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Benedicto, es hora que prediques con el ejemplo

27 Mar

Por el respeto que me merecen mis amigos católicos, este no será un artículo de condena total al Vaticano y a su líder el Papa Benedicto XVI. No mostraré fotos con nazis, ni recurriré a su pasado militar, ni me expandiré en el hecho que un “peregrino” realiza viajes de pobreza y no de pompa y boato. Tampoco pondré énfasis en el hecho de que – en mi opinión – este señor ni es santo, ni es mi padre.

A lo que me referiré es a que ya viene siendo hora de que Don Benedicto se manifieste abiertamente en contra de la crueldad organizada contra los animales, que hasta donde yo recuerdo, también son criaturas de Dios. Aunque sé que la gran mayoría de católicos, salvo honrosas excepciones, son católicos de “botica”, creo que las palabras de su líder espiritual, y sobretodo su condena a la explotación de los animales, tendría algún efecto en las masas que lo siguen.

¿Alguien se acuerda cuando los sermones se daban desde el púlpito? Todo eso era orquestado cuidadosamente para causar el efecto de que alguien superior a la masa enviaba un mensaje celestial. Con las nuevas tendencias que la iglesia católica adoptó al perder feligreses, el púlpito pasó al olvido y los curas empezaron a hablar desde el llano, como una oveja más del rebaño. Pero estos cambios no le deberían restar importancia al mensaje central que se manda en cada misa de domingo.

El Papa – para empezar – y todos sus subalternos deberían decirle a la feligresía que – de acuerdo a su doctrina- es un pecado mortal promover, asistir, o participar en la tortura, masacre o explotación de cualquier criatura viviente. Hasta donde sé, y en mi propia experiencia, ningún representante, de ninguna religión, ha hecho un manifiesto público no solamente de condena sino también de prohibición. La única vez que leí un manifiesto de censura en contra de las corridas de toros y otros tipos de abuso animal, fue en una de las revistas que los Testigos de Jehová distribuyen por las calles. El artículo era preciso, claro, conciso y verdadero. Recuerdo haberles enviado una carta felicitándolos.

Son muchos los ejemplos en que los representantes eclesiásticos católicos organizan sangrientos festejos para financiar restauraciones de iglesias, apoyan los mismos con actos como la bendición de capotes y plazas de toros, ceden iglesias y campanarios para el maltrato de los animales, o asisten a encierros y otros festejos populares donde los animales son masacrados brutalmente; pero me imagino que también debe haber representantes del clero católico que condenan tales hechos. Lo malo es que no lo hacen a viva voz porque el famoso Vaticano no los ha autorizado oficialmente a hacerlo. Por eso mismo es que propugno que son las estructuras las que deben cambiar. Es la cabeza – Don Benedicto – quien debe dar el ejemplo condenando tales actos y sancionando a quienes los cometen. El porcentaje que la iglesia católica gana cada vez que participa indirectamente de estos deleznables actos, no puede ser mayor ni más importante que el mensaje de Jesucristo.

Hay que recordar claramente que Jesucristo compró las palomas del templo para liberarlas y no para arrancarles la cabeza y tomarse su sangre como lo hacen los practicantes de la santería quienes siempre utilizan imágenes religiosas asociadas al culto católico. Esas mezclas de San Judas Tadeo con Yemayá o Changó son las que no tienen sentido y deberían ser totalmente exterminadas y condenadas por la iglesia católica. Si alguien es lo suficiente crédulo, ignorante o estúpido como para creer que las entrañas abiertas y sangrantes de un pobre cuy le vaticinarán el futuro o lo liberarán de una enfermedad peligrosa; yo tengo una receta más efectiva: Tómate un buen vaso de arsénico con unas gotitas de limón y una hojita de yerba buena.

En su visita a México y Cuba, el papa Benedicto XVI se ha mostrado afable con el pueblo y hasta se puso un sombrero de charro que le regalaron mientras viajaba en el papamóvil. Lo malo fue que accedió a donar un par de los zapatos que utilizó en su primer viaje a México para ser exhibido en un museo del calzado local. Ay, Benedicto, entiende de una vez que el cuero con el que se hicieron esos zapatos no tiene nada de santo, ni de bendito, ni de humanitario. Entiende que ya es hora de que revises los principios más básicos de la doctrina cristiana y, por fin, no solamente imites a Jesucristo sino que también prediques con el ejemplo. Amén.

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