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La mayor matanza de delfines en el mundo sucede en el Perú

17 Nov

NO a la matanza de delfines

Otro motivo más de vergüenza nacional. Pero el tema debe ser expuesto, cuestionado, y repudiado para establecer las normas legales y punitivas que corrijan este gran problema.

Los delfines, que con su permanente “sonrisa” dan la impresión de estar eternamente felices son animales populares, extremadamente inteligentes y poseedores de un avanzado sistema de comunicación que es objeto de estudios científicos. Lamentablemente, su innata curiosidad por los humanos los lleva a muertes crueles y agónicas al extremo de haberlos puesto en peligro de extinción a nivel mundial.

La caza de delfines que ocurre en el Perú es la más grande del mundo pues normalmente en el mar peruano se dan muerte anualmente entre 5 mil a 15 mil delfines, no solo para consumirlo, sino también para utilizarlos como carnada para cazar tiburones, especie que igualmente se encuentra en peligro de extinción. Por este simple hecho la matanza en el Perú en este momento es mayor a la que comete en Taiji (Japón) e Islas Feroe (Dinamarca), considerados hasta hace algunos años como los mayores exterminadores de delfines del mundo y que han disminuido sus cifras porque el primero, luego del tsunami se quedó sin embarcaciones de caza del delfín y el segundo ahora practica una caza racional, sustentable y sujeta a cuotas controladas.

La caza del tiburón con anzuelos de carne de delfín en el Perú es hecha por los pescadores artesanales, con la exclusiva finalidad de apropiarse de sus aletas para exportarlas al Asia, donde están considerados como producto afrodisíaco. Los tiburones también se encuentran amenazados con la extinción, porque ningún país del planeta ha sabido dotarse de una legislación punitiva que lo proteja, conserve y someta su caza a planes de explotación racional y sustentable.

Las soluciones que se vienen proponiendo en el Perú por las asociaciones defensoras de la fauna marina son, entre otras, empezar una veda inmediata de la caza de tiburones ante la matanza ilegal y la sobrepesca masiva de estos animales, por una larga temporada a fin de impedir la caza de los delfines. El axioma es sencillo: si no hay caza de tiburón no habrá caza de delfines.

Gracias a la alerta de organizaciones peruanas como Mundo Azul, el Ministerio Público resolvió abrir investigación de oficio en Chimbote (Áncash), Callao (Lima) y Paita (Piura), donde tienen lugar la mayor parte de matanzas de delfines, para determinar a los responsables de la caza y matanza de delfines en el mar peruano y por ende de los tiburones.

Conforme lo ha señalado el procurador del Ministerio del Ambiente, Julio Guzmán, el Ministerio Público tiene a la mano expresos dispositivos del Código Penal que castigan con sanciones de hasta siete años de prisión para quienes efectúen pesca prohibida. La de los delfines está prohibida por tratarse de una especie en peligro de extinción. El procurador Guzmán ha hecho suya la denuncia de Mundo Azul y adelantó que hasta el momento están en curso unas 9,000 denuncias formuladas ante el Ministerio Público por delitos ambientales, de los cuales alrededor de 1,500 están relacionados con especies de flora y fauna de todo tipo, incluyendo la hidrobiológica. Lamentablemente, hasta el momento no hay ninguna persona condenada por caza furtiva de especies hidrobiológicas protegidas y es por esa razón que los ciudadanos debemos presionar a las autoridades y organismos respectivos para que hagan su trabajo eficientemente y dejen caer todo el peso de la ley a los infractores de las mismas.

Representantes de Mundo Azul han lanzado duras críticas al Instituto del Mar del Perú, que a pesar de conocer esta dramática realidad, no ha emitido alerta alguna. Estudios de esta entidad hechos desde hace 2 a 3 años, comprueban que más del 90% de desembarque de tiburones es debajo de la talla mínima legal cuando solo 10% está permitido, y que la caza de delfines para ser usados de carnada para los tiburones es un crimen ecológico. La matanza de los delfines es realmente criminal y cruel, porque son izados a la cubierta de las embarcaciones, donde son objeto de la extracción de sus aletas y luego arrojados al mar.

Otra práctica de control consistiría en la prohibición inmediata de la producción y venta de arpones, su posesión y uso. Basado en esta nueva legislación las autoridades portuarias deberán revisar las embarcaciones antes de su salida y al retorno para detectar la presencia de arpones y/o carne de delfín. Estos controles se deberán dar como un procedimiento estándar estricto.

A la reacción del Ministerio Público, se ha sumado la del Ministerio del Ambiente, que ha instalado recientemente la Comisión Multisectorial de la Gestión Ambiental del Medio Marino-Costero, y la creación de un grupo de trabajo para abordar las denuncias sobre caza ilegal de delfines y de tiburones de tallas menores en mar peruano. Gabriel Quijandría, viceministro de Desarrollo Estratégico de Recursos Naturales, ha destacado que esta comisión es una oportunidad para empezar a trabajar de manera coordinada la gestión del océano, de sus recursos y ecosistemas. En el ámbito marino costero hay una coexistencia de múltiples responsabilidades dispersas entre por lo menos 26 instituciones con algún tipo de injerencia y cada uno planifica y realiza sus intervenciones sin la suficiente coordinación. Esta desconexión debe acabar y pasar a una unificación de acciones inmediatas y efectivas que garanticen el bienestar y los derechos de la fauna marina del Perú.

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