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Mentándole la madre al Coronel Sanders

24 Sep

Cada vez que los musulmanes mencionan el nombre de Mahoma, inmediatamente después deben decir “la paz y la oración estén con él”. Entiéndase entonces que si el nombre del profeta se repite cien veces en la conversación, cien veces más tendremos que escuchar “la paz y la oración estén con él”.

Algo similar ocurre espontáneamente conmigo cada vez que paso frente a un Kentucky Fried Chicken. Sin poder controlarlo y ya casi como una mantra automática, sale de mi boca una rápida maldición destinada al supuesto coronel que no solo luce como el mismísimo diablo, sino que representa a una de las cadenas más crueles y abusivas de la industria alimenticia de los Estados Unidos. No importa si voy sola o acompañada, si es de día o de noche, la maldición sale espontáneamente en diferentes idiomas y va dirigida al viejo maldito ese y a todo lo que representa.

Entonces pienso en todas la gente que – en sillas que parecen cada vez más pequeñas debido a sus enormes traseros – se sientan alrededor de un balde (en el que yo vomitaría) para representar la versión moderna de la familia Neanderthal que se pelea por las entrañas, los huesos y la carne grasosa y muerta de un pollo. Por supuesto que los gringos son asiduos clientes de KFC; pero ahora el mercado está agresivamente dirigido a la gente
latina que piensa que la comida chatarra los alimenta. Los mexicanos ocupan ahora el segundo lugar en la competencia mundial de obesidad. Cruzan el charco y su dieta sana de verduras, frutas, tortillas, frijoles y demás se ve prontamente reemplazada por los muslos, piernas y rabadillas fritas en un mar de aceite re-usado mil veces en los restaurantes de KFC.

Entonces pienso en mis paisanos que, como buenos latinos copiones, quieren darle una probadita a la receta secreta del coronel sin acordarse que la dieta original de nuestros antepasados fue una de los factores preponderantes en la grandeza del Incanato. Los antiguos peruanos no solamente comían papa y maíz en todas sus formas, sino que también comían zapallos, quinua, kiwicha, y gran cantidad de frutas frescas y naturales. El inca comía carne de llama, vicuña, patos, perdices, ranas, caracoles y pescado; pero la gente del pueblo tenía una dieta mucho más nutritiva y ética. Con alimentos sanos, excelentes caminos, andenes y sistemas de irrigación superiores a los acueductos romanos, la civilización inca se extendió gobernando a doce millones de habitantes por 4,023 kilómetros de longitud, sin caballos, sin ruedas, y sin un idioma escrito.

Kentucky Fried Cruelty – como lo llamamos en PETA – pertenece a la misma compañía dueña de Pizza Hut (así que si puedes comprar tus pizzas en otros lugares, mejor). Sus distribuidores son granjas que producen animales de manera industrial, alimentándolos con drogas para forzar su crecimiento rápido lo cual les impide un desarrollo normal. Aumentan de peso tan rápidamente que sus alas se rompen y sus patas se quiebran. Luego, en el matadero, se les degüella en un proceso mecanizado, y se les sumerge en agua
hirviendo muchas veces cuando aún están vivos.  KFC se niega a eliminar estas prácticas y continúa manteniendo a estas aves en granjas obscuras y sucias donde los empleados abusan de los animales como lo muestran los videos encubiertos de PETA. En ellos se ve a hombres arrancándoles la cabeza a pollos vivos, escupiendo tabaco en sus ojos, echándoles pintura en la cara y lanzándolos con violencia por los aires o contra las jaulas. Y adivina dónde se grabaron estos videos…. en el matadero al que KFC otorgó el premio al “Mejor
Proveedor del Año”.

Con frecuencia, la gente que decide reducir su consumo de muertos reemplaza las carnes rojas con cantidades industriales de pollo. Ingrid Newkirk, presidenta de PETA – hablando metafóricamente por supuesto – dice que le gustaría inyectar a cada ave con un colorante rojo para que estas personas no las consumieran; pero la realidad es que la opción recae siempre en el consumidor. El pedazo grasiento de pollo que satisface momentáneamente el apetito y se alberga permanentemente en tus arterias no es un simple trozo de carne. Es un ser – que como todas las criaturas del universo – tiene el derecho de existir, de gozar de la compañía de sus congéneres y de vivir su vida a
plenitud.

Miles de años de propaganda cárnica, de ignorancia y de intereses creados le han lavado el cerebro a la gente para hacerles creer que los pollos son animales tontos y sin cerebro que no tienen otra finalidad que terminar en un asador, pero neurocientíficos como el Dr. Erich Jarvis de la Universidad Duke han demostrado que son animales inquisitivos que poseen habilidades cognitivas superiores a las de los perros, gatos e inclusive algunos primates. Por su parte la Dra. Joy Mench, catedrática del Departamento de Ciencia Animal de la Universidad de California –Davis dice que los pollos entienden el concepto de causa y efecto y  otros conceptos intelectuales más sofisticados, son capaces de demostrar auto-control y hasta de preocuparse por el futuro.

Las gallinas son madres abnegadas que se comunican con sus pollitos aún antes de que estos nazcan a través de más de treinta diferentes tipos de vocalizaciones que ellos van aprendiendo dentro del cascarón. Y apuesto que no sabías que las gallinas voltean sus huevos hasta cinco veces por hora cloqueándoles suavemente y con ternura mientras lo hacen. En verdad, son animales interesantes con diferentes personalidades que merecen
vivir la vida para la que fueron creados dándose baños de arena, buscando alimento en la tierra y descansando en las ramas de los árboles.

Y en el entretiempo, la gente que consume pollos de KFC en Latinoamérica no se preocupa por conocer las andadas del Coronel por estos lares. Me imagino que desconocen que la organización denominada Comité de Médicos por una Medicina Responsable (PCRM) los ha enjuiciado por no informar al público que sus productos contienen carcinógenos (substancias que producen cáncer) peligrosos. Un científico de PCRM visitó seis  restaurantes KFC, obtuvo dos muestras en cada local y las envió a un laboratorio independiente. Las doce muestras demostraron la presencia de PhIP, una substancia química que puede incrementar el riesgo de desarrollar cáncer al seno, a la próstata y otros tipos de cáncer aún cuando se consuma en cantidades pequeñas. Y estas substancias tan peligrosas para la salud humana no son exclusividad del pollo de KFC…están presentes en cualquier pollería de la esquina donde las reglas de salubridad y control de calidad son
prácticamente inexistentes.

¿Quieres ayudar?

Únete a la cantante Pink y firma la petición que PETA le ha enviado a KFC para eliminar los abusos que sufren los pollos: http://www.kentuckyfriedcruelty.com/g-pinkpetition.asp

En la misma página puedes crear una marquesina en contra de KFC para difundirla entre tus familiares y amigos y unirte a las Chicken Sisters para salvar a Pam Anderson de las garras del asqueroso Sanders.

 
2 Comments

Posted by on September 24, 2011 in Activismo efectivo, Veganismo

 

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2 responses to “Mentándole la madre al Coronel Sanders

  1. Astrid Mccrane

    November 2, 2011 at 7:26 am

    You are a very clever individual!

     

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