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Category Archives: Animales de compañía

Descuido fatal

Hot car

El ritmo de vida actual es acelerado, estresante y casi siempre mecánico. Un día de 24 horas – por lo menos para mí – casi siempre resulta corto. Y es precisamente en medio de días muy ocupados que se cometen gravísimos errores.

La mayoría de las personas responsables, conscientes y con un mínimo de inteligencia, jamás pensarían en dejar – ni siquiera por un minuto –  a niños o animales en autos durante días calurosos; pero nunca faltan aquellas personas que, bien intencionadas o no, piensan que el trámite a realizar o la compra pendiente, nunca serán tan largos como para causarle daños irreparables a los niños o animales que quedaron encerrados en un vehículo, aún con las ventanas parcialmente abiertas.

Vivo en una zona altamente calurosa y más de una vez he tenido que socorrer a un animal atrapado en un auto solo porque su guardián pensó que su ausencia no iba a ser tan larga. En todos los casos, la ventana del auto estaba semi abierta, pero eso no es suficiente para evitar tragedias irreversibles. Solamente una vez tuve que romper el vidrio y decidir enfrentar las consecuencias; pero felizmente, la dueña del auto entendió que si no lo hubiera hecho su animalito hubiera muerto en instantes.

La insolación es gravísima para los perros pues ellos no son capaces de disipar el calor lo suficientemente rápido. En cuestión de segundos, su temperatura corporal aumenta a niveles tan peligrosos que podrían dañar órganos e incluso causar la muerte.  Es por eso que es vital no dejar nunca a nuestros perros en los autos, ni siquiera en un día templado, y saber reconocer los síntomas de choque térmico. Muchas personas me preguntan cuál es la temperatura recomendada en la que se puede dejar a un perro en un coche. Mi respuesta siempre es la misma: ¡Ninguna! Si tienes que salir a hacer compras o encargos, deja a tu perro en casa. Punto. Es mil veces preferible que regreses por él a casa que regreses con tu amigo muerto. Tampoco recomiendo que se deje al perro atado o asegurado fuera del lugar al que ingresas. Eso tampoco te asegura que alguien se lo lleve. ¿Por qué el ser humano tiene que aprender a la mala o de sus errores garrafales? Sé responsable y toma la decisión correcta: Déjalo a salvo en tu casa, aunque llore, patalee o te mire con cara de presidiario cuando te vas. Verás que me agradecerás el consejo.

Los perros no pueden eliminar el calor a través de la transpiración y su principal mecanismo de regulación de calor es el intercambio gaseoso a través de la respiración. Por eso es que jadean cuando realizan actividades físicas intensas. El choque térmico más frecuente es el que se produce cuando los animales quedan atrapados en un auto; pero sucede con más frecuencia en perros con enfermedades cardíacas o respiratorias, cachorritos o perros viejitos, perros de pelo largo, con bozales, de color obscuro, perros sometidos a situaciones de alto estrés, perros obesos y perros de carita plana y nariz chata.

Los síntomas que sufre un perro cuando está sufriendo una insolación son los siguientes:

  • Temperatura corporal elevada
  • Ansiedad
  • Jadeo excesivo
  • Babeo excesivo
  • Espuma en la boca
  • Encías secas, pegajosas o muy rojas
  • Respiración dificultosa
  • Taquicardia
  • Latidos irregulares
  • Vómitos
  • Diarrea
  • Falta de coordinación muscular
  • Temblores

En las etapas avanzadas los síntomas incluyen:

  • Apatía o letargo
  • Debilidad
  • Inamovilidad
  • Convulsiones
  • Inconciencia

Lo más importante en estas circunstancias es actuar rápidamente para evitar que el animal pierda sales, se produzca una hemorragia interna, un derrame cerebral, una insuficiencia renal o hepática, un coma, o sobrevenga la muerte.

Es por eso que debemos actuar con rapidez llevando al animal al veterinario lo antes posible. Debes estar en permanente comunicación con el veterinario mientras lo llevas a su consultorio en caso de que deba darte instrucciones precisas. Si no puedes comunicarte con el médico lo primordial es reducir la temperatura de tu perro gradualmente y para eso te recomiendo:

  • Colocarlo en un lugar con sombra.
  • Rociarlo lentamente con agua fresca, pero nunca helada porque podría sufrir un shock, utilizando una manguera o sumergiéndolo en una tina sin que el agua le llegue a la cabeza. El agua deberá estar a unos 20ºC. Nunca lo sumerjas en una tina llena de hielo pues los cambios muy bruscos de la temperatura corporal pueden causarle problemas en los órganos internos. Es importante que el calor se disipe gradualmente. Si no tienes una tina a la mano, puedes utilizar paños mojados.
  • Chequear su temperatura rectalmente y dejar de enfriarlo cuando ésta alcance los 39º C. Es allí cuando debes detenerte para no causarle una hipotermia.
  • Durante el trayecto a la clínica veterinaria puedes mojar a tu perro con agua fría usando un spray.

