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Monthly Archives: September 2011

Allin Sunqu

Cada vez que voy a Virginia, a la sede central de PETA, entró en un estado total de éxtasis que me cuesta romper al regresar a casa. La gente con la que interactúo comparte los mismos ideales, tenemos miles de cosas en común, nadie tiene que preguntar sobre los ingredientes en lo que comemos y en general, todos intrínsecamente sabemos que luchamos juntos por la liberación de todos los animales. Tenemos un lenguaje común que sale de nuestro corazón y de todos nuestros esfuerzos y sacrificios. Allí olvidamos por breves instantes el mundo cruel e ignorante con el que debemos luchar… reforzamos nuestras convicciones y recargamos nuestras energías.

A mí esa energía me dura por mucho tiempo y me ayuda a seguir adelante cuando las fuerzas flaquean; pero lamento que los activistas latinoamericanos no tengamos la suerte de vernos de vez en cuando para respaldarnos, animarnos e intercambiar la misma energía.

En todo este tiempo, he tenido la suerte y el privilegio de conocer a varios compañeros de
lucha de diversos países latinos. Con algunos hablo por teléfono hasta altas horas de la noche, a otros he tenido la suerte de conocerlos personalmente; pero la mayoría son compañeros a la distancia conocedores de la forma en la que lucimos a través de una impersonal computadora o email.

De todos ellos he aprendido siempre algo: A ser tolerante, paciente y valiente; pero también he aprendido a admirar su trabajo. Aquí en Gringolandia, los activistas lo tenemos todo, o siempre hay una forma de conseguirlo…. pero en Latinoamérica, cuando el dinero desaparece de nuestros bolsillos, y cuando el número de animales que nos necesita sobrepasa nuestras fuerzas, nuestros esfuerzos o nuestras esperanzas, sólo almas totalmente comprometidas pueden seguir respirando.

Podría nombrar a un puñado de personas que cumplen estos requisitos, pero hoy sólo quiero hablar de mi amiga Liliana Téllez, una boliviana valiente, compasiva y literalmente, a prueba de balas. De las balas verbales y encubiertas de quienes no están acostumbrados a luchar hasta las últimas consecuencias por salvar la vida de un animal.

Y en su camino, Lili se los ha encontrado prácticamente a todos: leones y mono cruelmente abusados en circos y zoológicos ambulantes; gatos ferales intocables, lechucitas accidentadas y un sinnúmero de hermanos perros por quienes nadie hubiera dado ni siquiera medio centavo. Pero Lili los miró a los ojos y vio su valor, su entereza, su perdón a la torcida raza humana y sus deseos de vivir. Tomó sus miserables cuerpos, los curó y los devolvió a la vida con una renovada esperanza.

Lili ha compartido conmigo muchas historias pero la que se quedó grabada en mi alma fue
la historia de Homero, a quién yo llamo Homerito. Él no era el típico perro de la calle que  – ocasionalmente –  tiene la oportunidad de huir de sus verdugos; él era vejado a diario por basuras humanas que lo cortaron, quemaron, mutilaron y violaron hasta dejarlo en un estado tan calamitoso que lo segundo mejor que podía haberle sucedido era morir….lo
primero, fue haberse cruzado en el camino de Lili. Luego de ayudarlo a sanar las heridas de su cuerpo y de su alma, Lili tuvo la suerte de encontrar a otra alma igual de generosa dispuesta a adoptar a Homerito.

Y, por diezmilésima vez y como está escrito en el exclusivo libro de decencia de los animales, el día de la despedida, cuando Lili se despedía de Homerito reafirmándole que ya tenía un hogar para todo la vida en el que nadie jamás lo volvería a lastimar y humillar, Homerito se encontró en sus ojos y la abrazó sinceramente como todos lo pueden ver en la foto.

Y en ese abrazo… Homerito perdonó, una vez más, a una putrefacta parte de la humanidad.

Liliana quería recuperar un breve comentario que alguna vez hice de ella en un artículo que escribí. Creo que ahora le hice un poquito más de justicia.

