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De esquizofrénicos y falsos profetas

25 Sep

Los conceptos psicológicos y psiquiátricos más básicos identifican a las personas sádicas(osadomasoquistas) como individuos destructores que se regocijan en intimidar, degradar, explotar, humillar y ocasionar dolor. Este sadismo y crueldad yace latente esperando determinados momentos para salir a la luz ya que es una tendencia que no se puede controlar y que se manifiesta tarde o temprano.

Los activistas que luchamos por los derechos de todos los animales no somos ajenos a estos individuos. Aparecen de repente, intentan envenenar todo lo que tocan, tienen sus diez segundos de fama (como la mayoría de los criminales) y después regresan al olvido de sus vidas vacías, sin afectos normales, familiares, amigos o profesiones. Después de todo, hay que tener todas estas carencias para ser un falso profeta, ¿o no?

Las personas con un IQ promedio o superior deben entonces preguntarse si un individuo de esta calaña pueda realmente interesarse por los sufrimientos de cualquier prójimo, animal o humano. Y por azares del destino, esta especie en extinción se encuentra más centralizada en países donde los crímenes pasan impunes y la crueldad hacia los animales es pan de cada día. ¿Por qué?

Precisamente por la indiferencia y la crueldad de la gente, por su desesperación en encontrar métodos efectivos, por el silencio cómplice de las autoridades y también por la compasión de la gente sincera que rápidamente abre sus billeteras para apoyar causas que creen que son justas, decentes y legítimas.

Es ciertamente difícil vivir en un país en vías de desarrollo donde la miseria física y moral de la gente se confunde con la de mis hermanos animales; debe de ser frustrante, angustiante, desesperante ver a tantos animales necesitados de cuidados y protección y no poder salvarlos o rescatarlos a todos. ¿Quiénes somos nosotros limitados humanos para fungir de Hades y determinar quién vive y quién muere? Estoy segura que los grupos o individuos rescatistas hacen lo que humanamente pueden, pero en su constante trajinar olvidan concentrarse en que los esfuerzos deben apuntar a soluciones más extensas y masivas; en poner la responsabilidad de la tragedia de la sobrepoblación de animales domésticos en las manos de las autoridades que NUNCA actuarán oportunamente mientras que grupos de personas bien intencionadas hagan – en menor escala – lo que ellos deberían hacer, no como deber moral porque tal vez no entiendan ese concepto;
pero sí como deber cívico.

Y entre el trabajo diario de los compasivos, siempre surge la mala yerba que no se erradicó de raíz a tiempo y que se dejó crecer al punto de corromper las cosechas. Es allí cuando los ignorantes irrumpen para robar, calumniar, secuestrar, y estafar a quien cruce su camino para luego dar manotazos de ahogado tratando de defender  la imbecilidad de sus “convicciones”.

Aunque el tema de Latinoamérica siempre causa controversia y discusión entre mis compañeros de trabajo, mi leal terquedad me dice a gritos silenciosos que, aunque sea debajo de las piedras, aún debe haber gente dedicada, decente, comprometida y leal en esa parte del mundo. Gente que esté realmente dispuesta a dejar de lado personalismos, equipos, logos, grupos y estatutos y que solamente tenga un equipo en la mente, en la acción y en el corazón: el equipo de los animales. Gente culta, inteligente, profesional, limpia y muy trabajadora. En suma, gente que cada noche se pueda ir a dormir con la
conciencia tranquila de haber ayudado a que nuestros hermanos animales respiren el aire de paz y respeto que merecen. Los otros, los que repiten gastados argumentos y mentiras; los que contaminan a robóticos sin cerebro y sentimientos; aquellos que se ofenden por el progreso y éxito alcanzado genuinamente por otros, esos no cuentan.

No olvidemos que el envidioso es un insatisfecho por inmadurez, represión, o  frustración que, a menudo, no sabe ni siquiera que lo es. Por ello, consciente e inconscientemente, siente mucho rencor contra las personas que poseen algo (belleza, dinero, reconocimiento, éxito, poder, libertad, amor, personalidad, experiencia, felicidad, etc.).

Este homo esquizofrenicus desea todo eso pero es incapaz de conseguirlo. Por eso, en vez de aceptar sus carencias, odia y desea destruir a toda persona que – como un espejo – le
recuerda su incapacidad. La envidia es, en otras palabras, la rabia vengadora del impotente que, en vez de luchar por sus anhelos, prefiere eliminar la competencia. Por eso la envidia es una defensa típica de las personas débiles, acomplejadas y fracasadas.

Renombrados psicólogos y psiquiatras coinciden en afirmar que estos individuos experimentan un ansia infatigable de destacar, ser el centro de atención, ganar, quedar por
encima, ser el “mejor” en toda circunstancia. Debido a ello, se sienten continuamente amenazados y angustiados por los éxitos, la vida y la felicidad de los demás, y viven en perpetua competencia contra todo el mundo, atormentados sin descanso por la envidia ya que este sufrimiento condiciona su personalidad, su estilo de vida y su felicidad.

En suma, cuanto más débil, insatisfecha o narcisista es una persona, tanto más envidiará a la gente que posea lo que a ella le falta. Su modus operandi el cual incluye  críticas destructivas, ofensas, necesidad de dominar, rechazo, difamación, agresiones, rivalidad y venganzas sólo se curará con una constante intervención psiquiátrica que la ayude a
resolver sus carencias y facultades a través de un proceso de crecimiento emocional.

¿Triste panorama? Definitivamente sí. Pero no por este motivo se debe permitir que la
impunidad reine en la tierra de nadie. La hoja clínica de los desadaptados no es excusa para que ningún animal sufra ni se convierta en esclavo de los intereses personales y económicos de nadie.

Al público compasivo que rápidamente ofrece un billete ante la foto o el video de
una injusticia, le sugiero detenga su buena intención por un momento y haga preguntas, averigüe, ponga a prueba el conocimiento de la persona que tiene en frente para determinar si está hablando con un profesional o con un charlatán que siempre repite el mismo disco rayado. Cuestione toda la información que reciba porque la vida de un animal depende de ello. Un chaleco mal hecho, una credencial falsa, un video casero o una prepotencia grosera no son garantías de nada. Aunque es muy difícil resistirse ante los ojos sufrientes de un animal, lo primero que se debe hacer es asegurarse que se está ayudando a entidades reconocidas y legales y no a las cuentas personales de escorias humanas en extrema necesidad de cápsulas de litio o thorazina.

 
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Posted by on September 25, 2011 in Activismo efectivo

 

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