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Je suis végan!

24 Nov

Je suis vegan

Me imagino que por un instinto innato de conservación y de solidaridad de especie, cada vez que se produce un atentado terrorista en el mundo, la mayoría de los terrícolas sienten la imperiosa necesidad de manifestar su apoyo, su horror o su complacencia (sí, también los hay, y muchos) con las víctimas de los siniestros actos de violencia de los cuales solo es capaz el Homo Sapiens.

Con la aparición de las redes sociales es muy común que de inmediato aparezcan logos o coloridos símbolos específicos que ayudan a que la comunidad global entienda claramente nuestra posición al respecto.

Es cierto que nadie quiere ver cuerpos destrozados en alguna ciudad capital europea, ni niños refugiados muertos a la orilla del mar; pero esa es la cruenta realidad de la desinformación, del odio, y de la intolerancia siempre perpetrada por políticas internacionales de lucro bendecidas por religiones particulares establecidas. El mundo se horroriza porque ve cadáveres humanos, escucha gritos humanos y ve reportajes en los que los familiares y amigos sobrevivientes lloran a sus víctimas.

En París, el ataque terrorista conducido por extremistas musulmanes dejó más de 130 muertos y centenares de heridos. Invocando el nombre de Alá, los terroristas acribillaron a balazos a cientos de civiles inocentes por el simple hecho de considerarlos infieles. Si los dioses principales de cada una de las religiones mundiales tienen como factor común ser un dios de amor y de bondad, ¿cómo se entiende entonces que aliente, sugiera o permita que una de sus criaturas se convierta en una bomba humana? ¿En qué cerebro puede entrar la idea de que la destrucción y la violencia puede ser la mejor arma de convencimiento o conversión posible?

Mientras que muchos se solidarizaban con los franceses poniendo banderitas tricolores, cantando La Marsellesa o intentando usar Google Translator para escribir una frase en francés mal escrito, el pueblo sirio sufría un ataque de 12 cazabombarderos que dejaron caer 20 bombas sobre posiciones consideradas en manos de los yihadistas. Entonces surge la típica guerra cibernética de las banderitas francesa o siria, encabezada por gente que nunca antes se ocupó ni de ellos, ni de sus líos políticos, ni de sus creencias religiosas. Todo es moda en el Facebook, todo es “tendencia”, todo es novelería…..Y allí empiezan los pedidos de solidaridad, las oraciones, los LIKES, que en realidad deberían ser DO NOT LIKE, las cadenas de oraciones y los tontos pleitos en defensa de los franceses o los sirios. Así de limitado es el ser humano, así de huachafo, así de oportunista. Siempre listo a preocuparse por los niños, las mujeres o los ancianos de otros países, de otras realidades, de otras latitudes, mientras que en la puerta de su casa esos mismos individuos, tal vez necesitados de ayuda, son ignorados o rechazados.

Pero lo peor de todo, son los llamados a la no-violencia, al horror ante la injusticia, ante la crueldad de los extremistas que decapitan, queman vivos, asesinan, torturan y separan familias. Todos están en contra de la brutalidad insana del abuso y la explotación, pero… se olvidan de mirar hacia adentro, hacia la realidad de sus vidas privadas donde la conexión con una de las formas más horrendas de violencia sucede todos los días.

¿Hay alguna diferencia entre el Holocausto judío, la persecución de los primeros cristianos, el Apartheid, la lucha por los derechos civiles, la masacre en Ruanda y lo que sucede en los mataderos del mundo entero cada minuto del día? ¿No son también los animales víctimas conscientes, sintientes, inocentes e indefensas del egoísmo y la glotonería de los seres humanos?

Los bebés son brutalmente separados de sus madres, mutilados, castrados sin anestesia, marcados con hierros candentes, pateados, violados, quemados, desangrados y mutilados para convertirlos en pedazos de músculos sangrantes que llegaran a las mesas de todos aquellos que hoy se horrorizan con la brutalidad de las masacres terroristas.

La diferencia entre elegir ver las imágenes de las masacres humanas en el Internet o no, es que la gente le paga a alguien más por no ver el sacrificio inútil de los animales, esa muestra palpable de que el abuso y la explotación están sucediendo a puertas cerradas por un verdugo al que se le paga para evitarse la molestia de ver en primer plano como criaturas sintientes e inocentes son las víctimas diarias de un terrorismo millones de veces peor que el del Estado Islámico.

Ubíquense entonces, y no sean hipócritas. Entiendan de una buena vez que el medio ambientalista que come carne no es tal; que el que dice amar a los animales y los sigue consumiendo, no puede amarlos o respetarlos verdaderamente y el que reclama justicia y compasión por la víctima de un terrorista, no tiene la autoridad moral de alzar su voz de protesta si en su mesa yacen los restos dolientes de un ser que tiene derecho a vivir en paz.

No hay razón lógica, ética, biológica o científica que apruebe el continuo holocausto de millones de animales a beneficio de la salud humana, el bien del planeta, la hambruna a nivel mundial o la matanza de los animales. Es por eso que quienes trabajamos a diario por sus derechos, no podremos tener ningún nivel de tolerancia ante este negocio de crueldad, explotación y sangre. Ni siquiera existen argumentos religiosos ya que los líderes de las religiones más representativas del mundo, de aquellas que centran sus dogmas en principios de amor, respeto y compasión, fueron todos seguidores de vidas que no involucraban la inútil inmolación de ningún animal.

La próxima vez que te horrorices por lo que es capaz de hacer la gente de tu especie, la próxima vez que sientas la imperiosa necesidad de protestar por la violencia existente en este mundo demencial, primero dirige la mirada a tu plato y entonces decide si tienes el derecho de opinar consecuentemente.

Los animales no necesitan ni de tu afecto, ni de tu amor. Ellos, simple y sencillamente, merecen tu respeto. Los animales no necesitan ni de tus banderitas, ni de tus LIKES en Facebook, ni de tus peleas cibernéticas en busca de “justicia”. Ellos solamente quieren vivir en paz llevando a cabo el papel real que la naturaleza designó para ellos. La violencia es siempre la misma, sea quien sea la víctima; y ésta, pese a quien le pese, SIEMPRE empieza en tu plato.

 
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Posted by on November 24, 2015 in Veganismo

 

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