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Los animales como instrumento político en el Perú

26 Mar

Alza tu mano

Si alguien se da tiempo para revisar la historia republicana del Perú se dará cuenta que los derechos de los animales nunca han sido considerados a nivel político; todo lo contrario, los anales de la historia están llenos de noticias y reportajes relacionados a su evidente abuso.

Los nefastos vestigios de la colonia, paradójicamente, se extendieron a los tiempos posteriores a la lucha por la independencia pues lo lógico hubiera sido que los nuevos peruanos, criollos y mestizos, rechazaran no solamente el yugo español a nivel político y social, sino también todo lo que los representaba. La independencia del Perú se proclamó el 28 de julio de 1821 y el 7 de diciembre se celebró una corrida en honor de José de San Martín. Él, quien había luchado toda su vida por liberar a Sudamérica de la bota subyugante de la corona, no tuvo reparos en mantener viva la sádica tradición de sangre y de barbarie, uno de los símbolos más claros del imperialismo español. ¿Y cómo mostraron su naciente “patriotismo”? Haciendo que solamente toreros peruanos tomaran parte en la lidia e invitando a que los “papahuevos” caricaturizaran a las autoridades y jerarquías españolas del tiempo de la reciente dominación.

De esta lista negra no se salva ni siquiera Simón Bolívar, quien amaba a los perros, pero que no tuvo problema en aceptar las seis corridas que se le ofrecieron después de las victorias de Junín y Ayacucho. Es únicamente el patriota y libertador chileno Bernardo O’Higgins quien en un mismo decreto declara a la esclavitud, a las peleas de gallos y a las corridas de toros ilegales por considerarlas incompatibles con la democracia y la civilización.

Plazas de toros, zoológicos, circos, hipódromos, delfines miserablemente confinados en piletas de hoteles, animales abandonados en las calles, brutales mataderos oficiales o no, y miles de actos de crueldad contra los animales, han sido siempre el marco característico de la situación de los animales en el Perú. No se puede negar que ha habido mejoras propugnadas por miembros de varios partidos políticos, pero el Perú, como país, aún está muy lejos de ser reconocido como una nación en la que los animales gocen de protección efectiva y respeto. Un reciente estudio internacional organizado por World Animal Protection, le dio una calificación de “D”; algo de lo que no deberíamos estar orgullosos en ningún sentido.

Todos los peruanos pensantes sabemos bien que, en vísperas de elecciones presidenciales, todos los candidatos prometerán hasta lo imposible con tal de sumar votos. Los peruanos activistas por los derechos de los animales, como ciudadanos y electores, tienen el derecho a apoyar a los candidatos de su predilección, considerando también todas las otras propuestas sociales y económicas para el país y también tendrán que basar sus decisiones en otros asuntos controversiales como la unión civil, la pena de muerte, y la separación de la iglesia y el estado, por ejemplo. Nadie puede controlar el voto de otra persona, pero antes de recomendar un voto en particular, hay varios factores por considerar.

Lo que sí creo firmemente es que un candidato que se regocija en la barbarie, en la masacre lenta, alevosa y ventajosa de un ser vivo, carece de toda empatía y de la calidad moral para representar a un país. No interesan sus talentos, habilidades, títulos y aciertos en la vida. Quien no tiene compasión o empatía ante el asesinato sangriento y sádico de un ser vivo capaz de sentir dolor; quien no lucha contra cualquier tipo de injusticia y crueldad, jamás podrá extender su compasión a nadie. Podrá fingirlo de acuerdo a sus conveniencias políticas, pero, en el fondo, jamás podrá entender la pobreza, el hambre, el dolor, ni la miseria de sus congéneres.

Y el tema taurino o gallístico, no es el único asunto ignorado. En toda la época republicana del país, nunca se ha tratado con seriedad o se ha incluido legislación respecto a la educación humanitaria en el sistema público de educación, la conexión de la violencia entre el abuso animal y la violencia humana, la prohibición de espectáculos con animales, la revisión y mejoras de la legislación agropecuaria, el uso de municipalidades como entes efectivos de acción contra el grave problema de la sobrepoblación de animales domésticos o la creación de leyes severas ante actos de crueldad animal y zoofilia.