En la lengua de nuestros ancestros debería llamarte Allin Sunqu, porque eres en verdad una mujer bondadosa y compasiva, pero hoy prefiero usar las palabras de otra mujer latina que nunca se doblegó ante la injusticia para agradecerte – como ella dice en su canción – por nunca haber sido indiferente ni al dolor ni a la injusticia.

 
 

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Te amo Perú

Muy a menudo, desde esta tierra gringa de manzanas brillantes y sin sabor,  pienso en la belleza y  riqueza de mi patria a la que muchos compatriotas, a veces,  no
valoran  en su justa medida.

Para muestra, unos cuantos botones:

  • De las 114 zonas de vida reconocidas en el mundo, 84 se encuentran en el Perú.
  • De los 32 tipos de clima en el mundo, 28 se encuentran en el Perú.
  • El Perú es uno de los 12 países considerados mega-diversos en el mundo entero.
  • Tenemos 11 eco-regiones y 25,000 diferentes especies de flora (10% del total mundial).
  • Tenemos 1,816 especies de aves (ningún otro país tiene más a nivel mundial)
  • El Perú es el quinto país en el mundo en número de especies y el primero en número de orquídeas, con más de 3,000 especies diferentes.
  • Sus reservas naturales son la más rica fuente de recursos naturales en el mundo.
  • En el Perú nace el río Amazonas, el más largo y caudaloso del mundo, y su cuenca cubre una densa vegetación que comprende más de la mitad del territorio del país.
  • La Amazonía peruana es tan grande que podríamos tardar meses o años en visitarla en su integridad.
  • La costa del Perú tiene un dominio marítimo de 863 mil kilómetros cuadrados y la Corriente Peruana o de Humboldt es la más rica del mundo en producción de plancton.
  • En el mar peruano viven 20 de las 67 especies de cetáceos menores conocidos en el mundo.
  • En la zona andina existen lugares inigualables y de indescriptible belleza como el Parque Nacional del Huascarán, los nevados de la Cordillera Blanca, y el Cañón del Colca, el más profundo del mundo.

Podría pasarme la noche entera hablando de las bellezas de mi patria y engolosinándome con un orgullo que hoy es más relevante que nunca, pero creo que es mejor ofrecerles el regalo visual del siguiente video que es un recordatorio de quiénes verdaderamente somos y que para el resto del mundo es un pequeñísimo ejemplo de todo lo que el Perú brinda a
quienes tienen la fortuna de visitarlo.

¿Me estoy llenando la boca al hablar de mi tierra? ¿Es esto un excesivo ataque de soberbia y petulancia? Definitivamente no. Después de todo, dónde más encuentras algo similar a
Machu Picchu, a una fina vicuña, a un oso de anteojos o a un ágil otorongo? ¿En qué otro lugar del mundo encuentras líneas como las de Nazca, mantos como los de Paracas o santos respetuosos de la vida animal como San Martín de Porres o Santa Rosa de Lima?

Lo único que nos falta a los peruanos es darnos verdaderamente cuenta de lo que tenemos y de lo que somos. Somos descendientes de la raza imperial del sol, de una cultura que necesita valorar, defender y preservar la riqueza biológica representada en nuestros bosques, flora y fauna rechazando tajantemente cualquier interferencia de una falsa cultura que destruya, explote o atropelle lo que es netamente peruano.

Espero que disfruten de este lindo video. Aparte de las dos fotos mostrando platillos de muerto, todo lo demás es genial. ¡Ah, y por si acaso, el cebiche de hongos y tofu es más delicioso (y más sano) que el original hecho con muerte, mercurio, excremento y basura  marina a granel!

¡Que viva el Perú!

 
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Posted by on September 26, 2011 in Activismo efectivo

 

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Papá emperador

En mi corazón, tengo la convicción de que todos los animales que mi familia salvó de las calles y que partieron antes de que nuestros corazones se los hubieran permitido, le dieron la bienvenida y ayudaron a mi papá a cruzar el Puente del Arco Iris. Tal vez será por eso que cuando la tristeza parece alcanzarme, mi convicción siempre prevalece sabiendo que él está bien gozando de un merecido premio por haber sido un hombre noble y bueno. Me imagino que Cholín lo debe tener muy ocupado jugando eternamente a la pelota en un lugar donde no existen tristezas, penas ni sinsabores.

