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La Migra y los perros

29 Mar

Maria AntonietaLa semana santa aquí es letárgica y aburrida y justamente cuando me acabo de preguntar una vez más por qué es que estos días son santos, sale en la tele María Antonieta Collins, una buena periodista veracruzana anunciando que al regresar de una de sus asignaciones no pudo evitar rescatar a un pobre perrito mexicano que moría en las calles de algún pueblo fronterizo del que ya ni recuerdo el nombre.

Ver los ojos esperanzadores de esa criaturita me alegró el día. Saber que había conseguido un hogar de por vida es siempre motivo de celebración. Escucho con interés el relato de María Antonieta y, casi al final, anuncia lo que le sucedió en una de sus visitas a la línea fronteriza cercana a Arizona. Busco el artículo, lo encuentro y aquí se los dejo, para que piensen en su contenido en un día de reflexión como este:

De la Border Patrol en mis historias y columnas siempre he dicho lo que ha sucedido. En general, a lo largo de treinta y ocho años de reportera han sido más de las cosas que afectan a los nuestros, pero también hay que decir las buenas y esta es una buena oportunidad.

He pasado en la frontera de Arizona unos días que me han mostrado que por lo menos, en esta zona de la línea divisoria con México, el sector Tucson de la “Migra” como le conocen, no es tan fiero como la pintan.

De la Puerta de San Miguel, sin lugar a dudas la frontera más desconocida de los EU con México me llevó de regreso para Miami muchas cosas: cada día se aprende más y más. Nunca imaginé que en este cruce exclusivo de unos cuantos, en este caso los indígenas Tohonodanos, existe algo humano a más no poder.

Vino a mi encuentro sediento, sin saber que yo tenía agua para darle. Se me acercó mientras yo trabajaba, quizá únicamente sabiendo que no me espantaba su presencia. Estaba sucio, pulgoso, abandonado. Era uno de tres perros que aguardaban bajo un camión estacionado -el único, además, de la patrulla fronteriza- en ese paraje donde la temperatura sube a más de ciento diez grados.

Para su sorpresa, bien equipada con agua y hielo, corté un galón vacío que alguna vez sirvió para leche, lo enjuagué y se lo ofrecí lleno de agua limpia y helada. De inmediato sus ojos mostrando agradecimiento vaciaron dos y tres veces aquel improvisado pozuelo.

Días después, hablé con Manuel Padilla, uno de los altos mandos de la Border Patrol del sector Tucson y le pido el favor de que los agentes en San Miguel les den agua a esos animalitos y grande fue mi sorpresa cuando me respondió con otra pregunta:

“¿Sabe por qué esos perritos están ahí? ¡Porque nuestros agentes les dan agua y les llevan comida! Esos animalitos generalmente fueron abandonados en el desierto. Hay personas que los llevan hasta allá y los botan sin misericordia alguna y sin importarles nada, si sobreviven o mueren bajo esas condiciones extremas de calor y sin agua. Los tres perros que usted vio fueron afortunados porque llegaron hasta la Puerta de San Miguel donde siempre nuestros agentes les dan agua”.

Padilla no sabe que gozo provocó en mi corazón.

“En realidad ellos, esos animalitos son nuestra primera alarma. Ellos avisan a los agentes que vigilan a bordo de los vehículos, que alguien se acerca”.

En esas noches tan oscuras de esos lugares por donde cruza la droga y donde hay poca vigilancia, aquellos canes abandonados por la maldad humana siguen probando que a pesar de todo lo que les han hecho, a pesar de haberlos rechazado, ellos siguen fieles al hombre.

Ya a la salida y con el agua que nos sobró, veo al perro que se me acercó primero junto a otros dos. Le sirvo agua al que luce más viejo de ese trío. De inmediato se acerca a tomar agua mientras los otros dos lo observan, esperando y quizá para su perruna existencia, rogando que aquel viejo no se acabe todo el líquido frío y refrescante.

Me había marchado de la Puerta de San Miguel con el corazón compungido por aquellos tres perritos abandonados, pero al enterarme de que hay manos piadosas que les alimentan, olvido que es la Border Patrol, mejor dicho no puedo olvidar que son ellos los que entienden que por un desierto, cualquier ser viviente no puede seguir respirando si no hay otro que siempre tienda la mano.

¿Conclusión? Que hay ocasiones como ésta donde el hombre, también es el mejor amigo del perro.

Este fue el relato de María Antonieta. Los agentes de la migra nunca me han caído mal. Tienen un trabajo complejo y polémico; pero los entiendo y valoro lo que hacen porque ni quiero pagar más impuestos ni me gustaría que ninguna persona no invitada se metiera a prepotencia en mi casa exigiendo derechos. Al margen de lo político, valoro y aprecio lo que hacen por los perros a quien por seguro también alimentarán.

Al final de la entrevista, María Antonieta dijo, “Si un perro sin hogar se te acerca buscando afecto o cariño, ábrele la puerta de tu casa porque ellos son seres angélicos que por alguna razón muy particular llegaron a ti para traerte bendiciones”. En esta tarde de viernes santo, me quedo entonces con el sentido angelical de todos los perros que llegaron a mi vida. Todos callejeros, solos, y necesitados. Les dimos de todo, pero las bendiciones que ellos nos trajeron siempre nos superaron en bondad, entrega, lealtad y amor. De eso no queda la menor duda.

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