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Cuando las leyes se cumplen

20 May

Snowflake

“Llegará un día en que los hombres como yo, verán el asesinato de un animal como ahora ven el de un hombre”

Leonardo da Vinci

Para estas fechas, ya casi todos los países latinoamericanos tienen leyes de protección a los animales. Algunas más completas que otras; con penas más “considerables” que otras; con ejecuciones de la ley en algunos casos, pero casi todas excluyentes a diferentes áreas de la explotación animal. Las corridas de toros y peleas de gallos quedan exentas de las aplicaciones de la ley por considerarse “espectáculos de índole cultural”, y el tratamiento de animales en las industrias cárnicas y los laboratorios de experimentación es casi ignorado. Muchas personas consideran que de alguna manera existe un tipo de progreso; pero ¿de que sirven las leyes cuando los castigos y penalidades a los infractores no son significativos y acordes al delito cometido?

Los sangrientos espectáculos en los que se brutalizan a toros, caballos y gallos siguen impunes, no por mandato popular, pues la mayoría de los ciudadanos han expresado su rechazo a este tipo de abuso; sino por los intereses creados que los ganaderos, los empresarios de las mafias taurinas y galleras y la iglesia católica tienen en los congresos de cada país latinoamericano. Si a esto sumamos la ignorancia política o la indiferencia de las masas al elegir representantes, entendemos claramente por qué no se ha avanzado legislativamente en estas áreas. A pesar de los miles de estudios que comprueban el peligroso vínculo entre la crueldad contra los animales y la violencia humana, los países latinoamericanos aún tienen mucho que aprender respecto a la justa aplicación de estas leyes.

Un ejemplo concreto de la eficacia de las leyes de protección a los animales está por concluir en Nueva York en estos días. Alsu Ivanchenko, de 34 años, fue detenida luego de que tirara por la ventana de su auto a una cachorrita de tres meses de edad. Los veterinarios del South Shore Animal Hospital indicaron que Ivanchenko había traído al animal para que este fuera tratado y le dieron la opción de pagar por las operaciones o practicarle una eutanasia. La detenida declinó ambas alternativas y para ahorrarse tiempo y dinero, decidió lanzar por la ventana de su auto a la cachorrita enferma y dejarla morir a la vera del camino dentro de una bolsa plástica.

El martes pasado, Ivanchenko sorprendió a la corte cuando rechazó el acuerdo de culpabilidad que la hubiera condenado a seis meses de cárcel, el pago de $34,000 por restitución económica la ASPCA (entidad proteccionista que atendió a la perrita) que afectaría su crédito hasta que la deuda hubiera quedado cancelada, un período probatorio de cinco años y la prohibición de tener cualquier otro animal de compañía de por vida. Al rechazar la oferta, será juzgada por un tribunal y corre el riesgo de ser sentenciada a dos años de cárcel aparte de las sanciones anteriormente mencionadas.

La perrita inicialmente llamada Snowflake, tenía una patita rota pero Ivanchenko decidió que no tenía dinero para su tratamiento y la arrojó por la ventana de su auto. La caída le provocó trauma y fractura craneanas, daño cerebral y ceguera. Unas personas de buen corazón la encontraron y la llevaron a la ASPCA (American Society for the Prevention of Cruelty to Animals) quienes se ocuparon de su tratamiento y recuperación. Snowflake, quien ahora se llama Pip, ya ha sido adoptada de por vida y se encuentra en franco proceso de recuperación.

Este tipo de severidad en las leyes y en su cumplimiento son ejemplos a seguir en países donde la abierta crueldad contra los animales es aún impune o simplemente castigada con penas ridículas o multas insignificantes e intrascendentes que siguen perpetuando el concepto de que la crueldad y el abuso contra los animales es algo sin importancia o validez.

En los países latinoamericanos y debido a diferentes factores étnicos, “culturales”, religiosos y patológicos, se ha abusado brutalmente de los animales en las formas más diversas e inimaginables: Nuestra fauna nativa es explotada, vendida y comercializada impunemente antes la indiferente mirada de las autoridades competentes que esgrimen cualquier excusa con tal de no actuar acorde a las leyes y al sentido común. Miles de aves de la Amazonía son transportadas al exterior en envases plásticos o rollos de papel higiénico para satisfacer la demanda de la gente que quiere darle un toque exótico a sus viviendas sin saber que más de la mitad del cargo llegará muerto a su destino. ¿Hay algo más criminal que privar a una especie de su innato derecho a SER? Y la lista continúa: peleas de perros, ejecuciones de animales domésticos de todo tipo, atropellos, abandonos, abusos en mataderos y lugares de experimentación, utilización de animales en ridículos rituales de brujería o curativos, utilización de sus pieles, su carne, su cuero, sus hijos….sus vidas enteras. El satánico Homo Sapiens es, en la gran mayoría de los casos, un maldito diablo bípedo cuya mayor satisfacción ha sido destruir a las otras especies de quien debió ser guardián y protector.

Los animales son seres vivos, sintientes, inteligentes y capaces de sentir una variada gama de emociones que se pueden comparar a las experimentadas por los seres humanos. Son ciudadanos de naciones diferentes con leyes justas e idiomas que el hombre no se ha ocupado de aprender, o por lo menos, tratar de entender. Son poseedores de desarrollados sentidos de percepción y sistemas fisiológicos que actúan impulsados voluntariamente y por instintos naturales. Sólo hace falta convivir con un animal y observarlo para saber cuándo siente: temor, dolor, angustia; placer, gratitud y afecto. Sólo hace falta leer los anales de la historia para saber con cuánto sacrificio han contribuido a la formación de la “civilización” de la que ahora disfrutamos.

La Declaración Universal de los Derechos de los Animales, aprobada por la UNESCO, no puede ser más considerada como una linda obra poética o letra muerta. Por “racionalidad”, decencia y conciencia los humanos deberían respetar a todo el reino animal y dejar de usarlos como objetos, abusarlos y desecharlos cuando ya no son funcionales a sus intereses. El especismo es una lacra social que debe ser erradicada mediante los esfuerzos de los activistas por los derechos de los animales; pero estos esfuerzos deben ir acompañados por leyes sólidas como las que finalmente hicieron justicia por esta cachorrita en Nueva York.

Si ya no queremos lamentar actos de brutalidad y salvajismo en contra de cualquier animal, debemos empezar por escoger muy cuidadosamente a quienes nos representen a nivel legislativo. Debemos revisar sus planes de trabajo a favor de los derechos de los animales y una vez elegidos, mantener un estrecho contacto con ellos para comprobar que las promesas electorales de cambio no fueron etéreas y falsas.

Asimismo, debemos educar constantemente al público, en todo lugar y en todo momento: en las escuelas, universidades, en las calles, en el transporte público, en las esquinas, en los estadios, en todo lugar posible. Debemos presentarles la verdad (en la forma más adecuada para cada individuo) e inmediatamente después opciones de apoyo y sugerencias de cambio.

Si bien es cierto que en Latinoamérica existen muchos problemas sociales que también esperan legislación y justicia, esto no excluye a que un sector de la población se preocupe, luche y trabaje exclusivamente por los animales. Después de todo, su bienestar y su protección están estrechamente relacionados al bienestar y al progreso de la raza humana.

 

 

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