Además, en días calurosos o simplemente cálidos te recomiendo que:

  • Saques a pasear a tu perro muy temprano por la mañana o por la noche, cuando el asfalto caliente no le lastimará las patitas.
  • No lo hagas jugar demasiado y si juega con mucha intensidad, oblígalo a descansar por varios minutos. Hay perritos que no tienen la más mínima noción del cansancio y pueden jugar por toda la eternidad. Mi perrito Cholín podía jugar a la pelota hasta el día del Juicio Final sin darse mucha cuenta. Y cuando lo obligábamos a descansar o detenerse, se quedaba dormido, cansado, con su pelota de tenia en el hociquito. Nunca tuve un perrito más juguetón que él. Jugaba a traer la pelota, era futbolista, mejor arquero y nadie le ganaba con el frisbee, que, aunque era mucho más grande que él, jamás lo intimidó. Cholín nunca le tuvo miedo a nada ni a nadie.
  • Asegúrate que cuando esté fuera de tu casa siempre tenga un lugar de sombra.
  • Dale una buena alimentación, buenos cuidados y evita estresarlo.
  • Dale siempre abundante agua limpia y fresca.

En unas semanas más, esperamos pasar en Arizona una ley llamada la Ley del Buen Samaritano. Con esta ley, las personas que encuentren a animales o niños dentro de vehículos y se vean en la obligación de romper los vidrios para salvarles la vida, no serán responsables por los daños ocurridos a los mismos. La nueva ley entiende que dichos actos se realizaron de buena fe, en situación de emergencia, que no fueron motivados por dinero y que la persona no fue negligente.

La policía les pedirá a los buenos samaritanos que, antes de romper los vidrios de cualquier vehículo, se comuniquen primero con el operador del servicio de emergencias 911, se mantengan en contacto con el operador, sigan sus instrucciones y se mantengan en el lugar de los hechos hasta que llegue la policía. En algunos casos, también se permitirá que el buen samaritano abandone el lugar con el animal o el niño víctimas del choque térmico en busca de atención médica.

Nos alegra saber que nuestras autoridades locales están dispuestas a colaborar con los activistas por los derechos de los animales para salvar sus vidas cuando alguien negligente no pensó ni en su seguridad ni en su bienestar.

Y así como las autoridades y las fuerzas del orden hacen su parte, a ti te toca hacer la tuya y ser un guardián responsable. Recuerda que más vale prevenir que lamentar. Estoy segura que tu perrito te lo agradecerá.

 

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Solidaridad con todos

Huaico 2

A través de las noticias nos enteramos de la terrible situación de la costa del Perú a causa de los incontenibles huaicos. El huaico es una palabra quechua (wayq’u) con el que se conoce a una masa de lodo y piedras enormes que se desprende de los Andes como consecuencia de lluvias excesivas. Al caer esta masa en los ríos, generalmente ocasiona desbordes considerables que dejan a su paso más pobreza, destrucción, y muerte.

Todos los peruanos sabemos que, inevitablemente, en el verano llegan (con mayor o menor intensidad) los huaicos y en invierno, el friaje. Es un círculo vicioso que se repite cada año ante el sufrimiento de los animales y la gente y la ineptitud del gobierno de turno. El huaico destruye casas, puentes y daña económicamente a poblaciones enteras y los animales se ahogan, se congelan e incrementan sus números en las calles ante la impotente mirada de quienes quisieran impedir sus sufrimientos.

Los peruanos ya están acostumbrados a ser solidarios ante estas desgracias. Su espíritu nacionalista y generoso sale a relucir para ayudar a los animales y a sus congéneres, pero esta es una situación que no puede volver a repetirse. No es solamente responsabilidad del gobierno de turno, sino también de la ciudadanía que debe ser educada en la prevención y en la extensión de su solidaridad hacia los animales.

El magnífico y poderoso Imperio Inca, a pesar de sus políticas impuestas y hasta cierto modo, condescendientes, supo prevenir estos desastres naturales con eficacia y una tecnología extremadamente avanzada para su época. El fenómeno de El Niño no fue algo desconocido para ellos y aunque no hay evidencias escritas de que lidiaron directamente con él, existe evidencia de que tenían conocimiento del fenómeno por la valoración que le otorgaron al mullu, una concha marina que ahora es conocida con el nombre de spondylus y cuya distribución depende del calor de las aguas.

Por otro lado, diferentes estudios de arqueólogos de Harvard han determinado que la ingeniería hidráulica de las culturas Cupisnique, Moche, Chimú, Lambayeque y el mismo Tahuantinsuyo, presentaron patrones de adaptación del terreno y movilidad de la población de las zonas afectadas en caso de necesidad.

Como lo torcido de la naturaleza humana siempre sale a relucir en situaciones de desgracia, en esta oportunidad también apareció en la forma de gente o pseudo-instituciones cuyo modus operandi ha sido siempre inspirar pena en la población con el fin de lucrar de manera particular.

¿A quién no le agrada la idea de salvar a todos los animales damnificados y ponerlos en un albergue esperando una adopción perfecta? ¿Quién no quisiera salvar a un animal a punto de ahogarse o hacer todo lo humanamente posible para darle una oportunidad de seguir viviendo? Es eso con lo que precisamente cuentan los estafadores y quienes viven de la desgracia y los sufrimientos de los animales.