Pero, la verdad es que aunque me alegro mucho por él; aunque le hablo a su foto todos los días y le pido me contagie una milésima de su eterna paciencia, lo extraño mucho. Extraño ver su caminar cansado, sus manos siempre ocupadas, sus manías irritantes y sus ojos buenos. Sus ojos bondadosos y profundos que se inundaban de lágrimas cada vez que me veía partir.

Hoy pasé un buen tiempo pensando en él y mirando fotos de todas las etapas de su vida. Y al verlas, me pregunté si se consideró un buen padre, si sintió que cumplió con su deber, si fue totalmente consciente de que sus esfuerzos para con sus hijas y su nieta nunca fueron en vano.

Como ser humano – considerando las limitaciones inherentes a la especie – es cierto que cometió errores, pero sin ningún ejemplo o manual de instrucciones, se empeñó para ser buen ejemplo de lo que realmente importa en la vida: lo que uno lleva en el corazón.

Con frecuencia, cuando se habla de los animales, no se hace mucha mención del importante rol que juegan los padres. En la mayoría de los casos se habla de la abnegación de las madres, del amor que brindan a sus crías, de su atenta protección y de la fiereza con la que las defienden ante cualquier peligro; pero hay un padre animal que se destaca como ejemplo casi inigualable: el Pingüino Emperador. Un animal que recorre 90 kilómetros tierra adentro hasta el lugar donde con supremo esmero cuidará de su futura cría.

Luego de que la hembra le pasa el huevo,  él lo coloca entre sus patas con sumo esmero ya que unos breves segundos en el hielo serían mortales para el bebé. La hembra regresa al mar en busca de alimento y deja solo al estoico padre en medio de un desolado paisaje de frio y hielo.

Conjuntamente con otros padres, toma turnos volteándose y se pone de espaldas para soportar fuertes vientos de hasta 200 kilómetros por hora. La incubación dura de 62 a 64
días y si la cría nace antes del retorno de la madre, él la alimentará con una sustancia lechosa que segrega desde su esófago. En esta tarea, perderá hasta 12 kilos – el 40% de su peso normal – y sólo se alimentará de nieve para no deshidratarse.

A los dos meses, la hembra regresa y lo encuentra reconociendo su llamada entre las llamadas de cientos de pingüinos. Alimenta al bebé recién nacido y es recién entonces  cuando el abnegado padre regresa al mar para buscar alimento y recuperar fuerzas.

Los animales SIEMPRE tienen algo que enseñarnos. En su vida diaria, simple y decente, SIEMPRE hay una lección que aprender. Los necios argumentan que es simplemente instinto o un acto mecánico por conservar la especie; pero los que hemos aprendido a observarlos y a respetarlos, sabemos que no es así.

Mi papá no me cuidó en el Ártico, pero me enseñó sabias lecciones de vida. Algunas las aprendí rápidamente y otras recién las aprendí después de su partida….A pesar del medio siglo, los recuerdos están allí, frescos, perennes, queridos. Y me sirven para seguir viviendo y para seguir avanzando en los momentos álgidos de la vida. Sólo tengo que cerrar los ojos para verlo despertándonos temprano para ir al colegio con una insoportable diana mañanera; escuchando mil veces sus pasodobles de la RCA Víctor en la radiola que pulía con esmero todos los fines de semana, o yendo a comprar pan fresco todas las tardes. Hay momentos en los que lo veo y hasta lo escucho diciéndome que tenga cuidado en la calle o que tenga paciencia. Y en otros momentos recuerdo lo impecable y guapo que se veía con su saco guinda y su aroma de hombre recién afeitado.

Por cuestiones generacionales y de crianza, tal vez nunca aprendió a decir lo que su corazón verdaderamente sentía, pero yo sé que siempre estuvo orgulloso de sus hijas y de su nieta. Siempre decía que mi hermana Eli era una “trome” para los números y que nadie la podía ganar en el Sudoku y que Paloma era una niña inteligente y sobre todo bondadosa. Yo le decía “en estos tiempos ya nadie usa esa palabra” pero él replicaba que así era.

