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La conexión de la violencia

13 Aug

No al maltrato animal

Al mismo tiempo que escribo este artículo, miles de personas marchan en Lima bajo el slogan “Ni una menos” en protesta contra la violencia hacia las mujeres. Conociendo a mis paisanos, estoy absolutamente segura que no faltarán los típicos y estúpidos comentarios machistas que preguntarán por qué no hay una marcha para los hombres o un “Día del Hombre”. La falta de cultura y neuronas en todos los grupos sociales se manifiestan claramente en comentarios como esos. Y, si bien es cierto que también los hombres son víctimas de violencia doméstica, el número de víctimas es significativamente más bajo en comparación con las féminas.

Cuando la ignorancia, en el exacto sentido de la palabra, se mezcla con tradiciones “culturales” y expectativas específicas de género, tenemos en las manos un terrible cóctel de abuso y violencia. Y si a eso le añadimos un poder judicial deficiente o corrupto, comisarías ineficientes que no hacen cumplir las leyes o cucufaterías como las ridículas e ignorantes palabras del Arzobispo de Lima, el Cardenal Luis Cipriani, quien afirma que las mujeres “se ponen en escaparates y por eso son abusadas o violadas”, la situación empeora en gran forma.

Mucha gente en tono de broma e ignorancia ríe y celebra cuando se utilizan frases como “más me pegas, más te quiero” en alusión a las mujeres de la sierra del Perú o cuando en la televisión basura se les presenta como paisanas feas o acriolladas. Al margen de la connotación semántica de “ni una más” o “ni una menos” los peruanos deben darse cuenta que las marchas de este tipo son bastante concurridas y los slogans apropiados; pero el centro del problema de la violencia empieza en casa, generalmente en los años formativos de los niños. De allí la vital importancia de la Educación Humanitaria en todos los niveles educativos del país.

La violencia tiene muchísimas caras, y la física es solamente una de ellas. El acoso verbal en las escuelas, es violencia. El acoso cibernético utilizado por los cobardes, es violencia. El abuso psicológico y verbal de ancianos es también un tipo de violencia que generalmente no se considera y la violencia – de cualquier tipo – contra los animales es la peor de todas. No porque se trate del área de mi trabajo, sino porque este tipo de abuso es la señal de alarma del escalamiento de la violencia hacia los seres humanos. La violencia no se puede dividir, clasificar o medir apropiadamente. La violencia es la misma, cualquiera sea la especie. Punto final.

En el Perú, de acuerdo a El Comercio-Ipsos, el 68% de los limeños conoce a una mujer que ha sido víctima de algún tipo de violencia y el 53% culpa a las mujeres por el acoso sexual. Ese machismo enraizado no solo en el Perú, sino en todo Latinoamérica, tiene raíces históricas, culturales y religiosas en las que el hombre tiene “dominio” sobre la naturaleza, los animales, las mujeres, y los hijos. No hay que olvidar que los hombres podían tener muchas mujeres como signo de poder, ganan mejores sueldos, aunque el trabajo sea el mismo, y que las mujeres deben jurar sometimiento y obediencia cuando se casan bajo los cánones de la ya conocida y torcida iglesia católica.

Por muchísimos años, los activistas por los derechos de los animales, prevenimos a la sociedad sobre el peligro existente en la conexión de la crueldad; pero solamente hasta que el FBI lo afirmó, el mundo empezó a tomarle importancia. La formación de un asesino en serie se basa en el triángulo de la crueldad compuesto por la piromanía, la enuresis (orinarse en la cama frecuentemente) y la crueldad contra los animales. Los ejemplos sobran: Ted Bundy, Albert de Salvo (El estrangulador de Boston), Eric Harris y Dylan Kiebold (los asesinos de la Escuela Secundaria Columbine), Kip Kinkel, Cayetano Santos (El Petiso Orejudo de Argentina), el colombiano Luis Alberto Garabito, etc. Y doy como mayores ejemplos los nombres de asesinos juzgados, encarcelados o ejecutados en países con leyes que se cumplen. Imagínense que tan larga seria la lista en Latinoamérica donde los abusadores de animales se pasean por las calles impunemente listos a escalar su violencia en seres humanos que podrían ser tus hijos, amigos y familiares.

Muchas mujeres abusadas se mantienen en la situación de abuso por no dejar atrás a sus hijos o a sus animales. El abusador sabe esto y ejerce su diabólico poder sobre ellos torturando a los indefensos; enseñándoles a los hijos hombres que un “macho que se respeta” nunca puede ser sobrepasado por una mujer, enseñándoles que el que más grita es quien gana, y que el golpe y el insulto son muchas veces necesarios. Ese macho acomplejado y reprimido que en realidad no es un hombre, golpea al animal de lo casa, lo tortura, lo veja, lo humilla y finalmente lo mata porque sabe que es una herramienta más en su deseo insano de poder. Tal vez, alguna vez, ese pobre y triste tipo fue una víctima más, y, en su reducido y carente ser, no se da cuenta que sigue repitiendo un círculo vicioso que jamás se detendrá. Si las mujeres no buscan ayuda para salir de la situación de abuso solo tienen tres destinos: el hospital, la cárcel o el cementerio, dejando a los hijos que nunca debieron tener con ese engendro en la absoluta orfandad e infortunio, listos a repetir el ciclo de violencia contra los seres indefensos más a mano: los animales.

Considerando esto es que Latinoamérica debe seguir el ejemplo de algunos albergues para mujeres a nivel mundial que permiten que las víctimas no solamente lleven a sus hijos a los refugios sino también a sus animales. Nunca debemos olvidar que ellos también son víctimas.

Y para aquellos que, a pesar de la información, la ciencia y los hechos comprobados, nos siguen preguntando por qué perdemos nuestro tiempo preocupándonos por los animales, les dejo la magistral cita del abogado, filántropo y activista por los derechos de los animales americano George Thorndike Angell:

“A veces me preguntan: ¿Por qué inviertes todo ese tiempo y dinero hablando del respeto a los animales, cuando existe tanta crueldad hacia el hombre? A lo que yo respondo: Estoy trabajando en las raíces.”

 

 

 

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