Pero, para disgusto de algunos de sus detractores, no se usó una bomba explosiva, sino una de harina.
Cuando Kardashian se encontraba promocionando su perfume (que probablemente sólo comprarán sus hermanas igualmente plásticas) una activista por los derechos de los animales se acercó a ella, le tiró la harina y le gritó que era una “arpía vestida de pieles”.
Kim siempre ha dicho que ella se viste “orgullosamente” con pieles y que nunca va a cambiar de opinión. ¿No se merece entonces un poco de harina por ser tan cruel?
Luego del “ataque” manifestó que estaba casi segura de que PETA estaba detrás de esto, pero decidió no levantar cargos contra la persona que la roció de harina frente a todos los asistentes del evento aduciendo que ella no apoya ningún tipo de violencia. ¿Qué? Parece que la harina le llenó de inmediato el minúsculo cerebro que posee. ¿No hay violencia en los abrigos que lleva? ¿No existe violencia en el hecho de despedazar y despellejar vivo a un animal para robarle su piel?
Cuando alguien – conocido o no – se presta a promover esa crueldad, al mismo tiempo se arriesga a enfrentar la indignación y creatividad de otro sector del público que vehemente cree que el uso pieles es un acto cruel, innecesario e inmoral. Ciertamente, son acciones drásticas tomadas por personas que se niegan a tolerar que la tortura y el sufrimiento de miles de animales pase desapercibido.
En mi opinión, no se debería haber gastado ni un milímetro de harina. Lo que Kim necesita es que se le someta al mismo tratamiento inhumano que los animales tienen que tolerar. Quizás después de haber sido estrangulada, gaseada, electrocutada y despellejada tal vez finalmente entienda que esas pieles sólo lucen hermosas en las espaldas de sus legítimos dueños.
¡Ay…si yo pudiera ser presidenta de mi mundo bizarro por solamente un día, otra gallina cantaría! Serían solamente unas cuantas horas, pero me daría tiempo para hacer justicia y castigar a los impíos.





















