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¡Cuidado con tu lengua!

30 Aug

especismo

Aunque te parezca mentira, la elección de las palabras que utilizamos a diario puede ser un instrumento muy útil en nuestra lucha por la liberación animal. El lenguaje, cuando se trata de los animales, puede ayudar a mantener su opresión o puede ayudar a liberarlos. Mantener los viejos estereotipos de antaño que casi siempre son derogatorios contra los animales es una forma de perpetuar su explotación y su condición de “objetos” en vez de seres vivientes. Por otro lado, la corrección de tales términos, nos da la oportunidad de educar a un público que aún no se percata que lo que sale de su boca puede ser un instrumento de justicia o de opresión.

El lenguaje especista debe ser eliminado de nuestro vocabulario, de la misma manera que la sociedad actual ha eliminado el lenguaje sexista y racista. Todos ellos están íntimamente relacionados porque la opresión y el abuso siempre son los mismos, cualquiera que sea la especie que los sufre.

Es importante destacar el hecho de que un animal no es “algo” sino “alguien”. La distinción gramatical entre el sujeto y el objeto ayuda a que la gente cambie su manera de pensar sobre los animales y entienda que como naciones diferentes también tienen derechos innatos a su especie. Al quitarles la clasificación de objetos, el público empezará a cuestionar su utilización como medios de transporte, alimento, objetos de prácticas viviseccionistas, entretenimiento barato, vestimenta, etc.

A través de los tiempos la sola palabra “animal” siempre ha sido utilizada despectivamente, como término derogatorio y como un sinónimo de bestialidad, brutalidad, estupidez, e incompetencia. La gente se acostumbró a usar estas definiciones pasando por alto términos más exactos y adecuados como “animal no humano”, ya que utilizar esta última connotación implica una ubicación más justa que reconoce que todos – los seres humanos y los otros miembros de la creación – somos en verdad, animales.

Port otra parte, entre la larga lista de insultos que abundan en nuestro idioma, los relacionados con los animales son los peores y más viles. Estas palabras generalmente se utilizan para devaluar o resaltar las faltas más graves del prójimo y es aquí donde estos términos se inter-relacionan con otras expresiones sexistas o racistas. Cabe recordar que a los negros esclavos se les llamaba comúnmente “monos” y a los judíos “ratas” tratando de proveer la connotación de sucios, tontos, y poco inteligentes. Actualmente se escuchan comentarios de que los inmigrantes latinos “se reproducen como perros o conejos”, que son “pollos” (término comúnmente usado por el Servicio de Inmigración de los Estados Unidos para referirse a las personas que intentan cruzar la frontera) o que son “mulas”, refiriéndose a quien transporta drogas ilegalmente. Del mismo modo, las mujeres se convierten en “perras”, “zorras”, “vacas”, y “cerdas” y los refranes como “matar dos pájaros de un tiro” enfatizan que la vida de un animal realmente no vale absolutamente nada.

Es entonces hora de empezar a corregir estos faux pas léxicos para empezar a crear conciencia entre la gente pensante. Decir  por ejemplo “Liberar a dos pájaros con una sola llave”, o como yo digo en casos extremos “matar a dos cazadores con un solo tiro” ofrecen opciones al gusto del usuario y las circunstancias. Es bueno saber que a los activistas por los derechos de los animales no nos falta creatividad para transformar esos viejos refranes en instrumentos de educación y liberación. Todo es cuestión de implementar un nuevo lenguaje coherente a estos tiempos.

Hay que llamar a las cosas por su nombre aunque a veces esto cause incomodidad a nuestra audiencia. No hay jamones, ni asados. Tampoco foie gras o cebiches. Todos esos nombres son eufemismos para hablar de animales muertos luego de sufrir torturas y abusos. Todos estos son los nombres de un cadáver animal sazonado de diferente manera y con diferentes especias. No existen “dueños de mascotas” sino “guardianes de animales de compañía” porque los animales no son esclavos de nadie ni son objetos comprados para nuestro uso personal o entretenimiento. Y para dar el ejemplo más exacto e incluso alejándonos del concepto de “carnista” propulsado por la Dra. Melanie Joy en su libro “¿Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y usamos a las vacas?”, tenemos que decir que aquellos que se deleitan consumiendo los restos de un animal, son en verdad “necróvoros”. ¿No es maravillosa la flexibilidad y exactitud del idioma español?

No dejemos de corregir este lenguaje especista cada vez que lo escuchemos. Al combatirlo haremos que los animales dejen de ser invisibles o considerados objetos utilitarios a merced de los animales humanos. Re-centralicemos entonces nuestro lenguaje para poder alcanzar la meta de lograr un mundo más compasivo y justo donde la crueldad contra los animales no se vea reflejada o promovida por las palabras que usamos.

 

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