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Kissy, te recordé hoy

25 Sep

Hoy estuve viendo fotos viejas, de esas que todavía ni pensaban incluirse en álbumes digitales y en medio de todas, encontré tu foto, Kissina.

Y pensé entonces en lo que volver a Lima y enfrentar tu ausencia significó para mí. Esa vez la llegada implicó una falta irreparable para mi espíritu siempre ávido de la sincera sonrisa amplia y franca de un perro.

Kissy llegó a casa como la ganadora de un ticket de supervivencia. Si cada ser vivo tiene un destino predeterminado, el de ella fue ser salvada de un pseudo albergue en el que la muerte seguramente la alcanzaría tarde o temprano. Kissy llegó y sorprendió a todos creciendo inmensurablemente cual dibujo animado de Clifford, el famoso gran perro colorado, pero también nos sorprendió por su tremenda inteligencia y rapidez de aprendizaje. No hubo truco que no aprendiera, ni juego que no dominara, ni foto en la que no saliera perfectamente bien cual modelo de revista canina internacional. Kissy parecía tenerlo todo…pero el pasar del tiempo demostró que no era así. Alguna disfunción química en su cerebro la tornó,  por momentos, en un animal agresivo que no podía controlar sus acciones.

Yo, que me pasé la vida diciendo que aún no había nacido el perro que me mordiera; y que en cientos de oportunidades lidié satisfactoriamente con animales agresivos, heridos y
cansados de vivir, me convertí en una más de sus víctimas aunque después de segundos de producida la mordida ella se acercó cabizbaja solicitando mi perdón.

Quienes desconocen la complejidad del mundo interior de los animales y la grandeza de sus almas, la hubieran golpeado o castigado con el incesante palabrear de sus reproches; pero yo sabía que esto escapaba a su control y a su voluntad. Sabía que lo irremediable iba a pasar tarde o temprano y por eso la noticia de su eutanasia no llegó a mí con el aplastante peso de lo que no se espera. Pero nunca  pensé que ocurriría sin aviso previo, sin brindarme la oportunidad de despedirnos, de hacer un pacto para volver a encontrarnos en un lugar indicado del más allá que sólo quiero compartir con los animales que cruzaron mi camino. La árida llamada telefónica que recibí, sólo sirvió para comprobar la tiranía de la vida.

Los detalles de su muerte y de su destino final nunca me fueron revelados debido a la fuerza maligna de la terquedad y soberbia humanas. Pero vi sus fotos, toqué sus juguetes buscando rezagos de su inteligencia y energía y caminé por todo el parque donde me dijeron que la habían enterrado soltando semillas de flores que sé que algún día florecerán para recordarme que allí yace físicamente una amiga inteligente, simpática, bella y amorosa a quien pudimos salvar temporalmente de la crueldad de las calles llenas de gente indiferente que no se conmueve con el sufrimiento diario de los animales que cruzan sus caminos.

Sé que se fue de este mundo sin dolor y quiero pensar que, antes de partir, entendió y aceptó su destino sabiendo en lo más profundo de su corazón que era para su bien. Hasta quiero pensar que su último deseo fue que el hogar de mis padres se volviera a abrir para otro animal necesitado de una oportunidad para vivir una vida decente y feliz.

Al subir al avión que me traería a mi oficina gringa, pensé en ella y le musité un hasta pronto porque nunca les digo adiós a los amigos de verdad, a los que dejan huellas eternas en nuestro corazón y marcas en nuestra conciencia. Le hice la promesa de seguir
luchando por sus derechos y en la inmensidad del silencio que contrarrestaba el bullicio del aeropuerto, la escuché responderme claramente.

En esa oportunidad, llegué a casa, miré su foto y me senté a escribir esta nota. Sus ojos inteligentes me miraron y eso fue suficiente para mí. Supe entonces que en el lugar donde
estaba, ella era feliz. Le dije que la extrañaba y que el dolor no se iba, pero de inmediato me respondió que un día de estos nos volveríamos a ver. Volví a mirar su foto y antes de retornar a la realidad de mi ocupada vida, me dijo que no olvidara que el mejor homenaje al corto tiempo en el que nos conocimos era seguir trabajando por los animales que nos necesitan; por aquellos que no tienen la suerte de llegar a ser todo lo que podrían ser en un mundo que necesita ser más decente, más ético y más compasivo.

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Posted by on September 25, 2011 in Animales de compañía

 

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