El público, motivado por su empatía, su compasión, o su pena, no pregunta, no cuestiona, y – mucho menos – pide cuentas o exige resultados. Aportan lo que sus economías les permiten, donan su tiempo y energías para luego ser vilmente engañados con fotos o historias falsas en las que los perjudicados siempre son los animales.

Aunque la gran mayoría de los latinoamericanos no conocen el exacto significado (y mucho menos la práctica) de la palabra prevención; esto no es excusa para que un grupo de farsantes continúen aprovechándose de todos. En el momento de la desgracia, cuando las víctimas animales y humanas llegan a los momentos más álgidos, todo el mundo se echa la mano al bolsillo para contribuir sin saber si la ayuda que ofrecen caerá en buenas manos y ejecutará sus deseos.

La idiosincrasia de los peruanos no ha cambiado a través del tiempo y esas lecciones no aprendidas son precisamente su traba más grande. Desde las épocas virreinales, la única función del riquísimo territorio del Perú era explotar sin piedad a indígenas y negros con tal de aumentar las arcas españolas. Al virrey de turno y a los mestizos y criollos poderosos que vivían en contubernio con los tiranos, jamás les importó el pueblo, nunca les importó la prevención, las mejoras sociales y económicas del pueblo ni el progreso moral y cultural de las masas. Asquerosos y deplorables “pasatiempos” como las corridas de toros y las peleas de gallos surgieron para seguir engañando miserablemente al pueblo con la venia y bendición de la iglesia católica, que, desde tiempos inmemoriales, miró hacia el otro lado cada vez que un inocente animal era brutalmente masacrado para proveer entretenimiento malsano a la chusma.

Con el pasar del tiempo, los bandidos simplemente han cambiado de forma y de tácticas. Ahora se auto-proclaman salvadores de los animales sufrientes y salen a la calle y en los medios para inspirar una lástima y empatía que conmueve a la gente para entregarles bienes o dinero.

El lenguaje especista y equivocado, que abunda en el idioma español, me forzaría a llamarlos “corderos con piel de lobo”; pero, obviamente, ellos no merecen ser comparados con ningún noble animal. Entre los animales, las cosas son siempre claras y determinantes; aún en el momento de la sobrevivencia de las especies que, ante nuestros ojos humanos, a veces parece brutal, los animales hacen lo que se debe hacer, sin engañar a nadie. Algo diferente sucede con algunos humanos, siempre dispuestos a obtener beneficios personales y siempre listos para engañar a la gente de buen corazón.

La lección que los huaicos nos han dejado es bastante clara: No solamente nos hace falta un plan estratégico de prevención para animales y humanos por igual; sino que aún también falta mucha educación y mucha empatía hacia las otras especies que comparten el mundo con nosotros. Los videos mostraron muchas desgracias, pero las imágenes más impactantes fueron la de los animales ahogados y desposeídos. Como siempre, la gente mostró mucha más empatía con los animales de compañía, mientras que los de granja quedaron relegados o fueron rescatados para luego ser devueltos a quienes los matarán prontamente para obtener un beneficio económico. ¡Y qué mejor manera de ayudar a los damnificados humanos que sacrificar a los animales que quedaron en sus estúpidas e ignorantes “polladas”! ¿Es que la ignorancia puede llegar a ser tan grande que no se dan cuenta que una vida salvada no puede volver a ser brutalizada?

Mi país es un país hermoso, vasto, riquísimo, bendecido por la naturaleza; pero a la gente aún le falta evolucionar éticamente; tal vez no al punto de nuestro activismo concreto y constante, pero por lo menos a un nivel de respeto y consideración para con todo ser capaz de sentir.

La otra parte de la lección es la de aprender a ser selectivos e inquisitivos; aprender a preguntar y a demandar quién y qué es lo que se hizo con cualquier tipo de donación entregada, por muy mínima que esta haya sido. La gente debe huir de sinvergüenzas que con fotos falsas o con animales en situaciones deplorables exigen dinero para implementar planes imposibles de realizar. Húyanle a caras llorosas, a historias increíbles o a nombres ridículamente preparados como caridad, compasión, felicidad, armonía, libre de eutanasia, etc. Huyan también de grupos que aseguren tener legalidad. Aunque esto es, de alguna manera, la demostración de algo estable, recuerden que las instituciones que trabajan por los derechos de los animales y sus representantes siempre gozan de una excelente reputación por las obras realizadas y por rendir cuentas abiertamente.

Si quieres ayudar a estos animales, haz algo concreto y tangible. Apoya a organizaciones que por su trayectoria en el país te han demostrado más de una vez que se dedican a este trabajo porque realmente les importan los animales. No te conformes con postear mensajes y gráficos desde la comodidad de tu casa, siempre pidiendo que “alguien más” haga el trabajo por ti. Ya va siendo hora de que los peruanos aprendan a ser voluntarios de verdad. Y ese calificativo no llega sino hasta que te hayas involucrado en cuerpo y alma a la causa que dices defender. La imagen que aparece en el encabezado de este artículo es la reproducción de una foto auténtica en la que una perrita callejera se mete al lodazal para rescatar a su cachorro. El lema de “Fuerza Perú” también se aplica a los animales.