Como el Pingüino Emperador sé que gustoso hubiera dado su vida por nosotras y que se sacrificó por mí. Y sé muy bien que estoicamente soportó otro tipo de inviernos y tempestades enseñándome – una vez más – que quien grita más no es necesariamente quien gana al final.

Soy quién soy gracias a ti, papá.

 
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Posted by on September 26, 2011 in Activismo efectivo

 

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Revolución de cultura y compasión

Cuando la primera marcha antitaurina se llevó a cabo en Madrid en junio de 1990 o cuando activistas de todo el mundo boicotearon la Expo-Sevilla durante los Juegos Olímpicos en Barcelona en 1992, el mundo entero reaccionó principalmente de dos maneras: los abusadores de los animales se burlaron de nuestro movimiento y nos tildaron de locos, ignorantes y soñadores, asegurando que su “sagrado” y maligno espectáculo NUNCA iba a terminar.

Pero el otro grupo de gente empezó a despertar y a darse cuenta de que algunas tradiciones necesitaban ser revisadas, ya que la crueldad inherente en este mal llamado “arte” no justificaba la tortura continua y cruel de un ser capaz de sentir.

Pasaron algunos años y, gracias al invaluable trabajo de los activistas, algunas ciudades en España empezaron a declararse antitaurinas. El clímax llegó cuando Barcelona, la segunda ciudad más importante de España, también se unió a esta lista. Los taurinos no podían creer que los habíamos herido mortalmente ¡y en su propia casa! Muchos de ellos adujeron que el movimiento antitaurino no podía durar porque las corridas de toros representaban la cultura de nuestros pueblos hispanoamericanos, pero la semilla de justicia, de compasión y de decencia ya estaba sembrada y ya no había marcha atrás. Las semillas
crecieron y volaron con el viento hacia otras latitudes, donde ya estaba escrito que iban a ser recibidas con entusiasmo por otros pueblos.

Lo más resaltante es ser testigo viviente del cambio que ha empezado a surgir en Latinoamérica en el campo de los derechos de los animales. El estereotipo del latino ignorante e insensible hacia los animales ha sido totalmente revisado y, en muchos casos, anulado gracias a los esfuerzos de todos aquellos que han escogido una vida más ética que incluye un gran respeto y una reverencia por la vida animal que nos rodea.

Presionados por siglos de estereotipos o creencias dictaminadas por poderes que nunca consideraron las necesidades básicas de los animales o su derecho a vivir una vida decente y libre de sufrimientos, caminamos ciegos, obedeciendo patrones incuestionables y dogmas ridículos carentes de todo sentido. Disfrutábamos de los toros porque era el arte
heredado de la Madre Patria; una madre a quien nunca le importamos, y hasta creamos nuestras propias versiones locales, como queriendo competir en un gran concurso de sangre e ignorancia. Utilizamos el nombre de Dios y de nuestras creencias religiosas para bendecir hipócritamente el capote que un cobarde levanta contra un animal indefenso y, por si fuera poco, invitamos a nuestros hijos a participar de la violencia escondida en los zoológicos, circos y demás.

Pero, un buen día, la voz de nuestras conciencias despertó del letargo y nos hizo escuchar el clamor de los inocentes. Empezamos entonces a revisar nuestra vida, nuestras opciones de alimento, de vestido, de entretenimiento y, al establecer este tipo de auto juzgamiento, fue inevitable no llegar a conclusiones lógicas y evidentes. Ya no había salida ni escapatoria porque, cada vez que un ser pensante conoce la verdad de algún hecho, tiene que tomar una decisión moral: o continuar siendo un cómplice silencioso del mal o quebrar las cadenas de la ignorancia y hacer que la justicia prevalezca.

En el Perú, los abusos cometidos contra los esclavos negros, los indígenas y los colíes fueron aceptados porque eran actos cometidos en contra de personas “diferentes”, pero llegó un momento en el que diferentes individuos cansados de estas injusticias pusieron un alto al status quo y empezaron a educar a las masas acerca de lo que era correcto. El mundo entero está lleno de estos ejemplos: Gandhi en la India, Martin Luther King en los Estados Unidos, Nelson Mandela en Sudáfrica, etc.

