. Y en el mejor estilo masoquista católico me dispondré a subir a alguna montaña de rodillas o a llevar un cilicio por un mes.

En realidad, no hay nada que no pueda hacer por los animales.

Y aquí les dejo uno de mis poemas favoritos. Hace un tiempo, aunque no me lo crean, lo podía recitar de memoria. Hoy solamente ocupa un lugar privilegiado en mi álbum de recuerdos de mi vida como activista…. pero allí está siempre a la mano para recordarme cuál es mi misión en esta vida.

 

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La buena semilla

Así como la buena semilla cayó en tierra fértil para llenar los campos de verdor y alimento, en Bolivia, el padre Marcelo Bazán (o Tata Bazán, como él prefiere que lo llamen) marca la diferencia dando un ejemplo consecuente del verdadero amor que Jesucristo siempre le brindó a los animales.

El Tata Bazán abrió las puertas de su iglesia no solamente para bendecir a los animales sino para oficiar una misa histórica por los animales. En su homilía mencionó diversos pasajes bíblicos que nos demuestran el amor y respeto de Jesucristo por los animales, desde el momento de su nacimiento en un humilde pesebre rodeado de los animales de granja que lo cobijaron, hasta el momento de su muerte.

Poniendo aparte las creencias y dogmas, ¿realmente creen Uds. que un espíritu superior como Cristo puede haber sido capaz de crecer y comerse a los animales que lo cobijaron? Yo no lo creo.

Últimamente se ha especulado mucho con la vida privada de Jesucristo y la gente ha tomado partido con una u otra tendencia; pero la posición de Jesucristo respecto a los animales siempre ha sido la misma, consecuente y directa rechazando los crueles sacrificios de animales del Antiguo Testamento, liberando a los animales que se vendían en el templo, y entrando triunfante a Jerusalén en la humilde pero fuerte y segura espalda de un burrito.

Existen también muchas historias al respecto. Historias que, por razones de control y dominación, nunca fueron incluidas en los libros sagrados de las diversas religiones del mundo.

Una de ellas cuenta que iba Jesús hacia Jerusalén y se encontró con un camello, pesadamente cargado con madera. El camello no la podía arrastrar monte arriba y el camellero lo golpeaba y maltrataba cruelmente para hacer avanzar al animal.

Y viéndolo Jesús, le dijo: “¿por qué le pegas a tu hermano?” El hombre replicó: “no   sabía que fuera mi hermano. ¿No es un animal de carga, hecho para servirme?”

Y Jesús dijo: “¿no ha creado el mismo Dios de igual sustancia a este animal y a tus hijos que te sirven?, y ¿no tenéis vosotros el mismo aliento de vida que todos habéis recibido de Dios?”

Otra historia cuenta que algunos de sus discípulos vinieron a él y le hablaron acerca de un egipcio, hijo de Belial, que enseñaba que no es contrario a la ley atormentar a los animales, cuando sus sufrimientos son de provecho para los hombres. Les respondió Jesús:

Quien cace animales, algún día será cazado él mismo

Quien atormente animales, algún día será atormentado él mismo.

Quien atormenta o mata a animales, tiene las manos manchadas con sangre.

La mayoría de los miembros del clero que hablan contra la naturaleza y contra el amor hacia los animales, que comen carne y le roban a los animales lo que legítimamente les pertenece no pueden imitar el ejemplo de Jesucristo, agradar a Dios o entender los misterios de los cielos, así como tampoco puede enseñar ni explicar la ley divina. Son guías ciegos que conducen a otros ciegos al precipicio. En cambio, quienes hayan alcanzado mayores grados de pureza y moral enseñarán  a los hombres a amarse los unos a los otros, y también les enseñarán a amar a todas las criaturas de Dios.

En este mundo lleno de inconsecuencia y falsedad, de aplastante pompa eclesiástica, es bueno saber que en la Catedral Metropolitana de Bolivia, hay un hombre comprometido con su fe que incluye dentro de la bondad y misericordia de Dios a todos los animales.

¡Gracias Tata Bazán por ser un ejemplo viviente del verdadero amor y compasión de Cristo!


 

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La excepción a la regla

 

Así como hay (menos mal) seres humanos que sí valen la pena por ser gente compasiva, decente, ética y humanitaria con todas las criaturas y que constituyen una clara excepción a mi regla de que casi todos los humanoides son una bola de materia irreciclable; debe haber algunas excepciones en el clero católico. El problema es que no conozco tal excepción. Ni siquiera los más jóvenes y recién salidos del convento se libran del lavado de cerebro y del escapismo en sus respuestas diciéndonos que cualquier tema controversial debe ser “resuelto por el vaticano”.

