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Los animales no son probetas de laboratorio

06 Dec

Se calcula que cada segundo tres animales mueren en algún laboratorio del mundo luego de haber soportado una vida de privaciones y crueles experimentos. Estos animales son utilizados por las ciencias médicas, físico-químicas y biológicas, por las industrias militar, cosmética, química y tabacalera, la elaboración de comida para animales y la enseñanza científica.

Esta práctica, conocida como “experimentación con animales” o “vivisección”, despierta una creciente inquietud dentro de la misma comunidad científica por el peligro y la falta de validez que supone extrapolar resultados de una especie a otra. Por ejemplo, la reacción del cuerpo a una enfermedad es muy distinta si ha sido provocada artificialmente, en lugar de ser contraída por el estilo de vida, tipo de alimentación o predisposición genética.

Además, el estrés de vivir enjaulados y privados de sus necesidades más básicas, también tiene efectos sobre los resultados, que no se darían en condiciones naturales de desarrollo de la enfermedad que se está estudiando. Muchos efectos secundarios tampoco pueden ser comunicados por los animales, tales como el malestar, jaqueca, visión borrosa o náuseas, entre otros. Sólo en los Estados Unidos ocurren aproximadamente 100,000 muertes humanas anuales debido a  reacciones adversas a medicinas, por lo tanto, probar los efectos de dichas medicinas en especies animales que reaccionan de manera diferente al ser humano, es sumamente peligroso. Un ejemplo clásico es la penicilina, que mata a cobayas y no tiene efecto en conejos, pero que es un antibiótico muy útil para la especie humana. En realidad, existe muy poca evidencia que apoye la idea que la experimentación animal ha beneficiado a la especie humana.

Desde 1959 se viene desarrollando el conocido “principio de las tres R”: refinar, reducir y reemplazar los experimentos con animales en laboratorios. Las tres R significan:

  • Refinar: Buscar y usar métodos experimentales que alivien o minimicen el dolor, sufrimiento y estrés de los animales, para mejorar su bienestar y conseguir resultados más seguros.
  • Reducir: Usar menos animales. En el ámbito de la enseñanza, por ejemplo, cada vez se utilizan más programas de simulación y medios audiovisuales educativos que sustituyen la experimentación directa.
  • Reemplazar: No usar más animales y comenzar a usar herramientas técnicas: modelos matemáticos, cultivo de tejidos in vitro, estudios epidemiológicos, la posibilidad de asistir a operaciones reales con fines didácticos, medios audiovisuales e interactivos y el uso compartido de la información que se obtiene con el resto de la comunidad científica. Utilizando bases de datos comunes, por ejemplo, se consigue que no se repitan experimentos innecesariamente. Las alternativas por reemplazo son las únicas que eliminan completamente la vivisección en la experimentación y por tanto, son las más deseables.

Estas son las pruebas que generalmente se practican en los animales de laboratorio:

  • Tests de toxicidad: Administración de productos tóxicos en cantidades crecientes      hasta determinar la cantidad que provoca la muerte al 50% de      los animales (Test DL50).
  • Test de irritación: Pruebas de irritación de las mucosas, la piel, ojos,      genitales o boca con diversos productos químicos: cloro,      medicamentos, suavizantes, cosméticos, alimentos.
  • Tests para probar los efectos de armas biológicas      y químicas: Penetración y trayectoria de balas o      efectos de guerra biológica o química, pruebas de inmersión o efectos a la      exposición de rayos X, ultravioletas o rayos láser.
  • Tests de experimentación psicológica: Electroshock, privación      maternal. Otras intervenciones: investigación con animales en estado de preñez      (ginecológicos, hormonales, deformaciones fetales por químicos). Crecimiento inducido de tumores, infartos, enfermedades infecciosas, etc.

Casi todos los productos que usamos y consumimos a diario en todo el mundo han sido probados en animales en algún punto del proceso. Pero por suerte, empresas adaptadas a su tiempo, que practican una ciencia responsable y útil, han conseguido reemplazar las prácticas crueles por las alternativas que hemos comentado. Todo ello sin necesidad de experimentar con animales. Como consumidores tenemos el poder de decidir a quién damos nuestro dinero y a quién no. Comprando productos no probados en animales fomentamos el uso de prácticas a la vanguardia de la ciencia, que evitan la crueldad innecesaria y son seguras para todos.

 
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Posted by on December 6, 2011 in Experimentación animal

 

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