Pero, lo que realmente inicia el cambio es la educación de las masas. Las masas que el tirano o, en este caso, los enemigos de los animales, quiere mantener sojuzgada e inmersa en la más total ignorancia para manipularlos más fácilmente. En su afán por contenernos, se apoyarán en las razones más ridículas e ilógicas: involucrarán hasta a Dios para tratar de convencernos de que él puso a los animales en nuestro planeta para que sean nuestros esclavos y los usemos y abusemos a nuestro libre albedrío; nos dirán que, si no nos alimentamos de los cuerpos mutilados y contaminados de los animales, moriremos víctimas de las más terribles enfermedades; que si no bebemos las secreciones contaminadas de otras especies nunca seremos personas fuertes y sanas; y que si no enseñamos a nuestros hijos a obtener diversión contemplando a animales encarcelados en estrechas jaulas o realizando actos en contra de su naturaleza, no seremos buenos padres.

La inmensa falacia relacionada con “preservación de nuestra herencia cultural” es una patética excusa que ya nadie cree. Nadie en su sano juicio puede ahora encontrar justificación para la brutalidad demostrada en los cosos taurinos, para la crueldad ejercida
contra un animal callejero o para la inmensa cantidad de violencia con la que a diario se bombardea a los niños hasta el punto de volverlos totalmente indiferentes ante cualquier ser capaz de sentir, humano o animal.

Las masas en Latinoamérica están despertando y se están rebelando en contra de las antiguas formas de pensar que justificaban el abuso y la crueldad en contra de los animales como parte de su vida diaria. La revolución ha empezado y ya nadie la podrá detener, porque ningún movimiento social en la historia del mundo jamás ha sido suprimido por la injusticia y la ignorancia. La gente está sedienta de información y está dispuesta a hacer que las voces de los animales se escuchen clara y sonoramente. Nosotros somos su voz…sus abogados…sus libertadores.

En el desarrollo de esta lucha, los activistas encontrarán una gran oposición y tal vez hasta perderán sus trabajos, familias y amigos; pero el ideal de establecer justicia para los animales es una fuerza mayor que el rechazo de quienes decidan permanecer indiferentes. Venimos de diferentes familias, estratos sociales y económicos, pero ante todo nos une el
propósito común de llegar a la total liberación de los animales, quienes merecen todo nuestro esfuerzo, dedicación y arduo trabajo.

Solamente necesitamos saber que los animales son capaces de sentir y de sufrir y que, como nosotros, también son capaces de experimentar las mismas emociones. La misma nostalgia, tristeza y frustración que sentimos cuando nos separamos de nuestros seres más queridos es compartida por los delfines y las orcas que viven esclavizadas y prisioneras en estrechos tanques. El mismo cansancio que sentimos después de un día de arduo trabajo es compartido por los burros y mulas, a quienes se les hace trabajar hasta morir. El mismo dolor que las madres sienten cuando no pueden hacer nada para liberar a sus hijos de algún peligro es compartido por las vacas cuando son brutalmente separadas de sus
terneros en los mataderos. La misma infinita satisfacción de poder disfrutar de nuestros hijos es compartida por los pájaros que mueren víctimas de las crueles hondas de niños sin corazón.

Somos plenamente conscientes de que no todas laspersonas serán capaces de entender, respetar y unirse a nuestra lucha. Sabemos bien que algunas personas no estarán interesadas en aprender a apreciar las fascinantes vidas de los animales o en apreciar lo que nosotros hacemos por ellos, pero hace mucho tiempo que comprendimos y aceptamos el hecho de que no todo el mundo tiene la capacidad de sentir respeto, amor y admiración por estas criaturas que nos enseñan importantes lecciones de vida a diario. Respetamos su
derecho a no sentir o pensar como nosotros, pero NADIE tiene el derecho moral de ignorar o negar sus sufrimientos.

A través del mundo, permanecemos unidos y comprometidos en esta lucha que es ardua y larga, pero que es también reconfortante y valiosa. Nuestro compromiso se engrandece día a día porque sabemos que la liberación de los animales también marcará la liberació moral
de los humanos. Somos una voz que alguna vez fue tenue y casi inaudible, pero que ahora ya nadie puede callar.

