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Cuando las palabras sobran

12 Mar

cowmomGeorge Orwell estaba en lo correcto cuando dijo “Ver lo que está delante de nuestros ojos requiere de un esfuerzo constante”. Y es que a veces, el ego, el paladar, la costumbre o la ignorancia (en el exacto sentido de la palabra) no permitan que la gente vea lo obvio; lo lógico, lo decente… lo que debe ser.

En este video verás a Karma una vaca que fue rescatada pero a quien separaron de su becerrito. Las vacas tienen un instinto maternal super desarrollado y cuando se les separa de sus crías, no cesan de llamarlas con voz preocupada y sufriente.

En este caso, los voluntarios que la rescataron pudieron localizar a su bebé y traérselo de vuelta. Las imágenes lo dicen absolutamente todo. Ahora piensa, ¿Qué sentirías tú si te separaran brutalmente de tus hijos? ¿No sufrirías indeciblemente ante su ausencia? Los animales sienten absolutamente lo mismo que una madre humana a quien se le arrancó un hijo de los brazos. Y su penuria es peor, porque la mayoría de la gente no entiende su lenguaje y sus desesperados gritos de ayuda.

Esa leche que tomas sin siquiera pensar en el sufrimiento del que eres cómplice, todos los lácteos que se esconden en los productos que comes sin siquiera pensarlo, colaboran al sufrimiento de millones de animales. Millones de vacas a las que se fuerza a quedar preñadas para producir leche y millones de becerros destinados a convertirse en pálidos trozos de carne de ternera, atados por el cuello en cajas inmundas y estrechas por unas cuantas semanas hasta que el cuchillo de los carniceros acaba con su corta vida. ¿Son sus vidas más importantes que los lácteos en tu plato? ¿No existen acaso cientos de otras opciones alimenticias?

Esa leche que gotea de sus ubres, le pertenece a sus hijos y no a ti. Si fuera tuya la tendrías que tomar directamente de una vaca y no de tu madre humana. Rompe de una vez los inexactos, anti-científicos y estúpidos mitos de que la segregación mamaria de otras especies es algo vital para los humanos. La sola premisa es ridícula y repugnante.

La respuesta es tuya y las acciones posteriores a ella, dependen de ti. Ojalá que cuando llegues a esa disyuntiva ya hayas realizado el esfuerzo constante al que se refería Orwell.

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