Huaico 1

Los animales no hablan nuestro idioma y no nos pueden prevenir contra los estafadores; es por eso que siempre debemos estar preparados para evaluar, investigar y decidir a qué instituciones debemos apoyar con nuestro trabajo, esfuerzo y dinero. No sigas perdiendo tu dinero y energía con gente que por años ha vivido del dinero que debería ser destinado a la causa sagrada de los derechos de los animales. Con pruebas fehacientes en la mano, denúncialos sin titubeos y exponlos ante la opinión pública para crearles la muerte civil que se merecen.

Es probable que algunos hayamos sido engañados alguna vez, pero después de haber recibido advertencias y consejos, nunca olvides que el engaño es una elección, no un error.

 

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Agujeritos de plata

2016 Marzo - Sonriente

Realmente no sé dónde se va el tiempo. Acabo de pestañear y ya pasaron dos meses…. Y en todo este tiempo pasó de todo, cosas positivas y menos positivas; logros, victorias, retrasos, decepciones, y una tristeza que languidece hasta ahora, no solamente por la pérdida real sino también por lo que la pérdida implica para otros.

Los activistas por los derechos de los animales estamos destinados a conectar todos los hechos de nuestras vidas. En realidad, no podemos existir sin comprobar que todo siempre está entrelazado con causas y consecuencias. Ese es nuestro modus operandi y lo aplicamos a todos los hechos de nuestra vida.

Hace unos días Camila, mi perrita de Lima, abandonó este mundo. Aunque, por razones de distancias físicas, no compartimos el día a día, bastaba que fuera un animal; un animal rescatado para que tuviera un lugar especial en mi corazón. Ella sufrió la crueldad y la indiferencia de las calles hasta el día en que llegó a la casa de mi madre. Se llevó con ella todos esos malos recuerdos que espero haya borrado y perdonado al haber recibido la bondad y el cariño que se le brindó en mi casa; pero como yo no soy perra, ni tengo su nobleza, nunca podré olvidarme del hecho de que debido a un golpe recibido en sus tiempos de callejera se quedó ciega.

Cuando supe que sus ojitos iban a quedarse sin luz, hablé con varios veterinarios acerca de la posibilidad de ayudarla para revertir esa condición; pero todos ellos pensaron que, debido a su edad y a su falta de historia clínica específica, lo mejor era no intervenir. En lo que sí coincidieron fue en el hecho de que su ceguera podría haber sido causada por un maltrato, un golpe propinado por alguna de esas lacras que pululan en las calles abusando de los indefensos.

Su ceguera nos dolió más a nosotras que a ella misma. Los animales son seres fuertes, resilientes, aguerridos. Ellos toman la vida y sus penurias como vienen y siempre siguen adelante. Solamente por esa razón deberíamos tratar de parecernos a ellos. Nosotros, los limitados humanos, siempre hacemos tragedia y nos ponemos por un largo tiempo en situación de víctimas. Los animales, no. Si a ellos les falta alguno de sus sentidos, agudizan más los que les quedan y siguen adelante con sus vidas sin mirar atrás. Así fue la vida de Camila. Ella aprendió a manejarse bien en la casa y ni su ánimo, ni su alegría nunca se apagaron. A pesar de su limitación física, continuó con su vida y la disfrutó hasta el último momento.

Yo me despido tantas veces, de tantas personas y animales, que nunca sé si esa despedida será tal vez la última. Siempre trato de hacerlo casualmente, como si pudiera volver a ver al objeto de mi despedida al día siguiente; pero la verdad es que uno nunca sabe. La última vez que me despedí de Camila, le acaricié la cabecita y le pedí que siguiera acompañando, de alguna forma, a mi mamá. Como siempre dije “hasta la vuelta” y me fui.

Esta tarde, al ver su foto espiándome desde mi escritorio, la recuerdo y aunque aún la lloro, mi satisfacción de que llevó una vida plena es más fuerte que mi pena. Pienso entonces en todos los otros perros callejeros que no tuvieron la misma suerte que Camila; en todas esas criaturas que sufrieron y languidecieron hasta morir en las calles ante la mirada indiferente de la gente indolente que los considera parte del paisaje diario.

Tienes todo el derecho de emocionarte temporalmente ante la situación de los animales callejeros; pero luego de hacerlo, date cuenta que la manera más efectiva de ayudarlos, es hacer algo concreto por ellos. La ayuda, para ser real y marcar la diferencia, debe ser tangible. Por eso, ayuda adoptando a un callejerito, donando alimentos o medicinas a un albergue, promoviendo campañas de esterilización en tu barrio o colaborando como un voluntario profesional y eficiente. Nunca olvides que el tiempo, el esfuerzo y la ayuda tangible de los humanos siempre se puede medir y cuantificar; pero lo que los animales te darán a cambio, simplemente, no tiene precio.

