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Enseña con el ejemplo

16 Mar

Las personas que preferimos a los animales no humanos sobre la gran mayoría de los humanoides no somos personas amargadas, ni negativas, ni descorazonadas; somos personas realistas y concretas que basamos nuestra preferencia en la realidad del mundo actual, ni más ni menos.

El hijo que mata a la madre, el hermano que te traiciona, el amigo que no responde a tu llamada en la mitad de la noche, el ingrato, el desagradecido, el abusivo con todas las especies, el hipócrita que vive dos, tres o más vidas, son claros ejemplos que tipifican algunas de las bajezas de esa desgraciada y limitada especie.

Y nunca faltan quienes se escudan en ideas religiosas o dogmas pretendiendo ser lo que realmente no son. Veo a menudo gente que lleva una pulsera que dice “¿Qué haría Jesús?”, me imagino que para que en momentos de indecisión o de pecado inminente reflexionen que es lo que Jesucristo haría precisamente en la misma situación. Pues bien, si el humanoide promedio portador de la susodicha pulsera supiera o se hubiera dado el trabajo de estudiar la vida y obra de Jesús sabría perfectamente bien qué hacer. Jesús fue un arduo activista por la paz, combatió ferozmente la desigualdad y la injusticia, vino a romper todas las costumbres y ritos arcaicos del pasado, educó con el ejemplo y fue vegetariano. ¿No es todo esto lo suficientemente claro?

¿Dónde en la doctrina cristiana, judía, musulmana y otras no tan consecuentes, dice que se puede adoctrinar a la gente con libros sagrados para luego pasar a degustar los cuerpos mutilados de animales aniquilados de forma salvaje, cruel y brutal? ¿Dónde están las nociones que permiten el abuso, el especismo, la discriminación, el abuso en contra de los otros seres de la creación? ¿No nos queda claro el hecho de que solamente los animales y algunos creyentes escogidos se salvaron del diluvio universal, de que Jesús nació – escapando de sus enemigos humanos – entre animales de granja, y que entró triunfalmente en Jerusalén montado en un humilde burro? Al margen de la creencia en estas imágenes, anécdotas, parábolas o hechos históricos, los protagonistas de virtud son animales y no humanos.

Y hoy, reflexionando en el tema de la consecuencia, recuerdo a una mujer ejemplar, a un ejemplo digno de seguir. Una monja humilde que enseñó con el ejemplo y entregó su vida entera a la causa que decidió defender. Y como toda persona digna y consecuente – pues la compasión verdadera nunca es selectiva, ni exclusiva, ni especista- también extendió su compasión y justa valoración a los animales a quienes reconoció como criaturas de la creación. Teresa de Calcuta nunca bendijo capotes, ni asistió a una misa en una capilla taurina, ni le fue a cantar a la Virgen de Guadalupe con lágrimas fingidas para mañana más tarde aniquilar animales silvestres. Todo lo contrario, como muy bien dicen los americanos, ella “walked the talk”, actuó de acuerdo a lo que pregonaba. Sin autonombrarse venerable, santa, bendita, ejemplar o cualquier otra cosa por el estilo se denominó tan pecadora como el que más y nunca se dio ínfulas o aires de superioridad ante los miles de católicos que nunca levantaron un meñique para ayudar a nadie.

Por eso hoy, como conclusión de la semana y después de un prolongado silencio debido a mil y una causas, quiero reproducir lo que comentó cuando alguien le preguntó por qué debíamos amar a los animales.

Es cierto que no se puede exigir amor hacia nada o nadie; pero sí podemos exigir y demandar respeto para todos los seres capaces de sentir y merecedores de vivir en paz y con todos sus derechos. Tengo su respuesta en mi agenda personal junto a unos poemas de Brecht, Kipling y la foto de mi padre que me acompaña siempre para recordar por qué yo, desde mi modesto puesto de activista, puedo seguir su ejemplo.

Quienes trabajamos verdadera y consecuentemente por los derechos de los animales no necesitamos de pulseras o recordatorios de ningún tipo, no necesitamos de un número determinado de fans en Facebook, ni de “selfies”. Lo que nos mueve cada día al despertar es lo que podremos lograr ese día en particular por la causa que defendemos. Y por la noche, cuando tenemos que enfrentar victorias o derrotas, siempre nos queda la esperanza del nuevo día. El verdadero activista nunca se cansa, nunca se rinde, nunca claudica.

Aquí va entonces este escrito inspirador. Espero que te motive para hacer algo concreto por los animales hoy mismo:

¿Por qué amar a los animales?

Porque lo dan todo, sin pedir nada.
Porque ante el poder del hombre que cuenta con armas, ellos son indefensos.
Porque son eternos niños, porque no saben de odios, ni guerras.
Porque no conocen el dinero y se conforman solo con un techo donde guarecerse del frío.
Porque se dan a entender sin palabras, porque su mirada es pura como su alma.
Porque no saben de envidia ni rencores, porque el perdón es algo natural en ellos.
Porque saben amar con lealtad y fidelidad.
Porque dan vida sin tener que ir a una lujosa clínica.
Porque no compran amor, simplemente lo esperan y porque son nuestros compañeros, eternos amigos que nunca traicionan.
Y porque están vivos.
Por esto y mil cosas más, merecen nuestro amor.
Si aprendemos a amarlos como lo merecen estaremos más cerca de Dios.

Madre Teresa de Calcuta

 

 

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