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El alto precio de la violencia

28 Oct

El lenguaje que usamos a diario o el que manejan los medios, muchas veces, no ayudan a establecer lo que los activistas por los derechos de los animales deseamos que el público entienda. Y en el caso de la yegua Lamar, esta no ha sido la excepción.

Los diarios la llaman un “ejemplar” nacido hace ocho años y destacan que estuvo “al servicio” de la Policía Nacional todo este tiempo. Pues bien, hay que corregir que Lamar nunca fue un ejemplar; fue un ser viviente con intereses y derechos propios que nunca pudo ejercer porque se convirtió en esclava de las decisiones y deseos de la policía.

Me parece bien que la hayan enterrado con honores; pero lo mejor que la policía podría hacer para honrar su muerte, sería desactivar para siempre a la Policía Montada y utilizar métodos acordes a la época. El glamour de utilizar caballos para aprovecharse de su majestuosidad y belleza es algo completamente arcaico, y como lamentablemente se pudo comprobar, excesivamente peligroso para los caballos y los humanos que intentaron manejarlos.

Lo que pedimos los peruanos humanitarios y racionales es justicia, no solamente para los policías abatidos sino también para los caballos que vanamente exponen sus vidas frente a turbas de cobardes e ignorantes asesinos, que en su sed de violencia y desadaptación, son totalmente incapaces de distinguir entre un representante de la ley y un animal noble que nada tiene que ver con los líos políticos o sociales de los hombres.

Debemos tener presente que no hay mayor perfección en la naturaleza que la que se aprecia en los movimientos de un caballo; pero en los de un caballo libre.

Como es típico en Latinoamérica, tienen que pasar cosas trágicas, una y otra vez, para que tanto el público en general como los responsables de las mismas, puedan abrir los ojos y trabajar en la prevención de actos vandálicos y crueles como los que hemos tenido que presenciar en los últimos días.

No cuestiono la pena y el sentimiento de los policías que la enterraron con honores póstumos. Ella, en un solo casco de sus patas, tuvo más honor que la totalidad de la chusma cruel que la golpeó brutalmente con un bloque de concreto.

Ahora, las personas decentes de Lima, aquellas que valoran la justicia, deben poner todo de su parte para identificar y castigar, con todo el peso de la ley, a los asesinos que la ajusticiaron. Esa será la mejor manera de rendirle los honores que verdaderamente se merece.

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Posted by on October 28, 2012 in Animales de compañía

 

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