Mando entonces, al Puente del Arco Iris, y en honor a Camila Fatmagul y a todos esos otros callejeritos, el brillante y emotivo poema de Manuel Benítez Carrasco “El Perro Cojo”. En el caso de mi Camila, no serán agujeritos de plata producidos por su muletita de perro cojo; serán agujeritos de plata producidos por la brillantez y la nobleza de sus nuevos ojitos sanos.

EL PERRO COJO

Manuel Benítez Carrasco

Con una pata colgando, despojo de una pedrada,

pasó el perro por mi lado. Un perro de pobre casta.

Uno de esos callejeros pobres de sangre y estampa.

Nacen en cualquier rincón, de perras tristes y flacas,

destinados a comer basuras de plaza en plaza.

Cuando pequeños, qué finos y ágiles son en la infancia,

baloncitos de peluche, tibios borlones de lana,

los miman, los acurrucan, los sacan al sol, les cantan.

Cuando mayores, al tiempo que ven que se fue la gracia,

los dejan a su ventura, mendigos de casa en casa,

sus hambres por los rincones y su sed sobre las charcas.

Qué tristes ojos que tienen, qué recóndita mirada

como si en ella pusieran su dolor a media asta.

Y se mueren de tristeza a la sombra de una tapia,

si es que un lazo no les da una muerte anticipada.

Yo le llamo: psss, psss, psss…Todo orejas asustadas,

todo hociquito curioso, todo sed, hambre y nostalgia,

el perro escucha mi voz, olfatea mis palabras

como esperando o temiendo pan, caricias… o pedradas.

No en vano lleva marcado un mal recuerdo en su pata.

Lo vuelvo a llamar: psss, psss… Dócil a medias avanza

moviendo el rabo con miedo y las orejitas gachas.

Chasco los dedos; y le digo: “Ven aquí, no te haré nada,

vamos, vamos, ven aquí”. Y adiós la desconfianza,

que ya se tiende a mis pies, a tiernos aullidos habla,

ladra para hablar más fuerte, salta, gira; gira, salta;

llora, ríe; ríe, llora; lengua, orejas, ojos, patas

y el rabo es un incansable abanico de palabras.

Es su alegría tan grande que más que hablarme, me canta.

“¿Qué piedra te dejó cojo? Sí, sí, sí, malhaya”.

El perro me entiende; sabe que maldigo la pedrada,

aquella pedrada dura que le destrozó la pata

y él, con el rabo, me dice que me agradece la lástima.

“Pero tú no te preocupes, ya no ha de faltarte nada.

Yo también soy callejero, aunque de distintas plazas

y a patita coja y triste voy de jornada en jornada.

Las piedras que me tiraron me dejaron coja el alma.

Entre basuras de tierra tengo mi pan y mi almohada.

Vamos, pues, perrito mío, vamos, anda que te anda,

con nuestra cojera a cuestas, con nuestra tristeza en andas,

yo por mis calles oscuras, tú por tus calles calladas,

tú la pedrada en el cuerpo, yo la pedrada en el alma

y cuando mueras, amigo, yo te enterraré en mi casa

bajo un letrero: “Aquí yace un amigo de mi infancia”.

Y en el cielo de los perros, pan tierno y carne mechada,

te regalará San Roque una muleta de plata.

Compañeros, si los hay, amigos donde los haya,

mi perro y yo por la vida: pan pobre, rica compaña.

Era joven y era viejo; por más que yo lo cuidaba,

el tiempo malo pasado lo dejó medio sin alma.

Y fueron muchas las hambres, mucho peso en sus tres patas

y una mañana, en el huerto, debajo de mi ventana,

lo encontré tendido, frío, como una piedra mojada,

un duro musgo de pelo, con el rocío brillaba.

Ya estaba mi pobre perro muerto de las cuatro patas.

Hacia el cielo de los perros se fue, anda que te anda,

las orejas de relente y el hociquillo de escarcha.

Portero y dueño del cielo San Roque en la puerta estaba:

ortopédico de mimos, cirujano de palabras,

bien surtido de intercambios con que curar viejas taras.

“Para ti… un rabo de oro; para ti… un ojo de ámbar;

tú… tus orejas de nieve; tú… tus colmillos de escarcha.

Y tú, – mi perro reía – tú… tu muleta de plata”.

Ahora ya sé por qué está la noche agujereada:

¿Estrellas… luceros…?

No, es mi perro cuando anda…

con la muleta va haciendo agujeritos de plata.

 

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Hitler nunca fue vegetariano

holocaust

La propaganda nazi, capaz de convencer a una gran mayoría de europeos durante la Segunda Guerra Mundial, fue una maquinaria efectiva, muy bien organizada y convincente. Sus maquiavélicos planes alcanzaron muchas metas y entre ellos, podemos citar la mentira de que Hitler amaba a los animales y era vegetariano.

