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Hasta siempre, Panchita

04 Mar

Emma y PanchitaCuando la conocí me impresionaron mucho sus grandes ojos expresivos, su bellísimo plumaje y su capacidad de entendernos a nosotros, los humanos. Miraba a mi amiga Emma como si verdaderamente hubiera sido sangre de su sangre y carne de su carne. Su mirada y su voz cambiada a una tonalidad suave y tierna cuando la llamaba “mamá”. Hoy Panchita ya ha cruzado el Puente del Arco Iris y allí se encuentra esperándonos. Allí ella es libre, completamente libre de cualquier sufrimiento y de la manipulación cruel de quienes nunca respetaron su condición de animal silvestre, antes de que mi amiga la rescatara.

Los animales silvestres no son animales de compañía y esto es algo que las autoridades respectivas deben reforzar y el público en general debe entender. No hay peor vergüenza que los peruanos, indiferentemente, se crucen de brazos ante el cruel tráfico de las bellísimas especies con las que nuestro país ha sido bendecido.  Es realmente lamentable que ante la vista y paciencia del público, gente ignorante e inescrupulosa comercialice con estos animales a quienes se les ha arrancado brutalmente de su medio ambiente, de sus familias y de su preciada libertad.

El deseo inicial de tenerlas para exhibirlas generalmente termina cuando la gente se da cuenta de los complejos cuidados que necesitan, de su longevidad o del tremendo compromiso y responsabilidad que esto involucra. En esos casos, la solución más práctica de esta gente ignorante e irresponsable es encerrarlas para siempre en un zoológico donde vivirán en un constante estado de depresión y tristeza, pues no hay nada peor que vivir sin libertad, cuando se tiene la libertad innata de volar.

Panchita fue un animal huérfano que en un día inesperado llegó a la casa de mi amiga Emma. Al no poder ser regresada a su medio natural, su mamá humana le brindó todos los cuidados necesarios para vivir feliz hasta hoy. Un fatal accidente terminó con su vida; pero a su familia humana le queda la satisfacción de saber que ellos ni la abandonaron a su suerte, ni la encerraron en una jaula, ni fueron indiferentes a sus derechos innatos.

Sé cuánto dolor les está causando su partida y lo comparto; pero sepan, con toda seguridad, que desde donde ella está ahora, los seguirá viendo y recordando hasta ese día futuro en el que todos se volverán a ver. Allí la verán sana, buena, libre, y el destello de sus maravillosos colores y su tierna voz, los guiará hasta el lugar del cual ya no se separarán jamás.

 
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Posted by on March 4, 2013 in Animales silvestres

 

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