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Equus amicus

25 Sep

Casi todo el mundo está de acuerdo en considerar a los caballos animales nobles. La historia de la humanidad se escribió sobre sus lomos y de acuerdo a la velocidad y destreza de sus patas. Y al reconocer su nobleza y lealtad, fueron muchos los personajes históricos que los alabaron y elevaron a la categoría de héroes y compañeros inseparables. Los caballos son animales extremadamente sensibles que, en su estado natural, viven en manadas perfectamente organizadas. Su supervivencia depende de su habilidad de percibir cualquier incongruencia en el medio ambiente ya que la seguridad de la manada requiere de una continua comunicación entre sus miembros. Y su forma de comunicación más importante son las emociones. Éstas se transmiten como una reacción en cadena
afectando a todos los miembros de la manda. Si uno de ellos siente miedo, el resto automática y simultáneamente responde huyendo. Ellos perciben el mensaje emocional a modo de información para saber qué actitud tomar en caso de emergencia. En las manadas, no se permiten actitudes incoherentes entre sus miembros pues ponen en peligro la vida de todos.

A diferencia de los caballos, los humanos vemos las emociones de forma muy distinta. En nuestra sociedad, se nos ha enseñado a no mostrar nuestras verdaderas emociones y sentimientos para sobrevivir. Nos escondemos bajo máscaras para protegernos e intentamos ocultar lo que realmente sentimos. Pero cuando los humanos y los caballos se relacionan, tales máscaras no funcionan ya que ellos pueden percibir perfectamente bien lo que sentimos y hasta lo que pensamos, reflejando en su lenguaje corporal nuestras emociones y nuestros miedos. Los caballos no responden cuando no actuamos de manera auténtica; pero responden afirmativamente a nuestras emociones por muy ocultas que éstas se encuentren.

Ha sido precisamente esta relación simbiótica la que en muchas oportunidades ha sometido a estos nobles animales hasta el punto de llegar a abusarlos cruelmente. Desde los caballos que se sobrecargan y abusan en las duras faenas del campo, hasta los utilizados en las corridas de toros. Desde los que tiran carruajes atiborrados de turistas obesos que no muestran ningún tipo de consideración para ellos, hasta los utilizados en carreras. Desde los que son abusados hasta morir en establecimientos turísticos de poca reputación hasta los que son sacrificados para satisfacer el paladar de seres humanos ávidos de nuevas carnes y nuevos sabores.

La crueldad de los humanos en contra de los animales tiene miles de matices y variantes. Por momentos, nos parece que existen seres humanos cuyo solo propósito de vida es crear nuevas y mejores formas de crueldad. De allí que luego de server fielmente en los campos de cultivo durante toda su vida sean vendidos a los organizadores de las mafias taurinas para luego ser destripados en un ruedo. Los ignorantes dicen que los caballos son tan valientes que no les temen a los toros; pero sabemos que eso no es verdad. Todo animal, equino o no, con un alto grado de sensibilidad o sin ella, intuye y sabe cuándo está en
peligro. Y el ridículo peto que la mafia taurina les ofrece como protección, jamás podrá resistir las fuertes y punzantes embestidas de un toro. Estos caballos generalmente tienen las orejas tapadas con periódicos mojados para debilitar su capacidad auditiva, y sus cuerdas vocales son frecuentemente cortadas para que sus quejidos y su llanto no distraigan a la audiencia indiferente y ávida de sangre y dolor. Al ser corneados, se les lleva a los corrales para empujarles las vísceras de vuelta al vientre conjuntamente con una mezcla pestilente de paja, coserlos burdamente y sin anestesia y devolverlos al ruedo. Es así como el ser humano paga la nobleza y el sacrificio de estos nobles animales.

Un destino similar ocurre con aquellos que colapsan bajo el peso de sus cargas en
campos y ciudades; aquellos que mueren de frío o de calor mientras que turistas indiferentes contratan carrozas para visitar lugares que podrían disfrutar caminando o en auto. Otra vez la consabida “tradición de pasear en ridículas carrozas” pesa más que el respeto y la consideración que les debemos a estos héroes de la civilización. Ya es hora que la gente entienda que los cascos de los equinos no están hechos para el asfalto de las grandes ciudades.

De la misma manera, ni los caballos ni ningún otro animal, están en este mundo para servirnos de alimento. Cuando el apetito torcido de los franceses reclama el sabor de la carne de equino, miles de caballos son masacrados en los camales de México o Argentina. Como país exportador, Argentina se encuentra detrás de China y México y cubre el 23% de la demanda mundial que se encuentra principalmente en Francia, Holanda, Italia, Rusia y en los últimos años, Japón. La explotación de los caballos puede tener muchas facetas, pero lo importante es alzar nuestra voz en su defensa educando al público e identificando a sus agresores; es lo mínimo que podemos hacer para tratar de recompensar en algo los miles de años de lealtad que nos han brindado desinteresadamente.

Y para terminar con una buena y esperanzadora nota, les recomendaré que lean el libro “Belleza Negra” (en algunos países latinos fue traducido como “Azabache”) de Ana Sewell. Este libro es un clásico de la literatura inglesa, fue un bestseller en su época y fue escrito con el propósito de reivindicar los derechos de los caballos. Sewell tuvo una penosa infancia y tal vez por eso se pudo identificar con los caballos sufrientes. Alguna vez dijo que no escribió la novela para los niños sino para promover sentimientos de bondad, empatía y comprensión hacia los caballos. La publicación de su libro causó una verdadera revolución moral entre la gente y fue instrumental en la abolición de las crueles riendas que mantenían las cabezas de los caballos en una posición extremadamente alta que les causaba dolor y los tapaojos que provocaban accidentes. En el capítulo 13 del libro,
que es en realidad la autobiografía de un caballo, Azabache dice: “Ninguna religión puede existir sin amor. La gente puede hablar todo lo que quiera sobre su religión, pero si ésta no les enseña a ser buenos y bondadosos con los animales y con la gente, es simplemente una farsa”.

Disfruten de estos magníficos corceles y del maravilloso poema “No te Rindas” del poeta uruguayo Mario Benedetti. El mensaje es preciso para que todos nosotros, los activistas por los derechos de los animales, siempre recordemos que nunca nos podremos rendir.

 
2 Comments

Posted by on September 25, 2011 in Animales de compañía

 

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2 responses to “Equus amicus

  1. Jarrett Aloy

    November 2, 2011 at 8:09 am

    Keep working ,remarkable job!

     

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