No descarto la idea de que un ser cruel y despreciable como él les haya tenido afinidad. Hay que recordar que los animales son tan nobles que no saben distinguir a un monstruo de una persona buena. Durante su gobierno se pasaron algunas leyes a favor de los animales como la “regulación” del método judío de matanza que siempre ha sido muy cruel y, otra vez, “regulaciones” en la cacería. Quizás estuvo en contra del método de matanza judío simplemente porque era judío y sus leyes nunca fueron totalmente prohibitivas sino más bien, reformistas. El que tenía el poder absoluto, podría haber pasado leyes abolicionistas. Nunca lo hizo.

Como la mayoría de los dictadores, ávidos de poder y copiones del conocimiento ajeno, es muy probable que Hitler haya querido imitar el pensamiento de Wagner y Schopenhauer, a quienes admiraba, pero la verdad del caso es que la farsa de su vegetarianismo y amor por los animales fue una campaña propagandística muy bien organizada por su Ministro de Propaganda Joseph Goebbels, cuyo propósito era promover la mejor imagen del Führer y otorgarle un aire ascético.

Hitler sufría de muchos trastornos estomacales, gastritis aguda, sudoraciones y flatulencia excesivas y por esa razón cuidaba su dieta, pero nunca dejó de comer sus platos cárnicos favoritos: salchichas bávaras, albóndigas de hígado y piezas de caza rellenas y asadas.

Cuando llegó al poder disolvió todas las sociedades vegetarianas de Alemania, detuvo a sus dirigentes y clausuró la principal revista vegetariana del país. Durante la guerra, los nazis prohibieron todas las organizaciones vegetarianas en los territorios que ocuparon. Y Ian Kershaw, uno de sus biógrafos, narra que frecuentemente llevaba al cinto un látigo para perros con el que “disciplinaba” a sus perros. Tanto “amaba” a su última perra Blondie que cuando su captura era inminente, probó con ella el veneno que se supone acabó con su vida y la de su amante Eva Brown. La muerte de Blondie fue un acto cruel e innecesario pues, evidencia reciente y comprobable, sostiene que él y su amante huyeron a Argentina protegidos por el gobierno de Juan Domingo Perón.

Hitler admiraba al pro-nazi Henry Ford, el pionero de la industria automovilística de los Estados Unidos quien tomó la idea de la línea de ensamblaje después de visitar un matadero en Chicago. Hitler y los nazis simplemente reemplazaron a los animales condenados al matadero con judíos y fueron igualmente crueles e hipócritas con los seres humanos y los animales.

Mucha gente desinformada y ávida de defender sus hábitos cárnicos recurren a esta falacia para defender su consumo de cadáveres y secreciones animales, pero ahora ya sabes que sus argumentos carecen de validez histórica y ética.

Además, nuestros estilos de vida, no pueden estar basadas en lo que alguien más hizo o dejó de hacer. Podemos tomar los buenos ejemplos de gente evolucionada, pero no se puede justificar una o dos buenas características de gente maligna y cruel. Ser vegano no es una opción. Es un estilo de vida. No podemos caer en las garras del especismo para asumir que, nosotros, como seres humanos tenemos derecho a tomar una opción y otros seres no lo tienen.

Los miles de animales masacrados en los mataderos del mundo entero NO tienen NINGUNA opción y lo mejor que podemos hacer para liberarlos de manera efectiva y concreta es seguir educando con el ejemplo.

¡GO VEGAN NOW!

 

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Mis respetos para ti, señora

mami

En nuestra vida de activistas hemos tenido muchas influencias: un líder, una persona a quien veíamos como ejemplo, un libro, una película o un evento transformador. A veces son tantas que nos las podríamos mencionar o recordar todas; pero la empatía o las primeras influencias que marcaron nuestra vida como tales tuvo que empezar en algún momento.

Los especialistas en Educación Humanitaria sostienen, desde el principio de los tiempos, que la formación ética de una persona empieza definitivamente en la niñez, principalmente en casa y luego en la escuela. Es allí donde nuestros padres siembran las semillas de compasión en nuestros corazones con la esperanza de que la cosecha de buenos frutos.

La jardinera de mi dedicación por los animales, sin lugar a dudas, fue mi madre. No tuve el privilegio ni la suerte de compartir los primeros años de mi niñez con algún animal que viviera con nosotros porque los animales de compañía con los que compartí esos años siempre fueron “prestados” hasta el momento en el que pudimos convencer a mi papá que ya era hora de abrir las puertas de nuestra casa a algún animal necesitado de hogar. Desde ese momento, yo adquirí hermanos y mis padres nuevos hijos a quien engreír y querer hasta el momento que cruzaron el Puente del Arco Iris. Casi todos ellos ya están allí, esperándome con mi papá. Esa espera es, tal vez, el mayor incentivo para morir una vez que haya visto muchos más logros para nuestra causa.

En mi adolescencia y juventud, nuestra relación tuvo muchos altibajos; mucha controversia y altisonancia; tal vez por ser tan parecidas, tan determinadas, tan perseverantes y tan tercas. Pero la vida no pasa por uno sin enseñarnos sabias e importantes lecciones. Y si algo he aprendido, con la ayuda de toda la buena gente que ha tocado mi vida, es a darme cuenta que absolutamente toda circunstancia tiene una razón de ser. Aprendí que nadie nace sabiendo cómo ser hija, madre o padre y que todos hemos hecho lo mejor que podíamos con el conocimiento que teníamos.

