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Me gusta la palabra Libertad

01 Aug

Me había prometido ir a descansar temprano; pero ya saben cómo es… una última revisión, una última respuesta y el tiempo pasa inexorablemente. En el preciso instante en el que estaba lista para apagar cualquier componente electrónico llegó este bellísimo correo de mi querida amiga Martha que no puedo dejar de compartir con Uds. De por sí, la foto ya es preciosa y el título que escogí es el de una de mis canciones favoritas de José Luis Perales:

Prefiero ser soñador a ser matador de sueños,

prefiero volar a ser cazador… prefiero un vuelo blanco de palomas.

Sombra y luz, tierra y mar….me gusta la palabra Libertad.

Esta es la historia de Libertad y Jeff:

Libertad y yo hemos cumplido 11 años de estar juntos este verano. Ella llegó a mí con dos alas rotas. Su ala izquierda no se abría, incluso después de la cirugía, Se le había roto en cuatro lugares diferentes. Estaba triste y cubierta de piojos. Decidí entonces darle una oportunidad y la llevé al veterinario. A partir de ese momento siempre estuve a su lado. La tuve en una enorme jaula con la parte superior abierta, la cual llené con periódicos cortados en tiras para que construyera un nido, pudiera acostarse y descansar. Yo solía sentarme y hablar con ella, instándola a vivir y  a luchar, y mientras le hablaba, ella se quedaba mirándome con sus ojos marrones, expresivos y grandes.

Tuve que alimentarla dándole comida a través de un tubo durante seis semanas, y para entonces todavía no podía mantenerse en pie por sí sola. Tomé entonces la decisión de eutanizarla si es que no llegaba a pararse en una semana. Fue muy difícil para mí, tomar una decisión de esa índole. No quería cruzar la línea entre la tortura y su rehabilitación, pero parecía que la muerte
nos iba ganar. Se le iba a dar una última oportunidad hasta el viernes, pero si no reaccionaba, se le sacrificaría.

Yo debía visitarla por última vez la tarde del jueves. No quería ir porque no podía soportar la idea de verla morir; pero fui de todos modos, y cuando entré al centro, vi que todo el mundo sonreía de oreja a oreja. Fui inmediatamente a su jaula, y allí estaba ella, de pie, por sí sola, una águila grande y bella. Estaba lista para vivir y yo, con lágrimas en los ojos, supe que era un día muy bueno y muy especial para mí.

Sabíamos que no podía volar, así que el director del centro me dio un guante de entrenamiento, una correa para sujetar la pierna de Libertad y un anillo para fijar la correa a mi mano. Entonces empezamos a hacer presentaciones educativas en las escuelas del oeste de Washington y terminamos en los periódicos, la radio y algunos programas de televisión.

En la primavera del 2000, fui diagnosticado con linfoma Hodgkin de grado tres en un órgano principal y otras partes del cuerpo. Por ello tuve que recibir ocho meses de quimioterapia, perdí el cabello y mi trabajo. Pensé que cuando me sentiría lo suficientemente fuerte, iría a las montanas de Sarvey para tener la dicha de pasear y ver volar a Libertad. Ella me ayudaba viniendo a mí en mis sueños y dándome fuerzas a diario para luchar contra el cáncer.

En noviembre, un día después del Día de Acción de Gracias, fui a un examen y el médico me dijo que el cáncer ya no existía. Entonces, lo primero que hice fue llevar a Libertad a dar un paseo. Era una mañana nublada y muy fría, pero yo quería ver si Libertad se iba a atrever a volar, aunque fuera un vuelo corto. Llegamos a la cima de una colina y aseguré su correa a mi mano. Yo no le había dicho ni una palabra, pero de alguna manera, ella podía leer mi pensamiento.

Me miró y me envolvió con sus inmensas alas hasta hacerme sentir el calor de su cuerpo en la espalda. Entonces, suavemente, me tocó la nariz con su pico y se quedó mirándome fijamente por no sé cuánto tiempo. Emprendió un corto vuelo y regresó a mi mano marcando un momento mágico que vivirá en mí para siempre.

¿No se los dije? Esta historia bien valía la pena de quedarse un poquito más tarde.

Libertad, la amiga del alma de Jeff – que llegó a su vida por razones especiales – es otro más de los ejemplos de lealtad, agradecimiento y espiritualidad que los animales nos enseñan todos los días de sus vidas.

 
2 Comments

Posted by on August 1, 2012 in Animales silvestres

 

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2 responses to “Me gusta la palabra Libertad

  1. Elizabeth Vigo

    August 1, 2012 at 11:09 am

    wow! sentir el ala de un águila en la espalda debe ser increible! Q bonita historia!

     
    • animalialatina

      August 1, 2012 at 10:56 pm

      Yo solamente he podido sostener a un búho hembra, que como Libertad, estaba permanentemente herida y no podía ser puesta en libertad. Se llamaba Luna y cuando aleteaba sus magníficas alas, no producía ningún ruido. Es así como cazan a sus presas de noche. Tener cerca a un águila debe ser una experiencia igualmente inolvidable.
      Los animales no solamente acompañan, calman y consuelan, sino que también curan. Tienen ese tremendo poder que mucha gente aún no ha alcanzado a experimentar.

       

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