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¿Qué hay de malo con el queso?

21 Aug

Muchas personas piensan que al no matarse a la vaca para obtener productos lácteos como la leche, la mantequilla y el queso, no hay nada de malo en su consumo. Pero es preciso ubicarnos en los tiempos actuales de consumo y dejar de pensar en los verdes pastizales de antaño cuando las vacas eran ordeñadas para un consumo limitado.

En el mundo moderno, ya no hay casi ninguna granja familiar; la gran mayoría son granjas industrializadas donde los animales no son vistos como criaturas vivientes, sino como máquinas productoras de dinero. Por lo tanto, aunque no se eliminen a las vacas, la producción de productos lácteos está íntimamente ligada a la explotación masiva de los animales.

Los animales no solamente sufren el estrés del confinamiento sino que también son víctimas de los abusos perpetrados por los trabajadores quienes comúnmente las golpean y maltratan con fierros, puntas eléctricas, y varas.

Las vacas son genéticamente manipuladas para producir por los menos 41 kilos de leche al día, más de cinco veces la cantidad que una vaca normalmente produciría para su cría. Al igual que los humanos, las vacas tienen un período de embarazo de nueve meses y en circunstancias normales, amamantarían a sus becerros por varios meses. Pero en las granjas industrializadas, los granjeros separan a los becerros de sus madres casi inmediatamente después de haber nacido, causándoles a ambas un grave trauma. A los becerros destinados a la producción de carne de ternera se les confina por 20 semanas en estrechísimas jaulas en las cuales no pueden ni siquiera voltearse. Y las becerras se convierten en “máquinas de producción de leche” como antes lo fueron sus madres. Esta es la cruel y dolorosa cadena que se repite una y otra vez para que al público no le falten sus productos lácteos.

Una de las prácticas más comunes en la industria láctea consiste en inseminar artificialmente a las vacas con pistolas metálicas e inyectarlas con hormonas de crecimiento bovino para incrementar su producción de leche. Asimismo, esta hormona les causa  infecciones extremadamente dolorosas en las ubres. Las mutilaciones de sus cuernos y colas – sin anestesia o analgésicos – es otra de las prácticas comunes en estas granjas.

Es probable que el sabor y la textura de los productos alternativos no lleguen a ser exactamente iguales a las de los productos lácteos; pero, ante esa disyuntiva, debemos sopesar toda la crueldad y miseria que esos productos representan. ¿Debemos seguir complaciendo al paladar sin considerar el sufrimiento continuo de los animales?  El mercado está lleno de productos alternativos y si hay que hacer algunos sacrificios u optar por algunas privaciones, bien vale la pena hacerlo cuando la vida y el bienestar de miles de animales dependen de ello.

 
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Posted by on August 21, 2012 in Veganismo

 

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