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Gigantesca multa para Circo de los Hermanos Ringling y Barnum & Bailey

Continuamos cosechando éxitos en lo concerniente a los animales utilizados en los circos. Esa es una batalla que no podemos abandonar pues, poco a poco, los derechos de los animales van ganando terreno y no podemos darle tregua a los explotadores.

Tenemos hoy una muy buena noticia: El Circo de los Hermanos Ringling y Barnum & Bailey ha sido finalmente multado por el maltrato y las pésimas condiciones de vida en las que mantienen a sus animales. La multa asciende a $270,000 y exige que se cumplan normas específicas que garanticen el bienestar de los animales como por ejemplo, no obligarlos a trabajar cuando estén enfermos y procurar que su alimentación sea de calidad y esté libre de heces fecales y otros contaminantes.

PETA presentó muchos testimonios y evidencia fotográfica mostrando el cruel entrenamiento de elefantes bebés a quienes se les separa salvajemente de sus madres para convertirlos en esclavos de por vida. PETA también presentó videos en los que claramente se ve como los elefantes de circos son golpeados, flagelados y castigados con la cruel barra llamada bullhook. Una barra que termina en un gancho metálico con la que se les entrena y castiga cuando el público no lo está viendo.

Cada vez más diferentes gobiernos abren los ojos ante los problemas de mantener animales exóticos en cautiverio. Desde el peligro de un posible escape o ataque hasta la terrible condena de vivir confinados de por vida en jaulas diminutas y bajo las condiciones más deplorables.

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El show más asqueroso de la tierra

Cuando era pequeña y llegaba el mes de julio, mi papá siempre nos sorprendía con entradas para el famoso Circo de Moscú. Entre el gentío, la venta de juguetes, los algodones de azúcar, las palomitas de maíz y los refrescos, nunca pensé en los artistas forzados de ese espectáculo.

Me gustaban los trapecistas, los acróbatas y los malabaristas; pero detestaba con pasión a los payasos que con sus caras exageradamente pintadas y sus guantes enormes hacían reír a la gente con golpes, burlas o chistes vulgares. Los repudiaba tanto como ahora repudio a los circos.

Mi padre fue siempre un hombre bueno y noble, incapaz de maltratar a un animal; pero –
como dicen mis amigos mexicanos – “nunca le cayó el veinte” (nunca se dio cuenta) de la verdad escondida en los circos. Y yo – debo admitirlo con vergüenza – tampoco nunca pregunté nada. Nunca pedir ver cómo y dónde vivían los animales; nunca pensé en la separación de sus hijos y congéneres, ni tampoco en la vida de esclavitud que llevaban. Es cierto que yo era muy pequeña y que aún no estaba entrenada para leer sus ojos, pero todo eso debió haber sido obvio para mí. No pensé en el calor que sentirían en los tórridos veranos ni en el frío que tendrían que soportar en los inviernos. Jamás pensé en los golpes que recibían, ni en el castigo o la vejación de ponerles pinturas, gorros y disfraces
ridículos. Simplemente iba a verlos maravillada en medio de una ignorancia inerte que no despertó hasta que más tarde mis ojos se abrieron a la verdad que se le quiere ocultar a la gente.

Los circos son una atracción tradicional en los que el público encuentra diversión. La curiosidad de ver animales exóticos y de otras tierras a pocos metros de distancia hace que la gente se olvide que lo que realmente está viendo es la explotación de animales que son sometidos a castigos y entrenamientos crueles y antinaturales.

El circo nunca ha dejado de ser cruel. En tiempos pasados, se incluían también a seres humanos físicamente deformes, enanos, siameses, mujeres barbudas y demás…todo con la intención de despertar la morbosidad de la gente. Con el pasar del tiempo, la atención se centró en los animales a quienes se fuerza a aprender trucos a base de golpes, vejaciones, humillaciones y privaciones de todo tipo.

Los animales utilizados en los circos incluyen muchas especies, algunas consideradas exóticas. La gran mayoría son capturados en sus hábitats naturales, algunas veces ilegalmente o vendidos por zoológicos o circos para sacarles el mayor provecho económico.

El transporte, generalmente durante temperaturas extremas, se realiza en estrechas jaulas o contenedores cerrados donde los animales pueden llegar a asfixiarse con el metano de sus propios excrementos, a pesar de que se acostumbra a mantenerlos sedientos para que orinen menos.

Cuando los circos no viajan, los animales permanecen encadenados o enjaulados en lugares donde la falta de higiene es común. Asimismo, es frecuente que presenten síntomas de neurosis, lo que significa que literalmente terminan volviéndose locos.

El entrenamiento de los animales se realiza mediante castigos físicos y psicológicos, obligándolos a adoptar comportamientos anormales para su especie. La sola imagen de un látigo, una barra metálica, o una picana eléctrica les recuerdan las palizas propinadas durante el entrenamiento y de esa manera se logra provocar en ellos un miedo incesante. Y cuando el domador o entrenador no obtiene los resultados deseados, se les priva de alimento y agua.

Si a todo esto sumamos los gritos del público, el ruido de la música y los destellos de las luces, podemos entender por qué han habido ocasiones en las que los animales pierden el control y arremeten contra el público con consecuencias catastróficas.

Los padres llevan a sus hijos a estos circos para proporcionarles alegría; pero los únicos circos en los que la alegría y la sana diversión abundan son los circos sin animales. Los circos tradicionales no son divertidos para los animales ni educativos para los niños; pues la única lección que les enseñan se basa en la crueldad y la indiferencia.

La imagen de un ser humano domando y “controlando” con un látigo a otra especie diferente a la suya solamente denota  la explotación
sobre un ser que se encuentra minimizado en sus capacidades naturales y se rinde a la tortura porque su espíritu se encuentra totalmente quebrado.

Felizmente, en la actualidad existen muchos empresarios circenses que han optado por presentar espectáculos verdaderamente divertidos y creativos en los que no participa ningún animal. Encabezando la lista tenemos al magnífico Cirque du Soleil, el Circo de Pekín, el Circo Italiano y muchos otros que trabajan a nivel local en Latinoamérica. En algunas ocasiones sus precios son prohibitivos para familias numerosas, pero siempre existen otras opciones de entretenimiento. Ten presente que mientras más baratas sean las entradas, más crueles serán las condiciones en las que los animales tendrán que vivir.

Lejos han quedado las luces y la música del Circo Ruso creado en 1919 por el propio Lenin (la tiranía traspasa especies, ¿no es cierto?) para dar lugar a la innegable premisa (de PETA, por supuesto) que los animales jamás fueron creados para entretenernos.

¿Cómo puedo ayudar?

  • Educa a los niños. Explícales que en los circos tradicionales los animales sufren y que los abusos contra ellos no terminarán mientras se sigan comprando entradas.
  • Asiste y promociona a los circos que no utilizan animales. Si sus entradas son muy caras, habla con los empresarios, sugiéreles que incluyan una función a precios populares y hazles mucha publicidad entre tus familiares y amigos.
  • Habla con el alcalde de tu ciudad y solicítale que se prohíban los circos con animales en tu comunidad mediante leyes y ordenanzas.

Y ahora un pequeñísimo ejemplo del mejor circo del mundo, Le Cirque du Soleil. Cada vez que lo veo quedo totalmente maravillada por la destreza, habilidad y creatividad de sus creadores que gracias a su ingenio y profesionalismo no tienen que recurrir al uso de animales como en los circos de la Edad de la Piedra.

 

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