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Bomba de tiempo

11 Feb

gatito

Me dicen que el nombre “Tadashi” en japonés significa “Correcto”. Pues nada más paradójico que  esto.

El tal Tadashi Shimabukuru, un pobre, triste e irreciclable infeliz, que conjuntamente con otra bazofia humana como cómplice, torturaron y mataron a un indefenso animalito en Lima, grabando su crimen para que lo vea el mundo entero, es el ejemplo concreto de lo incorrecto, cruel, malévolo y pútrido.

No interesa para nada si esto sucedió ayer, el año pasado o hace un milenio. Aquí lo que importa es resaltar que ese enfermo mental y sus cómplices son bombas de crueldad a punto de detonar y de escalar a otros niveles nuevos (léase indefensas víctimas humanas) que satisfagan de alguna manera sus torcidas ansias de poder y de sangre.

Confrontado entre la espada y la pared, el enfermo aduce que lo hizo porque “tenía problemas familiares” como si cada uno de nosotros agarrara a machetazos o a balazos a todo aquel que se cruza en nuestro camino porque tuvimos una discusión con nuestros padres, con el marido o con el vecino de la casa de junto. Este tipo de acciones no tiene excusa.

Si bien es cierto que enfermos como ese asesino podrían buscar ayuda psiquiátrica, yo personalmente dudo mucho de su total rehabilitación. Siempre leo sobre rehabilitación de violadores de niños y aunque mis esperanzas para los humanoides son realmente mínimas, nunca he creído en el éxito de tales estrategias. Son en momentos como esos cuando lamento profundamente que la Ley del Talión ya no exista, pues creo firmemente que algunos humanoides solamente podrán entender y quizás aprender cuando una experiencia similar es ejercida sobre ellos.

Como todo cobarde abusador, al verse expuesto, da excusas y pide perdón. No por haber cometido un acto deleznable sino por haber sido atrapado en su delito. Y aunque la rabia y la indignación de algunas personas justifican la protesta que llevaron a su casa, eso no justifica que los vecinos de ese repugnante individuo sufran las consecuencias de la protesta: calles pintadas, gente gritando, tiradera de tomates, etc.

La gente justamente indignada debe entender que todo debe ser canalizado y controlado, aunque se piense  que en situaciones como esta, no hay raciocinio que valga. Golpeando al infeliz con un megáfono no va a solucionar el problema. Lo que hay que hacer es exponerlo públicamente, creando una gigantografía que muestre su infame rostro, su dirección, teléfono y hasta email y exponerlo en el barrio donde vive, en el lugar donde trabaja o en el sitio donde estudia. Si estas personas tienen la voluntad y la energía necesarias para llevar a cabo una protesta, lo deben hacer de manera organizada, concreta y pensada poniendo total énfasis en prevenir al público y a los vecinos del lugar sobre este engendro cuyo próximo crimen será un indefenso ser humano, tal vez alguno de los niños que viven en su edificio, su cuadra o su ciudad.

Este es el plano evolutivo de todos los asesinos en serie, que empiezan torturando y matando inocentes animales para luego trasladarse a buscar víctimas humanas igualmente desprotegidas. Más efectivo que un megafonazo, es un volante con la cara del engendro previniendo a toda la gente del lugar. Un volante a todo color titulado “mira quién es tu vecino” tiene mucho más valor que cualquier golpe.

Ahora bien, todo movimiento de tipo social ha tenido siempre una fuerza paralela de choque, que sus líderes no les hayan impedido actuar a su libre albedrío es otra cosa; pero aún así, hay que actuar con inteligencia, con seguimiento, con observación detenida, con paciencia….porque a veces la justa defensa de los animales, es también un plato que se debe comer frío.

En todos los movimientos sociales donde ha habido de por medio una explotación similar a la que actualmente sufren los animales, hemos podido comprobar la existencia y ejecución de diferentes métodos. Allí radica precisamente la pluralidad que se necesita para saber cómo, dónde y cuándo actuar. A veces la legitimación de los derechos de seres que sin lugar a dudas los merecen puede volverse creativa. No por gusto existe el dicho de que “Dios escribe derecho en renglones torcidos”. Vaya uno a saber cómo interpretar esta verdad, pero por el momento llega a mi mente la escena que adjunto. Escena de una de mis películas favoritas “Arde Mississippi” (Mississippi Burning) cuando luego de varios intentos fallidos y protocolares del FBI, a los explotadores de los afro-americanos se les da una sopa de su propia medicina.

Para nada promuevo la violencia que detesto en todas sus formas y matices. Pero, a veces, y como ya dije antes, parece ser que esa es la única forma en la que los abusadores aprenden las lecciones.

 
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Posted by on February 11, 2014 in Animales de compañía

 

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