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No a los alimentos genéticamente modificados

01 Jul

tomatesEn su afán de vender, los productores y comerciantes inescrupulosos no le informan al público si alguno o todos los ingredientes de los productos que compran contienen estos peligrosos alimentos.

El público ignorante (en el exacto sentido de la palabra) no lo cuestiona o lo ignora con la bien sabida y cómoda salida de “no hay nada que se pueda hacer”, pero nada está más lejos de la verdad. Hay que salir de la comodidad y la ignorancia, por lo menos, informándose y divulgando la información pertinente.

Y una solución concreta y práctica es leer las etiquetas de los productos que se compran evitando por todos los medios la compra de productos prefabricados que pasan meses de meses en los estantes de las tiendas y que están llenos de toxinas y preservativos que, a la larga, afectarán seriamente a la salud. Esto es de vital importancia para las personas que ya han sufrido serias condiciones previas y para sus descendientes.

¿Vale la pena enfermarse por algo que puede prevenirse?

Y en este caso, lo importante es leer el código de los alimentos. La gente va al mercado, escoge las frutas y vegetales que mejor lucen a sus ojos, los meten a la bolsa y pagan por ellos. Pero pocos conocen el proceso para que ese tomate, lechuga, o manzana, lleguen desde el campo a sus casas. Sin embargo, hay formas de saber el origen de lo que se consume, especialmente en una época en la que abundan los productos y procesos químicos, llenos de fertilizantes y pesticidas.

La mayoría de los vegetales y frutas deberían tener una etiqueta pegada, la cual incluye un número. Para muchos pareciera un simple código que las cajeras introducen en la registradora, pero tiene mucha más información. Con ellas podemos saber si esas frutas o vegetales fueron sembrados de manera completamente orgánica, si estuvieron expuestos a algunos preservativos o si fueron tratados genéticamente.

Esa etiqueta que suele estar pegada en los alimentos es llamada el “código PLU”. Aunque el código puede variar de país en país, en algunos lugares del mundo se interpreta de la siguiente forma:

Un código de 4 dígitos: Indica que el producto fue sembrado de manera tradicional pero que pudo ser rociado con pesticidas y otros preservativos. Estos representan la mayoría de los productos.

Un código de 5 dígitos que empiezan con el número 9: Indica que el producto fue producido de manera completamente orgánica, sin ningún tipo de preservativos ni tratamientos especiales. Estos son los productos más sanos de todos pero suelen ser un poco más caros y difíciles de encontrar.

Un código de 5 dígitos que empiezan con el número 8: Indica que el producto fue modificado de manera genética y que además pudo ser rociado con pesticidas y otros preservativos. Estos suelen ser los más dañinos para la salud, según algunos expertos.

Estos códigos se utilizan bajo los estándares de la International Federation of Produce Standards. El problema es que, lamentablemente, en muchos países, el uso de estas etiquetas no es obligatorio, pero si las etiquetas están presentes, es importante notar que su información será veraz.

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