Al inicio de la campaña, me comuniqué con el equipo del ahora defenestrado candidato Julio Guzmán, quien, de la noche a la mañana, empezó a tomarse fotos con su gato y a añadir simpáticos mensajes en sus redes sociales a favor de los “animalitos”. Los verdaderos activistas por los derechos de los animales, somos activistas entrenados y con trayectoria más que comprobada. No somos “amantes de los animales”, ni nos referimos a ellos con diminutivos. Los respetamos y valoramos como animales no humanos y luchamos por sus merecidos derechos.

Al final, los representantes de Guzmán nunca respondieron y por allí salió la candidata del Frente Amplio, Verónika Mendoza, diciendo que ella estaba a favor de implementar medidas a favor de los animales y que se oponía a los espectáculos crueles y violentos contra ellos. De inmediato pasé a felicitarlos por su comunicado y a preguntarles cuáles iban a ser las medidas concretas que se tomarían para alcanzar esas metas. Como respuesta recibí lindas fotos y generalidades; y seguí recibiendo evasivas hasta que me enteré del presunto involucramiento de su candidata en el escándalo de las agendas de la primera dama Nadine Heredia y de la inclusión de miembros relacionados a los terroristas del MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru) en sus listas congresales.

Reportajes periodísticos han demostrado fehacientemente que varios miembros del partido de la Sra. Mendoza han tomado parte abierta en las protestas violentas contra la candidata Fujimori, como es el caso de Ricardo Jimenez Palacios, candidato con el número tres del Frente Amplio que fue captado en video forcejeando con un policía que intentaba impedir que gente antifujimorista irrumpiera con violencia un mitin político de Fuerza Popular, el partido de la hija del encarcelado dictador, Alberto Fujimori. Otra perla política surgió cuando Abel Gilvonio, otro candidato del partido de la Sra. Mendoza, admitió en una entrevista televisiva su parentesco con prisioneros del MRTA como Néstor Cerpa Cartolini, gestor de la toma a la Embajada de Japón en 1996. Por supuesto, que a nadie se le puede juzgar por sus parentescos con asesinos, terroristas o dictadores (es el mismo caso de Keiko Fujimori) pero el problema está en que en sus redes sociales y como miembro del colectivo “Hijos del Perú”, el Sr. Gilvonio llama a los terroristas “prisioneros políticos” que merecen tener derechos penitenciales. Para quienes nos leen desde el extranjero, vale clarificar que en los graves y tenebrosos años del terrorismo, en el Perú no hubo prisioneros políticos, todos ellos fueron terroristas que bañaron de sangre la historia de mi patria. Esta lacra humana que hoy, ante el ambiente electoral, claman olvido, perdón y retorno a la democracia creando partidos ficticios y farsantes, son los mismos que colgaban a pobres perros callejeros en los postes telefónicos de los pueblos que invadían, y los mismos que utilizaban nobles e inocentes burros como coches bombas. ¡Que a NINGÚN elector, activista o no, se le olvide eso!

Todos podemos equivocarnos en nuestras elecciones o afiliaciones políticas. En el Perú nunca se ha perdido la esperanza de por fin tener un candidato decente, trabajador, digno, honrado,  derecho, que garantice una mejor vida a la gente y que ayude también a los animales facilitando leyes que los reivindiquen, pero hasta ahora ese candidato no existe.

Hasta los activistas alrededor del mundo se equivocan en sus elecciones de los grupos que verdaderamente representan los intereses de los animales. Muchas veces la propaganda, los discursos o el oportunismo con los medios de comunicación nos hacen pensar que deberíamos darle nuestro apoyo, difusión y dinero al grupo que resalta más con una tendencia tibia, populachera y sobre todo “moderada”. A nadie le gustan los “extremistas”, ¿no es cierto? Pero el hecho es que los animales ni hablan, ni votan (si lo hicieran, estoy segura que harían un mejor trabajo que nosotros) y en la mayoría de las ocasiones necesitan de un grupo concreto, consciente, valiente, y dedicado que defienda sus derechos utilizando campañas y estrategias  efectivas, concretas, realistas. Cuando se trata de los derechos de los animales y de la lucha por ellos no podemos complacer a todos, ni ser tibios, ni ser hipócritas, ni mucho menos pactar con el enemigo. En los Estados Unidos ese grupo consecuente, leal y trabajador es PETA. PETA lucha y trabaja por los animales cada segundo del día y no busca la bendición de una comunidad que se contenta con ciertas mejoras y pactos a cambio de ser popular entre el público como la Humane Society of the United States (HSUS) que no contenta con pactar con los gremios cárnicos, acaba de “involucrarse” en pactos con SeaWorld en vez de apoyar a organizaciones como PETA que, por muchos años de combativa lucha, han venido pidiendo la rehabilitación, la liberación y el cierre total de ese centro de miseria, explotación y esclavitud rampante.