La figura que nunca se aleja de mi mente es la de mi madre llevándole comida a los pobre perros callejeros que vivían por los alrededores de mi casa. Mis primeros sentimientos de compasión, mis primeras lecciones de empatía hacia los animales, mis primeras nociones de realmente ponerme en la piel de otro ser, vinieron de ella y se quedaron grabadas en mí para toda la vida.

Mi madre me traspasó su sentido del deber, del esfuerzo en el trabajo, su amor interminable por la lectura y su sentido de la lealtad. Me enseñó a tener un ideal en la vida y a defenderlo hasta la muerte pese a los detractores, la crítica y la ignominia. Cada vez que algo malo pasaba o cada vez que algo iba mal con mi salud, me decía “Mañana, a esta misma hora, todo ya habrá pasado o habrá mejorado, hija”. Hoy, las circunstancias inexorables de la vida, que siempre dan vuelta; ahora que yo soy la madre y ella la hija; le digo lo mismo y con el mismo convencimiento. Las lágrimas que tal vez ella escondía en esas épocas para darme fuerzas, son las mismas que yo me trago ahora para animarla en su recuperación. En esa recuperación que yo sé que llegará porque ella es tan tenaz y perseverante como yo.

Sin ningún conocimiento científico o nutricional, y solamente basándose en su empírica percepción de las cosas, me privó del consumo de cerdos y mariscos y no me hacía tanto problema cuando me negaba a consumir el vaso de leche obligatorio de todo escolar de mi época. A ella nunca le gustó ni fomentó su consumo, reemplazándola por un rico y nutritivo vaso de avena de piña o manzana. Le agradezco inmensamente por ello. Sin saberlo, y aunque yo en esas épocas aún tenía la conciencia dormida, estaba ya creando a una vegana.

Cada vez que nuestra casa se abrió para recibir a un callejerito, repetía – creo que únicamente para demostrarnos que iba a suceder exactamente lo opuesto – que “sólo se podía quedar hasta que le encontráramos un hogar”. Esos plazos nunca se cumplieron y terminaron en un compromiso de por vida. Siempre fue una ley impuesta por ella no recordarles su pasado en las crueles calles para únicamente concentrarse en el hecho de que ahora eran amados, deseados, bienvenidos…. Todos ellos fueron más hijos de ella que yo. Y lo entiendo y comprendo. Yo, una limitada humana, jamás podría amar como ellos que la amaron de verdad y nunca la juzgaron. Más bien la acompañaron en sus alegrías y la consolaron en sus tristezas. Le hicieron la vida más llevadera cuando el destino me llevó a otros lares lejanos y le enseñaron que la vida sigue, pese a todo y a todos.

Ya entrada en años, se hizo vegetariana, y aunque a mí me hubiera gustado un cambio total al veganismo, le di el crédito que se merecía y la alenté siempre en su propósito. Hacer este cambio fue uno de los regalos más grandes que pudo haberme dado. Nunca se lo he dicho antes; pero se lo diré apenas la vea esta Navidad. No tendrá que darme ningún regalo más en todo lo que le quede de vida. Eso es más que suficiente.

Cuando se habla de las madres, siempre se dice que el mejor regalo que nos pueden dar es la vida. No lo creo. Eso es algo muy general y obvio. El mejor regalo que mi madre me dio a mí, no fue eso, ni sus buenos ejemplos, ni trabajar duro para darme una buena vida y una buena educación. No fue velar mi sueño cuando estuve enferma, ni haber sacrificado sus ahorros de toda la vida para darme una córnea. Nada de eso.

No fue darme el ejemplo de lo que significa ser una “señora” en toda la extensión de la palabra; ni ser valiente ante las circunstancias de la vida, ni luchar tenazmente hasta culminar una meta. El mejor regalo que me diste, mamá, fue abrir mi corazón, mi alma y mi mente a la causa sagrada de los animales. Tal vez la primera vez que te vi sentir compasión por un sufriente perro callejero, enfermo o hambriento, no te diste cuenta de la magnitud del ejemplo que dejabas en mí; pero ahora, más de medio siglo más tarde, te puedo asegurar, con la convicción del camino recorrido, que ese simple acto de bondad y respeto marcó mi vida para siempre y determinó mi destino y mi misión en este mundo.

¡Gracias mil por haberme enseñado el camino que hoy yo puedo enseñar a los demás! Mis victorias, pasadas, presentes y futuras estarán siempre dedicadas a ti, mamá.

 

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Criando niños compasivos

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Leyendo algunos artículos sobre la inteligencia emocional, encontré uno con el que coincido totalmente. Dice el artículo que la compañía de un animal, sobre todo durante la niñez, es un componente vital en el desarrollo de la inteligencia emocional del ser humano. Este tipo de inteligencia mide el nivel de empatía y la capacidad de comprender y conectarse con otros seres. De acuerdo a recientes investigaciones, esta inteligencia es el mejor indicador del éxito que un niño tendrá en la escuela. De hecho, muchos maestros de educación inicial reportaron que este tipo de inteligencia es mucho más importante que la habilidad de leer o utilizar un lápiz.

