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Allin Sunqu

26 Sep

Cada vez que voy a Virginia, a la sede central de PETA, entró en un estado total de éxtasis que me cuesta romper al regresar a casa. La gente con la que interactúo comparte los mismos ideales, tenemos miles de cosas en común, nadie tiene que preguntar sobre los ingredientes en lo que comemos y en general, todos intrínsecamente sabemos que luchamos juntos por la liberación de todos los animales. Tenemos un lenguaje común que sale de nuestro corazón y de todos nuestros esfuerzos y sacrificios. Allí olvidamos por breves instantes el mundo cruel e ignorante con el que debemos luchar… reforzamos nuestras convicciones y recargamos nuestras energías.

A mí esa energía me dura por mucho tiempo y me ayuda a seguir adelante cuando las fuerzas flaquean; pero lamento que los activistas latinoamericanos no tengamos la suerte de vernos de vez en cuando para respaldarnos, animarnos e intercambiar la misma energía.

En todo este tiempo, he tenido la suerte y el privilegio de conocer a varios compañeros de
lucha de diversos países latinos. Con algunos hablo por teléfono hasta altas horas de la noche, a otros he tenido la suerte de conocerlos personalmente; pero la mayoría son compañeros a la distancia conocedores de la forma en la que lucimos a través de una impersonal computadora o email.

De todos ellos he aprendido siempre algo: A ser tolerante, paciente y valiente; pero también he aprendido a admirar su trabajo. Aquí en Gringolandia, los activistas lo tenemos todo, o siempre hay una forma de conseguirlo…. pero en Latinoamérica, cuando el dinero desaparece de nuestros bolsillos, y cuando el número de animales que nos necesita sobrepasa nuestras fuerzas, nuestros esfuerzos o nuestras esperanzas, sólo almas totalmente comprometidas pueden seguir respirando.

Podría nombrar a un puñado de personas que cumplen estos requisitos, pero hoy sólo quiero hablar de mi amiga Liliana Téllez, una boliviana valiente, compasiva y literalmente, a prueba de balas. De las balas verbales y encubiertas de quienes no están acostumbrados a luchar hasta las últimas consecuencias por salvar la vida de un animal.

Y en su camino, Lili se los ha encontrado prácticamente a todos: leones y mono cruelmente abusados en circos y zoológicos ambulantes; gatos ferales intocables, lechucitas accidentadas y un sinnúmero de hermanos perros por quienes nadie hubiera dado ni siquiera medio centavo. Pero Lili los miró a los ojos y vio su valor, su entereza, su perdón a la torcida raza humana y sus deseos de vivir. Tomó sus miserables cuerpos, los curó y los devolvió a la vida con una renovada esperanza.

Lili ha compartido conmigo muchas historias pero la que se quedó grabada en mi alma fue
la historia de Homero, a quién yo llamo Homerito. Él no era el típico perro de la calle que  – ocasionalmente –  tiene la oportunidad de huir de sus verdugos; él era vejado a diario por basuras humanas que lo cortaron, quemaron, mutilaron y violaron hasta dejarlo en un estado tan calamitoso que lo segundo mejor que podía haberle sucedido era morir….lo
primero, fue haberse cruzado en el camino de Lili. Luego de ayudarlo a sanar las heridas de su cuerpo y de su alma, Lili tuvo la suerte de encontrar a otra alma igual de generosa dispuesta a adoptar a Homerito.

Y, por diezmilésima vez y como está escrito en el exclusivo libro de decencia de los animales, el día de la despedida, cuando Lili se despedía de Homerito reafirmándole que ya tenía un hogar para todo la vida en el que nadie jamás lo volvería a lastimar y humillar, Homerito se encontró en sus ojos y la abrazó sinceramente como todos lo pueden ver en la foto.

Y en ese abrazo… Homerito perdonó, una vez más, a una putrefacta parte de la humanidad.

Liliana quería recuperar un breve comentario que alguna vez hice de ella en un artículo que escribí. Creo que ahora le hice un poquito más de justicia.

En la lengua de nuestros ancestros debería llamarte Allin Sunqu, porque eres en verdad una mujer bondadosa y compasiva, pero hoy prefiero usar las palabras de otra mujer latina que nunca se doblegó ante la injusticia para agradecerte – como ella dice en su canción – por nunca haber sido indiferente ni al dolor ni a la injusticia.

 
 

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2 responses to “Allin Sunqu

  1. Liliana Téllez Flor

    October 8, 2011 at 3:29 am

    Maru querida amiga

    Te abrazo fuertemente desde la distancia que nos separa física pero no espiritualmente, y te agradezco todo lo bello que dices de Homerito y de mi, un abrazo talvez sin palabras., porque podemos entendernos también de ese modo, así lo siento.

    Es muy hermoso lo que has escrito y es la verdad en cuanto a la bondad de los animales que perdonan.

    Dices muchas verdades entre otras las dificultades con las que tropezamos aqui en latinoamérica para poder hacer cuanto haga falta para ayudar a los animales amados.

    Es la 1 con 21 minutos en Bolivia, y no quiero dejar pasar otro dia sin leerte y sin escribirte.

    Se me abrió el corazón, y mi alma voló hacia otros tiempos y lugares amados con tu relato de tu PADRE. que hermoso. Lloro porque lo hermoso me conmueve y lo tierno me sacude y todo lo que cuentas es vivencia pura, como la que he tenido con mi MADRE en mi pueblo de Cuento, donde aprendí a amar a los animales y la naturaleza. Me has dado alegría, me has hecho sentir que NO ESTOY VIVIENDO EN VANO y me has transportado a mejores e inolvidables días que no volverán. Gracias Maru

    La canción de Mercedes Sosa también es un regalo, esta vida amiga… imagina, es la canción que mi hermano amado me dedicaba siempre que podía, su preferida y la que identificaba conmigo, y tu la escogiste.

    Dios te tenga en la palma de su mano y te bendiga para que puedas continuar y nosotros poder tener una amiga y mentora como tú.

    tu amiga por siempre

    Liliana
    MI VIDA POR Y PARA LOS ANIMALES

     
    • animalialatina

      October 9, 2011 at 7:12 am

      Lili querida,
      Te mereces absolutamente todo lo que escribí aquí…por tu constancia, tu trabajo sin horario, tus sacrificios personales y tu total entrega a la causa de los animales. En mi mundo perfecto, habría millones de personas trabajando así por y para ellos. Recibe mi gran y sincero abrazo fraterno.

       

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