En épocas electorales, los animales también pueden ser utilizados para ganar votos y tanto el electorado en general, como los activistas peruanos no deben dejarse engañar por propuestas que solamente apelan a la sensibilidad y empatía natural que ya poseemos. El poder anti-taurino en el Perú es extenso y va en aumento. No tengo la menor duda de que, convocados organizada y estratégicamente, podríamos marcar un hito en las justas electorales de cualquier país en Latinoamérica, pero para eso hacen falta propuestas concretas y no firmas en papelitos que no tienen ningún respaldo coherente. Prohibir las corridas de toros o cualquier otro acto vandálico y cruel contra los animales, establecer la educación humanitaria en el sistema educativo peruano u ordenar centros de esterilización en todos los municipios del país no es solo trabajo del presidente, sino también del Congreso, las autoridades municipales y locales, y cada miembro activo de nuestras comunidades. Buscar victorias considerables para los animales implicará tener los pantalones (o las faldas) bien puestos para ir en contra de los congresistas taurinos, los empresarios de la tortura que cabildean en el Congreso y la complicidad e indiferencia de la iglesia católica. ¿Puede hacerse? Por supuesto que sí; pero no con papelitos que se los lleva el viento, sino con planes y estrategias factibles.

Mientras que surja, porque estoy segura que surgirá, un candidato vegano o vegana al máximo puesto político del Perú, mi sugerencia es votar por candidatos independientes, pertenecientes a diversos partidos políticos, cuya trayectoria en el Congreso de la República demuestre que verdaderamente han trabajado por los derechos de los animales. En vez de hacer tanta alharaca por la firma de un papel simplemente simbólico, las organizaciones que trabajan por los animales en el Perú deberían establecer una base de datos similar a la que Humane USA PAC utiliza en los Estados Unidos para registrar las propuestas y votos de cada congresista en referencia a propuestas y leyes que tengan que ver con los derechos de los animales.

Siento una inmensa vergüenza al comprobar que casi todos los candidatos a la presidencia del Perú, Fujimori, García, Barrenechea, Kuczynski y muchos miembros de su plancha presidencial y candidatos al Congreso, son ávidos taurinos. Pero  me mantengo firme en mi posición inicial de que alguien que goza de la crueldad en su máxima expresión, que ve vomitar sangre a un indefenso bóvido que tiene todas las entrañas destrozadas y que por eso brama de dolor y desesperación, podrá ser un digno representante de mi amado país. Para mí jamás lo será.

A mis compañeros de lucha indecisos, solo les recuerdo (un rápido “memorex” como decimos en Lima) que hay que ser consecuente con nuestros valores más innatos. Ya de ustedes dependerá si la lucha por los derechos de los animales es la máxima prioridad en su vida, como lo es en la mía. A todos ellos les pido que en un plato de la balanza pongan sus favoritismos personales y en la otra coloquen a quienes apoyan, pagan, difunden y disfrutan con la masacre paulatina, lenta, salvaje y abominable de un ser que pierde el 18% de su sangre solo con los puyazos que atraviesan hasta 30 centímetros de su abusado cuerpo, que sufre innumerables fracturas, grandes hemorragias en el canal medular, graves lesiones neurológicas y que muere ahogado por el dolor, por la humillación y la sangre que le satura los pulmones.

Recuerda que en el momento de ejercer tu voto, no se trata ni de ti, ni de mí. No se trata de nuestras preferencias políticas, sino de elegir a representantes que pasarán leyes que eviten que los animales sigan siendo masacrados, esclavizados o explotados. Aquí se trata de elegir a personas que, como sociedad, como país, nos hagan más civilizados y más dignos. Representantes que no sigan empeorando o embruteciendo a nuestra sociedad y que dejen de seguir ensuciándonos como seres humanos.

Que en tus oídos resuene claramente la cita de nuestro colega, el increíble escritor vegetariano Víctor Hugo, “El animal es obra de Dios, pero la bestialidad es humana”.

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Posted by on March 26, 2016 in Activismo efectivo, PETA

 

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