 
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Posted by on September 26, 2011 in Activismo efectivo, Veganismo

 

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Se me fue

Por ahí dicen que “todo muerto siempre fue bueno”, pero en este preciso momento fácilmente podría enumerar a unos cuantos que deben estar achicharrándose en el infierno de sus imperdonables faltas. Gente que se fue de este mundo sin haber logrado nada, sin haber marcado su presencia en algo o en alguien. Gente que se fue sin siquiera cumplir con el antiguo adagio de escribir un libro, sembrar un árbol o tener un hijo.

Mi padre probablemente sembró más de un árbol en su tierra natal, tuvo dos hijas y aunque no escribió ningún libro, dejó en mi memoria muchísimas cuentos en los que los protagonistas siempre eran animales. Ya desde mi infancia las historias relacionadas con esos seres maravillosos llenaban completamente mi necesidad de relatos interesantes y fantásticos. Y los prefería a los cuentos de la época que la mayoría de las niñas disfrutaban; cuentos que hablaban de princesas inútiles, incapaces de resolver sus retos y problemas sin la presencia de un príncipe que viniera a despertarlas, rescatarlas y liberarlas de algún encanto para después vivir felices comiendo perdices (¡para colmo!).

Mi papá sabía bien que yo detestaba esos cuentos aburridos e ilógicos y es por eso que me contaba otros en los que él era el protagonista o tenía un rol muy especial, como aquel del oso negro gigantesco que casi se lo tragó entero y a quién engañó inteligentemente para poder escapar de su persecución. El hecho de que en el Perú no existen osos negros nunca me preocupó demasiado porque el relato era interesante, intenso y mi papá contaba los cuentos muy bien.

Es más, si se lo hubiera cuestionado, él hubiera afirmado que “en su tierra todo era posible” porque era la tierra de la abundancia, el verdor, el esplendor. Su tierra querida era Luya en Amazonas y la sola mención de ese sitio que en el mapa se veía remoto para mí, era certificación suficiente. Una de las cosas que más lamento es nunca haber podido visitar esos lugares juntos cuando él aún podía hacerlo… pero como la vida, nos da oportunidades tardías, lo haré pronto…simplemente para imaginar a los grandes osos negros de sus cuentos.

Sometí a mi pobre padre a una serie interminable de preguntas y repreguntas y cuando sus ideas para inventar relatos casi llegaron a extinguirse, tuvo la genial idea de regalarme un libro en el que uno de los personajes centrales era una cierva. Genoveva de Bravante era un librito pequeño con fotos a colores al que inicialmente no le di mayor importancia pues – en parte – se trataba de la vida de una princesa prisionera en una cueva. El final feliz no
falló, pero nunca olvidaré el hecho de que la noble cierva es quien le enseñó a sobrevivir y a nunca perder la esperanza.

Las fantasías de mis libros se transformaron entonces en el ávido deseo de tener un perrito en casa. Mi hermana Eli y yo sugerimos, pedimos, rogamos, pero mi papá se negaba diciendo que los animales necesitaban sentirse libres y un departamento no era el lugar más adecuado para ellos. Por años vivimos compartiendo perros ajenos y ansiando tener uno nuestro hasta que un buen día el sueño se hizo realidad. Mi papá aún tenía reparos en el asunto: pelos en nuestro uniforme azul marino, microbios, ladridos, subidas a nuestras camas, etc.; pero con el tiempo, la ternura, el cariño y la lealtad de nuestros
animalitos vencieron todas sus reservas y se convirtieron en parte importante de su vida. Cuando cada uno de ellos se fue de este mundo, él los lloró tanto como todas las mujeres de la casa, abiertamente y sin vergüenza.

Él, que al principio pensaba que un departamento no ofrecía suficiente libertad para un animal, hizo un pacto de silencio eterno consigo mismo el instante en el que ellos tocaron su vida para otorgarle amor desinteresado, lealtad, y compañía. A nuestros perros nunca les importaron sus errores, sus limitaciones humanas, o sus manías de hombre viejo y fueron ellos quienes le otorgaron el consuelo de una cola alegre cuando llegaba muy tarde de trabajar y quienes lo quisieron de verdad cuando su compañía era lo más cercano a la ternura que todo anciano necesita.

