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Leche y niños: Combinación letal

17 May

En los almuerzos escolares de las escuelas públicas de casi todo el mundo no falta el clásico cartón de leche. Ésta, junto a las clásicas porciones de alimentos saturados de grasa y azúcar que opacan a una tímida manzana, son el almuerzo tradicional  que sigue alimentando a miles de niños obesos y diabéticos.

Avisos patrocinando su consumo pueden encontrarse tapizando las paredes de las cafeterías escolares donde los chicos ven la falsa, peligrosa e hipócrita propaganda de la industria láctea que les hace creer que las vacas contentas de sus dibujos viven vidas de esplendor y lujo en verdes pastizales idílicos.

Las nuevas generaciones están tan mecanizadas en el consumo, tan adictas a sus asquerosos productos, que no cuestionan absolutamente nada y obedientemente abren sus bocas para devorar los cuerpos y secreciones de miles de animales que, al final, tomarán revancha contra su salud.

¿Cuántos más niños mórbidamente obesos tienen que colapsar en el patio de recreo para que las autoridades pertinentes y sus padres se den cuenta de que se debe eliminar esta epidemia? Hace unos años atrás, la presencia de una persona obesa era la excepción de la regla. En los países latinoamericanos, estas imágenes eran prácticamente inexistentes; pero, lamentablemente, en la actualidad nos imponen su presencia en todas partes y en todos los medios de comunicación con la intención de acostumbrarnos a la nueva “norma”. Ellos tienen que convertirse en parte del paisaje diario para que esta conspiración de anormalidad sea parte de nuestra vida diaria.

En esta época de información inmediata y cibernética, ya no hay excusa para reclamar ignorancia o desinformación; lo que existe es una total apatía e indiferencia hasta que la situación se torna personal y el ignorante se encuentra con un pie (o dos) en la tumba. Si alguien te ofreciera veneno o el agua de un desagüe, ¿te los tomarías a ojos cerrados?

Ese paquetito de leche parece inofensivo parece un alimento rico y sano, pero ¿sabes exactamente que estás tomando cuando tomas un vaso de leche de vaca? Entre los componentes de la leche de vaca encontramos, en muy altos porcentajes, a la caseína, una substancia que tiene severas consecuencias en tu cuerpo. Se coagula en el estómago y forma grumos muy difíciles de digerir, pues es un alimento adecuado sólo para los becerros, quienes tienen un estómago de cuatro cavidades para digerirla sin ningún problema. La caseína es utilizada para hacer pegamentos de carpintería. Por eso, cada vez que tomas leche de vaca estás tomando una sustancia viscosa que se endurece y se pega a los intestinos, impidiendo y bloqueando la asimilación de nutrientes y la eliminación de los agentes tóxicos.

Hay dos enzimas, la renina y la lactasa, que son las encargadas de descomponer y hacer digestible la leche de vaca. Dichas enzimas, en casi todos los seres humanos, dejan de producirse alrededor de los tres años de edad. Cuando la leche entra al organismo y no encuentra dichas enzimas, el estómago tiene que hacer esfuerzos considerables para digerirla, y, a pesar de su intento, no puede hacerlo porque la leche se queda en los intestinos adherida como una especie de pasta difícil de remover. Con el tiempo, estas adherencias se fermentan, se secan, y forman una costra que, con los años, produce innumerables enfermedades como problemas con la tiroides, diabetes, alergias de todo tipo, intolerancia a ciertos alimentos, excesos de flemas y mucosidades, asma, tos, catarro, etc.

La leche de vaca contiene químicos, hormonas, pesticidas, y antibióticos que no ves en ese indefenso y pálido vaso. Y cuando se pasteuriza a altas temperaturas pierde casi por completo todos sus nutrientes y su grasa animal se satura lo que la hace dañina y perjudicial para la salud.

Existen muchos substitutos para los nocivos productos lácteos, pero que te quede bien claro que tu cuerpo no los necesita en absoluto. Y recuerda que el brócoli, las nueces, las verduras de hoja verde oscura, el amaranto, la avena, la naranja, la alfalfa, la levadura de cerveza, el coco, y las almendras (dos almendras contienen el doble de calcio que un vaso de leche) son fuentes naturales y saludables de calcio.

¿Es tan difícil lograr que los programas escolares de alimentación ofrezcan alternativas sabrosas y nutritivas a la larga fila de niños obesos y diabéticos que abundan en las escuelas de los países menos informados? Mientras que sus padres no se organicen para demandar mejores alimentos, la situación empeorará y la sociedad, en su totalidad, seguirá sufriendo las consecuencias de lidiar con una población apática, indiferente y enferma.

 

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