Y hay que tener en cuenta que, a diferencia del cociente intelectual que ya se encuentra establecido desde el nacimiento, la inteligencia emocional puede aumentar, ser cultivada y aumentada brindándoles a los niños la oportunidad de compartir su vida con un animal.

Los niños que comparten su vida con animales:

Desarrollan sus niveles de empatía:

Muchos estudios realizados en los Estados Unidos y en Inglaterra como aquel desarrollado por el psicólogo Robert Poresky de la Universidad Estatal de Kansas, han demostrado que existe una marcada correlación entre la estrecha relación con un animal y altos niveles de empatía. Esa no es una idea nueva pues ya en 1699 el filósofo John Locke afirmaba que desde su infancia los niños debían aprender a cuidar a sus animales para aprender a ser personas sensibles.

Aprenden a ser responsables y aumentan su auto-estima:

Los niños son capaces de ser responsables de sus animales cuando se les enseña a desarrollar diferentes tareas de acuerdo a su edad. Por ejemplo, pueden cepillarlos, pasearlos, servirles su comida, cambiar el agua y bañarlos cuando sea necesario. Cuando los niños realizan estas tareas, las hacen bien y reciben elogios por ello, su auto-estima se eleva y se sienten orgullosos de contribuir al bienestar de sus animales.

Tienen menos estrés:

Ha quedado comprobado hasta el cansancio que la compañía de un animal, o el solo hecho de acariciarlos o pasar un tiempo con ellos conlleva innumerables beneficios físicos y emocionales. Por ejemplo, reduce notablemente los niveles de estrés en los seres humanos, les levanta el ánimo, los mantiene alejados de la depresión y los ayuda a bajar la presión arterial.

Aprenden a leer sin presiones:

Aprender a leer puede ser una experiencia estresante para algunos niños. Y esa tensión se incrementa cuando no lo pueden hacer bien o tienen que demostrar sus errores en frente de toda una clase. Una manera de solucionar ese problema sin dañar la auto-estima de los niños es hacer que le lean a un animal. Al hacerlo, pueden tomarse el tiempo necesario para aprender a pronunciar palabras difíciles sin ser juzgados por nadie. Al gozar de la compañía de un animal que los escucha amorosa y pacientemente, los niños desarrollan la confianza necesaria para esforzarse en la tarea de leer correctamente.

Expresan sus emociones más libremente:

Es muy común que los niños hablen libremente con sus animales y los conviertan en sus confidentes. En algunos casos, es difícil que los niños hablen con adultos acerca de sus más poderosas emociones porque piensan que nos serán entendidos. Por el contrario, al hablar con un animal se sienten en confianza y liberados de cualquier tipo de crítica.

Es por eso que en lugares donde los niños se recuperan de situaciones altamente traumáticas, la presencia de un animal confidente es sumamente valiosa e irremplazable.

 

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Tu perro sabe exactamente lo que le dices

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Esta afirmación no toma por sorpresa a nadie que alguna vez haya compartido su vida con un perro. Ellos son seres sumamente inteligentes e intuitivos; pero ahora la ciencia lo confirma.

Cuando le hablamos a nuestros perros ellos no solamente escuchan las palabras que usamos sino también la manera en la que las decimos. Las palabras que seleccionamos y nuestra entonación son entendidas exactamente por los perros. En un estudio publicado el pasado mes de agosto en la revista Science, los científicos demostraron que el cerebro canino procesa la información de una manera muy similar al cerebro humano.

Realizar el estudio no fue cosa fácil. Se tuvo que entrenar a un grupo de perros para que se mantuvieran totalmente quietos dentro de un escaneador que les tomaba varias resonancias magnéticas. Durante muchos meses, 13 perros húngaros (6 Collies, 4 Golden Retrievers, 2 Pastores Alemanes y un Perro Chino Crestado) aprendieron a acostarse sin mover ni un músculo en el escaneador para que el etólogo Eötvös Loránd de la Universidad de Budapest realizara las tomas necesarias.

Se demostró que los 13 perros respondieron a varias vocalizaciones como gruñidos, ladridos, gemidos, y gritos de personas y de otros perros. Los sonidos de felicidad o de temor activaron las mismas áreas cerebrales en las dos especies.

Los mismos perros escucharon grabaciones de sus guardianes humanos hablando en formas diferentes: alabándolos, hablando de forma neutral, alabándolos en un tono neutral, y utilizando palabras neutrales en un tono de halago.

Los resultados de las neuro imágenes mostraron que el hemisferio izquierdo del cerebro de los perros respondió a las palabras utilizadas y que el hemisferio derecho respondió a la entonación. Pero fue preciso utilizar una palabra de halago en un tono del mismo tipo para que el centro de recompensa de los perros se activara.

Esto explica entonces que tu perro sabe muy bien cuando lo estás halagando y sabe que lo haces de veras.

 
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Posted by on November 10, 2016 in Animales de compañía

 

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