Todos los años cuando me despedía de él para regresar a este país al cual no pertenezco, me decía “tal vez esta sea la última vez que me veas” y aunque su comentario nunca me gustaba, yo siempre sabía que lo volvería a ver. Esta última vez, cuando ya estaba muy enfermo, me besó, me bendijo y se despidió sin pronunciar su consabida frase. Pensé que se había olvidado de decirla, esperé y esperé y quise exigirle que me la dijera, pero no lo hizo. Su sonrisa triste fue su adiós porque los dos sabíamos que ya no nos íbamos a
ver.

Ni él ni ninguno de mis perros me esperaron para morir. No tuve la satisfacción de estar allí para despedirlos; se me fueron silenciosamente sin darme la oportunidad de decirles lo queridos e importantes que siempre serán para mí.

Extraño mucho a mi padre. Lo veo en los lugares que visitamos juntos, lo siento en el recuerdo grato de la gente a quien conmovió con su bondad y su nobleza y lo oigo en el silencio de noches interminables como ésta. Veo sus manos activas componiendo cosas rotas, su inacabable colección de herramientas anticuadas y pedacitos multicolores de rafia, su eterna selección de boleros en cassettes y su café de las tardes. Recuerdo su paciencia, su tolerancia, sus consejos, su mirada buena y aunque el dolor aún es fresco y profundo, me reconforta la idea de saber que ya no sufre y que me espera en compañía de todos nuestros perritos. Ellos lo esperaron en el Puente del Arco Iris y cuando lo vieron
llegar corrieron a su encuentro para no separarse jamás.

La realidad del mundo me enrostra que está muerto, pero yo no lo siento así porque uno no muere mientras es querido y mi padre siempre vivirá en mi mente y en mi corazón mientras yo exista.

 
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Posted by on September 25, 2011 in Activismo efectivo

 

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Kissy, te recordé hoy

Hoy estuve viendo fotos viejas, de esas que todavía ni pensaban incluirse en álbumes digitales y en medio de todas, encontré tu foto, Kissina.

Y pensé entonces en lo que volver a Lima y enfrentar tu ausencia significó para mí. Esa vez la llegada implicó una falta irreparable para mi espíritu siempre ávido de la sincera sonrisa amplia y franca de un perro.

Kissy llegó a casa como la ganadora de un ticket de supervivencia. Si cada ser vivo tiene un destino predeterminado, el de ella fue ser salvada de un pseudo albergue en el que la muerte seguramente la alcanzaría tarde o temprano. Kissy llegó y sorprendió a todos creciendo inmensurablemente cual dibujo animado de Clifford, el famoso gran perro colorado, pero también nos sorprendió por su tremenda inteligencia y rapidez de aprendizaje. No hubo truco que no aprendiera, ni juego que no dominara, ni foto en la que no saliera perfectamente bien cual modelo de revista canina internacional. Kissy parecía tenerlo todo…pero el pasar del tiempo demostró que no era así. Alguna disfunción química en su cerebro la tornó,  por momentos, en un animal agresivo que no podía controlar sus acciones.

Yo, que me pasé la vida diciendo que aún no había nacido el perro que me mordiera; y que en cientos de oportunidades lidié satisfactoriamente con animales agresivos, heridos y
cansados de vivir, me convertí en una más de sus víctimas aunque después de segundos de producida la mordida ella se acercó cabizbaja solicitando mi perdón.

Quienes desconocen la complejidad del mundo interior de los animales y la grandeza de sus almas, la hubieran golpeado o castigado con el incesante palabrear de sus reproches; pero yo sabía que esto escapaba a su control y a su voluntad. Sabía que lo irremediable iba a pasar tarde o temprano y por eso la noticia de su eutanasia no llegó a mí con el aplastante peso de lo que no se espera. Pero nunca  pensé que ocurriría sin aviso previo, sin brindarme la oportunidad de despedirnos, de hacer un pacto para volver a encontrarnos en un lugar indicado del más allá que sólo quiero compartir con los animales que cruzaron mi camino. La árida llamada telefónica que recibí, sólo sirvió para comprobar la tiranía de la vida.