El asunto es que los animales no pueden contratar abogados, recibir compensaciones económicas secretas por haber sido violados o recibir partidas económicas por ser masacrados. Los animales no saben de todas las crueldades y corrupción cometidas por siglos, de la indiferencia y complicidad a favor de los nazis cuando miles de judíos morían miserablemente en los campos de concentración o de la clara indiferencia ante la pobreza o ignorancia más extremas. Los animales no saben de los “hijos de curas” nacidos después de una típica fiesta patronal donde abundó el alcohol, la ignorancia y la sangre de algún inocente animal.

Los animales no saben de pagos por matrimonios de primera, segunda, o tercera clase; con flores o sin ellas. Los animales no saben de responsos cobrados y dados a nombre de personas que ni siquiera conocieron. Los animales no saben de besamanos, besa anillos o faldones púrpuras. Los animales quieren vivir en paz.

Y yendo radicalmente en contra del mensaje de Jesús quién – según su dogma particular – amaba a la creación de su padre, el cura Alfonso Berrada párroco de la Parroquia la Virgen Milagrosa localizada en Miraflores, Lima, Perú, no  solamente toma una posición totalmente irresponsable y anti cristiana, sino que se niega a que activistas locales ingresen a las instalaciones de la iglesia para poder rescatar a un gatito que ha quedado atrapado por más de cuatro días.

A un hombre verdaderamente cristiano no habría que pedirle ese favor más de una vez. Un hombre verdaderamente caritativo y humanitario ayudaría de inmediato a los activistas que solamente quieren liberar a ese animal de su sufrimiento. Un pseudo “representante de Dios en la tierra” que es indiferente ante el sufrimiento de un pequeño ser capaz de sentir, no puede tener la menor compasión por quien se arrodilla ante él en un confesionario.

Y esa ha sido precisamente la actitud del sacerdote. Ante la insistencia de los activistas limeños, él se ha negado a cederles el paso para rescatar al minino y les ha dicho tajantemente que no le importa su suerte.

En vez de colaborar con los activistas que desinteresadamente alimentan, cuidan y esterilizan a los gatitos del parque; él – al mejor estilo de Pilatos – se lava las manos y se desentiende del asunto. Este señor no es un hombre proactivo, ni que busca soluciones. Cada vez que ha vertido su aburrido y soporífero (porque lo he escuchado personalmente) sermón, nunca ha mencionado el problema de la sobrepoblación de gatos en el parque, nunca le ha pedido a su congregación que los ayude, los adopte o esterilice. Él simplemente continua con su inerte “labor pastoral” consistente en repetir fragmentos de una Biblia cuyas enseñanzas no cumple, apagar cirios, llevar faldones y ser cruel con los animales.

En mi mundo ideal, su propia feligresía debería forzarlo, emplazarlo y hasta boicotearlo… pero sé que eso es mucho pedir. Es probable que esa escena imperdible del Mundo Bizarro de los comics de Superman no suceda en un largo, largo tiempo porque la feligresía no pregunta, ni cuestiona, ni exige. Pero los activistas – católicos o no – deben anteponer la justicia y la compasión ante todo y deben tomar medidas justas y drásticas. Cuando un ser sufre, no existe ni allanamiento, ni desecración. Y por supuesto que nadie va a esperar que el propio Vaticano o tan siquiera el Arzobispado intervenga. Ellos están muy ocupados viviendo como comechados, contando dinero mal habido o rezando y cobrando por las almas de un Purgatorio que no existe.

Espero sinceramente que los activistas actúen y que el hecho de que la crueldad suceda en una iglesia y no en una casa cualquiera no los detenga.

Ya no estamos en la Edad Media cuando podíamos caer acuchillados o envenenados por el cura supremo vigente y sus secuaces si nos oponíamos a sus santos designios; ahora, a las iglesias totalitarias, obcecadas de poder y crueles con los animales hay que ponerlas en regla y recordarles – con hechos – sea cual sea su dios, que el amor y el respeto del Ser Supremo para su creación es innegable e inagotable.

He aquí la única excepción a la regla que conozco, nuestro hermano Francisco de Asís.

 
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Posted by on August 31, 2012 in Animales de compañía

 

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