Los detalles de su muerte y de su destino final nunca me fueron revelados debido a la fuerza maligna de la terquedad y soberbia humanas. Pero vi sus fotos, toqué sus juguetes buscando rezagos de su inteligencia y energía y caminé por todo el parque donde me dijeron que la habían enterrado soltando semillas de flores que sé que algún día florecerán para recordarme que allí yace físicamente una amiga inteligente, simpática, bella y amorosa a quien pudimos salvar temporalmente de la crueldad de las calles llenas de gente indiferente que no se conmueve con el sufrimiento diario de los animales que cruzan sus caminos.

Sé que se fue de este mundo sin dolor y quiero pensar que, antes de partir, entendió y aceptó su destino sabiendo en lo más profundo de su corazón que era para su bien. Hasta quiero pensar que su último deseo fue que el hogar de mis padres se volviera a abrir para otro animal necesitado de una oportunidad para vivir una vida decente y feliz.

Al subir al avión que me traería a mi oficina gringa, pensé en ella y le musité un hasta pronto porque nunca les digo adiós a los amigos de verdad, a los que dejan huellas eternas en nuestro corazón y marcas en nuestra conciencia. Le hice la promesa de seguir
luchando por sus derechos y en la inmensidad del silencio que contrarrestaba el bullicio del aeropuerto, la escuché responderme claramente.

En esa oportunidad, llegué a casa, miré su foto y me senté a escribir esta nota. Sus ojos inteligentes me miraron y eso fue suficiente para mí. Supe entonces que en el lugar donde
estaba, ella era feliz. Le dije que la extrañaba y que el dolor no se iba, pero de inmediato me respondió que un día de estos nos volveríamos a ver. Volví a mirar su foto y antes de retornar a la realidad de mi ocupada vida, me dijo que no olvidara que el mejor homenaje al corto tiempo en el que nos conocimos era seguir trabajando por los animales que nos necesitan; por aquellos que no tienen la suerte de llegar a ser todo lo que podrían ser en un mundo que necesita ser más decente, más ético y más compasivo.

 
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Posted by on September 25, 2011 in Animales de compañía

 

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McDonald’s… ¡No me encanta!

No sé quién es más asqueroso y repugnante…. el maldito coronel Sanders o el horrible Ronald McDonald que engaña a los niños diciéndoles que las hamburguesas crecen en árboles y que les regala juguetes plásticos baratos impresos con su conocido slogan “me encanta” (en inglés, “I’am loving it!”).

Lo que no nos debe encantar es que cada opción viene con regalos sorpresa a tiempo
retardado: arterias bloqueadas, ataques cardíacos, diabetes, obesidad, cánceres, etc. Pero por supuesto que mientras todas estas desgracias están sucediendo, te queda el consuelo de seguir jugando con tus juguetitos de plástico que te recordarán excesos de tiempos pasados. Cuando es usado para buenas causas, el  cerebro humano puede llegar a ser muy poderoso y eficiente; pero nunca entenderé cómo alguien puede esperar algo positivo o
saludable cuando se vive como cementerio ambulante.

¿Soy yo la única persona en el universo que entiende lo que sucede en un cementerio?
El cuerpo que yace en la tumba fría se descompone, se vuelve pútrido y se cae a pedazos acompañado de gusanos auto-generados que se encargan de convertir en polvo a todos los restos. Ahora bien, cuando el cementerio es portátil, todo lo que se va pudriendo por dentro definitivamente llegará a afectar nuestros órganos produciendo molestias, obesidad y enfermedades por doquier.

Bueno, en vez de comer la pútrida comida de McDonald o jugar con sus baratos juguetes chinos, los invito a jugar el nuevo juego de PETA “¿Dónde está el malvado Ronald?”. Todo lo que tienes que hacer es encontrar a ese horrible payaso y reventarlo a balazos……bueno, no necesariamente….como somos una organización pacífica, sólo tienes que encontrarlo. Cada vez que avances a un nivel nuevo, la cosa se vuelve más complicada.

 
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Posted by on September 25, 2011 in Activismo efectivo, PETA, Veganismo

 

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